jueves, 27 de diciembre de 2012

Sobre el fascismo, por Babeuf

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Tomado de Mayéutica M-L


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Una de las cuestiones más acuciantes y de mayor importancia para todo revolucionario que se proponga como objetivo la transformación radical del orden económico-social existente es el discernir la naturaleza del órgano que utiliza toda clase dominante para, a través del monopolio de la fuerza, conservar su dominación: el Estado. Y, obviamente, por necesaria que sea, no nos es suficiente con una definición general, que siempre resultará vaga y puramente formal. 

¿Cuál es la naturaleza del Estado español? ¿Qué sistema de dominación corresponde al capitalismo monopolista que nos explota, embrutece y reprime salvajemente? Pero, antes que nada, ¿cuál ha sido el desarrollo de la lucha de clases desde la aparición del imperialismo? ¿Qué significación histórica tiene para el movimiento obrero la aparición delfascismo

Suele haber una confusión muy extendida en amplios sectores del movimiento revolucionario(debido, sobre todo, al confusionismo que la labor de zapa de los carrillistas provocó, engendrando, por reacción mecánica, la profusión de las más peregrinas ideas pequeño-burguesas) con respecto a lo que es el fascismo, a su definición conceptual desde una posición científica, de clase. La mayoría, aterrados ante el infame recuerdo de los campos de exterminio y el sadismo nazi, reducen el fenómeno fascista a un determinado período histórico, ya superado, y a unos determinados países, acentuando hasta lo obsceno las particularidades, singularidades y excentricidades de cada caso para evadir el estudio de su naturaleza. Sin embargo, el fascismo es un fenómeno universal, que se manifiesta a través de determinados casos concretos según las particularidades históricas, culturales, sociales, psicológicas... de cada país. Otras corrientes, más preocupadas por debatir fútiles sutilezas que por agravar la lucha de clases en una orientación revolucionaria, se dedican a charlatanear, al tratar la cuestión del fascismo, sobre “ruptura de la Modernidad”, “terceras vías”... en fin, dejemos que se les sigan convirtiendo en duendecillos los dedos, y que sigan rebanándose los sesos intentando resolver contradicciones fantásticas a través de creaciones fantásticas. Para esa gente, la fuerza motriz de la historia son las ideas, y cuanto más innovadoras y transgresoras sean, mejor se cotizan. 

Pero algunos seguimos prefiriendo, necios que somos, la definición del fascismo que los clásicos del marxismo-leninismo nos aportaron en su día. Y no contento con ello, henchido de carcomida y dogmática ortodoxia, me voy a permitir citar a Dimitrov, cuyos textos sobre el fascismo deberían ser estudiados por todas las generaciones de revolucionarios. 

“La subida del fascismo al poder no es un simple cambio de un gobierno burgués por otro, sino la sustitución de una forma estatal de la dominación de clase de la burguesía -la democracia burguesa- por otra, por la dictadura terrorista abierta.” (El fascismo y la clase obrera; Dimitrov) 

Es decir, para empezar, no se trata de una simple modificación de la táctica de la burguesía, de los vaivenes entre la política liberal y la política conservadora, de los que hablaba Lenin a la hora de explicar que la táctica del partido obrero es variable. No se puede reducir, tampoco, a que la burguesía, en un momento de agudización de la lucha de clases y de desarrollo del movimiento obrero, trate, de forma transitoria, de defender su dominio y sus sempiternos privilegios a través de la violencia sistemática. No se trata de un cambio de gobierno. Se trata, por el contrario, de una modificación en la naturaleza del Estado burgués, de un salto cualitativo de un sistema de dominio burgués a otro; de la misma forma que el imperialismo es la última y decadente etapa del capitalismo, de la misma forma que el monopolismo, las cooperativas, el capitalismo de Estado... suponen la negación del capitalismo dentro de los estrechos marcos del propio capitalismo (una negación que se niega a sí misma) también la superestructura estatal se ve afectada por la entrada del capitalismo en su última fase: a la concentración económica le acompaña la concentración política, la democracia burguesa es negada dentro del marco del dominio burgués. Es el dominio de un muerto viviente, al que le falta un sepulturero histórico. Es el fascismo. (besar a un burgués es besar a un fascista, decían las calles 68eras, no sin razón) 

Resulta necesario realizar un esbozo histórico general que explique el tránsito de la democracia burguesa al fascismo a través del desarrollo de las contradicciones internas del capitalismo y su manifestación social en el exarcebamiento de la lucha de clases, tomando como premisa la definición que diera Lenin sobre la época en la que estamos inmersos, cuya definición nos impone las tareas y medios necesarios para alcanzar nuestro objetivo de suprimir las clases y sus antagonismos. La época del imperialismo agonizante, antesala de la revolución socialista. 

Habremos leído muchas veces, cuando nos repasamos el “Manifiesto del Partido Comunista”, aquello de que la clase obrera es la única clase verdaderamente revolucionaria. Este genial descubrimiento de Marx y Engels, que fueron capaces de vislumbrar en la sufrida (y, considerada por aquellos entonces, en el más magnánimo de los casos, como una clase de desgraciados sufridores, en el peor como populacho vil que bien se merecía su oprobioso destino) clase obrera la portadora de un modo de producción nuevo, cualitativamente superior a la etapa capitalista de la sociedad humana, se convierte en manos de muchos matuteros de feria en una fórmula esquemática, despojada de toda situación concreta, caricaturizando así las verdaderas concepciones del socialismo científico. 

Porque, obviamente, hubo una época en que la burguesía era revolucionaria. Hubo una época en que clamaba con tanto ardor, con tanta vehemencia contra el yugo secular del clero, contra la infamia de las degeneradas monarquías, por la más hermosa igualdad frente a la denigrante y odiada división estamental... que parecía que del mundo, tal como se conocía hasta entonces, no iba quedar piedra sobre piedra. Y, precisamente, el sentido de toda clase revolucionaria es que, mientras lo es, mientras dura su etapa histórica ascendente sus intereses particulares de clase coinciden con los intereses generales de la sociedad: la burguesía se convirtió en la representante oficial de todas las fuerzas sociales enfrentadas al absolutismo feudal (que era tan irracional, tan despojado de necesidad que debía ser suprimido, como hoy el capitalismo). Por lo que, inevitablemente, al arrasar con todas las venerables instituciones del medioevo, al acabar con las sujeciones de la servidumbre y de la gleba no tuvo más remedio que crear unas instituciones democráticas, con unas libertades y derechos que, coincidiendo con sus intereses en su lucha contra la aristocracia, también iban a servir, durante determinada etapa, al tercer contendiente que aparece en la escena social indisolublemente unido al desarrollo capitalista, y que lleva en su seno su superación: el proletariado. 

Por ello Lenin indicaba que la república democrática (en aquellos países donde la burguesía derrocó a la nobleza por la vía revolucionaria) es el mejor envoltorio del capitalismo, precisamente porque, debido a las instituciones democráticas creadas por la burguesía en su lucha revolucionaria, la clase obrera podía realizar un trabajo político abierto, de masas que lograra poner al desnudo la división de la sociedad en clases, sus antagonismos y que sirviera para acumular fuerzas revolucionarias a través de la propia legalidad impuesta por la burguesía. A eso, y a nada más que a eso, es a lo que se refiere Engels en su célebre prólogo a la obra de Marx “La guerra civil en Francia”, donde describe que la clase obrera, en aquellos momentos, conseguía más avances y éxitos a través del parlamento y la prensa que a través de las barricadas, y que era necesario utilizar la legalidad, las instituciones burguesas contra esas mismas instituciones. Hasta aquí, como sabemos, el pretexto que han repetido siempre los reformistas de todos lo colores y pelajes para justificar su traición a los principios revolucionarios y ser cómplices de la explotación asalariada siendo partícipes del cretinismo parlamentario. Pero Engels aún no había acabado su exposición y aclaraba que la burguesía, ante el desarrollo de la lucha de la clase obrera por su emancipación, no tendría más remedio que romper su propia legalidad. Entonces, la clase obrera, roto por los partidos del orden y la ley el orden y la ley, no tendría ningún inconveniente ni estorbo en volver a las barricadas. 

¿Cuándo rompe la burguesía su propia legalidad? ¿Cuándo resquebraja y despoja de sus funciones a las instituciones que podían servir al proletariado para luchar contra esas mismas instituciones? Hay un momento en el desarrollo histórico del capitalismo, en el que éste pasa de su fase ascendente, progresiva a su fase de decrepitud y putrefacción; en el que pasa de ser un estímulo poderoso para el desarrollo de las fuerzas productivas que lo engendraron a una traba insoportable: la acumulación capitalista, por su propia dinámica interna, concentra el capital transformando el libre cambio en monopolismo; el capital industrial se funde con el bancario, dando paso al capital financiero, cuyos miembros más poderosos pasan a formar la reducida oligarquía financiera, que pone bajo su férula toda la vida económica, política y social; la exportación de capital se vuelve fundamental, convirtiendo al capitalismo en un monstruoso sistema de opresión del mundo por un puñado de naciones imperialistas, lo que acentúa sus rasgos parasitarios y rentistas; todas las contradicciones intrínsecas al capitalismo se agravan, alcanzan su paroxismo; el gran capital monopolista se encuentra cada vez ante más problemas para contrarrestar la tendencia decreciente de la cuota de ganancia y para la realización de la plusvalía, la lucha por los mercados, las materias primas, las esferas de influencia, los intereses geoestratégicos... pasan a un primer orden: la propia naturaleza del imperialismo empuja hacia el reparto del mundo, en un mundo ya repartido. A esta época, el imperialismo, Lenin la describió, en términos políticos, como una tendencia a la reacción. Pues bien, es tras la entrada del capitalismo en su fase imperialista y, no menos importante, tras la experiencia que supuso en el terreno de la lucha de clases para la burguesía mundial el triunfo de la Revolución de Octubre, cuando la oligarquía financiera acelera el proceso de liquidación de los resquicios legales que podría utilizar la clase obrera en su lucha por instaurar su dominación de clase, proceso que culminará con el ascenso al poder del fascismo durante la década de los 20 y 30. Ya antes, en los países en los que la burguesía había seguido una vía de componendas con la nobleza terrateniente, empezaban a surgir, bajo formas jurídicas, los primeros gérmenes del sistema de dominación burgués que corresponde al imperialismo. En Alemania, tras la unificación de 1871 por la vía prusiana, surgieron varios juristas (Laband y Jellinek; Duguit en Francia) que afirmaban que el concepto de soberanía popular no era más que una abstracción y que, por lo tanto, la soberanía debía residir en el Derecho el cual, faltaría más, siempre expresa, a través de semejantes juristas e ideólogos, las relaciones burguesas y su ordenación de la propiedad. Precisamente, ése es el origen de los hoy cacareados hasta la saciedad Estados de Desecho (* tras la ejecución de Carrero Blanco, también los jerifaltes del fascismo franquista hablaban de los instrumentos del Estado de Derecho que poseían para combatir al terrorismo... curioso, verdad?). El Derecho clásico, liberal se fundamenta en que reconoce derechos incluso a sus enemigos, a los que se oponen a él. Es decir, juzga hechos concretos jamás los fines u objetivos. La forma de la división de poderes, su ordenación jerárquica, podríamos decir, colocaba al legislativo en posición dominante con respecto al ejecutivo y al judicial, los cuales se limitan a realizar lo que dicta el legislativo, de donde emana la voluntad y soberanía popular. Incluso la burguesía victoriosa, en un alarde de democratismo, reconocía el único derecho en el que descansan todos los Estados modernos: el derecho a la rebelión, a la resistencia. La burguesía revolucionaria no podía conculcar ese derecho porque ella había alcanzado el poder político precisamente por vía revolucionaria y esto se manifestó en el Derecho liberal. Pero el avance impetuoso del proletariado, consciente de sí mismo, a través de la propia legalidad que la burguesía había tejido a su medida le hizo recular en su desprendido democratismo. Así lo describió Reinhard Kühnl: “Cuando, en el curso del siglo XIX, los representantes de las masas trabajadoras comenzaron a entrar en número cada vez mayor en los Parlamentos, el principio de la soberanía popular amenazó con volverse contra la misma burguesía. Ahora, el ejecutivo era, a los ojos de la burguesía, un factor político con cuya ayuda tal vez conseguiría poner coto a los peligros de la democracia... Tarea no menos importante era la de inmunizar a la administración de justicia contra la influencia de la voluntad popular”. La burguesía temía que el proletariado, consiguiendo una mayoría en el legislativo, transformara radicalmente el orden económico-social. La Revolución de Octubre confirmó a la burguesía mundial el peligro real que suponía la lucha revolucionaria de la clase obrera. Pasó a la reacción, a liquidar los restos de democracia burguesa que aún quedaban. Uno de los fenómenos más característicos tras Octubre es la proliferación de los Tribunales Constitucionales y el declive de las teorías positivistas del Derecho “Después de la caída del Estado monárquico autoritario-continúa Kühnl-, la teoría positivista del Estado y del Derecho no bastaba ya para garantizar la hegemonía burguesa. El positivismo, que aceptaba la ley estatal como norma suprema independientemente del contenido, sólo podía seguir constituyendo una teoría adecuada en tanto el poder estatal y legislativo continuaran en manos de las fuerzas antisocialistas. Pero después de la institución de la democracia parlamentaria existía el peligro de que las clases inferiores pudieran alcanzar una influencia decisiva en el Parlamento y modificar así, a través de la legislación, el orden social. No es, por consiguiente, casualidad que, después de 1918, el positivismo perdiera su posición de privilegio en la teoría burguesa del Derecho público[...]Es cierto que ya antes se habían elaborado teorías que intentaban reforzar el poder de la justicia...[...]Resulta comprensible que hasta después de 1918 no se impusieran teorías que intentaban desautorizar al legislador: algunos profesores de Derecho natural declararon abiertamente que el legislador no podía en modo alguno estructurar a su capricho el orden social, sino que estaba obligado a respetar 'normas superiores', que, examinadas de cerca, se comprobaba eran siempre las normas de la sociedad burguesa y de su ordenación de la propiedad. Intérpretes de estas normas fueron los profesores de Derecho público que, por su origen y condición social,por sus intereses y mentalidad, reunían todas la garantías necesarias. Los jueces invocaron su derecho a comprobar que todas las deliberaciones de la Asamblea Nacional estaban de acuerdo con la Constitución y, llegado el caso, a rechazarlas como no válidas. [...]Esa forma de división de poderes, que erigía el tercer poder en instancia superior de control frente a la representación popular, convertía ciertamente la democracia en una farsa” Es lo que acabó imponiéndose en todos los países Imperialistas, cuya expresión jurídica más diáfana es el artículo 18 de la Ley Fundamental de Bonn, que niega el ejercicio de derechos a quien se enfrenta al orden constitucional. En el Estado español el artículo 55.2 de la Constitución, por ejemplo, no es más que el Decreto antiterrorista de agosto del 75 (que se mantuvo hasta el año 79, en que fue sustituido por la también draconiana Ley de Seguridad Ciudadana), que legaliza el estado de excepción permanente, la "normalidad" con la conculcación y violación de los derechos fundamentales y las libertades políticas y civiles e introduce (o, más bien, conserva, continúa) los procesos penales y procesales basados en la sospecha, la analogía y la interpretación subjetiva. O el artículo 22.2 de la Constitución, que considera asociaciones ilegales las que persigan fines ilegales, por lo que la propia Constitución se convierte en un instrumento penal para la represión de la actividad política. Si antes toda la actividad política estaba subordinada a los Principios Fundamentales del Movimiento (es decir, todo lo que no aceptara ése referente político externo era delito) ahora lo está a la Constitución. O, en fin, la legislación antiterrorista que define y tipifica el terrorismo basándose en que busque subvertir el orden constitucional o alterar la paz pública. Ni que decir tiene que nos encontramos ante las antípodas de la democracia burguesa. 

Es decir, que el fascismo es la forma de dominación, la expresión estatal de la dictadura de la oligarquía financiera, dictadura que adopta una forma terrorista abierta y que se podría definir como la contrarrevolución organizada permanentemente, el blindamiento de los Estados imperialistas con todo un arsenal de leyes represivas, antidemocráticas y de excepción, para evitar que, tras la acumulación de fuerzas revolucionarias a través de la legalidad y las instituciones burguesas, le volviese a pillar desprevenida (a la oligarquía) un conato o estallido insurreccional a lo Octubre. La falta de comprensión por parte del Movimiento Comunista Internacional del paso de un sistema de dominio burgués a otro y la consiguiente modificación en cuanto a las formas de lucha, no sabiendo encuadrar y subordinar las viejas formas correspondientes a la anterior etapa del desarrollo del capitalismo y del movimiento obrero a las nuevas formas que se desprenden de la actual fase del capitalismo, es lo que explica la obcecación inicial por parte del MCI de extrapolar mecánicamente y repetir la vía insurreccionalista, tomando como modelo esquemático la Revolución de Octubre (sin tener en cuenta que las particularidades de aquella revolución que estremeció al mundo es casi imposible que se vuelvan a dar), con tantos fracasos como intentos habidos. Después, tras los diversos intentos ahogados en sangre, en lugar de organizar, potenciar y situar en lugar primario las nuevas formas de lucha y organización que corresponden a la fase imperialista (como hiciesen Lenin primero y Mao después, manteniendo vivo el espíritu revolucionario del marxismo, en lugar de aferrarse a su letra muerta y a fórmulas escolásticas, como todos los revisionistas), el abigarrado y vacilante MCI volvió a desenfundar el decrépito arsenal de la anterior etapa de la lucha de clases, profesando todas las formas de lucha (parlamentarismo, pacifismo, los medios legales, la lucha sindical clásica...) ya asimiladas y neutralizadas por la oligarquía financiera. Era pólvora, sí, pero ya estaba mojada. Semejante política, a nivel internacional, estaba justificada en la década de los 20, con el mundo inmerso en un período de repliegue revolucionario (de ahí la consigna del frente único y de ir a las masas, estrategia propuesta por los comunistas alemanes, que se chocaban una y otra vez en los intentos de organizar una insurrección victoriosa en un Estado imperialista desarrollado) y en la década de los 30, cuando la defensa de los vestigios que aún persistían de democracia liberal-burguesa pasó a tener en la clase obrera su única y consecuente valedera, frente a la pusilanimidad y complicidad de la burguesía democrática, no monopolista y la socialdemocracia. Pero, tras la II GM, la derrota del nazi-fascismo y el militarismo japonés y al calor del auge y consolidación de los movimientos de liberación nacional en los países coloniales y de la instauración de regímenes de República Popular en el Este de Europa y China, parecía que la clase obrera de los países imperialistas podría recoger los frutos que su abnegado y heroico sacrificio en la dirección de la resistencia antifascista parecían garantizar... omitiendo que la base económica imperialista se mantenía incólume, que la misma oligarquía financiera que había auspiciado la ignominia nazi-fascista continuaba detentando el poderío económico y todos los resortes del poder político y estatal. Olvidaban lo que certeramente señalase Dimitrov al respecto: "Considerar el fascismo como un fenómeno temporal y transitorio que dentro de los marcos del capitalismo podría ser reemplazado por el restablecimiento del viejo régimen democrático-burgués [...] es hacerse ilusiones vanas”(Acerca de las medidas de lucha contra el fascismo y los sindicatos amarillos. Intervención en el IV Congreso de la Internacional Sindical). Y la oligarquía financiera, inservible y superfluo ya el fascismo de viejo cuño, pasó a integrar en su sistema de dominación a la socialdemocracia, como un epígono más, a la par que instauraba en todo el mundo la dictadura de los estados de excepción permanentes, las Doctrinas de Seguridad Nacional, las estrategias contrainsurgentes y los Estados policíacos. A esta contrarrevolución organizada de forma permanente vendrían los revisionistas a ofrecerle sus canallescos y pérfidos servicios, con la usurpación, en el año 56, por parte de la camarilla revisionista de Jruschov de la dirección del PCUS y la plataforma ideológica y política que supuso para el revisionismo internacional el XX Congreso del PCUS. Pese a que, a grandes rasgos, la línea política y la estrategia del MCI fue correcta y justa en las décadas de los 20 y 30, sabiéndolas adaptar a las condiciones concretas de dichos períodos, no se supo discernir la tendencia histórica general hacia la reacción y, en base a ello, trazar una estrategia que correspondiese a las nuevas condiciones (labor que correspondió, en gran parte, a Mao Zedong y al PCCh), lo que fue aprovechado por la línea revisionista para absolutizar los métodos pacíficos, legales y parlamentarios y atar al movimiento obrero a las formas de lucha y a la estrategia correspondientes a la etapa del desarrollo pacífico del capitalismo. Para ello, intentaron pasar de matute la caduca morralla bernsteiniana como la última palabra del marxismo-leninismo. Así, ideuchas y prejuicios revisionistas del tipo tránsito pacífico al socialismo, las vías parlamentarias y el misticismo y veneración hacia la legalidad siguen floreciendo, como mala hierba, en el seno del movimiento obrero y popular. 

¿Cómo abordaron Lenin y los bolcheviques, en el terreno del desarrollo histórico de la lucha de clases y las formas y métodos de lucha que de éste se desprenden, la cuestión del tránsito de la época del capitalismo premonopolista a la época imperialista? ¿Cuál es el indisoluble nexo entre el imperialismo, el fascismo y el revisionismo reformista? 

“La bancarrota de la II Internacional es la bancarrota del oportunismo socialista. Este último es producto de la precedente época "pacífica" de desarrollo del movimiento obrero. Dicha época ha enseñado a la clase obrera medios de lucha tan importantes como la utilización del parlamentarismo y de todas las posibilidades legales, la creación de organizaciones económicas y políticas de masas, de una amplia prensa obrera, etc.. Por otra parte, dicha época ha engendrado la tendencia a negar la lucha de clases y a predicar la paz social, a negar la revolución socialista, a negar por principio las organizaciones clandestinas, a admitir el patriotismo burgués, etc..” (Resoluciones sobre la guerra imperialista, POSDR, 1915) 

Al desarrollo pacífico del capitalismo premonopolista (teniendo en cuenta siempre que todo desarrollo capitalista es a través de contradicciones, antagonismos de clase, luchas y explotación), coincidiendo con la época en el que el capitalismo aún era un modo de producción vital y en ascenso, y la burguesía una clase que, históricamente, aún podía aportar algo positivo a la humanidad, le correspondía un sistema de dictadura burguesa que, por su contenido y forma, podían ser utilizadas por el proletariado como clase políticamente independiente para acumular fuerzas en preparación de la ulterior toma del poder político. Precisamente, no es que el revisionismo como corriente, como fenómeno internacional hunda sus raíces en un error teórico, en una incomprensión del marxismo o en la ignorancia o perversidad de algunos dirigentes. El revisionismo es un fenómeno mundial que coincide con la aparición del imperialismo; de la necesidad de la oligarquía financiera de integrar en su sistema de dominación a la clase obrera para neutralizarla e intentar frenar la tendencia histórica hacia la revolución socialista. Y esto se sustenta, o tiene sus premisas, en los siguientes aspectos: 

- como base social, las capas de la aristocracia obrera sobornada y corrompida al calor de las superganancias imperialistas; y la pequeña-burguesía en proceso de proletarización por la concentración de capital y el aumento de la composición orgánica de capital 
- diversificando su ideología, viéndose obligada la oligarquía financiera a disfrazarse de marxista para poder penetrar con su ideología y política en el seno del movimiento obrero 

El revisionismo no es un fenómeno ajeno, desligado del socialismo científico y del movimiento obrero. Se trata de una hinchazón, de la totalización de una fase concreta por la que tuvo que atravesar el movimiento obrero, caracterizado por el desarrollo pacífico, la extensión de la democracia burguesa y la sustitución de las conspiraciones, las sociedades secretas y la lucha abierta de barricadas por la participación en el parlamento, la difusión legal de prensa y, en última instancia, la huelga política de masas como estrategia para el derrocamiento del poder burgués. Y con esos métodos se avanzó tanto, se extendió en tal magnitud el movimiento obrero y la influencia de los partidos orientados por el marxismo que, en lugar de saber, en todo momento, combinar absolutamente todos los métodos y formas de lucha para fundirlos en un sólo torrente por la revolución socialista, se ató al movimiento obrero a aquellas formas y cuando dejaron de ser válidas, cuando fueron asimiladas por la burguesía todas aquellas fórmulas anquilosadas que vendía la socialdemocracia como panaceas revolucionarias válidas para todas las épocas y lugares, ésta ya no pudo evitar su total bancarrota, no pudo enmascarar que había envilecido de tal forma el marxismo, despojándolo de su espíritu esencialmente crítico y revolucionario, que se había convertido, de destacamento obrero de vanguardia en epígonos de la burguesía, en lugartenientes de la burguesía en el seno de la clase obrera. Fue a Lenin y los bolcheviques a quienes les correspondió, casi en solitario, restituir los principios revolucionarios del marxismo, romper con los desfasados esquemas que había sido elevados a la categoría de dogmas por la carcomida ortodoxia de la II Internacional y encuadrar las viejas formas de lucha del movimiento obrero en las nuevas que las condiciones de surgimiento del capitalismo monopolista iba estableciendo, sirviendo a éstas. Así describía Stalin la cuestión al definir los fundamentos del leninismo: "El imperialismo es la omnipotencia de los trusts y de los sindicatos monopolistas, de los bancos y de la oligarquía financiera de los países industriales. En la lucha contra esta fuerza omnipotente, los métodos habituales de la clase obrera -los sindicatos y las cooperativas, los partidos parlamentarios y la lucha parlamentaria resultan absolutamente insuficientes. Una de dos: u os entregáis a merced del capital, vegetáis a la antigua y os hundís cada vez más, o empuñáis un arma nueva: así plantea la cuestión el imperialismo a las masas de millones de proletarios" 

Sólo así, enfocando la lucha de clases como un proceso histórico, sin caer en la estrechez de miras ni en una concepción empirista de la práctica, y teniendo una comprensión de las leyes dialécticas del movimiento podremos sintetizar, estructurar y organizar la experiencia histórica de la lucha de clases y discernir la naturaleza de los Estados monopolistas modernos y las formas de lucha que corresponden a la etapa de desarrollo en que nos encontramos. Sólo a través de la comprensión de que las formas que adopta la lucha de clases están indisolublemente ligadas a la época general en que nos encontramos, que con el tránsito al Imperialismo hay también un cambio en éstas y que debemos desechar, despojarnos de todo lo que haya de anticuado, estéril y fosilizado en las viejas formas de lucha y tomar lo que aún nos pueda servir, sabiendo que sólo nos podrán ser útiles en la medida en que queden encuadradas y subordinadas a las nuevas formas de lucha.

martes, 11 de diciembre de 2012

Los caminos de la revolución en Italia. De los años 70 en adelante (parte 7)

7. El concierto polifónico de la Autonomía Organizada.

Las corrientes generadas por la disolución de Potere Operaio, corrientes que en sentido amplio se pueden denominar Autonomía Obrera Organizada, desarrollarán numerosas experiencias organizadas, que se perfilarán según las determinaciones del debate y as cambiantes posturas. Se caracterizaron por una cierta fluidez, con fracturas y recomposiciones. Globalmente se produjo una intensa actividad político-militar, evidentemente menos unitaria, homogénea ó constante que la producida por las Brigadas Rojas. Incluso la fragmentación y la auténtica cacofonía de siglas –recurriendo cada formación a varias- fueron políticamente perjudiciales, creando confusión y dificultades para comprender el hilo de sus propuestas.

Se puede también destacar el hecho de que una parte al menos de las iniciativas estaban relacionadas con situaciones inmediatas, en una agrupación provisional y espontánea. Si esto era signo de la riqueza del “antagonismo” difuso, también era señal de la incapacidad de dar un salto cualitativo, de centralización y de largo plazo, para conseguir un cambio cualitativo en el movimiento de clase, la dimensión política del enfrentamiento con el poder.

Se produjeron así ataques con explosivos contra grandes empresas, tanto por su papel en la luchas del momento como por su papel imperialista; la FIAT, Face Standard, ITT, Unión Petrolífera, y también algunos ataques en la persona de sus directivos. La Autonomía de la región del Veneto expreso un alto nivel cualitativo de uso de la fuerza, como un aspecto de la construcción de un contrapoder sobre el territorio. Como prolongación de un trabajo de afianzamiento real en el tejido de las luchas locales, su lucha armada estuvo hecha de series simultáneas de “pequeños ataques”, teniendo por objetivo algunas noches vehículos, sedes ó locales patronales, por ejemplo; y además otra serie de fascistas y carabinieri.

lunes, 10 de diciembre de 2012

Carta de Marcos Martín Ponce sobre la brutal paliza en la cárcel de Morón de la Frontera


Morón, 16 de Noviembre de 2012
 
¡Hola! Espero que ya sepáis lo que me ha ocurrido en el Módulo de Aislamiento de ésta prisión, a pesar de que la dirección de la cárcel está haciendo todo lo posible por mantenerme completamente aislado, pues dos días después de lo sucedido, me han puesto en una galería solo y no me han activado los teléfonos para que no pueda avisar a nadie de lo que han hecho conmigo. Aunque, a pesar de todo este aislamiento, la Solidaridad ha hecho llegar a vuestros oídos mi situación desde el primer día, lo sé a ciencia cierta. Así pues, ya sabéis que me dieron una paliza tremenda y que estoy en Huelga de Hambre.

Intentaré ser breve para no perderme en detalles (ya he denunciado ante el JCVP) y os podéis hacer una idea de lo más importante.
Desde mi llegada a esta prisión (hace tres años y medio), ya he denunciado las constantes provocaciones de carácter político que se traducen en: buscar hacernos la vida imposible a los Presos Políticos, creando esto constantes tensiones que se han ido acumulando y que he sabido ir toreando, con paciencia y en compañía de los P.P. Vascos; al menos, hasta el 14-XI-2012, cuando los carceleros de turno venían decididos a que ese día se terminaría de romper “el jarrón”.

Desde que llegué, me he destacado por exigir que se cumplan nuestros escasos derechos en éste módulo de aislamiento: Conseguí que nadie se tuviera que poner de pié en los recuentos, que dieran bata para cubrirnos en los cacheos integrales; que distribuyesen productos y material de limpieza todos los días; que se respetasen las cuatro horas de patio integras que tenemos al día; poder utilizar un ordenador todos los días (fuera de las horas de patio) para los que estuviéramos estudiando alguna carrera universitaria por la UNED..., y otras cuantas cosas más relativas al día a día en aislamiento.

Pero, a la vez que iba consiguiendo que se respetasen estos avances, se ha ido acumulando el odio en una parte de los carceleros, los que unidos bajo los sindicatos de prisiones hacen del odio fascista una militancia activa contra los Presos Políticos, y no han podido soportar ver que, a pesar de sus putadas, me mantengo un hombre íntegro, esmerado en contacto con los obreros, con la juventud antifascista; haciendo deporte, cultivándome intelectualmente y mostrando siempre una amplia sonrisa ante las habituales adversidades.

Así pues, ese 14 de Noviembre, a las 9 de la mañana vino a sacarme al patio una de esas guardias de militantes fascistas. Tenían muy claro a qué venían y no se iban a ir sin conseguirlo. Abrieron la puerta de la celda, me pusieron contra la pared; mientras uno me pasaba la “raqueta” detectora de metales, otro cacheaba mi mochila y otros dos mi celda, la rutina diaria. Pero el que cacheaba mi bolsa, saca de ella una tartera donde siempre llevo mi almuerzo (se me quedó la costumbre de los albañiles), y me dice que a partir de ahora eso está prohibido; le digo que es mi almuerzo y me insulta, diciendo que ya no lo es. Le digo que me trate con respeto y, sin más preámbulos, me coje y me empuja hacia dentro de la celda, pues no quería que lo que iban a hacer lo vieran lascámaras de seguridad del pasillo. Así es como supe desde el primer momento que la cosa se iba a poner fea. Al entrar en la celda los cuatro funcionarios, el de la tartera me da un bofetón y los otros se echan a por mí, yo me cubro la cabeza con manos y brazos. Enseguida oigo a uno decir: “Aquí no, Carlos, que están los otros golpeando las puertas”, y es que los P.P. vascos estaban haciendo ruido para protestar y mostrar su solidaridad.

Así es que me ponen los grilletes y me sacan a rastras mientras oigo los gritos de ánimo y reprobación de los compañeros. Me llevan al cuarto de cacheos, donde tampoco hay cámara, y me piden que me quite la ropa. Me quito todo menos el pantalón de deporte y pido la bata; en ese momento me dan otro guantazo y sacan las porras. Me patean y me aporrean hasta que caigo al suelo y, una vez en el suelo, me hago un ovillo y siguen dándome patadas en la cabeza y porrazos por todo el cuerpo. Pasan los minutos y continúan dándome si bajar ni la intensidad ni la cadencia, uno de ellos me separa los brazos de la cabeza mientras otro me da un puñetazo en la cara; me logro soltar y me vuelvo a tapar, entonces me dan un pisotón en la cabeza y empiezo a perder el conocimiento... Mi cuerpo se va relajando mientras noto que se convulsiona con los golpes que me siguen dando.

Cuando recobro el conocimiento, estoy esposado a la espalda y dos carceleros me arrastran por el pasillo; parece que se me van a desencajar los brazos. Me llevan a una celda donde veo que solo hay una cama con correas, me arrojan a ella y me atan de pies, manos y cintura. Yo empiezo a vomitar y uno de ellos me tira del pelo para sacarme la cabeza de la cama; veo que solo echo babas mezcladas con sangre y un trozo de diente. ¡Estoy casi entero!

Solo llevo encima los pantalones cortos de deporte, el torso desnudo y sin zapatillas; veo que abren la ventana y el frío de la mañana alivia un poco mis extremidades, que están empezando a amoratarse por lo fuerte que han apretado las correas. Estoy boca abajo y los carceleros me insultan: “Ahora qué, GRAPO cabrón” y lindezas por el estilo; la mayoría de ellas en referencia a mi militancia política y los avances conseguidos en los derechos de esta prisión. Al rato se van y me dicen que cuando me haya hecho mis necesidades encima, volverán para desatarme. Estoy atado unas 15 horas, con la ventana abierta y medio desnudo. El frío que al principio aliviaba mi maltrecho cuerpo, a las dos horas martiriza mis músculos haciéndome temblar de frío y de dolor. Durante ese tiempo pierdo la conciencia de nuevo un par de veces más. Es el único descanso que encuentro: cuando estoy consciente el dolor es puntiagudo y generalizado por todo el cuerpo.

Habrían pasado 3 o 4 horas desde que estoy allí atado. Cada cierto tiempo entraban los carceleros: “Qué, todavía estás vivo, comunista hijo de puta”, me tiraban del pelo, me daban algún manotazo y se iban.

El frío terminó deshinchando un poco mis muñecas y tobillos, y así pude luchar contra las correas durante un buen rato, hasta que me solté de la mano izquierda, del resto de extremidades no pude soltarme. Así logré colocarme de medio lado y con esa mano suelta pude maniobrar para orinar fuera del colchón, en el suelo. Afortunadamente, tengo la costumbre de hacer deporte en ayunas y no había comido nada, por lo que no tuve necesidad de defecar. Eso sí, cada movimiento que hacía creía que me estaba rompiendo algún hueso.

A las 23 horas de la noche, cuando ya había cambiado la guardia que me hizo eso, entraron 7 u 8 carceleros y me dijeron que, ya que había orinado en el suelo, me iban a soltar y cambiar de celda. Cuando me soltaron, yo no me podía mover, mi único gesto fué encogerme en posición fetal; le dije al Jefe de Servicios que estoy operado de hernia discal y que ellos me habían vuelto a herniar. Llamaron al médico, esta hizo un informe a vuelapluma, visiblemente impresionada de las torturas marcadas en mi espalda, y me puso una inyección de diclofenaco. Al rato me llevaron en volandas a la celda de al lado, me tiraron en un colchón lleno de suciedad y me tiraron una manta. Allí pasé el resto de la noche y medio día posterior. Eso sí, cada dos horas, durante toda la noche, se preocuparon de no dejarme dormir, golpeando la puerta, insultándome, amenazándome y dejando la luz encendida... Yo me enrosqué en la manta y dormí lo que pude y lo que me dejaron.

Al día siguiente me comunicaron que estaría en aislamiento total hasta que la DGIP decidiera si me cambiaban de prisión, o me aplicaban la 1ª Fase (el aislamiento absoluto); al final me aplicarán ambas medidas, y en la cárcel donde aterrice estarán esperándome los carceleros del sindicato, para recordarme que cuando el sistema capitalista se ve al borde del precipicio, es tiempo para volver a los orígenes más fascistas, para defender sus privilegios.

En esas cosas he estado pensando durante todo este maltrato, durante, por qué no decirlo, la aplicación del Estado de Derecho que la burguesía tiene reservado para los revolucionarios. También pensaba en mis camaradas, en mi compañera, en el libro “El Estado y la Revolución” de Lenin, que me estoy volviendo a releer, en el auge del Movimiento de Resistencia Antifascista y en la reconstrucción de la Solidaridad obrera con los presos políticos. Todo eso me ha hecho aguantar estas torturas, sabiendo que cada golpe tenía un significado político, que la lucha de clases había marcado en mi espalda más de 25 porrazos y patadas que, al mirarlos en el espejo, me recuerdan que sin sacrificios no obtendremos ni uno solo de los objetivos revolucionarios a los que los obreros estamos llamados.

Mi ánimo se resume en esta cita del Che: “En cualquier lugar que nos sorprenda la muerte, bien venida sea, siempre que nuestro grito de guerra haya llegado hasta un oído receptivo, y otra mano se tienda para empuñar nuestras armas, y otros hombres se apresten a entonar cantos luctuosos con tableteos de ametralladoras y nuevos gritos de guerra y de Victoria”.

ABRAZOS COMBATIVOS.
Marcos Martín Ponce
 
-Actualmente se encuentra en la Prisón de Puerto III (Cádiz)

domingo, 9 de diciembre de 2012

Los caminos de la revolución en Italia. De los años 70 en adelante (parte 6)

6. Las luchas en las prisiones: los Núcleos Armados Proletarios.

Estos tres años serán testigos también de las más importantes acciones de los NAP (Núcleos Armados Proletarios). Su historia es la historia de las luchas en las cárceles, luchas que serán paralelas en el movimiento de clase, con un mismo impulso, en el tiempo y en las referencias.

Impresiona ver como las primeras acciones serán revueltas violentas en las tres grandes prisiones metropolitanas de Turín, Milán y Génova, la misma geografía exacta de los polos obreros, y entre 1969 y 1970. Luego se da una generalización, las luchas se suceden y el movimiento revolucionario corre inmediatamente a apoyarlas desde el exterior. La explicación de esta sincronización hay que buscarla en la clase, con toda seguridad. Los años sesenta habían visto, en este vasto proceso de recomposición de clase y de los fenómenos culturales que lo acompañaban –la generación beat, los teddy-boys, el pelo largo, las minifaldas, la insubordinación y las tendencias libertarias- también la emergencia de nuevas formas de “bandidismo”, de fuera de la ley. Jóvenes procedentes de barrios obreros, de la inmigración, que rompían radicalmente con el destino de esclavitud en la cadena, decidiendo apropiarse de la riqueza social: eran los “pícaros”, los grupos de atracadores de bancos. Se convierte en un fenómeno importante, bien porque el ataque a los bancos era novedoso (de esta manera sistemática y difusa), bien por los caracteres homogéneos de estas nuevas bandas y sus marcadas diferencias con los ambientes clásicos.

Mientras que el antiguo medio delictivo era expresión del subproletariado (con toda su ambigüedad, bien tratada ya por Marx), y no era precisamente glorioso en cuanto a sus actitudes sociales, con una interiorización del orden y los valores burgueses (actitudes de opresión y explotación de los otros, prostitución al mejor comprador, colaboración con la policía, etc.) los jóvenes atracadores eran rebeldes, productos puros de barrios obreros,

martes, 4 de diciembre de 2012

Los caminos de la revolución en Italia. De los años 70 en adelante (parte 5)

5. Años 1974 y 1975: la afirmación de la lucha armada.

Veamos una cronología de los episodios y las acciones significativas de esta fase:

El año 1974 está marcado por el secuestro del juez Sossi, hecho decisivo del nivel de “propaganda armada”, directamente ligado al conflicto de clases en la relación capital/trabajo, nivel que perfila la lucha política general, el enfrentamiento Clase/Estado. Este juez era muy conocido, y odiado, por el proletariado en lucha de Génova. El ataque estuvo particularmente acertado, al poner en relación las exigencias del movimiento de clase y el plano del enfrentamiento con el Estado. Lógicamente, esto hacía visible el considerable nivel político-organizacional conseguido, teniendo en cuenta que el secuestro dura algunas semanas y que se dio una negociación pública (decidiendo las B.R., de una forma coherentemente revolucionaria, hacer público todo el desarrollo del suceso, para que la clase lo haga suyo; por el contrario, el Estado buscaba esconder y torpedear esos contenidos de lucha bajo un espeso manto de manipulación, de intoxicación y de ignorancia). Las B.R. plantearon la liberación de 13 militantes, sacando a la luz del día la existencia de este frente de lucha: la cárcel, los nuevos campos, la represión como terreno estratégico del Estado. Se llegará a un acuerdo, las B.R. liberarán al rehén, ¡pero el Estado reniega de su palabra! Dos años más tarde, las B.R. arreglarán las cuentas con el magistrado que gestionó esta traición, el Procurador Coco, con dos escoltas, acción que significa también un salto cualitativo en el nivel de ataque.

La acción contra Sossi marca también la definición estratégica, apareciendo algunas consignas que se harán célebres, al hacer de ellas el eje de los ataques de las B.R. La más conocida es «Llevar el ataque al corazón del Estado». Hay que precisar un poco que se entiende por eso, contra un montón de deformaciones conscientes que han circulado. No es un ataque de carácter simbólico, siempre similares a otros, de estilo anarquista. No es un ataque de tipo predominantemente militar, que se orienta de forma inmediata a cortar la potencia del Estado porque, mas allá del simple buen sentido, las B.R. preveían un proceso revolucionario, por etapas y donde, naturalmente, el carácter y los niveles de ataque dependían de la etapa. No es nunca al principio cuando se está en condiciones de destruir las fuerzas enemigas.

El concepto de «ataque al corazón del Estado» es mas bien la concepción de que en todas las fases de la lucha de clases existe un  nudo en donde se atan ó se concentran las contradicciones...

domingo, 2 de diciembre de 2012

«Cuando me muera decid que fui roja»

A Encarnación Moreno, la «Lechuguina»
Encarna Moreno dijo a su nieta hace poco tiempo: «Cuando me muera decid que fui roja». Encarna fue roja y republicana
(A la memoria de todas las viudas víctimas del genocidio franquista que comenzó en 1936)
Encarna Moreno, de Dicastillo, ha muerto con 101 años de edad en la clínica de San Juan de Dios. El apodo de Lechugina lo heredó de su padre, pastor e hijo de pastor, de Arellano, que le enseñó el oficio desde los 7 años. Poco fue a la escuela. «Los pastores se hacen esclavos para ser libres». Con sus cabras era la reina de Montejurra. Encarna ha sido una mujer guapa de intensos ojos azules y firmeza en la mirada.
La noche que cumplió los 100 años le hizo un quite al miedo y rasgó la mordaza de silencio que marcó toda una vida nada fácil. Empezó a contar, como si fueran fogonazos de memoria viva, el asesinato de su marido Fortunato Alvarez Macua en 1936. «Que se presente» dijeron los fascistas. Ella fue a avisarle, estaba segando en el campo. «Me van a matar padre». Los campos quedaron sin segar, las espigas tumbadas y no había brazos, estaban en la cárcel. Los sacaron a barrer las calles, a burlarse de ellos antes de matarlos. Después se los llevaron en un coche y de noche, con las manos amarradas, un tiro de gracia en el portillo de Enériz y abandonados en una fosa común. Encarna no pudo empezar a respirar hasta que salió del pueblo, dejando allí a su hija de un año al cuidado de su suegra. Sufrimiento hondo y pena negra.
Navarra quedó sembrada de fosas comunes, no vale contar porque no son números las más de 3.500 personas asesinadas con nombre y apellidos, que dejaron viudas, viudos e hijos, madres y padres, hermanos y hermanas. Casados o solteros, de tal pueblo, fecha de nacimiento, oficio, ideas republicanas, de izquierdas, nacionalistas, que lucharon por recuperar el comunal, la jornada de 8 horas, el estatuto vasco... por que se cumpliera la legalidad republicana.
Reparar su memoria y la de sus familias y denunciar aquella matanza es obligación de cualquiera que tenga responsabilidad de gobierno municipal. Es mezquino seguir callando crímenes de lesa humanidad porque las fuerzas políticas pactaran aquel consenso y la consecuente imposibilidad de hacer justicia. El genocidio no prescribe.
Encarna Moreno dijo a su nieta hace poco tiempo: «Cuando me muera decid que fui roja». Encarna fue roja y republicana y conservaba la lucidez de aquella generación que no fue educada en el franquismo, a la que masacraron y represaliaron para que nos dejaran como herencia el miedo y el silencio. Solo se permitió la memoria de los vencedores.
Pero esta mujer de 101 años, que sintió mucho no poder ir al homenaje a las víctimas del Franquismo en Dicastillo, cuando recibió en la clínica la bandera republicana, se echó a llorar y se secó las lágrimas con ella, bandera que significó la libertad desde los tiempos de Galán y García Hernández, Libertad con mayúsculas, hecha con los brazos que la mantenían, con la vida de todos aquellos jornaleros mártires, navarros dignos, gentes de bien. Y Encarna levantó el puño ante la bandera, como entonces.
Urales San Pedro, a quien le dejaron sin padre cuando no había cumplido el año, me mandó este escrito en agradecimiento por el homenaje: «Se les va a juntar a nuestros nietos la Memoria Histórica de nuestros abuelos con nuestra propia Memoria Histórica. Nos están matando sin mancharse las manos de sangre y nosotros nos estamos enterrando sin cavar nuestras propias fosas comunes».
¡Qué solos se han sentido los familiares! Encarna se ha ido satisfecha porque ha denunciado («el pueblo tiene que hablar, no yo»), y porque se ha hecho algo de justicia: la reparación pública tocaba hacerla al pueblo. Y la hemos hecho. Hasta siempre Encarna, descansa en paz. Nos dejas una valiosa herencia.

1ª jornada por la amnistía de los presos políticos (adelanto)


El pasado 6 de Octubre se celebraron en Madrid las primeras jornadas por la amnistía de los presos políticos. El evento contó con una charla debate a cargo de Juan Manuel Olarieta, abogado y escritor, y José Balmón, ex preso político del PCE(r), la presentación del poemario “Con la solidaridad por bandera” de Aitor Cuervo y Pablo Hasél y la actuación de los grupos La Plataforma, Pablo Hasél, RPG-7 y Núcleo Terco.

Próximamente el reportaje completo con las charlas (íntegras), el recital de poesía y los conciertos.