viernes, 28 de abril de 2017

La alianza del Estado de Israel con los yihadistas en la Guerra de Siria

Degollamiento de Steven Sotloff
Desde el inicio de la Guerra de Siria, la toma de partido de Israel no ha dejado lugar a dudas: está abiertamente en contra del gobierno de Bashar Al-Assad y hace todo lo posible para derribarlo. Sus baterías han atacado las posciones del ejército sirio y sus aviones han bombardeado las infraestructuras del país con el objetivo de no dejar piedra sobre piedra.

Para ello, el criminal gobierno israellí no ha vacilado en sostener a la sucursal de Al-Qaeda en Siria, el Frente Al-Nosra, para poner de manifiesto, otra vez, que en Oriente Medio no hay ninguna clase de la lucha entre musulmanes y judíos, sino una lucha contra el imperialismo, del que Israel es uno de los puntales de la región.

También damos aquí por sabido que esa colaboración de Israel con Al-Qaeda también muestra que el denominado fenómeno “terrorista”, del que ambos forman parte, Israel y Al-Qaeda, no es en nada diferente del propio imperialismo. Israel es un estado terrorista y Al-Qaeda es una organización terrorista. Es, pues, lógico que ambos colaboren porque ambos son piezas maestras del mismo entramado criminal.

Lo que nunca había quedado en evidencia era la colaboración del Estado de Israel con el Califato Islámico, que siempre se ha mantenido en un segundo plano, hasta que un antiguo ministro de Defensa, “Bogie” Yaalon, lo reconoció el sábado en Afula, al norte de Israel, ante un grupo de periodistas.

Este reconocimiento tiene una enorme dosis de cinismo, como corresponde a los servidores de un Estado que siempre se ha caracterizado precisamente por eso: por su cinismo. Por un lado, se lamentan de que ellos son la primeras víctimas del islamismo; por el otro, lo promocionan, lo sostienen y lo fomentan. Ciertas formas de islamismo no sólo son funcionales al imperialismo sino a Israel. No es nada distinto de las tradicionales alianzas de Israel con los Países del Golfo sino todo lo contrario, una continuación de las mismas.

Yaalon fue el brazo derecho de Netanyahu en el gobierno hasta que en mayo del año pasado surgieron divergencias entre ambos. El sábado sabía muy bien de lo que estaba hablando porque él ha sido un protagonista principal de esa coloaboración entre isarelíes y yihadistas. Ahora está tratando de crear su propio partido para presentarse a las elecciones y sus posibilildades electorales son casi nulas. Por eso se ha ido de la lengua.

“En Siria hay numerosas facciones”, dijo Yaalon a los periodistas. “El régimen, Irán, los rusos e incluso Al-Qaeda y elk Califato Islámico. En unas circunstancias así, hay que elaborar una política responsable y cuidadosamente equilibrada para que proteger sus intereses, por una parte, sin intervenir, por la otra. Porque si Israel interviene en nombre de una parte, servirá a los intereses de otra; por ello hemos establecidos líneas rojas. Quien se enfrente a nuestra soberanía sentirá inmediatamente todo el peso de nuestro poder. En la mayor parte de los casos, los tiros proceden de regiones bajo el control del régimen. Pero una vez, los tiros llegaron de las posiciones del Califato Islámico, y se excusaron inmediatamente”, añadió el ex ministro.

Cuando los obuses de los yihadistas caen sobre Israel, son tan educados que piden excusas, un gesto amable que no procede cuando ponen bombas en los autobuses repletos de niños o cuando cortan cabezas. Hay que recordar que entre las cabezas que han rodado por el suelo está la de Steven Sotloff, un judío estadounidense que vivió en Israel y del que ya nadie se acuerda, lamentablemente.

El gobierno de Damasco no es tan educado con Israel. Cuando son sus obuses los que caen, no piden excusas. Es algo que define exactamente la verdadera naturaleza de la Guerra de Siria.

https://www.richardsilverstein.com/2017/04/23/breaking-former-israeli-defense-minister-confirms-israeli-collaboration-isis-syria/

jueves, 27 de abril de 2017

El servicio militar vuelve a Europa, la guerra imperialista necesita carne de cañón

Tras las luchas de los insumisos de los noventa, fueron muchos los que creyeron que “la mili” se había acabado para siempre porque se había quedado obsoleta. No es así; se ha mantenido en suspenso mientras cesaba el temporal de las protestas. Ahora el imperialismo necesita carne de cañón que llevar a las trincheras porque las trompetas de guerra resuenan por todas partes.

Suecia ha restablecido el servicio militar obligatorio, Alemania lo llama “defensa civil” para disimular y Francia lo hará en cuanto Macron gane las elecciones presidenciales. Luego irá España. La movilización masiva ya está preparada desde el mismo momento en que en 2002 se “suspendió” la mili.

En España el servicio militar tiene carácter obligatorio. Está impuesto impuesto por la Ley Orgánica de la Defensa Nacional de 1980, que no se ha derogado, así como tampoco la Ley del Servicio Militar de 1991.

En todos los países europeos las excusas son las mismas. La mayor parte de ellas, empezando por el “expansionismo ruso”, son conocidas; otras, como esas “misiones humanitarias” en el exterior, ya huelen a podrido. La más reciente, la ola de “terror yihadista”, les viene como anillo al dedo y explica algunos de los más recientes atentados en Europa.

No obstante, hay otro argumento, del que empezó hablando el antiguo Presidente francés Sarkozy hace años, que hay que tener en cuenta: en toda Europa hay una enorme masa de parados que está cobrando algún tipo de prestaciones sociales sin ninguna clase de contrapartida. ¿Por qué no llevarlos a las trincheras, a alguna de esas expediciones militares francesas que hay en África?

La mayor parte de los europeos está en contra de la introducción del “servicio de filas”. En Alemania dos terceras partes se oponen. Sin embargo, expuesto al estilo Sarkozy la leva gana muchos adeptos: hasta un 80 por ciento en Francia según los sondeos. En Suecia la crifra de partidarios llega al 70 por ciento.

La crisis capitalista, el paro y el militarismo rampante son, pues, distintas facetas de lo mismo. Por eso es ahora cuando la consigna de insumisión cobra su verdadera importancia y no se debería admitir que sean los “pacifistas” de pega los que tomen cartas en el asunto. El quiera la paz tendrá que enfrentarse al imperalismo, que está en el origen de la guerra.

Más información:
Vigencia actual de la Ley de Movilización Nacional

miércoles, 26 de abril de 2017

Se cumplen 50 años del levantamiento obrero de Hong Kong

El 6 de mayo se cumplirán 50 años del levantamiento obrero de Hong Kong que costó la vida a 51 insurrectos así como otros 800 heridos. A lo largo de las luchas los obreros explotaron unas 8.000 bombas.

En 1967 Hong Kong era una colonia británica, sacudida por los ecos de la Revolución Cultural. La mayor parte de la fuerza de trabajo estaba en el paro y las condiciones de vida en los barrios eran espantosas. No tenían agua corriente ni inodoros. Los grandes capitalistas despedían a los trabajadores en masa sin ninguna clase de explicaciones.

Durante las huelgas de 1956 la policía ya había asesinado a tiros a 44 trabajadores en la calle.

Los levantamientos obreros empezaron el año anterior por el aumento del precio del transoporte público. En diciembre también hubo importantes huelgas en Macao, que luego continuaron en la colonia británica con los trabajadores de una fábrica de flores artificiales. Lo mismo que en el mayo francés del siguiente año, los estudiantes también tuvieron un protagonismo muy importante en las luchas.

El imperialismo siempre mantuvo en secreto esta lucha porque estuvo dirigida por el Partido Comunista de China y una de las reivindicaciones fue la reincorporación de la colonia a la República Popular. En Pekín varios diplomáticos británicos fueron agredidos y se produjeron graves incidentes en la frontera.

La represión fue salvaje. La colonia estaba dirigida por una reducida minoría británica, frente a la inmensa mayoría de chinos y otras nacionalidades, la mayor parte de los cuales eran considerados como “emigrantes indocumentados”, por lo que las huelgas se saldaban con despidos seguidos de deportaciones arbitrarias.

El gobierno colonial decretó la ley marcial. En la calle no se podían reunir más de tres personas. Lo mismo que en la España actual, los trabajadores podían ser internados durante seis meses en una cárcel sin ninguna clase de juicio.

Después de semanas de duras luchas callejeras, en octubre el gobierno británico se comprometió a reducir la jornada de trabajo, que era de ocho horas para los menores de edad y de 10 para los mayores. Poco a poco los coloniales se vieron obligados a ceder y el panorama de Hong Kong cambió definitivamente, no sólo en sus condiciones laborales, sino en los equipamientos urbanos, la sanidad y la educación.


Un grupo de manifestantes levanta ‘El libro rojo’ delante de la policía colonial en Hong Kong durante los levantamientos obreros de 1967

Toma el dinero y cinga

Bianchi

O "Take the money and run" de las primeras cintas de Woody Allen ("Toma el dinero y corre"). El primer objetivo de la llamada "Transición" fue lampedusiano: cambiar algo para que todo siga, más o menos, igual. Para ello había que limpiar la fachada al viejo y decrépito fascismo de partido único ampliando para ello su base social legalizando partidos políticos burgueses de viejo cuño o advenedizos que, previamente, debían pasar por lo que se conoció como "ventanilla", una especie de horca caudina fascista que venía a suplir el juramento a los principios del Movimiento Nacional falangista bajo otro ropaje. Pasaron todos por esa humillación menos justamente los partidos de la órbita franquista que de  fascistas pasaron, por arte de birlibirloque, a "demócratas" sin necesidad de demostrar ningún label o pedigrí: milagros de la modélica Transición española.

El Partido Comunista de España (PCE) renunció a sus principios democráticos e ideológicos (ya lo había hecho mucho antes con Carrillo) y asumió la bandera monárquica renunciando a un referéndum sobre la forma de Estado a cambio de ser legalizado. El PSOE renunció al marxismo (nunca lo fue ni siquiera con un Pablo Iglesias, el fundador, más seguidor de Lasalle que de Marx). En realidad, nadie era lo que decía ser. Todo era una impostura.

Los partidos nacionalistas, catalán y vasco, lo mismo; es más, apenas dieron señales de vida durante el franquismo (lo mismo que un PsoE dopado y "reconstruido" a toda máquina por la Fundación Ebert alemana auspiciado por la CIA y todo supervisado por los poderes fácticos franquistas españoles). Pero, ahora lo vemos, no se dio un cheque en blanco y sin contrapartidas al Régimen franquista. A cambio de tragar, al menos en las formas ya que el contenido capitalista no se discutía para nada, algunos sapos de índole política (la bandera, la monarquía, etc.) se puso una condición no escrita:licencia para robar (aparte de para matar que siempre han tenido y le llaman, los más cínicos, el "monopolio de la violencia" por parte del Estado del que omiten su carácter de clase), a lo que no se opusieron los franquistas.

La cosa era algo así, dicho burdamente, como vosotros, los falangista-opusdeístas-tecnócratas-franquistas ya habéis robado bastante, y ahora nos toca a nosotros, los "demócratas". En otras palabras: que nos bajemos los pantalones no os va a salir gratis (como pasa ahora, por ejemplo, en el escenario vasco), así que reclamamos nuestro "derecho" (?) a nuestras mamandurrias, mordidas y chanchullos. Hay para todos, dijeron los fachas. A los viejos ladrones se unieron los nuevos. A los Villar Mir y los Pujol los Ignacio González, Bárcenas, Granados, Camps, Gurtels, Púnicas, Lezos, etc., etc., etc.

Es tanto lo robado y de tan sistemática y escandalosa manera que el propio Régimen del 39 (o "del 78", concederé para que no se diga) ha tenido que hacerse un "lifting" y calafateado de bajos encerrando a unos cuantos alibabás para salvar el culo y hacer ver que "el Estado de Derecho funciona". Y que "el que la hace, la paga", la última parida de Mariano desde Montevideo tomándose un mate con el felón Pepe Mújica, por cierto. Podría establecerse una ley que ofrezco gratis a nuestros cientos de miles de seguidores, a saber: "La ley del choriceo", que consiste en que la cantidad chorimangada es inversamente proporcional al cumplimiento del Estado de Derecho o, dicho de otra manera, cuánto más trinques más se demuestra la fortaleza de la "democracia". Pues, ¿no acaban de registrar el domicilio de un intocable como Jordi Pujol Soley además de encarcelar a su primogénito Jordi Pujol Ferrussola? ¿Qué más pruebas queréis, descreídos, escépticos, conspiranoicos, santomases (por el apóstol que tocó la llaga del Ungido para creer que había resucitado de entre los muertos)?

En China -me susurran por aquí- los fusilan no sin antes hacer que devuelvan lo robado. Aquí, afortunadamente, somos más "civilizados".

Salve, César, buona sera.

‘Sole’: una guerrillera antifranquista de la posguerra

Sole en la cárcel de Alcalá de Henares
Quizá doblada entre los archivos de la Guardia Civil, quizá raída en alguna sierra conquense, descansa una bandera republicana con un mensaje bordado: “¡Salud a los valientes guerrilleros de Levante y Aragón! ¡Viva la República!”. Pronto las manos que la bordaron pasarían de zurcir una aguja y lavar las ropas de los guerrilleros a empuñar un nueve corto en esas mismas sierras junto a ellos. Eran ‘Sole’ y ‘Celia’, alias de Esperanza Martínez y Remedios Montero, que, tras más de dos años ayudando a la guerrilla en la retaguardia, se echaron al monte, siendo así, junto a las hermanas de Esperanza, las únicas mujeres de la Agrupación Guerrillera Levante y Aragón.

La guerrilla, lucha desarrollada casi exclusivamente en el medio rural y foco de la represión franquista, estaba compuesta casi al completo por hombres si nos centramos en los grupos armados ocultos en las montañas. Era la prolongación de un ejército republicano que se resistía a abandonar la lucha. Mas en las filas de la retaguardia, las mujeres formaron un pilar fundamental para la supervivencia de este movimiento, mujeres que, en su mayor parte, se limitaban a ejercer el papel que les había sido asignado tradicionalmente por la sociedad patriarcal: alimentar, vestir, curar y cuidar de los suyos.

Pero, como afirma la Catedrática de Historia Contemporánea de España Mercedes Yusta, del apoyo material se pasa fácilmente al apoyo logístico. “Ya no se trataba sólo de proporcionar sustento y vestido, sino también de ocultar propaganda, informar de los movimientos de la Guardia Civil, transmitir mensajes. De este modo, mujeres del medio rural que jamás habían pertenecido a una organización política se encontraron ejerciendo una tarea de resistencia política, siendo resistentes antifranquistas”.

Esperanza Martínez (1927) comenzó a apoyar a la guerrilla a los 19 años, cuando ella y sus hermanas descubrieron a un guerrillero con los pies hinchados de las caminatas por el monte alojado temporalmente en el pajar de su casa de Atalaya de Villar del Saz de Arcas, aldea conquense en la que vivían en tierras arrendadas a un terrateniente. Su madre había muerto de parto años antes de cumplir los 40 y su padre, que ya en la Guerra Civil siempre quiso ir de voluntario al ejército republicano, ayudaba desde casa a la guerrilla sin implicar a sus cinco hijas para no ponerlas en peligro. “Fue entonces cuando le dijimos a mi padre que estábamos dispuestas a colaborar y a formar parte de este movimiento de lucha en lo que fuera posible”, recuerda Esperanza.

El guerrillero del pajar resultó ser el hermano de Reme, la que luego fuera compañera de Esperanza en el apoyo a la guerrilla. Juntas pasaron casi tres años recorriendo en burra los 15 kilómetros que separaban su aldea de la capital para traer de vuelta los víveres que necesitaban los guerrilleros, ya que no podían comprarlos en los pueblos cercanos para no ser reconocidas. Mientras, las hermanas de Esperanza vigilaban las entradas y salidas de la aldea para no ser interceptadas por la Guardia Civil. Si lo eran, cantaban o inventaban algún juego ingenuo para disimular y siempre salían airosas. “Además, los guerrilleros venían a casa y les lavábamos y arreglábamos las cosas que necesitaban, les hacíamos jerséis, calcetines, etc.”, relata Esperanza. Su casa era lo que se conocía como “punto de apoyo”. “La guerrilla no habría sobrevivido sin las mujeres de los puntos de apoyo”, afirma.

Ellas, junto a otras muchas mujeres republicanas, fueron las protagonistas de la denominada “guerrilla de llano”, la que no estaba en el monte. “Las mujeres fueron el alma de la retaguardia, de los puntos de apoyo, de las labores de enlace y colaboración [...] Se jugaron la vida en el abastecimiento, en la vigilancia, en la ocultación de los guerrilleros, en el socorro a los mismos, en su protección y en sus múltiples labores de información”, explica Francisco Moreno Gómez, doctor, catedrático de Instituto e historiador, en el prólogo del libro que recoge las memorias de Esperanza: “Guerrilleras. La ilusión de una esperanza” (Latorre Literaria, 2010).

Así pasaron unos años hasta que la vigilancia del régimen comenzó a ser cada vez mayor. “Los guardias civiles venían a casa disfrazados de gente que se había escapado de la cárcel para ver si les acogíamos para ponerles en contacto con la guerrilla. Pero estábamos muy aleccionadas y siempre fuimos muy discretas; sabíamos lo que nos jugábamos”, dice Esperanza, que jamás confundió a ninguno de ellos. Cuenta que su perro sólo ladraba a los traidores, nunca a los guerrilleros.

Refugiarse en las montañas

En 1949 la guerrilla se empezó a descomponer, los asaltos a los diferentes campamentos eran continuados y las muertes y detenciones aumentaban tanto en el monte como en los puntos de apoyo. Las contrapartidas también azotaban duramente al movimiento guerrillero. Algunos de esos detenidos fueron unos amigos del padre de Esperanza, residentes en un pueblo cercano. “Cuando nos llegó esta noticia también supimos que en los centros policiales figuraban nuestros nombres”, recuerda. “Fue entonces cuando consultamos con los guerrilleros nuestra adhesión, dispuestos a echarnos al monte. Aunque era el final de la guerrilla preferimos escapar antes de que nos cogieran”. Y así fue, ocho personas de dos familias se unieron a la Agrupación Guerrillera de Levante y Aragón —AGLA—: Esperanza, su padre Nicolás, su cuñado, dos de sus hermanas, su amiga Reme y dos hombres de la familia de esta.

Así, Esperanza, sus hermanas Angelina y Amadora y Reme dieron un paso más allá de los roles tradicionalmente asignados a las mujeres de los puntos de apoyo de la guerrilla y, aunque nunca llegaron a disparar sus armas contra la Guardia Civil, se integraron en el grupo clandestino de la sierra conquense. “En 1950, unos meses después de nuestra incorporación a guerrillas, mi hermana Angelina y Reme fueron sacadas del monte hacia sitios seguros”. A su hermana la colocaron en el punto de apoyo de Cofrentes con Adelina Delgado —conocida como ‘La Madre’, respetada figura en la guerrilla—, donde hacía labores del hogar y de tráfico de información. A Reme la destinaron al pueblo valenciano de Villaronga para organizar un grupo de trabajo guerrillero, aunque en alguna ocasión tuvo que volver al monte por las amenazas represivas. “De las cuatro mujeres, Amadora y yo estuvimos en el monte el mayor tiempo, prácticamente  hasta la evacuación total de la lucha guerrillera, casi dos años”, recuerda Esperanza. El padre de Esperanza —cuyo enclave donde fue enterrado tardaron 50 años en hallar—, su cuñado y los familiares de Reme habían muerto en varios asaltos poco tiempo después de unirse a la guerrilla.

“Me siento orgullosa de los camaradas que nos rodearon en la guerrilla”, afirma Esperanza al hablar de su vivencia como mujer en este movimiento. “Allí la vida es dura, sobre todo para las mujeres, pero la convivencia con los compañeros fue de respeto total. Cada persona atendía sus necesidades, lavar la ropa, coser, etc. Tampoco hicimos nunca de cocineras, se ocupaba un compañero. Aunque los turnos de vigilancia y los suministros los hacían los hombres”, comenta. “Allí conocí muchas cosas que no conocía antes de salir de casa: leí mucho, gané mucha cultura y conocimiento. Hasta hacía mis propios guiones para intervenir en las reuniones y llegué a dar charlas a otros compañeros tras documentarme leyendo”, recuerda sonriendo. También allí, en 1950, se afilió al PCE.

En la guerrilla comenzó la formación intelectual para una Esperanza proveniente de familia obrera y campesina que poco había conocido los libros. De pequeña iba a una escuela a 5 kilómetros de su casa para aprender a leer y escribir, primero con un maestro que les instruía a golpes de vara en las palmas de las manos y después con otro mejor al que al terminar la guerra hicieron preso de conciencia. Fue años después, en el monte entre los guerrilleros, donde se inició en esa formación cultural y política. Algunos compañeros aprendieron allí a leer y a escribir. Entre los temas abordados, “se comentaba la importancia de la lucha de las mujeres, su valor y su gran colaboración a lo largo del tiempo y de la Historia”, explica. Allí conoció la vida y obra de mujeres como Victoria Kent, Clara Campoamor, Dolores Ibárruri, Federica Montseny, Manuela Sánchez, Lina Odena, Matilde Landa o las ’13 rosas’, entre otras. Había lecturas, reuniones, escuchaban ‘La Pirenaica’, debatían...  “Si no había peligro, se aprovechaba el tiempo”, dice ‘Sole’.

Y esa formación no cesó ni en la cárcel, donde realizó un curso de cultura general y comenzó otro de francés. “Entre puntada y puntada en las horas de trabajo frente a la máquina de coser, miraba el vocabulario”, cuenta.

Esperanza se topó con la prisión el 25 de marzo de 1952, en el mismo año que su hermana Angelina y su amiga Reme. Angelina fue detenida junto a ‘La Madre’ en el punto de apoyo en el que se encontraban. Reme y Esperanza cayeron en las garras del franquismo casi a la par; la mala suerte hizo que se toparan la primera con varios gendarmes y la segunda con un traidor integrado en el partido cuando ambas se dedicaban a pasar guerrilleros de España a Francia por los Pirineos al disolverse la guerrilla. Esperanza había cruzado por primera vez las montañas pirenaicas el verano de 1951, pero esta segunda vez no pudo culminar su misión de guía, empezando así en el 52 sus 15 largos años de cárcel.

“Propusieron nuestra ayuda para la evacuación de los guerrilleros que quedaban en el interior del país [...] Con documentación falsa y todo bien estudiado, emprendí aquel camino hacia España clandestinamente en febrero de 1952. Tenía que ir a Pamplona donde encontraría a los compañeros del monte. Todo salió estupendamente, sin ningún problema”, relata Esperanza. Pero a Reme no le fue tan bien en su partida y desde el partido propusieron a ‘Sole’ para ir a Salamanca a avisar a su amiga de que cambiara de ruta para no toparse de nuevo con los gendarmes con los que había tenido problemas en la frontera. “Para este viaje se me facilitó un guía, que desde el principio me hizo sospechar por su conducta. Me habían dicho que era un camarada del partido, pero nunca me gustó su comportamiento”, afirma Esperanza aún con recelo.

Pero la guerrillera no tenía las suficientes pruebas para delatarle y, aunque ella quería volver a toda costa, una constante duda aparecía en su mente: “¿Y qué le digo yo al partido?”. El mismo dilema que aparecía en sus pensamientos cuando el guía fue a esconder un macuto junto al Bidasoa y dejó su metralleta a Esperanza, que barajó utilizarla para acabar con todo aquello. “Pero claro, cómo iba a justificar aquello al partido, al que el guía también pertenecía...  Y también tenía que seguir en busca de Reme”.

Ahora ninguna muerte pesa sobre su conciencia. Quizá si hubiera accionado el arma, nunca hubiera conocido las paredes frías y desconchadas de una celda. O quizá sí. Sea como fuere, siguió su expedición con el sospechoso cogiendo ambos un tren hacia Salamanca que para ellos nunca llegó a su destino, ya que fueron detenidos a la altura de Miranda de Ebro. “Mientras iban al vagón en el que estaba él, aproveché para esconder en la rendija de la ventanilla del tren el dinero del partido que llevaba encima”, cuenta Esperanza, que por nada del mundo quería que aquello contribuyera a enriquecer aún más al régimen, aunque fuera mínimamente.

El largo tránsito carcelario

Y allí empezó su vida entre prisiones, cuya primera parada sería el departamento preventivo de mujeres de la cárcel de hombres de Burgos. Aquí, una funcionaria confirmó sus sospechas al reprocharle que no había entregado todo el dinero que llevaba en el viaje, una cifra que sólo ella y el guía conocían. “Sabía que no era un hombre bueno”, recalca Esperanza.

Tras una semana allí y los pertinentes interrogatorios en comisaría, fue trasladada a los sótanos de Gobernación de Madrid, donde calcula que estuvo un mes. Allí también fue llevada Reme. “Pasé ahí el uno de abril, día de la victoria del franquismo, mareada y ensordecida por la radio con cánticos de victoria”, recuerda. “Allí lo pasé muy mal, me maltrataron, hubiera querido morir. No quería seguir en esas circunstancias, si hubiera tenido la posibilidad habría querido morir pero no la tuve”. Uno de sus compañeros guerrilleros también detenido con ellas ‘Vías’ fue asesinado en aquellos sótanos a golpes de tortura.

“Desde Madrid nos llevaron a Valencia, donde se repitió el mismo trato”. Allí estuvieron incomunicadas en una celda hasta que las sacaron para llevarlas a la Prisión Provincial, donde el juez instructor les repetía constantemente que iban a ser fusiladas. “Una noche vinieron a buscarnos a la celda. Ya teníamos las palabras previas, el mensaje que diríamos en el paredón. Nos montaron en el furgón y nos dijeron: ‘Ya sabéis a donde vamos, ¿no?’. Íbamos al piquete”, narra Esperanza. Pero cuando bajaron no había fusiles preparados sino sus expedientes listos para ser cerrados en el cuartel de la Guardia Civil. Tras este trámite, las llevaron de vuelta a la celda, de nuevo incomunicadas. “Y un buen día nos abrieron la celda y nos dijeron que salíamos en libertad”, dice aún con la sorpresa del momento.

Pero las cosas no eran tan sencillas. “La libertad era una trampa, una libertad vigilada, como habían hecho con mi hermana Amadora. Pretendían incluso facilitarnos trabajo, cosa que rechazamos tajantemente, entonces eso era frecuente. Sabíamos lo que pretendían: ver si teníamos algún contacto o conexión con el partido, o si alguien de la organización nos visitaba”. Así, tras cuatro o cinco meses sin conseguir estos objetivos, volvieron a detenerlas y encarcelarlas a ambas y también a Amadora. “El régimen penitenciario era más represivo de lo que se percibía en la calle, nos hacían la vida imposible, tanto el director como algunas funcionarias. Les molestaba sobre todo nuestro ateísmo”, cuenta Esperanza sobre su estancia en la prisión de Valencia. Un día, en 1953 quisieron obligarles a besar el pie de una figura del niño Jesús. La funcionaria forzó la cabeza de Reme hasta la talla y la presa le dio un bocado en vez de un beso. La escritora Dulce Chacón alude a este suceso en su libro La voz dormida.

“Para la dictadura se trataba del espécimen más peligroso de oponente política: la mujer que no sólo va en contra de la ideología impuesta, sino que transgrede las mismísimas fronteras marcadas para su sexo”, apunta Mercedes Yusta. “El franquismo no puede concebir el compromiso político femenino, en especial si es un compromiso contrario a la ideología oficial, porque supone la transgresión total del modelo de feminidad construido desde el nacional-catolicismo: la mujer sumisa, reina del hogar, obediente en todo a las normas del patriarcado”, añade la historiadora.

Tras dos años en Valencia, llamaron a Esperanza de Burgos para hacerle un consejo de guerra allí, lugar con el que nada tenía que ver ella ni su actividad militante. “Espionaje y comunismo”, esa fue la acusación. Piden 10 años de cárcel para ella y finalmente se los dejan en 6, que junto a los 8 en los que se había quedado la de Valencia –que originalmente era de 20 años y un día— tras redimir pena, sumarían los 15 años que la guerrillera pasó privada de libertad. En junio de 1954 había sido trasladada a la prisión provincial de Ventas de Madrid y un año después a la de Burgos, en la que era la única presa política. Allí, el 10 de marzo de 1956 se celebra el citado consejo de guerra y al mes siguiente vuelve a mudarse de nuevo a Valencia. “En el camino te van dejando en espera en otras prisiones haciéndose el viaje eterno.  Siempre  en tren, esposada y con hambre”.

Aún habría una parada más ese mismo año: el penal de mujeres de Alcalá de Henares, al que llega en noviembre de 1956, esta vez con Reme y Amadora. Allí redimían pena en los talleres de trabajo, “la industria mejor montada por la dictadura y más rentable a costa de la explotación esclavista de aquel tiempo”, en palabras de Isaías Lafuente en su libro Los esclavos de Franco. “Yo he cosido de todo: sábanas, trajes para los grises, capotes para la Guardia Civil, pijamas para presos... Si tenía que hacer 4 hacía 3, siempre intentaba sabotearlo sin llamar la atención, me esforzaba lo menos posible, aunque cobrara menos”.

“Los últimos meses todavía intentaron amargarme con la retención de mi libertad condicional. Excusa: la falta de arrepentimiento político”. Finalmente, Esperanza salió en libertad condicional el 25 de febrero de 1967. “Me encontré en un mundo nuevo que no conocía, con una sociedad diferente a la que había dejado cuando me encarcelaron. No tenía seguridad en mis movimientos, flotaba. Me aterraba el teléfono, el cruce de semáforos, comprar, etc. Había perdido la noción del dinero porque en la prisión utilizábamos unos cartones con valores diferentes”, relata en sus vivencias escritas.

Una vida en lucha antifascista

Tras salir en libertad pasó unos años en Manresa con su hermana Amancia y su familia, visitando también Barcelona, donde tuvo contacto con el Movimiento Democrático de Mujeres, cuyo grupo zaragozano había sido un gran apoyo para ella estando en el penal de Alcalá a través de su correspondencia. Así pues, cuando tuvo oportunidad viajó a Zaragoza a conocer a sus integrantes y a la vez conoció a Manuel Gil, el que después se convertiría en su marido, luchador contra la dictadura y conocedor también de la falta de libertad en una celda.

Esperanza se mudó definitivamente a Zaragoza —de la que ahora es hija adoptiva desde 2016— en 1968, poco después de que encarcelaran a Manolo por tercera vez, y en la capital aragonesa terminó la condicional. Una vez instalada, y pese a la oposición del clero, comenzaron a preparar su boda, el primer matrimonio civil en Zaragoza desde el fin de la guerra, celebrado el 7 de junio de 1969. Se casaron en la cárcel de Torrero, donde Manolo seguía preso. “Le dimos mucho la lata a la curia y al final se nos concedió”, ríe Esperanza. “Fueron cinco minutos. Los funcionarios de la cárcel nos dijeron que habían arreglado coquetamente una celda para nosotros, pero nos negamos. Mi marido lo celebró con sus amigos presos y yo me fui a comer con el Movimiento Democrático de Mujeres. Tuvieron que invitarme entre todas, yo no tenía un duro. La desilusión de los empleados del restaurante, que esperaban a una novia, fue grande: yo llevaba un traje sencillo de chaqueta, el único que pude comprarme”.

En 1970 tuvo a su hijo Wladimiro, con Manolo aún en la cárcel —no saldría hasta 1973—, que, siguiendo el camino de sus padres, se declara primero objetor de conciencia y después insumiso, acabando también en prisión. “Hoy, el servicio militar no es obligatorio. Cuestión de lucha, está claro”, afirma con orgullo su madre, que formó junto a otras madres y familiares una asociación de apoyo a los insumisos con la que gritaban “libertad” al otro lado de los muros de la cárcel. Hasta una vez colgaron una pancarta de una torre de la Basílica del Pilar en la que se leía “Libertad, Justicia, Insumisión”.

Y precisamente “cuestión de lucha” ha sido la vida entera de Esperanza, una lucha que no se queda en la Agrupación Guerrillera Levante y Aragón sino que se extiende en el tiempo con el Partido Comunista —al que hoy sigue perteneciendo—, el Movimiento Democrático de Mujeres —ya disuelto—, la Asociación de Familiares de Insumisos y el Archivo de Guerra y Exilio, en el que hoy supervivientes y afines  se esfuerzan por dar reconocimiento a lo que la ley española de Memoria Histórica aún no le da. “Los supervivientes seguimos siendo la voz de los ausentes, manteniendo la demanda de un reconocimiento justo como corresponde a un Estado de derecho que esta democracia no se atreve a otorgar”, afirma en sus memorias.

“Recuperar la memoria histórica sigue siendo un acto de justicia. Los guerrilleros, tratados como bandoleros y terroristas, exigen reconocimiento jurídico. Fue un ejército armado contra la dictadura por la defensa de la República y la libertad, pero fue una lucha desigual e injusta. Éramos los herederos de un gobierno legal, derrotado pero no vencido”, defiende.

“La represión y la cárcel nos golpeó, pero he salido con ganas de seguir luchando. Como se suele decir: que me rompan, pero no me doblen. Y no me han doblado”, concluye Esperanza, que ni ahora, a sus 90 años y pese a apoyarse en su bastón, se dobla.

http://www.zgrados.com/esperanza-martinez-sole-guerrillera-antifranquista/

Albania: un país que cambia el socialismo por un basurero

Una noche de agosto del año pasado un joven campesino de 17 años, Ardit Gjoklaj, murió aplastado por un tractor en el basurero de Sharra, cerca de Tirana, la capital albanesa, cuando rebuscaba entre los residuos y la porquería para tener algo que comer al día siguiente. La policía se llevó el cadáver de allá y prohibió el acceso de los periodistas al lugar.

La periodista Alida Tota realizó un reportaje sobre la muerte de Ardit para la cadena de televisión privada ANews y la despidieron. Al periodista Artan Rama también le despidieron de la cadena Vision Plus por el mismo motivo: hay que encubrir que Albania ha pasado de ser un país socialista a convertirse en el basurero de Europa.

El gobierno albanés ha convertido Sharra en una gigantesca montaña en la que una multitud hambrienta busca día y noche cobre, chatarra y botellas de plástico para vender a las plantas de reciclado; cada día tienen que llenar un saco de residuos, tóxicos muchos de ellos, que les permita ganar apenas 6 ó 7 euros.

En el capitalismo la basura es una mercancía singular, la única por cuya importación no se paga sino que se cobra. Desde 2003 se ha legalizado en Albania la importación de basura y desde entonces la polémica ha adquirido un carácter nacional. Nadie quiere que su país sea considerado como un basurero asqueroso.

Albania podría ser, como España, un destino turístico barato, de playas, hoteles, parques temáticos y grandes centros comerciales. Pero es un asco andar por las calles de cualquier ciudad, o cruzar los caminos en coche, o contemplar el curso de los ríos; no se ve más que mierda por todas partes.

Cuando en 2013 los socialistas prometieron acabar con el tráfico de basura, ganaron las elecciones y derogaron la ley de importación de residuos. Pero luego pasó lo de siempre: se olvidaron del programa electoral y de las promesas. La basura es, junto al crimen organizado, el tráfico de drogas y la prostitución, uno de los grandes pilares económicos del capitalismo albanés.

Albania tiene a Italia en la otra orilla y allá la mafia es quien dirige el negocio de la basura como materia prima de la nueva “revolución verde” y de las industrias ecológicas y limpias. Nunca ha habido nada más ecologista que la mafia, que tiene en Albania 60 empresas de reciclado, que ahora sólo puede funcionar a una tercera parte de su capacidad productiva por culpa de los prejuicios de los albaneses contra la basura.

Tras la muerte de Ardit en agosto, el basurero de Sharra se ha cerrado y el alcalde Tirana lo lamenta —incluso en público― porque era una fuente de empleo para miles de personas. Ahora el paro ha aumentado y en plena crisis capitalista el paro es algo que justifica cualquier cosa, incluso la proliferación de porquería por todas partes.

Hoy llaman empleo a cualquier cosa, incluso a trabajar en medio de la basura, a la corrupción, a los accidentes laborales, al trabajo negro, al trabajo insalubre, al trabajo infantil... Es la otra cara de los contratos y las adjudicaciones públicas, del dinero negro, de los sobornos, la malversación... En otras palabras: capitalismo en estado puro.


Sharra: una imagen de la nueva Albania capitalista

Estrategia y táctica de la batalla de Raqqa contra el Califato Islámico

Las tropas de Estados Unidos y sus aliados kurdos en las FDS están obteniendo importantes victorias en la provincia de Raqqa, en el centro de Siria. Su avance va precedido del apoyo aéreo de la aviación estadounidense, pero han capturado el aeropuerto militar de Tabqa, de donde las milicias del Califato Islámico se han retirado; también han tomado el pantano del Éufrates y las localidades cercanas a Raqqa.

Mientras tanto, las del ejército de Siria parecen estancadas. Es verdad que el avance de Estados Unidos y los kurdos no tiene ningún contenido estratégico y que sólo adquirirán ese carácter cuando tomen el control de la capital del Califato Islámico, lo que les reportará un enorme publicidad en todo el mundo por su “guerra contra el terrorismo” que se ellos s encargarán de amplificar.

Pero no va a ser tan sencillo. Aunque no cabe descartar que el Pentágono logre convencer al Califato Islámico de que abandone Raqqa por las buenas, en última instancia dicha localidad es el último bastión que les queda a los yihadistas, tras la caída de Mosul.

Si los yihadistas oponen resistencia a su desalojo, Washington no podrá capturar la capital sólo con las fuerzas kurdas actuales. Tendrá que recurrir a fuerzas terrestres propias bastante mayores de las que hoy tiene desplegadas.

Lo mismo que Hassaka, Raqqa tampoco es una ciudad kurda y tras su captura lo que no va a ocurrir es lo único que debería: que la ciudad sea entregada al gobierno de Damasco.

Los indicios que hay son muy feos. El PKK-PYD aún no ha explicado, ni siquiera a sus propias fuerzas, los motivos de su empeño en capturarla y el costo en vidas humanas que eso les va a suponer. Es posible que lo mismo que en otras localidades de Irak, el PKK-PYD trate de anexionarse Raqqa para incorporarla al santuario libertario de Rojava, expulsar a la población árabe, derribar sus viviendas y realojar a los kurdos en ellas.

Si los ataques de la aviación estadounidense contra Raqqa son similares a los de Mosul, van a provocar una carnicería entre la población árabe. Es muy posible que sea eso lo que persigan: forzar a los árabes a desalojar sus viviendas con bombardeos masivos, para imponer una limpieza étnica.

El resto de Siria debería acoger a una numerosa población árabe de refugiados desplazada de sus hogares, derrotada por los kurdos y resentida contra ellos, el escenario ideal para redibujar fronteras, crear nuevos “Estados fallidos” que necesiten llamar al Pentágono en su auxilio cada dos o tres años.

Cómo manipula el gobierno el aparato judicial a su antojo

Detrás de cada relevo polémico en la judicatura o la fiscalía hay una explicación del gobierno que pretende rebajar a la categoría de especulación las denuncias de maniobras para favorecer al Partido Popular. Este martes se ha conocido  un nuevo fragmento de las grabaciones de la Operación Lezo en el que el expresidente de la Comunidad de Madrid Ignacio González se refiere sin tapujos a este tipo de prácticas en conversación con el antiguo ministro del PP Eduardo Zaplana.

Ambos fueron grabados el 22 de noviembre mientras mantenían una charla en persona. En el transcurso de la misma, González afirma: “Vamos a ver, Eduardo. Tenemos el gobierno, el Ministerio de Justicia, no sé qué y tal, y escucha: tenemos a un juez que está provisional... Tú lo asciendes... Yo le digo: ‘A ver, venga usted ‘pa acá’. ¿Cuál es la plaza que le toca? ¿Onteniente?’ A tomar por culo a Onteniente y aquí que venga el titular, que ya me las apañaré con el titular, coño”.

González no está hablando de un supuesto en la transcripción adelantada por La Sexta, sino de un caso concreto, el del juez que ahora le ha enviado a prisión. Eloy Velasco ocupa el Juzgado de Instrucción número 6 de la Audiencia Nacional de forma interina.

El expresidente de la Comunidad de Madrid continúa: “Al titular lo quitaron porque era uno que era aparentemente ‘rogelio’... y le dan magistrado de enlace en Londres... no sé, después gana una pasta; o Roma, vive como Dios y el tío no quiere saber nada, claro [...] Yo le llamo a este y le digo: ‘oye, ven aquí, el titular aquí y a este... a tomar por culo, pero ¿qué te cuesta esto?’ Y a este tío lo pones a escarbar cebollinos, joder, y ya está, ¿pero qué cojones de chantaje? Pero como todo el mundo ve que esto funciona, pues ancha es Castilla”.

El titular de la plaza de Velasco es Manuel García-Castellón, el juez “rogelio” al que se refiere el expresidente de la Comunidad, por la adscripción progresista del mencionado. Efectivamente, García-Castellón está destinado como juez de enlace en Roma. Estos destinos, como los de las embajadas para la policía, son los premios con los que el gobierno puede recompensar a un juez afín o simplemente enviarlo lejos si es incómodo.

En la argumentación del gobierno siempre hay un resquicio con el que presentar su versión. Con Eloy Velasco consistió en que fue él quien solicitó un puesto en un programa de colaboración en materia de Justicia e Interior entre varios países europeos y latinoamericanos. No es un puesto de juez de enlace, pero en la oferta inicial se ofrecía un sueldo superior a los 120.000 euros anuales, rebajado después ante la queja de otros países participantes en el proyecto.

A la plaza aspiraban ocho jueces, de los que el Consejo General del Poder Judicial, de mayoría conservadora, seleccionó a tres, entre ellos Velasco. El 19 de enero, reunida su comisión permanente, el Poder Judicial propuso finalmente un nombre distinto al de Eloy Velasco como la persona idónea para ocupar el puesto.

Pero un movimiento del Ministerio de Justicia desató la sospecha. El departamento de Rafael Catalá no se conformó con el nombre que seleccionó el CGPJ y reclamó el expediente de cada uno de los tres preseleccionados, donde sí aparecía Velasco. La puerta para que Justicia seleccionara al juez del Caso Púnica quedaba más que abierta, pero la reducción en la oferta inicial del sueldo hizo al juez retirarse de la pugna.

Aun así, Velasco dejará la Audiencia Nacional en junio. El 10 de marzo, tres días después de que González comunicara a su hermano que le estaban investigando, el Consejo de Ministros aprobó varias plazas de magistrado de segunda instancia, entre ellas las tres destinadas a la nueva Sala de Apelaciones.

Entre los requisitos para ser seleccionado se ha incluido poseer la especialidad en penal, algo que pueden alegar pocos de los posibles aspirantes. Uno de los que puede hacerlo es Velasco, como es de común conocimiento en el ámbito judicial. Por supuesto, será el Consejo General del Poder Judicial el encargado de examinar el currículum de los aspirantes y, de acuerdo a esas condiciones, elegir a los tres jueces. Nadie duda de que el actual instructor de la Operación Lezo será uno de ellos.

En una entrevista publicada por El Mundo el pasado sábado, el juez Velasco aseguraba que pedía el destino porque no se le dota de los medios adecuados para combatir la corrupción.

Los manejos afloran desde la frase que encabeza la conversación entre González y Zaplana. El expresidente de la Generalitat afirma: “El problema está en la instrucción, Nacho”. Parece claro que se refiere al porcentaje de jueces progresistas en lo juzgados de instrucción de la Audiencia Nacional. Los concursos para acceder a la Sala de lo Penal han llenado la segunda instancia del tribunal especial de jueces conservadores, algo que no se produce en los seis juzgados de instrucción, donde hay un mayor equilibrio entre las distintas sensibilidades con las que se puede interpretar el Código Penal.

Como ejemplo, los delitos de apología o enaltecimiento del terrorismo. Los jueces Santiago Pedraz y José de la Mata archivaron los casos contra Guillermo Zapata y César Strawberry, respectivamente, pero ambos acabaron en el banquillo de los acusados porque la Fiscalía u otras acusaciones recurrieron las decisiones de los jueces instructores y la Sala de lo Penal les dio la razón.

Zapata es concejal de Ahora Madrid, adversario del PP en el Ayuntamiento. El “problema”, según el razonamiento de Zaplana, estuvo en el juez de instrucción. Un tribunal integrado por dos jueces apartados del juicio de Gürtel por su proximidad al PP rectificaron a Pedraz en tres ocasiones e impusieron sentar a Zapata en el banquillo. Uno de esos dos jueces, Enrique López, es alabado en otro fragmento de la conversación entre Zaplana y González que aparece en el sumario de la Operación Lezo, según fuentes conocedoras del contenido de las intervenciones telefónicas. 

La Fiscalía no se libra de las maniobras. González asegura en la grabación: “Vamos a ver, yo creo que a ver si podemos colocar el tema del fiscal anticorrupción, ¿sabes? Y... yo creo que va a ser él. Si sale, es cojonudo. Se llama Moix, es un tío... serio y bueno. Hombre, yo no soy quién, pero yo no me corto en decirle a Rafa:  ‘Oye Rafa... ’. ¿Sabes? El aparato del Estado y los medios de comunicación van aparte: o los tienes controlados o estás muerto. Todavía quedaban tres meses exactos para que se produjera la elección de Moix.

En el caso de que González pecara de falsa modestia, “Rafa” sí que es alguien: el ministro de Justicia, notario mayor del reino. El actual jefe de Anticorrupción, Manuel Moix, apenas lleva dos meses en el cargo, al que accedió superando a otros seis aspirantes, entre ellos pesos pesados de la fiscalía especial, como Alejandro Luzón o Belén Suárez, actual teniente fiscal.

La coartada en este caso fue el Consejo Fiscal, al que el fiscal general del Estado, José Manuel Maza, se comprometió a consultar. Sin él, no habría nombramiento a dedo. Y el Consejo Fiscal apoyó al candidato del fiscal general elegido por el PP. Un Consejo Fiscal en el que la asociación conservadora cuenta con mayoría.

Moix logró el apoyo de los seis fiscales elegidos en la lista de la mayoritaria Asociación de Fiscales (AF, de orientación conservadora). Por su parte, Alejandro Luzón, el fiscal del caso Bankia, consiguió dos de los tres votos de la Unión Progresista de Fiscales (UPF) y los dos de los miembros natos del Consejo Fiscal (teniente fiscal del Supremo y jefe de Inspección). Finalmente, el fiscal de Anticorrupción Antonio Romeral (responsable de los papeles de Bárcenas) obtuvo uno de los votos de la UPF.

http://www.eldiario.es/politica/Ignacio-Gonzalez-evidencian-maniobras-PP_0_636937525.html

 

martes, 25 de abril de 2017

El Estado español recompensa y asciende a los policías condenados por torturas

El flamante nuevo jefe de Policía de Cantabria, Héctor Moreno García, fue condenado por torturas en 1994 e indultado por el PP de José María Aznar. La sentencia judicial de la Audiencia Provincial de Madrid nunca fue un lastre para la carrera de Moreno García, que continuó ascendiendo en la jerarquía policial hasta llegar a su actual destino. El caso de este comisario no es una excepción. Es más, la impunidad para los miembros de Cuerpos y Fuerzas de Seguridad denunciados y/o condenados por torturas es una práctica habitual en este país llamado España.

Así lo atestigua, por ejemplo, José Manuel Sánchez Fornet, histórico líder del Sindicato Unificado de Policía, del que ya no forma parte. "Esto es lo habitual en la Policía desde al menos 1980, que es cuando yo entré. Los ascensos a agentes que han vulnerado los derechos civiles de los ciudadanos forman parte de la cotidianidad. El problema es que prácticamente nadie les ha prestado atención hasta ahora", denuncia Sánchez Fornet, que pone como ejemplo el también reciente nombramiento como jefe superior de Policía en Castilla‑La Mancha de Félix Antolín, investigado por un delito contra la integridad moral y otro de lesiones por un presunto caso de acoso a un subordinado.

Son dos casos recientes. Entre todos los policías disponibles, el ministro del Interior ha elegido estos dos para ser ascendidos. Sus razones tendrá, aunque de momento permanecen ocultas. El presidente de Cantabria, Miguel Ángel Revilla, se ha dirigido por escrito a Interior, sin éxito. El PSOE también ha solicitado la comparecencia del ministro Zoido.

Sánchez Fornet justifica sus palabras anteriores echando la vista atrás. Pone como ejemplo, entre otros, el caso del guardia civil Manuel Sánchez Corbi, que fue condenado el 7 de noviembre de 1997 por la Audiencia de Vizcaya a cuatro años de prisión y seis de inhabilitación por torturar a Kepa Urra en un descampado, antes de trasladarle detenido al cuartel de La Salve, en Bilbao. Sería indultado en 1999. A pesar de esta condena, Sánchez Corbi continuó su imparable ascenso hasta coronel jefe de la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil.

http://www.publico.es/sociedad/espana-tierra-impunidad-torturadores.html


Joseba Arregi, torturado hasta la muerte en 1981

La lucha clandestina del PCE en la posguerra española


Sin duda, el momento de mayor desesperación e impotencia del Gobierno republicano durante la Guerra Civil fue el golpe de Casado. Dentro del bando leal se emplearon los mismos subterfugios y excusas baratas para romper la legalidad republicana. En marzo de 1939, que el pueblo español hubiera logrado vencer a las fuerzas de la intervención nazi y fascista era ya prácticamente imposible, pero todavía se podía administrar la derrota. Los golpistas de Casado, sin embargo, esperaban poder rendirse ante Franco a cambio de que no hubiera represalias.

Al final, no ocurrió ni una cosa ni otra. Los casadistas fueron a la cárcel y al pelotón de fusilamiento como los demás. Y la derrota no se pudo gestionar, no pudo haber evacuaciones ordenadas ni preparar la salida de muchos de los republicanos más destacados y comprometidos. Algunos de ellos, solamente pasaron de las cárceles de Casado a las de Franco.

En ese momento histórico, en la huida precipitada hacia los puertos de Valencia, Gandía, Cartagena, Almería y Alicante, comienza el documental Espías en la arena de Pablo Azorín y Marta Hierro. Con la desesperación de los republicanos que huyeron a bordo de cargueros de fruta, como el Stanbrook, que se estuvo un mes en el puerto de Orán sin que les dejaran desembarcar. En Argelia fueron ocho mil los refugiados españoles, cuatro mil en Túnez y mil en el Marruecos francés. Y al igual que los que escaparon por los Pirineos, fueron a parar a campos de concentración, especialmente los que se consideraron “peligrosos izquierdistas”. Un trato que no esperaban como luchadores antifascistas.

Con la ocupación nazi de Francia y ascenso de Petáin, su situación no hizo más que empeorar hasta que los aliados ejecutaron la Operación Torch, la invasión del norte de África. Los antifascistas españoles entonces fueron liberados, pero lentamente. Y los que habían trabajado en la inteligencia militar de la República o tenían preparación para ese tipo de misiones fueron reclutados por los estadounidenses. En la recientemente establecida OSS (Office of Strategic Services), matriz de la CIA, valoran a los españoles y brigadistas que han perdido la guerra civil por su probado compromiso antifascista.

El documental se ha estrenado en Madrid, Valencia, Palma, Alicante y Málaga y seguramente este año se emita en RTVE e IB3. Marta y Hierro y Pablo Azorín venían de filmar Agente Sicre, el amigo americano, la biografía de Ricard Sicre, ilerdense que fue agente de los estadounidenses, obtuvo información de los nazis apresados durante la contienda y organizó una misión que iba a ser el preámbulo de la invasión de España por parte de los aliados: la Operación Banana.

Los aliados querían conocer hasta qué punto estaba implicado Franco con el Eje. Los republicanos seleccionados tendrían que infiltrarse en España para informar sobre movimientos de tropas, lo que permitiría a los aliados anticiparse a una ofensiva contra sus ejércitos en el norte de África. Las misiones de los espías en cada ciudad recibieron nombres de frutas. En Barcelona, Operación Cereza; en Madrid, Limón; Cartagena, Naranja; Melilla, Albaricoque y Cádiz, Uva. La misión en su conjunto: Banana.

Si los nazis hubieran penetrado con sus tropas en España, estaba previsto tomar Ceuta y Melilla para desde ahí bombardear los puestos de artillería y las comunicaciones de la península. En 1943, los cines estadounidenses proyectaron la película Inside fascist Spain para preparar a su población ante la llegada de un nuevo conflicto. Los documentalistas han conseguido imágenes de este film que nunca antes se habían visto en España. Franco a su vez construyó centenares de búnkeres en las costas.

En julio de 1943, los espías españoles desembarcaron en Río de la Miel, en Málaga. Eran ocho hombres. Manuel Lozar, radiotelegrafista de la Marina de Guerra Republicana, Ignacio López, teniente radiotelegrafista de aviación, Pedro Royo, telegrafista de artillería antiaérea, Jaime Pérez Tapia, comandante de batallón de la 207 Brigada Mixta y Guillermo Garrido de las Heras, sargento del Tercer Batallón de la primera brigada de carros blindados. Junto a ellos, iban tres guías veteranos del ejército republicano que conocían el terreno, Joaquín Centurión, Francisco Bueno Ledesma y Luis Ruiz Aguayo, que tenían como objetivo conectar a la misión con el PCE de Málaga y redes clandestinas que pudieran darles apoyo y lugares seguros para cobijarse y esconder las radios.

Llegaron a las cinco de la mañana. Escondieron su armamento en una cueva y se vistieron con trajes. A quien iba vestido en aquella época con cierto nivel no le paraban, dice el documental. Estuvieron siete meses transmitiendo información. Sobre los movimientos militares y sobre algo que les pilló de sorpresa, la situación en España era mucho más complicada de lo que les habían hecho creer.

Les enviaron al matadero, sentencia uno de los entrevistados. Hablo con Pablo Azorín sobre este aspecto y explica: “En África los responsables norteamericanos y principalmente de Unión Nacional Española, organización pantalla del PCE, crearon un retrato de lo que ocurría en España que nada tenía que ver con la realidad con la que se toparon cuando desembarcaron en la costas de Nerja. Unión Nacional Española, organización que tenía que proporcionales apoyo en la península, simplemente no existía, la vigilancia y represión policial era extrema y fruto de ello el PCE se hallaba muy debilitado, asediado y penetrado por la policía y los delatores”.

A la presión de la policía hubo que añadir que se quedaron sin dinero. Las importantes sumas que recibieron para llevar a cabo la misión tenían orden de entregárselas a un enlace del PCE enviado a Málaga desde Francia, Víctor Moreno, que a su vez se lo dio a un contacto del partido en Madrid. Los espías se quedaron sin dinero hasta para los gastos más elementales. Se les rompieron las radios, además, y podían transmitir pero no escuchar a los estadounidenses. Reclamaron fondos de lo entregado, pero el enlace del PCE no volvió a contestar sus demandas.

Desesperados, decidieron arriesgarse y viajar a Madrid a contactar con el PCE. Lo logran, tras un mes intentándolo, con Apolinario Poveda Francisco y enlaces del PCE en Argel, a los que les transmiten su decepción y sentimiento de abandono. Pero a día de hoy no se conoce aún qué pasó con los fondos de la misión, según cuenta Azorín: “No tenemos ninguna evidencia de lo que ocurrió con el dinero que los agentes entregaron al enlace que el PCE envió desde Francia. En un principio pensamos que alguien se lo podía haber apropiado. Tras estudiar el momento que vivía el PCE en el 43 y 44, con una grandísima presión de la policía política, en el que el miedo, la tortura, los infiltrados y delatores acosaban al Partido Comunista, nos dimos cuenta de que la organización de este en el interior de España estaba totalmente descompuesta con enormes problemas de coordinación y comunicación entre los dirigentes y las células activas, sufriendo una gran precariedad de medios. Las necesidades económicas para mantener una organización en la clandestinidad son muy grandes, crearse una cobertura adecuada y moverse en un Estado policial militarizado consumía los escasos recursos económicos con gran celeridad”.

Por otra parte, las intrigas políticas también condicionaron la misión. Los comunistas no querían colaborar con los americanos. Si en aquellos días estaban en el mismo bando, resulta extraño. Azorín tampoco tiene respuesta: “La verdad es que lo desconozco, intuyo que el PC quería, con cierta lógica, controlar y dirigir a sus militantes y evitar que fuesen utilizados como carne de cañón por otros. Es la misma directiva que el PCE dictó desde Moscú a todos sus militantes de no integrase en fuerzas regulares de los ejércitos aliados. Por ejemplo, los comunistas españoles tuvieron una fuerte presencia en la Resistencia Francesa en unidades ligadas al Partido Comunista Francés, pero inapreciable en el Ejército Francés Libre del general De Gaulle”.

Otra desgracia fue que los ingleses, por medio de su embajador en Madrid, Sir Samuel Hoare, habían desarrollado otros planes para España. Por medio de una red de sobornos a los generales de Franco, detallados recientemente en el libro Sobornos (2016, Debate) de Ángel Viñas, pretendían asegurarse la neutralidad del país sin necesidad de intervenir. La Operación Banana podría poner en riesgo todos sus planes. No querían oír nada de agentes infiltrados. De hecho, desde febrero de 1943, la misión Blackbone ya estaba cancelada por el alto mando aliado. Con la neutralidad de España, la guerra finalmente no pasaría por la península.

En marzo de 1944, la Brigada Político Social, a través de un delator infiltrado, Antonio Rodríguez López el Chato, los miembros de la misión son arrestados. Tras los interrogatorios, cayeron doscientas personas involucradas. Fue uno de los golpes más graves recibidos por el PCE en toda su historia. Pero para no tener problemas con los aliados, fueron juzgados por “auxilio a la rebelión”, en lugar de por espías, que es lo que eran. La instrucción del caso la llevó el coronel Enrique Eymar Fernández, famoso por solicitar favores sexuales a las mujeres de los presos que acudían a pedirle ayuda, como se detalla en Espías en la arena.

Los aliados se lavaron las manos. A través de Luis Pérez Tapia, hermano de uno de los detenidos, el 13 de marzo en la embajada de Estados Unidos en Madrid recibió una petición de ayuda. En la instrucción que recibieron en el norte de África los agentes, se les dijo que si atravesaban dificultades acudiesen a la embajada a solicitar protección. El 22 de marzo de 1944 se envió desde la embajada en Madrid a Washington un despacho con detalles sobre la operación policial y las detenciones. La prueba de que el Gobierno americano conocía su situación y decidió abandonarlos a su suerte.

El agente Salvador Rodríguez Santana y sus colaboradores José López Iglesias y Francisco Muriel Martín fueron fusilados en Melilla. Salvador Soler López, José Cerezo Fernández, Enrique Tirado Cobos, Antonio González Torres y Adolfo Pacheco Mateos, todos ellos  miembros del PCE que colaboraron con la operación, en Málaga. Manuel Lozar Feliz, Ignacio López Domínguez, Pedro Royo Sanz, Guillermo Garrido de las Heras, Víctor Moreno Cristóbal, junto a los militantes comunistas Jesús Carreras Olascoaga, Félix Pascual Hernández Piedecasas y José Vicente, en Alcalá de Henares. Carreras había asumido la jefatura del PCE en el interior tras las sucesivas caídas de Heriberto Quiñones y Jesús Bayón. Pascual Hernández era el responsable de las estafetas o puntos de enlace del partido.

A Jaime Pérez Tapia, Francisco Alaminos y José Jiménez Martín les conmutaron la pena capital por treinta años de cárcel; salieron de prisión a principios de los sesenta. En un informe de la OSS, se califica a la Operación Banana como el mayor descalabro del espionaje aliado en toda la II Guerra Mundial, solo excusable por la inexperiencia de la agencia de espionaje americana en el momento de ponerla en marcha.

Para los agentes reclutados solo hubo olvido. Azorín relata que desgraciadamente era previsible su destino: “Fue algo común a la mayoría de los agentes irregulares de la OSS. Pero, además, la mayoría de los republicanos españoles que participaron en la operaciones de la OSS en España militaban en el Partido Comunista. El advenimiento de la Guerra Fría, el posterior reconocimiento internacional y apoyo a la dictadura por parte de Estados Unidos, los convirtió en personajes incómodos a los que era mejor enterrar en el olvido. Si en su momento, cuando fueron hechos prisioneros, encausados y condenados a muerte, no se les ayudó ni reconoció, ¿qué beneficio puede obtener Estados Unidos en reconocer oficialmente a un grupo de comunistas españoles que sirvieron en su principal servicio de inteligencia militar?”.

En los testimonios recogidos por el documental se explica que los americanos veían a los españoles como a una “panda”, más que como a unos compañeros. Los tenían como peones. Sin más. La madre de Manuel Lozar intentó pedir clemencia arrojándose al vehículo que trasladaba a la esposa de Franco, sin éxito. Ricard Sicre, coordinador de los espías desde África, quedó marcado por el fracaso de la operación, aunque, como cuenta su documental biográfico, luego volvió a España con una empresa de importación americana —fue el responsable de traer, entre otros productos, la Pepsi-Cola pero, tal y como confiesa su hijo, impactado por el mundo real en el que no contaban las personas ni los ideales—.

Durante su investigación, Marta y Hierro y Pablo Azorín han tratado con familiares directos aún vivos de los represaliados. Ellos también sufren el olvido y el silencio, tal y como cuenta Azorín: “Los más mayores, ya muy pocos, que vivieron directamente la detención, cárcel y fusilamiento de su familiares y las cuatro décadas de dictadura, sufren todavía el trauma del silencio y del temor social sin haber tenido, hasta ahora, la ocasión de reconciliarse con ese pasado tan duro. Los más jóvenes no llegan a comprender ni aceptar que la memoria de sus familiares, defensores de la legalidad republicana y la democracia, sigan siendo ignorada por gran parte de la sociedad, que los juicios sumarísimos, carentes de toda garantía jurídica, por los que fueron condenados a muerte no sean declarados nulos y sus restos debidamente honrados, como todas las víctimas de la Guerra Civil y su larga posguerra, por una sociedad que en su conjunto se declara defensora de la democracia y enemiga del totalitarismo”.

“Madre mía, madre mía... Muchachos, mi último adiós”, fueron las últimas palabras de Manuel Lozar en la cárcel antes de ser fusilado en las tapias del cementerio de Alcalá de Henares la mañana del 16 de enero de 1945, a menos doce grados, junto a siete personas más. Sus cuerpos están enterrados en las fosas comunes 38 y 39. El responsable de su destino, Dwight Eisenhower, abrazaba a Franco el 21 de diciembre de 1959 en Torrejón.

http://www.jotdown.es/2017/04/los-olvidados-la-operacion-banana-franco/