jueves, 12 de septiembre de 2013

Una, grande y libre: el nuevo falangismo de "izquierda"

Óscar Miguélez

En plena celebración de la Diada el Diario Octubre publica un infame artículo de Eduardo J. García titulado nada menos que "Los fachalanes" en donde arremete sin el más mínimo pudor contra el independentismo catalán. El encabezamiento ya deja claro que, según García, el fascismo no está entre los opresores sino entre los oprimidos. A partir de ahí cualquier cosa es posible y para comprobarlo no hay más que tener estómago para digerir el artículo en su integridad.

En las tres décadas y media transcurridas desde la transición y, a pesar de la creación del Estado de la Autonomías, las contradicciones nacionales en España no se han amortiguado, sino todo lo contrario. Los centralistas tienen la impresión de que han cedido inútilmente, reaccionan para disimular que la opresión nacional sigue existiendo y pasan a la ofensiva lanzando el siguiente argumento: durante la transición España se transformó en un Estado democrático, prueba de lo cual es que concedió las más amplias competencias a las autonomías (naciones). ¿Qué más quieren los independentistas?

Son insaciables y no se conforman con nada. En la argumentación centralista no sólo la opresión nacional ha desaparecido, sino incluso la propia Catalunya, "un país que no ha existido jamás", según García. Entonces la duda es lógica: si no hay opresión nacional, ¿de qué se quejan los independentistas? Y lo que es aún más extraño: ¿cómo es posible que el nacionalismo no sólo no haya sido desactivado, sino todo lo contrario, haya multiplicado sus fuerzas? ¿Cómo puede crecer un problema que ya está solucionado?

El artículo de García que publica el Diario Octubre, como tantas otras publicaciones fascistas, no reconoce la existencia de una situación oprobiosa de hecho, el sometimiento nacional de Cayalunya, sino sólo un problema subjetivo, que son los nacionalistas (la burguesía nacionalista) o, dicho de otra manera, los nacionalistas (la burguesía nacionalista) están creando un problema donde no lo hay.

La maniobra no puede ser más repugnante. Constituye un alineamiento descarado con el Estado fascista en contra de los oprimidos, afirmando que el verdadero problema son ellos. Los que realmente están oprimidos son los fascistas y su España (una, grande y libre). En este país el oportunismo sigue despeñándose por los abismos de la más descarada degeneración moral e intelectual, presentando al viejo falangismo con un nuevo rostro de "izquierda". La UCE no es más que un ejemplo, de los que hay varios. A García y el Diario Octubre se les ha quedado pegado al paladar hasta el lenguaje fascista, cuando califican de "batasunos" a los miembros de la CUP.

Los oportunistas son al comunismo lo que el inglés a Ana Botella. Pretenden que es algo consustancial al comunismo crear "grandes Estados", o que la unidad del Estado (por las buenas o por las malas) garantiza la unidad de la clase obrera, o que son los imperialistas (extranjeros) quienes pretenden dividir a la sagrada patria (que es España), lo mismo que hicieron en los Balcanes.

Cuando en España se habla de nacionalismo el subconsciente nos traslada mecánicamente a Galicia, Euskadi o Catalunya. Fuera de ahí no hay nacionalismo; los españoles no son nacionalistas, un término que hoy, en los tiempos del Banco Mundial, la UE y la OTAN se ha convertido en sinónimo de terrorismo, violencia, intolerancia, etc. Además de arcaico, el nacionalismo es hoy contraproducente... siempre que se trate del nacionalismo de los demás, el de los oprimidos, porque el propio no necesita presentarse como tal nacionalismo, sino todo lo contrario. Más bien alardean de internacionalismo y cosmopolitismo.

Para justificar su alineamiento con la opresión, los nuevos falangistas de "izquierda", además de recordar la naturaleza burguesa del nacionalismo, exponen el amplio repertorio de "trapalladas" que cometen a cada paso en sus respectivos cortijos. Pero, ¿qué esperaban de la burguesía? A cada paso los falangistas (de derechas y de "izquierdas") nos recuerdan el victimismo de los independentistas. Es verdad, el victimismo existe, pero no es ficticio. Sus "trapalladas" son reactivas: se alimentan de las que proceden de Madrid que, por cierto, permanecen en un segundo plano.

Es el propio centralismo fascista el que durante 35 años ha estado alimentando el crecimiento del independentismo en Catalunya y demás naciones oprimidas. A lo largo de las últimas décadas la burguesía catalana ha demostrado verdadera maestría política a la hora de explotar todas y cada una de las torpezas que proceden de Madrid. Pero algunos, como García y el Diario Octubre, siguen sin querer enterarse: los pequeños ejércitos ganan las guerras aprovechando los errores de los grandes.

Aunque ese es un principio importante, no es en absoluto lo principal en este asunto. Lo que le está permitiendo a la burguesía catalana una hegemonía sin precedentes en su cortijo es la inhición, la absoluta torpeza de los que le hacen el caldo gordo al fascismo. Lo llamamos falangismo de "izquierda" pero la III Internacional lo calificó como "socialfascismo": socialistas de palabra y fascistas de hecho. Eso es lo que mejor define a García y a medios como al Diario Octubre, que se mantienen dentro de círculos insignificantes mientras las fuerzas de los "batasunos" crecen cada día.

(*) Eduardo J. García: Los fachalanes (The catalan Way)

domingo, 8 de septiembre de 2013

El programa nacional del proletariado

Óscar Miguélez

Marx y Engels no pudieron elaborar una línea general capaz de orientar al proletariado en su lucha contra la opresión nacional, aunque entre sus escritos abundan las aproximaciones concretas, inspiradas por las circunstancias particulares de cada país. El motivo es que entonces las naciones estaban en periodo de formación, lo que bajo el Imperio Austro-Húngaro se conoció como la "primavera de los pueblos", en referencia a la revolución de 1848. En tales condiciones no era posible que el proletariado tuviera un programa propio al respecto que, naturalmente, no puede ser idéntico al de la burguesía.

A pesar de ello, abundan los oportunistas que partiendo de cartas y apuntes al vuelo han tratado de deducir conclusiones generales, válidas para cualquier nación y cualquier momento histórico. Esos intentos son tanto más infructuosos en cuanto que no tienen en cuenta algunas circunstancias, que son muy importantes:

a) en la primera mitad del siglo XIX el capitalismo estaba en su fase de expansión
b) los escritos de Marx y Engels sólo ocasionalmente van más allá de Europa
c) Europa estaba en proceso de formación, su mapa político era bien diferente del actual
d) los movimientos nacionales en Europa formaban parte de la revolución democrático-burguesa

Esas condiciones desaparecieron. En la actualidad la cuestión nacional está ligada a algo mucho más general, el imperialismo, una fase superior del capitalismo que Marx y Engels no conocieron. A diferencia de aquella época, en la actualidad, la cuestión nacional no sólo forma parte de la revolución socialista sino, además, de otra serie de cuestiones, tales como el colonialismo, el indigenismo o la cuestión racial.

Sólo al llegar esta nueva fase el proletariado pudo disponer de una perspectiva más amplia, verdaderamente internacional, para elaborar una línea política de igual dimensión, una tarea que llevaron a cabo Lenin, Stalin y la Internacional Comunista. Bajo el imperialismo, los principios elaborados por los comunistas para resolver la cuestión nacional, sirven también de fundamento para resolver las demás cuestiones conexas a ella: colonial, indígena, racial, etc.

Durante la primera etapa del capitalismo Marx y Engels no pudieron adoptar una postura única ante unas u otras naciones, de manera que mientras hoy unos oportunistas se aferran a un repertorio de citas literales, los otros se apoyan en otro diferente, e incluso opuesto. Traídas a la actualidad, la mayor parte de esas referencias están fuera de contexto y constituyen otras tantas manipulaciones históricas del pensamiento de Marx y Engels, que en unos casos parece que eran independentistas, como en sus conclusiones sobre Irlanda o Polonia, mientras en otros son furibundos unionistas, como en el caso de los eslavos del sur.

A ello hay que añadir que su criterio con respecto a algunas naciones, por ejemplo Irlanda, cambió con el tiempo, como reconoció el propio Marx, entre otros escritos, en una carta a Engels de 2 de noviembre de 1867. Lenin no sólo analizó aquel giro de Marx sino que explicó sus dos motivos:

a) la posición hegemónica del imperialismo británico en el mundo a lo largo del siglo XIX y la formación de la aristocracia obrera en Inglaterra

b) que Marx no hacía de los movimientos nacionales algo "absoluto", algo con entidad por sí mismos, al margen de las clases y de las luchas entre ellas

Es importante retener este segundo motivo: los movimientos nacionales no son nada en sí mismos, sino movimientos de las clases sociales. Ahí Stalin reconocía la "esencia de clase de la cuestión nacional" (1) y en uno de sus primeros escritos lo explicó así: "La cuestión nacional sirve en las distintas épocas a distintos intereses y adopta distintos matices según la clase que la promueve y la época en que se promueve" (2).

Los escribanos de bajos vuelos han creído encontrar aquí contradicciones, incoherencias o incongruencias. Aún no han entendido que la cuestión nacional cambia con la situación de las clases sociales o el momento histórico o, por decirlo de otra manera, la cuestión nacional, como cualquier otra cuestión, hay que analizarla en concreto, es decir, hay que llevar a cabo un análisis concreto de la situación concreta.

Hay un segundo aspecto en las cartas de Marx sobre Irlanda que desarticula uno de los tópicos más manoseados (y falsos) del materialismo histórico, según el cual Marx y Engels se equivocaron porque ingenuamente creyeron que la revolución empezaría en los países más adelantados. Siempre que los escribanos lanzan estos tópicos absurdos nunca mencionan sus fuentes. ¿En que obra defendieron esa tesis? La lectura de los apuntes de Marx sobre Irlanda demuestra más bien lo contrario: Marx no sólo dice que la revolución puede empezar en un país atrasado, como Irlanda, sino que sería conveniente que así fuera:

"Durante mucho tiempo creí que sería posible derrocar al régimen irlandés por el ascenso de la clase obrera inglesa [...] El estudio más profundo ahora me ha convencido de lo contrario. La clase obrera inglesa nunca logrará nada antes de que se haya liberado Irlanda. La palanca debe ser aplicada en Irlanda. Es por ello que la cuestión irlandesa es tan importante para el movimiento social en general"

Introducir dentro de la agenda de la Primera Internacional la lucha contra la opresión nacional fue una de tantas batallas libradas contra el falso "internacionalismo" de los proudhonistas. En 1870, en una comunicación confidencial que remitió a la Primera Internacional, Marx propuso formalmente a la organización internacional del proletariado la aprobación del siguiente programa: "La actitud de la Asociación Internacional en el problema de Irlanda es absolutamente clara. Su primer objetivo es acelerar la revolución social en Inglaterra. Con tal fin es preciso asestar el golpe decisivo en Irlanda" (3).

Pero el programa del proletariado no es un brindis al sol sino, ante todo, una práctica y por eso el 24 de octubre de 1869 la Primera Internacional convocó en Londres una manifestación exigiendo la amnistía para los presos políticos irlandeses, una preocupación sobre la que Marx insistió en varias reuniones de la dirección de la Internacional.

Los hechos volvieron a dar la razón a Marx y Engels: la revolución estalló primero en Irlanda. Pero eso no es más que una parte de la cuestión: cuando ellos dijeron que lo más conveniente era que la revolución empezara en Irlanda, ¿a qué se referían exactamente? ¿A Irlanda? No. Se referían al proletariado inglés (y secundariamente también al irlandés). Por eso la manifestación en defensa de los presos políticos irlandeses no se convocó en Dublín, sino en Londres.

Esa es la esencia clasista de la cuestión nacional. No se trata de dejar la lucha contra la opresión nacional circunscrita dentro de los límites de la nacionalidad oprimida sino, ante todo, de llevarla a la nacionalidad opresora y, en última instancia, al proletariado internacional. Ahora sólo queda que los comunistas españoles empiecen a pensar seriamente en celebrar en Madrid la Diada Nacional de Catalunya o en convocar manifestaciones por la liberación de los presos políticos vascos.

En consecuencia, a pesar de la singular casuística de cada nación y cada momento, Marx y Engels abordaron el problema nacional sobre criterios de clase, partidistas. En 1917 Stalin dejó muy clara la disyuntiva en la VII Conferencia del partido bolchevique sobre el mismo asunto: "Existe un movimiento por la independencia en Irlanda. ¿Con quién estamos nosotros camaradas? O estamos con Irlanda, o estamos con el imperialismo inglés".

Puesto que los movimientos nacionales son movimientos de las clases sociales, Marx y Engels aportaron el punto de vista de la clase obrera al respecto. A diferencia de los proudhonistas y anarquistas actuales, que se desentienden de la cuestión nacional porque dicen estar en contra de las naciones y las fronteras, que son asuntos propios de "burgueses", los marxistas siempre los hemos incluimos dentro de nuestro programa.

Sin embargo, hoy algunos que se llaman marxistas siguen defendiendo ese criterio nihilista, justificándose con aquello de que son "internacionalistas" y que "el proletariado no tiene patria". Son apartidistas y, por consiguiente, ajenos al marxismo. Se les olvida la segunda parte de esa frase del "Manifiesto Comunista": la lucha del proletariado es internacional por su contenido pero nacional por su forma. Stalin lo explicó de una manera muy precisa y elegante en un discurso pronunciado en 1925:

"Proletaria por su contenido, nacional por su forma: tal es la cultura universal hacia la que marcha el socialismo. La cultura proletaria no suprime la cultura nacional, sino que le da contenido. Y, por el contrario, la cultura nacional no suprime la cultura proletaria, sino que le da forma" (4).

Al proletariado le interesa, pues, abordar la cuestión nacional, tiene que incorporarla a su propio programa aunque, lógicamente, en ningún caso puede incurrir en el seguidismo respecto a la burguesía, es decir, el programa nacional del proletariado no es el mismo que el de la burguesía. Puede coincidir en parte con el de la burguesía, pero no puede ser idéntico a él.

Notas:

(1) Stalin, Informe al XII Congreso
(2) Stalin, Cómo entiende la socialdemocracia la cuestión nacional
(3) Marx, Extracto de una comunicación confidencial a la dirección de la Internacional
(4) Stalin, Sobre las tareas políticas de la Universidad de los Pueblos de Oriente

El ambiente de Madrid tras el golpe de Casado a través de "La Voz"

Nos ha llegado un correo con lo siguiente:

Envío algunos números de marzo de 1939 escaneados de "La Voz", periódico de la tarde de Madrid. Mas que nada para hacerse una idea del clima que reinaba tras la derrota de las fuerzas republicanas ante las fuerzas de Casado, Mera y compañía. Interesantes, por lo que sucedió tres días después , las mentiras vertidas por Mera-Casado-Besteiro ("no dejaremos gobernar a una minoría despótica": los comunistas, claro. Los nacionalistas eran, al fin y al cabo, patriotas que querían la paz, como ellos), la noticia de la detención de Ascanio, de Luis Barcelo Jover, la bilis y el odio contra el PCE, que sustituyó en las cárceles a los fascistas, etc. Fue el necesario prólogo a los fusilamientos en masa. Espero que lo consideréis de interés. Saludos

He aquí los números de La Voz que hemos recibido:
https://mega.co.nz/#F!HUIxhDoY!GAiDiz5-La4yo0nCasDlrg

lunes, 2 de septiembre de 2013

Trama de espionaje masivo de la policía y el CNI

Juan Manuel Olarieta

— el artículo apareció publicado originariamente aquí — 

En mayo de 2012 se destapó una red de espionaje, el caso Pitiusa, que manejaba un ingente volumen de información sobre los ciudadanos de este país. Policía, Guardia Civil, Ejército, Servicios Secretos y empresas privadas aparecen confabulados en una trama, la mayor conocida hasta la fecha, que no va dirigida contra ningún país extranjero, ni tiene tampoco objetivos militares.

La conexión del CNI con este entramado es obvia. El imputado clave de la trama es Matías Bevilacqua-Brechbuhler, que trabaja para el CNI, según ha confirmado a la policía el propio servicio de espionaje. De origen argentino, Bevilacqua empezó su carrera como pirata informático y en Barcelona organizó la empresa CF Labs por cuenta del CNI. Fue director técnico de la plataforma esCERT, encargada de coordinar el Proyecto Europeo EISPP, financiado con fondos comunitarios.

CFLabs participa en el Laboratorio de Protección Cibernética de Infraestructuras Críticas, una de las empresas adjudicatarias del Centro Nacional de Excelencia de Ciberseguridad. No es más que una subcontrata del Ministerio del Interior. La Comisión Europea adjudicó el proyecto a dicho Ministerio, al Instituto de Ciencias Forenses y de la Seguridad (ICFS) y a varias empresas privadas asociadas al mismo.

El Centro Nacional de CiberSeguridad es el primer centro de espionaje informático español creado tras el Programa de Infraestructuras Críticas (PEPIC) aprobado por la Unión Europea con el objetivo de ”proteger la seguridad nacional del ciberterrorismo y el espionaje industrial”, una necesidad creciente como consecuencia de la rivalidad entre las grandes potencias imperialistas y entre las grandes multinacionales. Tiene su sede en el campus de la Universidad Autónoma de Madrid donde reside el ICFS y está dotado con una subvención de más de 700.000 euros concedidos por la Comisión Europea.

Durante su detención a Bevilacqua le fueron intervenidos 140.000 euros en metálico, que justificó a la policía diciendo que era el pago de unos trabajos realizados para el CNI, si bien la policía maquilló su declaración, reemplazando las siglas del espionaje por “Defensa”. Su caso es parecido al de Hellín, otro asesor de los aparatos represivos del Estado. Impartía numerosos cursos de formación a jueces, fiscales y miembros de la policía y la guardia civil.

Bevilacqua fue quien capturó los correos electrónicos de Urdangarin, que fueron luego difundidos por Diego Torres, su antiguo socio en Noos. El abogado de Urdangarin pagó 7.000 euros a CF Labs para recuperar los correos electrónicos del disco duro de la agencia que llevaba las cuentas del Instituto Noos.

El pirata era omnipresente. También trabajaba para dos de los detectives implicados en la trama Pitiusa, Sara Dionisio y Juan Manuel Olivera. Este último era propietario de Vertex, la empresa que espió a Ignacio López del Hierro, marido de María Dolores de Cospedal. Ambos habían coincidido en la empresa Cybex con Bevilacqua antes de que éste fundara CF Labs.

El administrador de Cybex es el detective Juan de la Torre, de la agencia Intelligence Bureau y en ella trabajaba también Sergio Córcoles, policía local de Santa Maria de Palautordera, que era propietario de un apartamento en un complejo de cala Portinatx, en la costa ibicenca. Nadie se preocupó nunca por la fuente de ingresos de aquel modesto policía municipal que disfrutaba de tan lujoso chalet.

Tradicionalmente Baleares ha sido el núcleo de operaciones de espionaje. En este caso el jefe del CNI en las islas ha tenido que prestar declaración en la causa.

El CNI puso a Bevilacqua a trabajar para el gobierno de Chávez en materia de seguridad informática, aunque la prensa escribió la noticia al revés: "El imputado Matías Bevilacqua ha asesorado en materia de seguridad informática al Gobierno de Hugo Chávez", titulaba el ABC el 31 de julio del pasado año.

Las multinacionales son uno de los nichos de información y de negocio del espionaje moderno. Yolanda Menal, directora de recursos humanos de la multinacional Unilever en España, ordenó a Bevilacqua espiar tanto a proveedores como a empresas de la competencia. Pero además controló el correo electrónico de sus propios subordinados sin que se enterasen para afianzar su propio poder y utilizaba los datos para despedir a los trabajadores. En otras ocasiones Unilever los utilizaba para el chantaje. A través de las conversaciones telefónicas intervenidas se demuestra que ofrecían a los trabajadores permisos retribuidos como salida menos mala y, ante notario, le revisan su ordenador para dar así cobertura legal a las informaciones que habían extraído previamente del ordenador de forma ilegal.

Con el mismo fin de represión laboral, la multinacional Du Pont también intervino los ordenadores de tres trabajadores a los que quería despedir. Quien encargó las investigaciones en esta ocasión fue el director del gabinete jurídico, José Luis Badia, que tiene su despacho en Ginebra. El volumen de datos incautados en los discos duros de los correos alcanza los 13 gigas de documentación. Los informes que obran en el sumario son contundentes: los pinchazos de los correos electrónicos de los empleados se realizan para “motivar los despidos” ante los tribunales.

Bevilacqua también pinchó el ordenador del consejero delegado de Minas de Río Tinto, Carlos Estévez, por encargo de la competencia: “Pinchamos en Outlook, lo conectamos vía Imap, hacemos una réplica en local, podemos probar a descargarlo desde el despacho y, si funciona, ya no tenemos que hacer nada más”.

También fue citado a la comisaría de policía Eduardo Garriga, el antiguo director gerente de la compañía de seguros Mutua Universal.

En una de las conversaciones telefónicas grabadas por la policía al detective Aitor Gómez y a un tal Tino, un guardia civil le dice al detective: "Si vienen los del centro [CNI] es para dar cobertura al informante, no para organizar ellos nada [...] Es simplemente de protección, porque no se fían de la Guardia Civil, que es lo que me dijiste".

Lo bueno de montar estos tinglados, además de financiar el CNI, es que cuando se destapa presentan el asunto como si algún desaprensivo estuviera comerciando con datos privados para su provecho particular. Así es como presentaron el año pasado a la trama Método3 que espiaba a los futbolistas del Barcelona. En el caso Pitiusa son nada menos que 80 las agencias de detectives implicadas.

Ningún particular ni red privada es capaz de organizar algo así. El caso Pitiusa es la trama de criminal más importante organizada en Europa desde los tiempos de los GAL. Sólo Gladio es comparable. Han sido capaces de infiltrarse en el Inem, Hacienda, juzgados o policía y han accedido a todo tipo de información sobre cualquier persona que vive en este país. Contaban con tan buenos informantes que incluso algún soplón les alertó en diciembre de 2011 de que la policía estaba tras sus pasos.

Además del CNI formaban parte de su trama de colaboradores una red de funcionarios que se extendía por Hacienda, la Policía Nacional, la Guardia Civil, el INEM, el catastro, la Seguridad Social, Sanidad, Hacienda vasca, Tráfico, Registro de la Propiedad, juzgados, entidades bancarias, compañías eléctricas, empresas de alquiler de coches, agencias de viaje, compañías aéreas, Movistar, Orange, e incluso estaban a punto de conseguir un infiltrado en Visa y otros monopolios similares.

Para entender este tipo de entramados hay que entender que en su nuevo estatuto de personal el CNI está captando a sus espías entre directivos de multinacionales españolas y extranjeras. Para financiarse el CNI, vendía luego los datos a los bancos, preocupados por la solvencia de sus clientes, devoradores de un listado de nombres, teléfonos e historias laborales que crecía mes a mes.

Aunque el sumario tiene ya 60 tomos, no hay ningún cálculo sobre el volumen de datos e informes con los que ha traficado esta red a lo largo de los años que llevaba operando. Tampoco constan las personas que han sido espiadas. No se ha cuantificado la magnitud del delito, ni en dinero, ni los datos robados, ni las personas afectadas. La desconfianza hace pensar en la capacidad de la red para poder robar datos médicos y vendérselos a empresas aseguradoras, o a los mismos bancos en cuyas hipotecas incluyen seguros de vida.

Desde sus inicios el número de imputados ha pasado de los 70 iniciales a los 183 actuales. La progresión geométrica con la que aumenta indica que se trata solo de la punta del iceberg.

En la oficina del Inem de Badalona los funcionarios no solo atendían a los trabajadores que buscaban empleo, sino que también horneaban galletas, preparaban empanadillas, fabricaban camisetas y hacían fotocopias. Con esas palabras en clave se entendían los funcionarios de la oficina y Francisco García Pérez, "Paco El Conseguidor", funcionario jubilado que había trabajado en ella y seguía ejerciendo como intermediario de la red. En el sumario consta que una pareja de informadores, Ana Xicola y Eduard Ferrer Torres, pasaban cada mes "hasta 2.500 y 3.000 consultas" a Paco.

En la trama se han visto implicados todos los cuerpos del Estado (agentes judiciales, policía nacional, guardia civil, militares), todos ellos encabezados por los únicos que tienen patente de corso: los chicos del CNI. Las ramificaciones del caso salpican a ministerios como los de Trabajo e Interior, al CNI y un sin fin de jueces, militares y policías.


Ninguno de los 183 implicados está en prisión.

El artículo puede descargarse en PDF aquí: