jueves, 27 de julio de 2017

Srebrenica: un ‘genocidio’ de geometría variable

Este mes se ha celebrado el 22 aniversario del “genocidio” de Srebrenica, convertido en una rutina protocolaria, en la que han participado los mismos de siempre: el gobierno local, el cuerpo diplomático, las ONG y los periodistas para grabar las escenas.

En una sentencia el Tribunal Penal Internacional para la antigua Yugoeslavia, así como el Tribunal Internacional de Justicia, calificaron las muertes de Srebrenica como un acto de genocidio. Obviamente los jueces no tenían ni las más remota noción de lo que es un genocidio o, en caso contrario, se saltaron la ley a la torera.

Los tribunales también aseguraron que en Srebrenica se cometió el mayor crimen de guerra en Europa desde la Segunda Guerra Mundial, en el que nadie más que los serbios tuvieron ninguna intervención porque lo mismo que la Guerra de Siria ahora, se trató de una “guerra civil”.

Si algún lector ha contratado un viaje turístico a la zona, debe visitar el memorial Potocari, un cementerio inaugurado en 2003 por el antiguo presidente de los Estados Unidos, Bill Clinton. Una placa conmemorativa indica la enigmática cifra 8372... que es el dato oficial de muertos, que se puede cambiar en cualquier momento porque para eso lleva unos puntos suspensivos.

Eso sí, cuando los puntos suspensivos entren en acción será para tirar la cifra hacia arriba, no hacia abajo, porque el de Srebrenica no le llega al de Camboya (tres millones de muertos inventados) ni a la suela de los zapatos. Lo que no alcance a los 100.000 muertos no se debería llamar “genocidio”.

Además, se trata de un “genocidio” puramente local, urbano. No tiene alcance nacional, ni étnico, ni religioso. Sin embargo, la OTAN le dio una repercusión mundial de tal magnitud que se ha convertido en la seña de identidad de Bosnia-Herzegovina, una de esas nuevas “naciones” creada por la OTAN  de la nada.

No existe una “etnia bosnio musulmana”, como cree la Wikipedia. Bosnia-Herzegovina no es una nación sino una colectividad que no tiene en común otra cosa que la misma religión, el islam, diferenciada de la croata (católica) y la serbia (ortodoxa). Alemania y la OTAN no dividieron Yugoeslavia sólo por motivos nacionales, sino también religiosos.

Dado que no es una nación, Bosnia-Herzegovina carece identidad propia, que es lo peor que se puede decir de un Estado amorfo, que se encuentra obligado a inventársela en un ejercicio típico de idealismo histórico. ¿Cómo nos hubiera gustado a los bosnios que hubiera ocurrido la historia? Si unos se inventan la batalla de Roncesvalles, otros hacen lo propio con el “genocidio” de Srebrenica y se engañan a sí mismos: construyen su identidad sobre un fraude.

Es un “genocidio” de geometría variable en el que las cifras son infinitesimales: en la placa conmemorativa de Potocari sólo hay 500 tumbas musulmanas, a los que quizá se podrían añadir otras 70 más que se llevaron hasta allá procedentes de otros lugares para hacer un poco de bulto.

Las cifras no son el único motivo para afirmar que en Srebrenica no hubo ningún genocidio. Por bajas que sean las cifras de muertos, son las suficientes como para comprender que en la Guerra de los Balcanes se produjeron grandes matanzas y no conformarse con las versiones oficiales, y mucho menos para confundir a los víctimas con los victimarios.

Pero a la hora de escribir sobre “genocidios”, los de verdad y los de mentirijillas, hay que tener mucho cuidado. Por presiones de la Unión Europea el nuevo Código Penal serbio ha incluido un artículo que prohíbe dos cosas: negar que hubo un genocidio en Srebrenica y que la autoría del mismo fue obra de los serbios.

Afortunadamente, los fiscales en España no pueden aplicar las leyes serbias, por más que se hayan redactado en Bruselas. De momento aquí podemos decir que la historia de la matanza de Srebrenica no la pueden escribir los juristas y mucho menos a base de mentiras.


miércoles, 26 de julio de 2017

El espionaje británico repliega el dispositivo organizado para la Primavera Árabe

Ante el fracaso de la llamada “Primavera Árabe”, el MI6 está replegando sus peones (1). Elaborado en 2004, por sir James Craig, ese proyecto debía reproducir la “Revuelta Árabe” que Lawrence de Arabia organizó en el pasado contra el Imperio Otomano.

Durante la Primera Guerra Mundial, Thomas Lawrence –el célebre “Lawrence de Arabia”– prometió a los árabes que serían libres si lograban derrocar la colonización otomana, finalmente reemplazada por la colonización británica.

Pero la Primavera Árabe se concibió en contra de Irán y su objetivo era instalar en el poder, en los países del Medio Oriente ampliado o Gran Medio Oriente, a la Hermandad Musulmana, como correa de transmisión del imperialismo anglosajón.

Uno de los principales agentes al servicio de ese programa, Angus McKee, fue nombrado encargado de negocios en la embajada del Reino Unido en Siria, en diciembre de 2011. Cuando Londres decretó el cierre de la embajada, Angus McKee siguió ejerciendo las mismas funciones y bajo la misma cobertura, pero desde Beirut. En marzo de 2012 fue nombrado cónsul en el Kurdistán iraquí. Ahora, el MI6 acaba de llevárselo de regreso a Londres.

La Primavera Árabe no fue una sucesión de movimientos “espontáneos”, sino de dinámicas populares de larga duración, que hunden sus raíces en las Revueltas del Pan de los años 70 y 80, que fueron provocadas por los los “planes de austeridad” del FMI.

A finales de 2010 se produjo un repunte histórico de los precios mundiales de los productos alimenticios. El sabotaje, el bloqueo de carreteras, la huelga y el enfrentamiento directo con las fuerzas del orden fueron la verdadera cara de la Primavera Árabe.

La oleada huelguística en Egipto se desarrolló contra la voluntad de la Federación Nacional de Sindicatos Egipcios. En Túnez sucedió casi exactamente igual: las huelgas fueron promovidas por los trabajadores, totalmente al margen de la Unión General de Trabajadores Tunecinos, que las rechazó explícitamente.

A los anteriores factores hay que sumar la falta de crecimiento económico, la inmensa tasa de desempleo (la media más alta de todas las regiones del mundo), la corrupción endémica generalizada, las descomunales desigualdades sociales, los gobiernos despóticos carentes de legitimidad democrática, el trato de súbditos serviles que recibían los ciudadanos, etc.

La gran masa de gente que emprendió la acción por toda la región árabe fue una amalgama que comprende un amplio abanico de capas y categorías sociales afectadas en diverso grado por algunos factores del complejo espectro de elementos determinantes que hemos mencionado.

Detrás de todos los levantamientos pronto se hizo visible la mano de las potencias imperialistas (2), como siempre, con Estados Unidos y Francia, entre otros, a la cabeza.

El 4 de febrero de 2011 la OTAN organizó en El Cairo una reunión presidida por el senador estadounidense John McCain para iniciar la Primavera Árabe en Libia y Siria. En Libia los participantes en la revuelta estaban encabezados por el segundo personaje más importante del gobierno libio de la época, Mahmud Jibril, quien había cambiado abruptamente de bando al entrar en aquella reunión para convertirse en el jefe de la oposición libia en el exilio.

El fenómeno comenzó con la llamada revolución tunecina, cuya fecha de inicio suele contarse desde la inmolación de Mohamed Bouazizi, un joven de 26 años que protestó contra la policía, el 4 de enero de 2011.

(1) http://www.voltairenet.org/article197278.html
(2) http://www.telesurtv.net/telesuragenda/La-Primavera-Arabe-o-el-otono-del-capitalismo-20160112-0020.html

Reclutan neonazis en Brasil para combatir en el Donbas

En diciembre del año pasado la policía del estado brasileño de Río Grande del Sur lanzó la “Operación Azov” para impedir el reclutamiento de individuos por la organización neonazi Misanthropic Division para llevarlos a combatir al Donbas. En las redadas, los policías hallaron gran cantidad de material propagandístico nazi y municiones ilegales, y detuvieron a un joven de 26 años.

A pesar de ser publicada en algunos de los grandes portales de periodismo del país y hasta del exterior, esa noticia pasó casi desapercibida. Sin embargo, la agencia rusa de noticias Sputnik acaba de publicar un informe de sus recientes conversaciones sobre el caso con el comisario Paulo César Jardim, encargado de las investigaciones sobre la actuación de neonazis en este estado, el más austral de Brasil.

Aunque el comisario jefe fue escueto en sus declaraciones, dado que las investigaciones siguen bajo secreto, dijo que todos los interrogados desde entonces están en libertad mientras son procesados por atentar contra la ley que prohíbe “producir, vender y difundir propaganda nazi”, entre otros delitos.

La policía local investiga desde hace 15 años las acciones locales de neonazis “que sienten placer en odiar”, según el encargado. “Las primeras detenciones se dieron en 2002 y hubo un incremento en 2005, cuando se conmemoraban los 60 años del fin del Holocausto, e hicieron un ataque en el que masacraron a un joven”, afirmó.

El agente dijo que le intrigaba por qué los brasileños neonazis buscaban ir a Ucrania para luchar contra los pro-rusos. “Ellos quieren ser guerrilleros urbanos y sueñan con morir en combate, algunos me lo han contado [...] Parece algo como una leyenda urbana. Lo cierto es que ellos argumentan que 'en la sociedad capitalista financiada por los judíos' no han encontrado espacio para cumplir su sueño casi romántico de morir luchando”, relató el comisario Paulo César Jardim, encargado de las investigaciones sobre el reclutamiento de jóvenes neonazis en Rio Grande del Sur, en Brasil.

Río Grande del Sur alberga una gran comunidad de descendientes alemanes. Desde 2013, más de 50 personas han sido investigadas por descargar contenido nazi de internet. Un estudio de la Universidad de Campinas reveló que hay alrededor de 100.000 partidarios del dictador de la Alemania nazi, Adolf Hitler, en la región sur de Brasil y varios grupos racistas que se cree que son activos, informó el portal noticias.r7.

Desde 2014 —cuando la península Crimea se adhirió mediante un referendo (no reconocido por Kiev) a la Federación Rusa— y la operación del Ejército de Kiev en las regiones orientales de Ucrania, estas son escenario de una guerra que se ha saldado con unos 10.000 muertos, entre ellos 2.000 civiles, de acuerdo con cifras de la ONU.

Los acuerdos de Minsk, firmados en septiembre de 2014 y febrero de 2015, no han derivado hasta el momento en el cese de los combates, y ambas partes se acusan mutuamente de violar el pacto.

http://www.hispantv.com/noticias/brasil/348586/reclutamiento-neonazis-misanthropic-division-combatir-ucrania

Líbano pedirá apoyo militar a Rusia contra el Califato Islámico

El primer ministro libanés, Saad Hariri, planea viajar a Rusia para pedir ayuda a Putin, en la lucha contra el Califato Islámico. “Viajaré a Moscú el 11 de septiembre y tengo planes de reunirme con el presidente Putin”, anunció ayer el primer ministro de Líbano en una entrevista con la agencia rusa de noticias Sputnik, publicada en su edición en árabe.

Hariri tiene previsto pedir al Presidente ruso que ayude al gobierno de Beirut en la lucha contra el Califato Islámico con apoyo al Ejército libanés. Ha detallado que durante su encuentro con Putin, a quien ha calificado de su “buen amigo”, tiene previsto discutir la situación de Líbano y toda la región, pero ha asegurado que su conversación se centrará principalmente en la guerra de Siria.

Líbano espera que Rusia preste más soporte y ayuda a su Ejército en la lucha contra el terrorismo, afirma un alto mando libanés. “Lo abordaremos definitivamente, estamos de acuerdo sobre numerosos asuntos, pero Siria es una de las cuestiones donde no estamos de acuerdo y es normal”, ha enfatizado.

Desde el 2011 con el inicio de la crisis siria, grupos terroristas han tratado de infiltrarse en el territorio libanés y, cuando han logrado su objetivo, han provocado la muerte de civiles y soldados libaneses, así como daños materiales. En respuesta, el Ejército y Hezbolah llevan a cabo numerosas operaciones contra los terroristas para acabar con su presencia y evitar que perpetren atentados en su territorio.

Anteriormente, el gobierno libanés ya planteó que, en caso de extrema necesidad, pediría la asistencia de Rusia en la lucha antiterrorista. Moscú, por su parte, ha confirmado su voluntad para modernizar el Ejército y las fuerzas de seguridad de El Líbano y renovar sus equipos militares.

La CIA propone dar un golpe de Estado en Estados Unidos

Esta mañana Estados Unidos ha desayunado con la noticia de las presiones de Trump para que dimita el Ministro de Justicia Jeff Sessions. Le podía destituir pura y simplemente, pero prefiere que dimita por su propia iniciativa. El fiscal se niega a dimitir. Quiere que lo haga Trump para seguir alimentando el escándalo ante los medios de intoxicación.

Rusia sigue por medio en los mentideros de Washington. Trump nombró a Sessions que, a su vez, nombró a su adjunto Rod Rosenstein, que a su vez nombró a Robert Mueller, el antiguo director del FBI para investigar la “traición” de Trump con Rusia, el asunto más estúpido que ha conocido la historia universal desde los tiempos del primer emperador de Roma.

¿Cómo seguir manteniendo un despliegue tan aparatoso de noticias sobre algo que no existe? Mueller ha tenido la feliz idea de ampliar la “investigación” contra Trump a su época anterior de capitalista especulador.

Dado que eso está absolutamente fuera de su competencia, Trump podría destituirle de manera fulminante y con él podría llevarse por delante también a Sessions y Rosenstein. Pero no lo ha hecho, a pesar de que, además de ese, tiene otros motivos para hacerlo. No quiere seguir nutriendo las primeras planas y los titulares de las grandes cadenas. ¿Se imaginan? “Trump destituye a quienes le investigan”. Algo oscuro quiere tapar...

Tanto Sessions como Rosenstein y Mueller son cargos del gobierno de Trump y, como tales, están absolutamente sometidos a él, por lo que a nadie podría extrañar su destitución. Pero no es así, y es bueno tratar de averiguar los motivos...

Toda la trama que “investigan” Sessions, Rosenstein y Mueller, además de falsa, es un mecanismo de presión contra Trump a fin de que no ceda ante Rusia, ni cambie la política exterior de Estados Unidos al respecto, ni en Oriente Medio ni en otra región del mundo.

Dicha trama la dirige la CIA con su habitual maestría, y sería imposible sin el altavoz que le prestan cada día los medios de comunicación de manera que el vacío no se note, sino todo lo contrario: que parezca que hay mucho más de lo que ha aparecido hasta ahora, es decir, nada.

Pero la CIA es otro aparato del Estado para cuya dirección Trump nombró a Mike Pompeo, que no pinta nada: a lo largo del tiempo la CIA ha adquirido tal carta blanca que se dirige a sí misma. Entre bastidores, el hombre que mueve los hilos es el yihadista y antiguo director John Brennan. Su carácter de “ex” le permite decir lo que le da la gana porque no compromete directamente a la Agencia.

En diciembre el yihadista Brennan, cuando todavía estaba al frente de la CIA, hizo algo que nadie se ha atrevido desde los tiempos de Watergate: cuestionó la legitimidad de la elecciones en las que Trump fue elegido.

Como nadie levantó la voz, algo típico de la prensa domesticada, en una entrevista a la CNN, el yihadista Brennan (y con él la CIA) han dado un paso más para tratar de sostener a Sessions, Rosenstein y Mueller al frente de la “investigación”. Han realizado un llamamiento para que nadie obedezca las órdenes si Trump destituye a cualquiera de los miembros del trío de calaveras Sessions, Rosenstein y Mueller.

Se trata de un llamamiento al golpe de Estado, como todos esos que la CIA ha venido orquestando desde su nacimiento en 1948. La única diferencia es que ahora, como en Watergate, el golpe es en Estados Unidos.

La prensa, que de la menor estupidez organiza un escándalo, ha callado por completo las declaraciones golpistas de Brennan, o sea, de la CIA.

martes, 25 de julio de 2017

El crimen organizado ayudó al capital financiero en los peores momentos de su crisis

352.000 millones de dólares procedentes del crimen organizado y el tráfico de drogas se han empleado en solventar la crisis financiera internacional, a cambio de su blanqueamiento, según Antonio Maria Costa, responsable de la Oficina de la ONU en esta materia.

El dinero negro procedente del crimen organizado ha sido el único capital líquido al que han podido acceder determinados bancos en los momentos más complicados de la crisis.

En la segunda mitad de 2008 el sistema financiero internacional tenía un serio problema de liquidez, por lo que se volcó para obtenerla de la única fuente que estaba a su alcance, el crimen y las drogas, a través del sistema interbancario.

Costa no quiso identificar los nombres de los bancos ni sus países respectivos, pero admitió que ahora el dinero negro es dinero limpio al que nadie puede reprochar su origen.

La progresiva inyección de liquidez evitó el desplome brusco de la cotización bursátil de los bancos. Entre enero de 2007 y setiembre de 2009 grandes bancos estadounidenses y europeos perdieron miles de millones de dólares con los activos tóxicos y los préstamos dudosos.

El FMI estimó que más de 200 prestamistas de todo el mundo quebraron o tuvieron que ser rescatados con dinero público, pero hubieran sido mucho más de no haber sido por las mafias, el crimen organizado y los narcotraficantes.

https://www.theguardian.com/global/2009/dec/13/drug-money-banks-saved-un-cfief-claims

Guerra + desinformación = intoxicación ideológica

En un documento, el Instituto de Guerra del Pentágono ha anunciado la llegada de la era post-hegemónica de Estados Unidos (Post-Primacy World) en la que recomiendan no resignarse a su suerte porque las batallas serán de tipo informativo, es decir, guerras sicológicas e intoxicación a raudales (*).

Si no hemos entendido mal, en su estúpida jerga militarista lo que el Pentágono quiere decir es que Estados Unidos empieza a recular también en los campos de batalla y que para conservar lo que le queda debe atrincherarse en un punto en el que aún es fuerte, la dominación ideológica, las grandes cadenas, la industria del entretenimiento, la telebasura, el cine y los videojuegos.

“El 90 por ciento de las batallas del futuro serán informativas”, dice el documento y Estados Unidos no debe esperar para defenderse de ellas sino que debe ser quien las desencadene. Una parte de esa guerra es la batalla emprendida en internet contra las llamadas “noticias falsas” en las que se han embarcado los grandes monopolios internacionales, tanto informáticos como informativos.

La prensa independiente deberá ponerse a la defensiva en una situación completamente desigual, por lo que fácilmente podrán ser arrinconados con la batería argumental que la ideología dominante de origen gringo ya ha puesto en circulación desde hace tiempo: conspiranoicos, polémicos, magufos...

La otra vertiente del mismo asunto es una inundación informativa contra la que no hay ninguna posibilidad de competir: el proyecto Radar (Reporters And Data And Robots) de “inteligencia artificial” en el que Google ha invertido más de 800.000 dólares, capaz de generar de manera automática 30.000 artículos de prensa mensuales.

Google lleva a cabo el proyecto en colaboración con la Asociación de la Prensa británica, una agrupación de medios informativos locales.

(*) https://ssi.armywarcollege.edu/pubs/display.cfm?pubID=1358

Esos que confunden la ciencia con una forma moderna de caza de brujas

Esteban Hernández

En su número de septiembre de 2015 “The Atlantic” publicó un artículo en el que analizaba el aumento de estudios científicos cuyos datos presentaban irregularidades, a partir de la retractación que la prestigiosa revista “Science” hubo de realizar sobre una investigación que había recogido en su volumen de mayo. En el texto se señalaba cómo en 2012 un investigador de la compañía biotecnológica Amgen intentó reproducir 53 estudios clave sobre el cáncer pero sólo pudo replicar 6, además de citar algunos casos más de investigaciones con cifras manipuladas.

Esas prácticas se han convertido en frecuentes, señalaba el autor, debido a la gran competencia entre los científicos por los puestos de trabajo académicos y por la financiación de sus investigaciones, así como a la cultura de “publicar o morir” en la que están inmersos. Y como las revistas científicas son mucho más propensas a recoger las investigaciones que arrojan resultados positivos (aquellas que apoyan una tesis en lugar de refutarla), los investigadores cocinaban los datos para conseguir esa clase de conclusiones.

Si se trabaja en periodismo, o simplemente si se es un lector habitual de la prensa, se está muy habituado a estas experiencias dudosas. Es fácil que un estudio afirme que la leche (o cualquier otra cosa) es muy mala para la salud, que tres meses después se publique otro que diga que en realidad es excelente para algo, que otro a los seis meses concluya que la leche es lo mejor del mundo y que nueve meses más tarde se nos asegure que es la causa de alguna enfermedad terrible. Esa es la ciencia hoy, tejida por un conjunto de intereses, perspectivas teóricas, posiciones académicas y necesidades de financiación que hacen difícil orientarse entre sus avances.

La tecnología no está mejor. Las noticias que surgen de Silicon Valley son un cúmulo de expectativas superlativas dirigidas a hacernos creer que están encontrando soluciones para todo y que en pocos años habrán remediado por completo los grandes problemas de la humanidad, actitud que Evgeny Morozov ha denunciado utilizando la precisa y acertada expresión “solucionismo tecnológico” [...]

En resumen, buena parte del mundo tecnológico se dedica a vender ilusiones que les son muy rentables a la hora de captar fondos, y luego, cuando sus fantásticos inventos no se concretan, nos dicen que fracasar es necesario y que equivocarse muchas veces es el mejor camino. Quizá sí, y lograr un avance sea cuestión de prueba y error, pero entonces no te dediques a vender lo que aún no has cazado y más como si fuera la revolución última que lo cambiará todo. Esa prudencia lógica del “cuando lo tengas, hablamos”, es ignorada por sus apologistas, que jalean las promesas que llegan desde la tecnología como si se tratase de la venida de Jesucristo a la Tierra.

Pero de esto no se habla. Los panfletistas de la ciencia, que son muy activos en redes y en los medios, no sólo creen a pies juntillas lo que se publica en revistas como “Nature” o “Science”, o los estudios que salen de las universidades más prestigiosas, o los que están financiados por las empresas con más recursos [...] sino que se distinguen por atacar a quienes no están de acuerdo con ellos como si fueran seres inferiores a los que es preciso castigar para que salgan de su pobre estado de naturaleza.

Lo tienen bastante fácil: escogen una diana en la que todo el mundo está de acuerdo, fabrican un marco y van encuadrando en él y poniendo a su altura todo aquello que les disgusta. Dicen combatir las pseudociencias, esto es, las abducciones extraterrestes, la telepatía, los curanderos que sanan imponiendo las manos y ese tipo de cosas, y sitúan en ese nivel toda clase de crítica a la ciencia. Si alguien cuestiona la validez de los estudios que defienden, bien porque sean poco rigurosos conforme a los parámetros que deberían medirlos, bien porque sus conclusiones son demasiado endebles, bien porque quienes los han sufragado son gente interesada en obtener resultados determinados o bien porque sus investigadores saben que van a obtener muchos más fondos si fuerzan los resultados, se convierte inmediatamente en alguien perverso que ataca a los fundamentos mismos de la ciencia.

Cualquiera que no diga amén a lo que ellos piensan se convierte por arte de magia en un magufo, en un ser irracional y estúpido que cree en los horóscopos, las constelaciones y la ouija. Pero esto lo hemos visto antes: en el terreno político ha sido la táctica más común en los últimos quince años, y me saturan tanto estas banalidades que hasta he escrito un libro sobre semejante falta de cordura. Se titula “Nosotros o el caos”, y en su título queda bien reflejada esta mentalidad. Su argumento es: “O piensas como te digo o eres un imbécil que va a sumir nuestro mundo en la catástrofe”. En política ha sido el centro de muchos discursos (“si no piensas lo mismo que yo, aunque sólo te separes un centímetro, es porque eres un radical o un insensato que nos va a llevar a la ruina absoluta”) y en economía, para qué hablar.

No, no se trata de las ideas que defienden, sino de cómo lo hacen. No aceptan críticas, no aceptan refutaciones intelectuales, no aceptan que se difundan otras posturas, porque ellos poseen la verdad. Actúan como sacerdotes que van rastreando el pecado y castigando la maldad humana, ahora expresada en forma de credulidad e ignorancia. Si dices que sólo cuando lo veas creerás en que vamos a vivir hasta los 150 años, como dicen los tecnócratas tecnológicos, o que Uber no es más que un sistema para desregular y concentrar en pocas manos una actividad descentralizada y sometida a controles, es porque eres un retrógrado paleto que se niega a aceptar los cambios.

Si dices que muchos estudios están construidos a partir de determinados intereses que pervierten sus resultados, eres un irresponsable que prefieres que a tu hijo le cure de apendicitis un sanador de manos antes que un cirujano. Si eres un periodista y te haces eco de estudios que no les gustan (creas tú o no en ellos, porque eres un periodista y lo que haces es simplemente contar lo que pasa) te conviertes en un seguidor de la quiromancia. Esto es peculiar, porque te atacan personalmente en lugar de refutar las tesis: lo lógico sería que discutieran con quienes realizan las afirmaciones que les disgustan, pero prefieren insultar a quien tienen a mano. Y no se te ocurra publicar una entrevista con algún científico que denuncie errores de las farmacéuticas, o que presente un estudio que defienda la homeopatía (yo no la utilizo, vaya por delante, pero los alemanes sí), o que defienda la comida ecológica, porque entonces ya caes en el peor de los crímenes. Y así sucesivamente... Es cierto que las posturas que defienden a muerte suelen ser las mismas que las promovidas por las empresas con más recursos, pero no creo que esto tenga mucho que ver, porque ellos son fanáticos de la verdad, el dinero les da igual.

Pero quizá sea peor lo que ocurre en el terreno de las ciencias sociales, donde se está alcanzando un grado de irracionalidad sorprendente, fruto de esa estupidez funcional, por citar la expresión de Spicer y Alvesson, que está inundando los campos del conocimiento. La economía, la sociología, la política e incluso la psicología se han convertido en entornos donde todo es reducido a números. Lo cuantitativo ya no es un arma válida más para entender la realidad social, sino la verdad total, de modo que nada puede ser dicho si no es reducido a una serie de fórmulas, gráficos y porcentajes. Esa actitud, que algunos académicos han denominado cuantofrenia, está pervirtiendo tanto la realidad para que pueda encajar en su modelo que acaba construyendo inútiles teorías mágicas. Veo tantos artículos que están construidos desde esta perspectiva que me asalta la sospecha de si no se están convirtiendo en aquello que dicen odiar, de si no son más que nuevos magufos. Porque reducir la realidad social sólo a las variables que se pueden medir y tomar uno de los instrumentos por el fin en sí mismo son las mejores maneras de hacer pseudociencia.

Decía Stanislav Andreski en su “Las ciencias sociales como forma de brujería”, que las advertencias contra la charlatanería (que en el mundo contemporáneo es numérica) no iban a servir de mucho porque siempre existirían “esclavos de la rutina que preferirían morir antes que pensar, buscavidas mercenarios, dóciles empleados educacionales acostumbrados a juzgar las ideas según la posición de sus proponentes y delicadas almas errabundas que suspiran por nuevos gurúes”. Es probable que sea cierto: la creencia en que se posee la verdad es un arma psicológicamente muy seductora como para abandonarla. En fin, que como terminaba Andreski su prólogo, “en todo caso, conviene no desesperar”.

http://blogs.elconfidencial.com/alma-corazon-vida/tribuna/2015-10-06/los-ciencinazis-y-los-verdaderos-magufos-una-teoria-sobre-la-insensatez-humana_1048527/

La CIA pagó puntualmente los salarios de los mercenarios sirios el mes pasado

Desde hace al menos cuatro años los yihadistas sirios están incluidos en un programa especial de ayuda financiera de la CIA en su guerra para derrocar al gobierno de Bashar Al-Assad.

Ahora el gobierno de Trump ha cancelado ese programa, lo que ha sido muy mal recibido por los mercenarios, que se sienten traicionados y abocados al paro... salvo que algún otro país suplemente aquel programa.

Los mercenarios se han quejado al diario Financial Times (*) de que ni la CIA ni sus jefes directos les advirtieron del cambio en la política terrorista de la Casa Blanca desde los tiempos de Obama.

Un funcionario estadounidense ha confesado a la agencia Reuters que la cancelación del programa es una concesión muy importante a Rusia porque los yihadistas aún mantienen extensas regiones de Siria en su poder. Ahora se trata de saber qué tipo de concesiones habrá realizado a cambio el gobierno de Putin.

El comandante de la División 101, Hassan Hamadeh, no quiere abrir los ojos ante la nueva situación. Dice que la información sobre la cancelación del programa de la CIA les ha sorprendido, pero que sobre el terreno no ha cambiado nada; en la Sala de Operaciones, donde la CIA dirige los combates, nadie ha confirmado nada a ninguno de los grupos yihadistas que colaboran con la agresión imperialista.

Otro comandante yihadista que no da su nombre le asegura al Financial Times que el apoyo estadounidense ya venía decreciendo en los últimos meses, pero que el último mes habían logrado cobrar sus salarios. No obstante, cree que la decisión de la Casa Blanca es definitiva. “El apoyo de la CIA se ha acabado”, concluye.

Un conocido opositor al gobierno sirio que trabaja por cuenta del Departamento de Estado ha informado de que esta semana en una reunión el nuevo gobierno de Trump informará a sus aliados sirios de las líneas generales que deben poner en marcha a partir de ahora.

https://www.ft.com/content/a35244e6-6d2e-11e7-bfeb-33fe0c5b7eaa

‘Los kurdos no tienen más amigos que las montañas’

Juan Manuel Olarieta

Así dice un viejo proverbio kurdo: “No tenemos más amigos que las montañas”, que es tanto como decir que los kurdos no tienen amigos; ningún amigo. No es cierto. Si en las redes sociales todos buscan amigos, en Oriente Medio no hace falta: son los amigos los que te buscan.

Los nacionalistas kurdos han encontrado a su “amigo americano”, del que esperan que les saque de un atolladero histórico, aunque quien encuentra determinados amigos, encuentra también determinados enemigos, sobre todo cuando hablamos de una guerra. Entonces, ¿quién es el enemigo común de estadounidenses y kurdos en Oriente Medio?, ¿el yihadismo?, ¿está luchando Estados Unidos contra el yihadismo en Oriente Medio?

El planteamiento de las relaciones entre imperialistas y kurdos en Oriente Medio está viciado de raíz. Quizá la mejor manera de verlo sea analizar el desarrollo de la situación en Irak, donde los kurdos fueron los grandes beneficiarios de la invasión imperialista en 2003 y la posterior explosión yihadista, tambien favorecida por el imperialismo.

Lo mismo que en Siria, a pesar de las novelas idealistas, en Irak los kurdos nunca se plantearon una batalla contra el Estado Islámico; se limitaron a defender las posiciones que Estados Unidos les entregó en bandeja tras la invasión y partición de Irak en 2003. En Rojava la Batalla de Kobane no fue un ataque a los yihadistas, sino un ataque de los yihadistas.

Cuando a partir de entonces los kurdos del PKK/PYD se lanzaron contra el Estado Islámico, las batallas se han librado fuera de Rojava, una vez que la captura de Alepo cambió el fiel de la balanza y siguiendo instrucciones de Estados Unidos.

Las relaciones entre el PKK/PYD y el gobierno regional del Kurdistán irakí son pésimas, por lo que Erdogan es gran amigo de unos kurdos y gran enemigo de los otros. Barzani mantuvo la compostura con los yihadistas mientras Turquía fue uno de sus grandes apoyos, es decir, hasta el fallido golpe de Estado del verano pasado.

Barzani empezó a movilizar a sus peshmergas con el retroceso territorial del Estado Islámico, cuyas posiciones empezó a ocupar, lo que ha generado el espinoso asuntos de los “territorios en litigio”, es decir, las zonas fronterizas que se reivindican como kurdas o como árabes.

Dichos territorios son objeto de un tratamiento especial en la Constitución irakí de 2005, que tenía prevista la celebración de un referéndum para resolver su estatuto antes de 2008. Dicho referéndum no se ha celebrado y actualmente están bajo el control del gobierno regional de Barzani, que ha llevado a cabo en ellas un proceso forzado de “kurdización” para disuadir a los refugiados árabes de que vuelvan a sus hogares.

Barzani y los peshmergas se justifican diciendo que originalmente dichos territorios eran kurdos y que Saddam Hussein llevó a cabo un proceso inverso, una “arabización forzada”.

Interesa ahora destacar dos de esos territorios, los de Kirkuk y Sinjar, que ayudan a explicar que las razones de la ocupación no son sólo de tipo nacional, sino económico.

El referéndum previsto para el 25 de setiembre comprende esos “territorios en disputa” y en el mismo no participarán los refugiados árabes que tuvieron que abandonar sus viviendas desde 2003 hasta ahora, es decir, que las cartas están marcadas, por lo que no se va a resolver ningún problema y se puede crear otro más.

Desde 2003 el busilis económico del Kurdistán irakí es el petróleo. Estados Unidos promueve la autonomía de Kurdistán para evitar que el petróleo caiga en manos de los yihadistas, al tiempo que se asegura un mecanismo de presión contra el gobierno central de Bagdad, agobiado por los gastos derivados de la guerra.

Es el “divide y vencerás” que desde siempre caracteriza al imperialismo, unido al sabio consejo de no poner todos los huevos en la misma cesta, lo que se pone de manifiesto no en la autonomía kurda sino exactamente en la autonomía financiera. ¿Quién paga los gastos del aparato del Estado en el Kurdistán irakí?

Un tercio de las reservas irakíes de petróleo están en las zonas controladas por Barzani, pero la Constitución le impide exportarlo sin autorización del gobierno central. Al mismo tiempo, éste debe entregar el 17 por ciento de los presupuestos públicos al gobierno regional. Como Bagdad no ha pagado ni un céntimo, el gobierno regional obtiene sus ingresos de la exportación ilegal de petróleo a través de... Turquía.

El gobierno central no puede pagar sus compromisos financieros porque, agobiado por el peso de la guerra, no tiene dinero para hacerlo. A partir de ahí, los kurdos han abierto las puertas a Turquía, donde refinan el petróleo a cambio de una parte del mismo. Además, han llegado las multinacionales petroleras, que hacen oídos sordos a los litigios jurídico-constitucionales: Exxon, Total, Chevron y Gazprom.

Turquía es el nudo de este enredo. Sin Erdogan no existiría el gobierno regional de Barzani, por lo que Ankara ha puesto sus condiciones: la autonomía le va bien, pero la independencia le parece demasiado.

El otro eslabón que une a Erdogan con Barzani es su mutua enemistad con el PKK, que ha alcanzado su paroxismo en la provincia de Sinjar, fronteriza con Siria, donde tras la evacuación del Estado Islámico, los peshmergas kurdo-irakíes vigilan a los kurdos del PKK/PYD, a los que consideran como una organización “turca”, es decir, que ni siquiera los consideran como parte de una misma nación.

La relación entre unos kurdos y otros no puede ser más tensa. Recientemente un comandante de los peshmergas kurdos decía que su verdadero enemigo no es el Estado Islámico sino el PKK/PYD. A su vez, estos reprochan a los otros su amistad con Erdogan.

Los peshmergas acusan al PKK/PYD de algo insólito: de mantener un acuerdo con Irán y, por esa vía, con el gobierno central de Bagdad. Es sorprendente porque el PKK mantiene una sucursal en Irán, el PJAK, que practica la lucha armada.

Sin embargo, está fuera de duda que el PKK tiene un canal de comunicación abierto con el gobierno de Teherán, por lo que las suspicacias del gobierno regional no son infundadas. Para ser más exactos, ese canal lo mantiene uno de los más importantes dirigentes del PKK, Cemil Bayik, cuyas relaciones con la facción de Öçalan no son buenas por importantes divergencias estratégicas.

Mientras desde hace años Öçalan pretende llegar a un acuerdo de alto el fuego con Erdogan, que no ha cuajado, Bayik es partidario de continuar con la lucha armada y es quien controla la frontera de Sinjar, donde recibe apoyo y financiación por parte de los iraníes.

El rompecabezas se puede seguir complicando con cuantas piezas queramos poner encima de la mesa: la alianza de Irán con la facción de Bayik cuenta con un aliado sorprendente en la Unión Patriótica del Kurdistán irakí que dirige Jalal Talabani, el enemigo histórico de Barzani...

En fin, en Oriente Medio hay tantos amigos como enemigos, en abundancia; incluso dentro de la misma familia kurda.