domingo, 23 de julio de 2017

Rusia alcanza un acuerdo con los yihadistas para un alto el fuego duradero en Siria

Mohamed Alush en Astana
Ayer Rusia alcanzó un acuerdo en El Cairo con los grupos yihadistas para crear una zona de distensión en el enclave de La Ghouta oriental, cerca de Damasco, según anunció el Ministerio ruso de Defensa en un comunicado oficial.

Los límites territoriales de dicha zona han sido definidos por ambas partes de mutuo acuerdo y dentro de ellos se producirá un despliegue de fuerzas encargado de garantizar el alto el fuego.

También ha existido acuerdo para abrir rutas de aprovisionamiento y ayuda humanitaria para las zonas de distensión, de las que podrán beneficiarse tanto las poblaciones que la habitan como los propios yihadistas.

En los próximos días se espera la llegada del primer convoy humanitario para evacuar a los heridos más graves hacia centros hospitalarios.

A comienzos de este mes, las conversaciones multilaterales de Astana no habían logrado un acuerdo para crear varias zonas de distensión y alto el fuego duradero en Siria.

En ellas se planteó la posibilidad de desplegar fuerzas de mantenimiento de la paz en cuatro zonas de Idlib, la provincia de Homs, la Ghouta oriental y otra al sur de Siria.

Otro de los aspectos fundamentales que se negociaron en Astana se refería a la creación de un centro de coordinación y vigilancia del alto el fuego, así como un “mandato” dirigido a fuerzas extranjeras para que aseguraran las zonas de distensión, a las que se dotaría del derecho de recurrir a la fuerza.

La última semana de agosto está prevista otra reunión en Astana de los grupos yihadistas con delegados turcos e iraníes.

El comunicado del Ministerio ruso de Defensa no concreta con qué grupos ha alcanzado el acuerdo, ni qué tropas extranjeras asegurarán el alto el fuego en las zonas de distensión.

Se dispara el número de accidentes laborales a causa de la precariedad en el empleo

Un total de 246 trabajadores han fallecido de enero a mayo de 2017 en los 535.713 accidentes laborales que se han producido en este periodo, un 2 por ciento más que el año anterior. El aumento continuo de la siniestralidad laboral es una muestra más de la precariedad del empleo, de la subcontratación y el incremento de la explotación.

De enero a mayo de 2017 se han producido 10.548 accidentes laborales más que en el mismo periodo del año pasado. Del total de accidentes laborales, 237.570 fueron con baja (un aumento del 5 por ciento respecto al año anterior) y 298.143 fueron sin baja (un descenso del 0,2 por ciento).

Las condiciones de trabajo son cada vez más precarias y el capital tiende a reducir costes que hacen recaer de manera exclusiva en los trabajadores, haciendo que el empleo sea cada vez más inseguro y nada saludable.

Según gravedad del accidente, de los 205.454 accidentes de trabajo con baja en jornada laboral, se registraron 1.528 accidentes graves en jornada de trabajo, 87 más que en el mismo periodo del año anterior (+6 por ciento), y un total de 203 accidentes mortales en jornada de trabajo, 17 más que en igual periodo del año anterior (+9 por ciento).

Un total de 143.870 accidentes de trabajo con baja en jornada laboral (un 70 por ciento) afectaron a hombres, mientras que 61.584 (un 30 por ciento) afectaron a mujeres. Registrándose un aumento en el total de accidentes respecto al mismo periodo del año anterior del 6,7 por ciento para los hombres y del 1,2 por ciento para las mujeres.

En cuanto a la edad, destaca la elevada siniestralidad en los jóvenes. Del total de accidentes producidos en jornada laboral en este periodo de tiempo 56.667 (28 por ciento) han sido sufridos por un trabajador o trabajadora con menos de 35 años. De ellos, 266 han sido accidentes graves y 18 los mortales.

El 59 por ciento de los trabajadores/as accidentados en jornada laboral tenían una edad comprendida entre los 35 y 54 años, con un total de accidentes de 120.754. De ellos 865 han sido accidentes graves y 110 mortales. Los trabajadores y trabajadoras mayores de 54 años, han sufrido un total de 28.033 accidentes laborales en jornada laboral, un 14 por ciento. De ellos 397 han sido graves y 75 mortales.

La causa principal de los accidentes con baja sigue siendo los sobreesfuerzos físicos sobre el sistema músculo esquelético, con 79.325 casos. En segundo lugar, se sitúan los choques o golpes contra objeto inmóvil como caídas o tropiezos que registra 50.998 accidentes. La tercera causa más frecuente de accidente con baja es el choque contra objetos en movimiento, generando un total de 28.879.

Estos tres tipos de formas o contactos abarcan un 77 por ciento del total de los casos. Todas estas causas son fácilmente evitables si las empresas dejaran de considerar la prevención como un gasto en lugar de una inversión, e implantasen medidas de seguridad adecuadas en los centros de trabajo.

Del total de fallecimientos, 203 ocurrieron durante la jornada de trabajo y 43 fueron in itinere. Se registra un incremento de 17 muertes en los accidentes ocurridos durante la jornada laboral (9 por ciento) y un descenso de 17 fallecimientos en los accidentes in itinere (-28,3 por ciento), comparando estos datos con los de mayo de 2016.

Las principales causas de fallecimiento durante la jornada laboral siguen siendo los infartos y derrames cerebrales con 96 fallecimientos, un 1,1 por ciento más que en 2016, seguidos de los accidentes de tráfico (31 fallecimientos) y quedar atrapados, ser aplastado o sufrir una amputación (30 fallecimientos).

En cuanto al índice de incidencia del total de los accidentes de trabajo con baja laboral, es de 275 accidentes por cien mil trabajadores al mes, lo que supone un 1,1 por ciento más que en el mismo periodo del año anterior. Por otra parte, las industrias extractivas es la sección de actividad que presenta el mayor índice de incidencia, siendo este de 730,5 accidentes por cien mil trabajadores, seguido de Construcción con un índice de 594,4. Los índices de incidencia que más se incrementan son los correspondientes a la Agricultura, ganadería, silvicultura y pesca con (40,0 por ciento); Construcción con (35,9 por ciento) y la industria manufacturera con (13,1 por ciento).

Por otra parte, el índice de incidencia de los accidentes mortales asciende a 0,272 accidentes mortales por cada 100.000 trabajadores. El agrario es el sector con el mayor índice de incidencia relativo a accidentes mortales siendo de 0,859, seguido muy de cerca de la construcción (0,742), y de la industria con un índice de 0,429, en último lugar como viene siendo habitual, se sitúa el sector servicios con un índice de 0,170 puntos, el único por debajo de la media.

El gobierno de Kiev envía a los perros fascistas a ‘limpiar’ los barrios del Donbas

El gobierno de Kiev ha enviado unidades adicionales fascistas y de servicios de seguridad de Ucrania a los barrios de Donbass que se encuentran en la primera línea del frente, según ha anunciado Eduard Basurin, subcomandante de las fuerzas armadas de la República Popular de Donetsk.

Los fascistas necesitan “depurar” los pueblos que están bajo control de las fuerzas armadas de Ucrania de los simpatizantes de la República Popular. Al barrio de Krasnogorovka ha llegado una unidad de “voluntarios”, que forman parte de la organización fascista “Sector Derecho”.

Segun Basurin, la “depuración” del territorio se inició antes de la llegada de los fascistas. En los tres últimos días 40 personas han desaparecido, todos ellos civiles de barrios situados en primera línea del frente bajo el control del ejército ucraniano. La “limpieza” tiene como fin poner fin a la filtración de información sobre la ubicación y movimientos de las fuerzas armadas ucranianas.

“Nuestra inteligencia observa las detenciones de civiles en Tonenkoe, Netailovo, Krasnogolovka, Peski por agentes de servicios de seguridad ucranianos desde el 30 de junio. Los civiles informan sobre la desaparición de más que 40 personas en total en estas localidades en tres últimos días. Tiene que ver con la intención de las fuerzas armadas ucranianas de depurar dichos territorios de civiles indeseables que informan sobre la acumulación del armamento prohibido de las fuerzas armadas de Ucrania”, dijo Basurin.

La detección de civiles leales a la República Popular de Donetsk se realiza supuestamente por medio de escuchas de conversaciones telefónicas. A su vez, las autoridades de la República Popular de Donetsk instan a los habitantes de los territorios controlados por las fuerzas armadas de Ucrania a minimizar el uso de canales de comunicación abiertos. Se conocen casos de intentos de reclutamiento de los militantes de las Fuerzas Armadas de la República Popular de Donetsk por agentes de servicios de seguridad de Ucrania a través de la tortura de sus parientes que están en el territorio bajo control ucraniano.

Las hostilidades en el territorio de las Repúblicas Populares de Donetsk y de Lugansk se iniciaron en 2014. Tras el golpe de Estado en Ucrania, los habitantes de las Repúblicas Populares de Donetsk y Lugansk se negaron a reconocer el gobierno ucraniano, que había llegado al poder en medio de un baño de sangre.

En abril de 2014 el presidente de Ucrania Petro Poroshenko inició las hostilidades contra la población de Donbass. Las Fuerzas armadas de Ucrania fueron reforzadas con vehículos blindados, helicópteros y artillería.

Según la ONU, solo en diciembre de 2016 hubo 32.856 víctimas de la guerra en el este de Ucrania, de los que 10.056 resultaron muertos. Más de un millón de personas se han refugiado en otros países.

http://canarias-semanal.org/not/20688/el-gobierno-de-ucrania-envia-a-los-fascistas-a-depurar-los-barrios-de-donbass/

Malcolm X: El lento despertar de un dirigente único

Jesús Aller

El libro “Malcolm X. Una autobiografía contada por Alex Haley” vio la luz en 1964, un año antes del asesinato de Malcolm X, y fue resultado de más de cincuenta entrevistas que concedió al veterano escritor y periodista Alex Haley, famoso por el bestseller Raíces, quien se encargó luego de seleccionar el material y dar forma a la obra, aunque la revisión final de la mayor parte de ésta corrió a cargo del propio Malcolm. El libro muestra en detalle la biografía y la lenta maduración del pensamiento de un personaje esencial de las luchas negras de los 60’ en EEUU, un líder inteligente y carismático que no dejó apenas obra escrita.

Malcolm vino al mundo en 1925 en Omaha (Nebraska), séptimo de los ocho hijos de Earl Little, un ministro baptista, y cuarto de los que éste tuvo con Louise Norton, una mulata antillana nacida de una violación. Su padre militaba en la UNIA de Marcus Garvey, que predicaba el retorno a África como respuesta a la segregación. La familia vivió después en Milwaukee y en Lansing (Michigan), donde en 1929 su casa fue quemada por la Legión Negra, una variante del Ku Klux Klan. Los bomberos miraban mientras se consumía, y luego la policía se afanó sólo en buscar la pistola con que su padre había disparado a los incendiarios. Dos años más tarde Earl Little fue asesinado por blancos segregacionistas, final que también tuvieron cinco de sus hermanos.

Empieza entonces una época aún más difícil. Con demasiadas bocas que alimentar, la madre se derrumba y en 1937 ha de ser internada en un psiquiátrico. Malcolm, adoptado por una familia amiga, gana fama de gamberro y con trece años es enviado a un centro de rehabilitación en Mason (Michigan), donde estudia en un instituto y trabaja de lavaplatos. No hay muchos negros en su entorno y los blancos suelen ser amables con él, pero no deja de sentirse una especie de mascota a la que no se atribuyen plenas capacidades humanas. Es una época marcada por el orgullo de ser uno de los primeros de la clase, el empeño de mantener la relación con sus hermanos y dramáticas visitas a la madre internada.

En el verano de 1940 visita a su hermanastra Ella, bien situada en Boston. Allí descubre que los negros pueden llegar a realizarse como personas en América mucho más de lo que había visto hasta entonces, pero esto mismo hace que de regreso en Mason, la escasez de horizontes le deprima. Al terminar el curso, logra que Ella se lo lleve con ella a Boston. El libro nos ilustra sobre la compleja sociedad negra de Nueva Inglaterra, dividida entre la marginación y una aceptación a medias que Malcolm acabará percibiendo como una traición. Tras conseguir trabajo de limpiabotas en la sala de baile Roseland, lustra los zapatos de gente como Benny Goodman, Duke Ellington o Count Basie, al tiempo que hace sus pinitos como alcahuete y pequeño traficante. Como no podía ser menos, conoce los placeres del güisqui y la marihuana, compra a crédito y se estira y tiñe el cabello.

Buscando nuevos horizontes, “Red”, que es como nombraban al apuesto mulato pelirrojo en que se había convertido, deja los betunes por la bandeja de camarero. Baile y chicas son su pasión, y sus crueldades con ellas terminan distanciándolo de Ella. Tras el ataque a Pearl Harbor encuentra trabajo vendiendo bebidas y helados en los trenes que van hacia el sur, y pronto se establece en Harlem, que se convertirá en su hogar. Despedido del tren por su mal carácter, viaja a Lansing, donde sus trajes y modos causan furor y hasta firma autógrafos. Más tarde, de camarero en Harlem, conoce en la barra la historia del barrio y se gradúa magna cum laude en un curso teórico sobre las formas más variadas de delincuencia. La galería de tipos que describe no tiene desperdicio.

Cuando es despedido por ofrecer una prostituta a un soldado de permiso que resultó ser un espía del ejército, el que ya es apodado “Red de Detroit” comienza a proveer de marihuana a sus amigos músicos. Así vive unos meses hasta que, hostigado por la policía, decide utilizar su tarjeta de empleado del ferrocarril para viajar por el país suministrando hierba a las orquestas de gira. Sólo tres cosas le aterrorizan en esta época: la cárcel, el trabajo o el ejército, y cuando es convocado a la oficina de reclutamiento, monta un hilarante número de paranoico polidrogadicto con el que consigue ser declarado inútil para el servicio.

Corre 1943 y Red, expulsado de los ferrocarriles tras una trifulca, se convierte en ladrón y atracador, usando cocaína para ponerse en forma. Tras un susto, trabaja en la lotería clandestina y luego en las apuestas, haciendo de guía para blancos adinerados que buscan experiencias especiales en Harlem y traficando con güisqui de matute. Las drogas arrastran a Red en su irrealidad destellante, y tras un viaje al filo de la muerte, es rescatado por un amigo que lo lleva a Boston. Allí pronto organiza una banda de desvalijadores de casas, reclutando para ello a Sophia, una rubia que es su amante desde su primera época en la ciudad y otros conocidos viejos y nuevos. Dan unos cuantos golpes, pero pronto son detenidos.

La conciencia de la negritud

En febrero de 1946 Malcolm es condenado a diez años de cárcel. Comienza a cumplirlos en Charlestown, donde es “Satanás”, un inadaptado que blasfema y reniega de todo hasta que un compañero de reclusión respetado por sus conocimientos consigue animarlo a estudiar: inglés, latín. Pronto es capaz de escribir cartas legibles y más o menos correctas. En 1948 es trasladado a Concord, y a finales de ese mismo año, por influencia de Ella, a la colonia penitenciaria de Norfolk, de régimen mucho más laxo.

En Norfolk, a través de su hermano Reginald, llegan a oídos de Malcolm las doctrinas de Elijah Muhammad, el mensajero de Alá, líder de la Nación del Islam: El hombre negro fundó la civilización, pero fue sometido con toda clase de violencias por el hombre blanco, una raza diabólica creada por selección genética. Esta raza finalmente ha falsificado la historia y ha lavado el cerebro del hombre negro. El cristianismo es la religión impuesta a los negros, que les obliga a aceptar su postración y a adorar a un dios extranjero, de piel blanca. El islam es la religión que libera al hombre negro, destinado a derrotar en breve la maldad de sus opresores. El objetivo político de Elijah no es la integración en la sociedad blanca que defienden la mayor parte de los líderes negros, sino la creación de un estado propio para los negros americanos.

Estas ideas producen una conmoción en Malcolm, que ve en ellas la respuesta a todas sus preguntas. “Durante los años siguientes estuve en soledad casi total. Nunca había estado tan ocupado. Todavía me maravillo del modo en que cambié de mentalidad, mis viejas costumbres caían en el vacío como la nieve se desliza de los tejados. Era como si alguien -a quien yo no conocía muy bien- hubiera vivido del delito. Y me sorprendía cada vez que recordaba mi anterior personalidad”. Necesita expresar lo que siente y escribe cada día a Elijah, que a veces le contesta. Su afán de aprender no tiene límites, y devora los libros de la biblioteca. La historia universal le transmite como un leitmotiv la maldad esencial del blanco que ha esquilmado y oprimido a todos los pueblos del planeta. Decide dedicar su vida a propagar esta verdad.

Malcolm es liberado en 1952 y se establece en Detroit, donde vive con su hermano Wilfred y su familia, también conversos al islam. En septiembre viaja a Chicago y allí conoce personalmente a Elijah Muhammad. A partir de entonces se vuelca en el proselitismo y cambia su apellido paterno “Little” por la “X” que simboliza su auténtica y olvidada estirpe africana. Comienza a dirigirse a la comunidad en las reuniones semanales y en el verano de 1953 es nombrado ministro ayudante del templo. Sus desgarradas arengas expresan la revuelta contra siglos de opresión y mentira. Pronto decide dejar su trabajo y dedicarse por entero a predicar sus ideas. Su primer logro es reclutar tantos fieles en Boston como para abrir allí un templo. Su hermanastra Ella asiste conmovida a los sermones, pero tardará cinco años en convertirse.

Su siguiente destino es Filadelfia, donde consigue inaugurar otro templo, y después es nombrado ministro del de Nueva York. La ciudad es un reto difícil, pero trabaja las calles y sabe agudizar la contradicción de los negros cristianos, que practican la religión que los blancos les impusieron y consolida su opresión. Gracias en gran parte a los esfuerzos de Malcolm, la Nación del Islam progresa mucho en esta época, con nuevos templos en Springfield, Hartford y Atlanta. En 1956, Elijah pone a su disposición un Chevrolet para sus continuos desplazamientos. El libro nos instruye sobre los usos, dogmas y rituales de unos musulmanes atípicos, que por ejemplo no admitían una vida después de la muerte, en abierta contradicción con el Corán.

En enero de 1958 Malcolm se casa con Betty X, enfermera y seguidora también de la Nación del Islam; la primera de las seis hijas que tendrán nace ese mismo año. El siguiente, la firmeza de los musulmanes ante un caso de brutalidad policial en Harlem aumenta enormemente su popularidad y pronto programas de televisión y estudios académicos analizan el movimiento. La cólera del blanco contra los que “incitan al odio” no se hace esperar. A este respecto dice Malcolm: “Qué sentido tiene que el blanco pregunte al negro si le odia? Es como si el violador o el lobo preguntaran a sus víctimas: ‘¿Me odias?’ El blanco carece en absoluto de autoridad moral para acusar de odio a nadie”.

Ágil y correoso, debate con periodistas muchas horas y pronto su voz es conocida en todo el país, mientras las universidades más prestigiosas se disputan como orador al “demagogo de moda”. Contra los negros que defienden la integración, afirma que es insensato, además de imposible, integrarse en una sociedad en decadencia, abismada moralmente y condenada a la destrucción. Donde quiera que lo llamen, transmite fielmente las enseñanzas de Elijah Muhammad, que ahora viaja en su avión privado para presidir los actos multitudinarios de la Nación del Islam.

Madurez interrumpida

La relación de Malcolm X con la Nación del Islam se terminó rompiendo. Había sufrido una gran decepción cuando supo que Elijah Muhammad, apóstol de la honestidad, iba dejando un reguero de secretarias embarazadas y amedrentadas, pero siguió cumpliendo sus cometidos con plena dedicación. En esa época, su rol esencial en el movimiento despertaba la envidia de otros dirigentes, y al fin, tras el asesinato de J. F. Kennedy, el líder lo condenó a noventa días de silencio por un comentario bastante anodino sobre la responsabilidad última del clima de violencia que vivía el país. Le ayudó en este trance su amigo Cassius Clay, que invitó a toda su familia a Miami, donde preparaba el crucial combate contra Sonny Liston. Malcolm fue su guía espiritual esos días y en la hora crucial en el Convention Hall de la ciudad, donde conquistó el cetro de los pesos pesados.

Pronto llegan a Malcolm noticias de los primeros complots de sus viejos compañeros de lucha para asesinarlo, y sólo entonces toma la decisión de volcar toda su energía en forjar un movimiento, no exclusivamente musulmán, que pelee por los derechos humanos del negro americano con mucha más contundencia y proyección política que la Nación del Islam. Al mismo tiempo, comienza a plantear la liberación de la comunidad de color en términos de autodeterminación, y no de separación territorial, como había defendido hasta entonces. Realiza un primer acto en el centro de Harlem, en el hotel Theresa, donde planea fundar una mezquita, pero la complejidad de la situación creada lo anima a peregrinar a la Meca en busca de inspiración.

Tras visitar El Cairo, donde queda sorprendido de la pujanza industrial que observa, vive con entusiasmo los ritos seculares de la ciudad sagrada, rodeado siempre del afecto y admiración de todos hacia el famoso “musulmán norteamericano” amigo de Cassius Clay. El rey Faisal lo admite en audiencia y lo exhorta a predicar en Occidente una versión auténtica del islam, fiel a sus fuentes originarias. La solidaridad de razas existente en el mundo musulmán le hace ver con claridad que la fraternidad entre los seres humanos es posible. El odio al blanco deja paso entonces al odio a unas estructuras de explotación, y el islam se convierte para él en el instrumento más idóneo para alcanzar esa hermandad entre todos los hombres.

El viaje continúa luego con intensas visitas a Nigeria y Ghana, donde Malcolm toma conciencia de la importancia de mantener una comunicación sincera y afectiva con los líderes negros africanos, pues estos sin duda trabajarían por el fin de la segregación en los EEUU si fueran conscientes de su brutalidad. Ve allí también en acción la nueva esclavitud que imponen los que codician las riquezas de aquellas tierras, y comprende que las de las dos orillas del Atlántico son en realidad manifestaciones de una única y eterna lucha de liberación.

De regreso en EEUU, Malcolm X es usado como cabeza de turco durante las revueltas negras de 1964 y 1965 y acusado de instigar a las masas a la violencia. Él por su parte defiende el derecho de los oprimidos a combatir con todos los medios disponibles, al tiempo que condena el sustrato ideológico de los opresores, el cristianismo, que ha impuesto el racismo en todo el planeta. Se convierte de este modo dentro del movimiento por los derechos civiles de los negros, que alcanzaba su clímax en aquel momento, en el polo opuesto a la noviolencia que preconizaba el reverendo Martin Luther King.

Malcolm X, consciente de los riesgos de su lucha, nunca pensó que fuera a llegar a viejo, pero en sus últimos meses sentía la inminencia del final. Fue ésta una época marcada por una actividad frenética para difundir sus ideas y hacer progresar la organización política que había fundado, demasiado violenta para unos y moderada en exceso para otros, y por un acoso implacable por parte de la Nación del Islam, que incluyó un ataque a su casa con bombas incendiarias. Por fin, el 21 de febrero de 1965, cuando se disponía a hablar en el Audubon Ballroom de Manhattan, varios hombres se levantaron de la primera fila y le dispararon “en lo que parecía un pelotón de fusilamiento”. Murió casi instantáneamente.

El arsenal de la memoria


En un epílogo de la obra Alex Haley nos narra sus primeros contactos con Malcolm X cuando aún militaba en la Nación del Islam, la gestación de los artículos sobre él, de la famosa entrevista en Playboy de mayo de 1963 y finalmente de la propia autobiografía. Ésta arrancó con dificultad, pero la paciencia y el buen hacer de Haley consiguieron que los recuerdos de la niñez, del hampa y de la cárcel se convirtieran en una catarsis para el líder ajetreado y absorbido por las trifulcas cotidianas, al tiempo que dejaban para la posteridad un testimonio único de superación y lucha contra la alienación del ser humano.

Leyendo el libro descubrimos a un hombre que gustaba de averiguar la etimología de las palabras y cuya mayor emoción fue cuando los hermanos lograron sacar a su madre del manicomio y que viviera con la familia de uno de ellos; alguien capaz de meter la pata y reconocerlo luego, como cuando declaró alegrarse de la muerte de más de cien norteamericanos blancos de Georgia en un accidente de avión en París. El afán de perfeccionamiento y autocrítica de alguien siempre consciente de sus limitaciones fue la clave de su éxito como comunicador, sin olvidar su inteligencia, su indomeñable voluntad y su enérgica y hábil dialéctica.

Malcolm X supo trascender el instinto de supervivencia del delincuente del gueto y alcanzar una percepción lúcida de la explotación sufrida por la población negra. Y esta visión no hizo más que aquilatarse a lo largo de su corta vida, con el rechazo a cualquier forma de racismo y la búsqueda de tácticas políticas integradoras basadas en el activismo y la presión implacable desde la calle.

http://www.jesusaller.com/malcolm-x-una-autobiografia-contada-por-alex-haley/

sábado, 22 de julio de 2017

China y Rusia llevan a cabo maniobras navales conjuntas en el Mar Báltico

Según la agencia de prensa iraní Tasnim, el viernes Rusia y China iniciaron unas sorprendentes maniobras navales conjuntas en aguas internacionales del Mar Baĺtico, bautizadas “Joint Sea 2017”, una exhibición de fuerza para contener a la OTAN en una región en la que los imperialistas concentran un dispositivo militar cada vez más importante.

China nunca había aparecido en un escenario tan alejado de sus costas y el hecho de que las maniobras se celebren en el mar marca la pauta de su nueva estrategia militar, volcada hacia la Marina de Guerra, su gran asignatura pendiente.

Nada de lo que está ocurriendo es casualidad. A medida que Estados Unidos aprieta el dogal, los vínculos entre China y Rusia se estrechan cada vez más, desde el Mar Amarillo hasta los confines nórdicos de Europa oriental, donde la tensión con la OTAN es máxima.

Las maniobras navales quieren poner de manifiesto que el Mar Báltico no son aguas jurisdiccionales de la OTAN y que Rusia no puede dejar sus fronteras bajo la influencia de una alianza militar que da muestras continuas de hostilidad en la zona.

Los ejercicios se desarrollarán en dos etapas. En una primera, que durará el verano, se emprenderán misiones de defensa antiaérea y defensa antisubmarinos. La segunda acabará a mediados de setiembre en los Mares Ojotsk y de Japón.

El secretario general de la OTAN, Jens Stoltemberg, ha declarado que seguirán atentamente la evolución de los ejercicios militares en el Báltico y que pedirán explicaciones sobre otras maniobras militares entre Rusia y Bielorrusia previstas para el mes de setiembre próximo.

Desde su misma fundación, los planes militares de la OTAN han contado con un control absoluto sobre zonas marítimas vitales para Rusia, como el Báltico y el Mar Negro, o para China como el Mar de China Meridional. Preo si este último es para China una zona vital de tránsito, el Báltico es un eslabón débil desde los tiempos de la guerra civil en Rusia de 1919 a 1922.

Una tradición de calumnias contra Rusia

Manuel E. Yepe

Un enjundioso trabajo periodístico de Edward S. Herman, que publicó la revista Monthly Review en su edición de julio-agosto de 2017, proporciona abundantes datos acerca de la campaña por la demonización de Rusia que ha sido un objetivo central del New York Times y de la prensa de Estados Unidos en su conjunto desde hace un siglo.

Falsear noticias sobre Rusia es una tradición que se remonta, al menos, a los tiempos de la Revolución de Octubre de 1917. En un estudio acerca de la cobertura del New York Times y la prensa convencional (mainstream media o MSM) de Estados Unidos, sobre la revolución rusa, los entonces prestigiosos periodistas Walter Lippmann and Charles Merz, ambos conservadores, escribieron en el neoyorquino New Republic en marzo de 1920, que “desde el punto de vista del periodismo profesional, la divulgación sobre la revolución rusa ha sido poco menos que un desastre”.

Lippmann y Merz demostraron que el fuerte sesgo editorial en las noticias evidenciaba que los editores querían la derrota de los comunistas y en función de esa imagen denunciaron atrocidades que no ocurrieron y pronosticaron el derrumbe inminente de los bolcheviques por lo menos 91 veces. Hubo una acrítica aceptación de los partes oficiales y de confianza en las declaraciones de unas no identificadas “autoridades superiores”.

Esta manipulación mentirosa de las noticias que se hizo práctica habitual en el New York Times entre 1917 y 1920 fue repetida a menudo en los años subsiguientes. La Unión Soviética se convirtió en el objetivo enemigo hasta la Segunda Guerra Mundial, y el New York Times fue siempre hostil a Rusia. Al finalizar la II Guerra Mundial y siendo ya la Unión Soviética una importante potencia militar que pronto habría de ser rival de EEUU en materia del uso de la energía nuclear para fines bélicos, se inició la guerra fría.

Según el profesor emérito de la Universidad de Pennsylvania Edward S. Herman, “el anticomunismo se convirtió en la religión estadounidense y la Unión Soviética comenzó a ser acusada de aspirar a conquistar el mundo y necesitada de contención. Con esta ideología puesta a punto y bien establecidos los planes de Estados Unidos para su propia expansión global, la amenaza comunista ahora serviría para justificar el sostenido crecimiento de su complejo militar-industrial y de sus repetidas intervenciones, para hacer frente a las supuestas agresiones del imperio del mal”.

Uno de los primeros y más flagrantes casos de mentiras sobre este tipo de amenaza rusa fue la utilizada para justificar el derrocamiento del legítimo gobierno progresista de Guatemala en 1954 por un ejército mercenario financiado, organizado y dirigido por Estados Unidos que invadió el país desde Nicaragua, entonces gobernada por la dictadura de los Somoza, fieles lacayos de Estados Unidos.

Herman explica que  la acción fue provocada por las reformas del gobierno de Jacobo Arbenz que tuvo la osadía de aprobar una ley que permitía la formación de sindicatos, y planeaba comprar (en valoraciones de la tasa de impuesto) y distribuir a los campesinos algunas tierras no explotadas que eran propiedad de la United Fruit Company y otros grandes terratenientes. Estados Unidos, que había apoyado la anterior dictadura de José Ubico durante sus 14 años de duración, no pudo soportar este desafío democrático y el gobierno electo, encabezado por Jacobo Arbenz, fue enseguida acusado de una serie de villanías, y acosado por haber propiciado la toma del gobierno de Guatemala por Moscú.

Al finalizar la II Guerra Mundial y siendo ya la Unión Soviética una importante potencia militar que pronto habría de ser rival de EEUU en materia del uso de la energía nuclear para fines bélicos, se inició la guerra fría.

Tras el derrocamiento de Arbenz y luego de la instalación de una dictadura de derecha fiel a los dictados de Washington en el país, el historiador Ronald Schneider, tras estudiar más de 50.000 documentos incautados de fuentes supuestamente comunistas en Guatemala, demostró ante una corte que no sólo los comunistas nunca controlaron el país, sino que la Unión Soviética estaba demasiado preocupada por sus problemas internos para preocuparse por los de América Central.

En 2011, más de medio siglo después, el Presidente del país, Álvaro Colom tuvo que pedir disculpas por el “gran crimen del derrocamiento violento del gobierno de Arbenz en 1954”, pero jamás ha habido disculpa o incluso reconocimiento de Estados Unidos por su papel en el gran crimen, ni de los editores del New York Times por su complicidad. En los tiempos de la guerra contra Vietnam hubo infinidad de noticias falsas y engañosas en el New York Times y la prensa estadounidense en general, cuyas líneas editoriales eran sistemáticamente de apoyo a la política de guerra.

La situación recientemente creada en torno a supuestos nexos con Rusia de la campaña de Trump indica que el Pentágono, la CIA, los liberal-demócratas y el resto de los que integran el partido guerrerista han ganado una importante escaramuza en la lucha a favor o en contra de la guerra permanente, afirma Herman.

http://www.alainet.org/es/articulo/186977

Seis años de guerra le han costado a Siria 226.000 millones de dólares según el Banco Mundial

Los seis años de guerra le han costado a Siria 320.000 muertos. La mitad de la población ha perdido su vivienda y, además, los daños económicos y la destrucción de infraestructuras suman un total de 226.000 millones de dólares, según cifras publicadas el lunes por el Banco Mundial.

El valor de la destrucción multiplica por cuatro veces el PIB de Siria en 2010, el año anterior a la guerra, ha manifestado Hafez Ghanem, subdirector regional del Banco Mundial en Oriente Medio.

Como consecuencia de la destrucción del sistema hospitalario, morirán más personas tras la guerra que en el transcurso de seis años de combates.

Cada año de guerra se han perdido más de medio millón de puestos de trabajo. Un 75 por ciento de los sitios en edad de trabajar (nueve millones de trabajadores) han quedado en el paro. El 27 por ciento de los alojamientos han desaparecido y casi la mitad de los centros médicos y educativos.

Pero la destrucción va mucho más allá de esos datos, asegura el Banco Mundial, “haciendo trizas el tejido social y económico del país”. La guerra ha destruido las instituciones y sistemas que son necesarios para poner en marcha la sociedad y la economía sirias. Reparar el funcionamiento de estas instituciones será un desafío mayor que la reconstrucción de las infraestructuras.

Si la guerra finalizara hoy, en cuatro años el PIB podría recuperar el 41 por ciento del nivel que tenía en 2010.

Hoy los representantes diplomáticos sirios ante la ONU han exigido que Estados Unidos y sus aliados paguen por las destrucciones causadas y por bombardear ilegítimamente objetivos civiles.

Además, Siria sigue exigiendo la detención de los ataques aéreos de los imperialistas que no apartan nada a la victoria sobre el yihadismo, masacran a la población civil y destruyen infraestructuras vitales.


La Segunda Guerra Mundial la ganó Hollywood

Fernando Arancón

[...] El mundo occidental ha distorsionando el tamaño de los distintos actores que participaron en un momento tan importante para la Historia como la caída del nazismo. Con un mínimo de rigor histórico, a nadie escapará que el papel de la Unión Soviética fue, como mínimo, tan importante como el del bando aliado. Sin embargo, la representación de este hecho en la cultura popular es prácticamente inexistente. Como es de esperar, motivos no faltan, desde una medida campaña publicitaria y propagandística proveniente de Estados Unidos por razones geopolíticas a la rentabilidad que todavía hoy suscitan los productos relacionados con la Segunda Guerra Mundial. No es un tema menor; a fin de cuentas se dilucidaba quién había ganado uno de los conflictos bélicos más importantes de la Historia.

El poder del cine es espectacular. Su papel histórico para moldear conciencias ha ido intrínsecamente ligado a una opción de ocio tremendamente popular en los países occidentales desde los años veinte y treinta del siglo pasado. Era lo suficientemente barato como para que las clases trabajadoras pudiesen permitírselo con asiduidad y lo suficientemente popular para que los más pudientes también quisiesen asistir a las proyecciones. Esta afición hizo del cine el primer producto cultural consumido a gran escala en las sociedades desarrolladas. El poder de la imagen le otorgaba una ventaja fundamental sobre la radio, por lo que rápidamente algunos Gobiernos tomaron conciencia de los beneficios que se podían obtener de su instrumentalización política.

El uso del cine en la propaganda de la Alemania nazi es bien conocido y supone uno de los primeros ejemplos de cómo este arte se convierte en un pilar clave en la homogeneización del pensamiento, no ya por la censura, que cribaba qué se podía ver y qué no, sino por el despliegue técnico y artístico que hacía de la propaganda un producto agradable de ver. No hay que olvidar que el cine siempre ha sido la suma de un conjunto de elementos y el mensaje es solo uno de ellos, no necesariamente el más importante. Así, el cómo se contaba era tan importante como qué se contaba.

Estados Unidos comenzó a tomar buena nota de aquello en los años previos a su entrada en la Segunda Guerra Mundial (IIGM) y realizó un importante —aunque en muchos casos torpe— despliegue una vez quedó inmerso en el conflicto. Antes del ataque a Pearl Harbor, la división en la sociedad estadounidense entre los que propugnaban la entrada en la guerra y aquellos que reclamaban el aislacionismo más absoluto era evidente, por lo que el entonces presidente Roosevelt y especialmente su Estado Mayor eran conscientes de la acuciante necesidad de que toda la sociedad tuviese una opinión medianamente uniforme en caso de que el país tuviese que entrar en guerra. Huelga decir que la Administración de entonces, si bien tenía inclinaciones intervencionistas, eran más una cuestión estratégica que deseos reales de entrar en el conflicto. Hasta aproximadamente 1942, el único potencial del que gozaba Estados Unidos era el económico-industrial y el naval. Solo cuando la guerra estalló en Europa comenzaron a plantearse en Washington una verdadera modernización y expansión de los efectivos militares.

Ante la inminencia de la guerra, un doble problema se cernía sobre la sociedad estadounidense. Por un lado, la población, en su mayoría ajena a los sucesos que se estaban viviendo en Europa, debía ser puesta al día sobre qué ocurría en el Viejo Continente y cuáles eran los motivos por los que la Alemania nazi —y posteriormente el Imperio japonés— debían ser derrotados. La segunda cuestión consistía en formar adecuadamente a los millones de reclutas que se incorporarían a filas en cuanto fuese firmada la primera declaración de guerra. Para ambos aspectos, el cine se convertiría en una herramienta fundamental, un elemento de cohesión identitaria tanto en el territorio nacional estadounidense como en el frente.

Las Fuerzas Armadas estadounidenses plantearon reclutar a algunos de los directores de cine más reputados de la época, hoy auténticas leyendas de la cinematografía. En aquellos turbulentos cuarenta se unieron a la empresa John Ford —ya consagrado con La diligencia y Las uvas de la ira—, John Huston, William Wyler o Frank Capra, entre otros. Su misión: trascender los hasta entonces simples documentales militares y llegar al público estadounidenses con producciones de calidad, profundas y que revelasen el trasfondo de la guerra —siempre y cuando la censura militar lo permitiese, lógicamente—. Aquel proyecto tuvo una acogida dispar pese a contar con ambiciosos despliegues como el diseñado por Capra, llamado Por qué luchamos. Sin embargo, este episodio, que ha pasado a la Historia de manera bastante discreta, marcó tanto a los directores personalmente —Ford fue herido en Midway y Wyler se quedó sordo tras volar en un B-25— como su filmografía posterior y el propio devenir del cine en décadas posteriores. En absoluto es casualidad que nada más regresar de la guerra, en 1946, Capra se pusiese tras las cámaras con Qué bello es vivir, película merecidamente presente en cualquier clasificación de las mejores producciones de la Historia del cine como un alegato de la bondad humana y la primacía del bien sobre el mal.

¿Conocen Cuando pasan las cigüeñas, Masacre: ven y mira o La infancia de Iván? Las tres son películas soviéticas —de las mejores, según los críticos— sobre la Segunda Guerra Mundial. Un vistazo rápido por repositorios especializados de cine nos muestra que su popularidad es notoriamente más baja entre el público general que largometrajes como El puente sobre el río Kwai, La gran evasión o Patton, contrapartes occidentales de la misma época. Es lógico pensar que esto se puede deber a un simple sesgo de proximidad: durante la IIGM, los europeos occidentales consumen cine más cercano geográficamente, mientras que el público europeo oriental prefiere películas que se desarrollan en el extenso frente ruso. Esto, si bien tiene cierta validez por cuestiones de mercado —el europeo occidental es un mercado numeroso y de alto poder adquisitivo—, choca con la enorme asimetría de filmes que abordan la lucha en los distintos escenarios donde se desarrolló el mayor conflicto jamás visto por el ser humano.

El ejercicio es bien sencillo: ¿cuántas películas conocidas tienen como centro el frente soviético? Puede que la más conocida sea Enemigo a las puertas (Reino Unido, 2001) y Stalingrado (Alemania, 1993) como posible segunda opción. Si hilásemos en extremo, podríamos incluir El pianista, lo que también haría entrar La lista de Schindler, pero estas, temáticamente hablando, tienen más relación con el Holocausto —que sí ha sido tratado en el cine con cierta profundidad— que con la guerra en sí. La ausencia de producciones audiovisuales sobre el frente oriental es, por tanto, abrumadora. Leningrado, Moscú, Járkov, Sebastopol, Kursk, el avance sobre Europa oriental o la batalla por Berlín  aquí aparece El Hundimiento— son logros soviéticos no correspondidos en la cinematografía, por lo que no es extraño que esta tendencia continuada haya favorecido la invisibilización de la labor soviética en el conflicto.

En los años inmediatamente posteriores a la finalización del conflicto hubo en los países europeos una ola importante de cine desde esta perspectiva. En buena medida, era una forma de recomponer la identidad nacional y demostrarse cómo se habían deshecho de la Alemania nazi. Guerrilleros, mártires y héroes se entremezclaban con un costumbrismo de posguerra que intentaba aparentar cierta normalidad. La danesa La tierra será roja o la conocida cinta de Rossellini Roma, ciudad abierta, ambas de 1945, son buenos ejemplos de un estilo que se volvió común en Europa. Sin embargo, la moda no duró mucho tiempo. Conforme los países involucrados entraron en nuevas dinámicas económicas e internacionales, la IIGM, artísticamente e identitariamente hablando, perdió importancia.

En los estudios estadounidenses y británicos sí hubo un goteo constante de películas sobre el tema. Había historias y momentos de sobra para narrar, especialmente en el doble frente europeo —Italia y, posteriormente, Francia—. Sin embargo, esta etapa, que se extiende sobre todo entre los años 60 y 80, es probablemente la de mayor peso propagandístico. La guerra se convierte en algo bastante limpio, sin sangre y sin los niveles de destrucción que se verán en las pantallas a partir de los noventa, y la infalibilidad estadounidense contrasta con la suma torpeza de quienes tienen la desgracia de formar parte de la Wehrmacht —Fuerzas Armadas de la Alemania nazi—. Este cine repasa todas las grandes contiendas en las que los estadounidenses —y quizás algunos de sus aliados— se vieron envueltos en Europa o el Pacífico. Además, la industria no escatima en reunir a las caras más conocidas de la época para cada una de sus películas; La batalla de Midway, con Charlton Heston, Henry Fonda, Glenn Ford y Robert Mitchum, refleja claramente cómo se enfocaban este tipo de películas.

Será durante estos años cuando el trasvase histórico se consolide. Estas películas no son cualitativamente buenas, pero sí suponen un despliegue y un tirón de público elevado. De esta manera, ante la inexistencia de cine sobre el frente oriental en Europa, se crea la percepción de que solo Estados Unidos hizo el esfuerzo necesario para vencer al nazismo. Lo que pasase en lo que en aquellos años era el otro lado del Telón de Acero era irrelevante.

También hay que considerar que, desde un punto de vista cinematográfico, el frente ruso es más homogéneo que la diversidad de escenarios del resto del conflicto. Sin entrar en la narrativa, cuyas posibilidades son siempre prácticamente infinitas, el frente oriental se divide en la gran llanura oriental europea o las ciudades. Por ello, este cine parece haberse atascado en el “Vista una, vistas todas”. Evidentemente, esta lógica no hace honor a la cantidad de situaciones políticas, sociales y bélicas vividas en el este de Europa entre 1939 y 1945; más allá de los filmes centrados en Stalingrado se han conseguido hacer otros tan decentes como La cruz de hierro (1977). No obstante, al contrario que Estados Unidos, la Unión Soviética no consiguió explotar su papel en este episodio histórico.

A pesar de hacer numerosas películas —un largometraje patriótico era un seguro para evitar la censura—, la lógica ideológico-cultural soviética los alejaba de ese escenario. Nada tenía que ver aquel cine con el de Serguei Eisenstein, quien además de introducir grandes innovaciones había fortalecido enormemente la identidad nacional soviética. Ya fuese por los menos recursos disponibles, el menor talento artístico de los directores soviéticos dedicados a este género o la omnipresencia de las autoridades en la producción de las películas —cosa que acabó cansando a directores como Tarkovski, que huyó a Suecia—, en el este de Europa no se generó un relato sólido a través del cine sobre su papel en la mayor de todas las guerras. Otra derrota soviética, como ya ocurriese con la música, en la lucha por la hegemonía cultural.

[...] El público europeo occidental sigue creyendo que la victoria aliada en la IIGM —o, más concretamente, la derrota de la Alemania nazi— fue gracias al esfuerzo estadounidense. Esta creencia está lejos de revertirse, aunque países como Rusia, por ejemplo, en un refuerzo de su identidad nacional, está rescatando episodios de su Historia durante esos seis años en largometrajes, al menos en lo visual, impactantes. Puede que con el tiempo consiga colocar alguna producción entre las más vistas o las más premiadas del año, si bien esto aún se antoja lejano. Entretanto, la Segunda Guerra Mundial la habrá ganado quien Hollywood diga.

http://elordenmundial.com/2017/07/06/hollywood-el-ganador-de-la-segunda-guerra-mundial/



viernes, 21 de julio de 2017

La prensa de Estados Unidos habla de ‘victoria’ de Putin en Oriente Medio

El anuncio a bombo y platillo de que a partir de ahora Estados Unidos dejará de apoyar a los yihadistas en Siria ha sido recibido en las redacciones de las grandes cadenas como una victoria de Putin. Es una constante en la historia del imperialismo estadounidense: cada vez que se ven obligados a firmar un acuerdo con alguien lo consideran como una derrota.

Como ya expusimos hace un año y medio, en 2013 la CIA puso en marcha la Operación Timber Sycamore para apoyar la guerra de los yihadistas contra el gobierno de Bashar Al-Assad. Entonces el Washington Post, portavoz oficioso de la CIA, reconoció que dicho operativo se hizo necesario porque los yihadistas estaban perdiendo terreno (1).

No obstante, la CIA había planeado, armado y organizado a los yihadistas bastante antes del inicio de la guerra en 2011, por lo que la prolongación de la misma, los sufrimientos de la población y la destrucción de las infraestructuras es de la exclusiva responsabilidad de los imperialistas.

El operativo cayó cuando en setiembre de 2015 Rusia entró en la guerra porque los yihadistas volvieron a perder terreno alarmantemente. La batalla de Alepo fue la puntilla que ha obligado al cambio de estrategia. Las cosas no son, pues, como las cuenta Washington Post; Trump no está cambiando la política exterior de Estados Unidos (2). Lo que ocurre es que ha fracasado en el único terreno en el que los fracasos de los imperialistas son definitivos: el militar.

De ahí que la prensa intoxicadora lo lleve al terreno técnico y personal, a las nuevas políticas de Trump y a la renuncia a imponer condiciones al reconocimiento de la derrota, polarizadas siempre en la exigencia de la salida de Bashar Al-Assad del gobierno, un signo de que los tiempos han cambiado en Oriente Medio y, por lo tanto, quienes quieran ser protagonistas sobre el terreno deben tomar buena nota.

No es el caso de Israel, que no admite el acuerdo entre Estados Unidos y Rusia porque es otro de los grandes derrotados en la Guerra de Siria y, además, ha quedado fuera de juego.

Otro de los signos que cambian es el siguiente: ahora Rusia está desplegando 400 soldados en la zona de distensión del Golán para vigilar el cumplimiento del acuerdo de alto el fuego. Ni Siria, ni Irán, ni Hezbollah admiten otro tipo de tropas que sean rusas.

(1) http://www.washingtonpost.com/world/national-security/cia-ramping-up-covert-training-program-for-moderate-syrian-rebels/2013/10/02/a0bba084-2af6-11e3-8ade-a1f23cda135e_story.html

(2) http://www.washingtonpost.com/world/national-security/trump-ends-covert-cia-program-to-arm-anti-assad-rebels-in-syria-a-move-sought-by-moscow/2017/07/19/b6821a62-6beb-11e7-96ab-5f38140b38cc_story.html


Más información:
- Timber Sycamore: la CIA desató la guerra contra Siria

Sigue la ofensiva de la OTAN y los países bálticos en defensa del nazismo

Oficial de la ‘División Galicia’
La Cancillería rusa afronta una ola de mensajes basura en sus cuentas por publicar datos sobre los delitos cometidos contra civiles por los grupos rebeldes en los países bálticos tras la II Guerra Mundial.

Desde la desintegración de la URSS, dos de los países bálticos, Letonia y Lituania, elogian la actividad en sus territorios de la clandestinidad antisoviética conocida bajo el término genérico de “hermanos del bosque”. Este mes dicha práctica de alabanza ha recibido un nuevo impulso, al publicar la OTAN un vídeo que representa a aquellos guerrilleros como héroes en defensa de sus repúblicas frente a la invasión del este.

El Ministerio de Asuntos Exteriores de Rusia dedicó varios comentarios a ese “vergonzoso intento de reescribir la historia y glorificar a los ignominiosos combatientes de las SS y nacionalistas”. Los diplomáticos recordaron también las cifras de las víctimas mortales del terror y la acción subversiva que se desencadenó en la segunda posguerra.

Así, según cálculos de la Historical Memory Foundation, entre 1944 y 1953 los integrantes del Ejército de Libertad Lituana y otros grupos nacionalistas rebeldes mataron a 887 personas en Estonia, 2.208 personas en Letonia y 25.108 personas en Lituania, de las cuales 1.045 eran niños.

Este jueves un portavoz oficial de la diplomacia rusa ha denunciado una campaña de comentarios y mensajes basura que atacan las páginas del Ministerio de Asuntos Exteriores y embajadas de Rusia en las redes sociales. Provienen en su mayoría desde Lituania, acompañados con una misma etiqueta en ruso, que se traduce a castellano como “Kremlin, no se reescribirá nuestra historia”.

Su contenido es idéntico y negativo, busca eliminar el trabajo en internet que llevan a cabo los diplomáticos para explicar el pasado común de los pueblos europeos y defender la verdad histórica. Algunos medios digitales, como fromua.news, han catalogado esta actividad como “un flashmob”.

Además, el 19 de julio fueron registradas varias llamadas a distintos teléfonos de la Cancillería con elementos de gamberrismo. Aquellos que llamaban exigieron retirar los datos sobre las salvajadas de la clandestinidad lituana en el tiempo soviético. Sin embargo, el Ministerio ha prometido continuar informando al público sobre aquellos que actualmente son alabados por la OTAN y sus países miembros.

“En mi opinión, decapitar a una persona aún viva o atormentar a muerte con una barra metálica a un representante de otra etnia para ostentar luego ante los vecinos cuántos tiene en su cuenta no es la lucha por la libertad, ni mucho menos un logro de la democracia”, comentó el presidente de la Asociación Rusa de Investigaciones Bálticas, Nikolái Mezhévich. Sin embargo, estas eran las prácticas habituales de los denominados “hermanos del bosque”, la clandestinidad antisoviética que actuaba con crueldad extrema.

“Los delitos más cruentos, horribles y escalofriantes, que estaban más allá de lo humano, se asocian específicamente con Lituania y no con Estonia o Letonia”, dijo el politólogo.

Asimismo el colaborador científico del Instituto de la Historia rusa de la Academia de Ciencias de Rusia, Alexánder Diúkov, estima que los “hermanos del bosque” lituanos eran “peores que los letones”. “Tenían menos vínculos con los nazis, pero en la escala de su actividad terrorista contra la población civil superan a todos los demás hermanos del bosque de las repúblicas bálticas”, explicó.

La diplomacia rusa no ha sido el único objetivo de ataques en esta campaña de alabanza de los partisanos nacionalistas. En el 2016 la periodista Ruta Vanagaite publicó un libro sobre la participación de lituanos en masacres de las población judía, cuyo título se traduce como “Los Nuestros”.

Ahora la autora sufre amenazas de venganza física y no es la actitud de un sector particular de la sociedad. El gobierno de Lituania tachó el libro como un “proyecto de Putin” y “amenaza a la seguridad nacional”.

Así son percibidos en Vilna los hechos que socavan la mitología nacionalista. “El objetivo está claro”, comentaron en el Ministerio de Exteriores ruso. “Es borrar de la historia nacional aquel hecho miserable, que entre 1944 y 1952, cuando unos lituanos acuchillaban con una rabia animal, sin piedad a los niños y los ancianos, a otros lituanos, que simplemente querían una vida tranquila y pacífica dentro de la URSS”.

https://actualidad.rt.com/actualidad/244883-delitos-lituania-hermanos-bosque


Más información:
- La OTAN hace apología de los críminales de guerra nazis que actuaron contra la URSS


La mayor parte de los ucranianos que lucharon en la ‘División Galicia’ de las SS eran ‘uniatas’, un rito católico, por lo que los curas celebraban misas rodeados de estandartes nazis