martes, 22 de abril de 2014

Ruth First, una comunista en la vanguardia de la lucha contra el racismo

Juan Manuel Olarieta

La comunista Ruth First fue mucho más que un ejemplo de abnegación en la lucha contra el apartheid en Sudáfrica. No es fácil resumir su trayectoria. Cuando algunos acaban de descubrir el racismo hace unos minutos, sobre las espaldas de los comunistas sudafricanos pesaban décadas de cárcel, tortura y brutalidad cuyo recuerdo amarga la memoria, porque se escribió con sangre.

Desde la década de los cuarenta, cuando Sudáfrica era el baluarte del imperialismo en África, Heloise Ruth First ya militaba en las filas del Partido Comunista desde que era una joven estudiante. "Me considero africana y para mí no hay ninguna causa más apreciada", escribió unos años antes de morir.

Había nacido en 1925, en Johannesburgo, descendiente de inmigrantes que llegaron procedentes de Lituania en 1906. Sus padres, Julius y Mathilda, fundaron en 1921 el Partido Comunista Sudafricano con los más explotados y humillados del criminal régimen del apartheid.

Aunque siempre le apasionó la antropología, estudió ciencias sociales en la Universidad de Witwatersrand, donde trabajó junto con Nelson Mandela, con Eduardo Mondlane, el futuro dirigente del Frelimo (Frente de Liberación de Mozambique), con hindúes como J.N.Singh e Ismail Meer y con el futuro secretario general del Partido Comunista de Sudáfrica, el abogado Joe Slovo, otro comunista originario del Báltico.

Ambos fundaron la Federación de Estudiantes Progresistas y luego First se convirtió en dirigente de la Liga de la Juventud Comunista. Al acabar en la Universidad trabajó durante un tiempo en los servicios sociales del ayuntamiento de Johannesburgo, que pronto abandonó por desacuerdos políticos.

Entonces se lanzó en cuerpo y alma a la tarea militante, convirtiéndose en uno de los pilares del Partido Comunista. Uno de los primeros frutos de su trabajo fue la organización de un poderoso movimiento de solidaridad con los mineros en huelga. Pero en 1946 cambió de rumbo para seguir los pasos de John Reed, haciendo del periodismo militante un arma de combate. Se convirtió en editora de The Guardian, un semanario progresista.

Aún hoy su escritura es inigualable y, a pesar del tiempo transcurrido, nadie ha sido capaz de superar sus análisis del apartheid. A ella le corresponden las páginas más crudas del periodismo social sudáfricano. Cada historia vivida y narrada destila sufrimiento, explotación, marginación. First nunca necesitó recurrir a grandes frases sino que siempre buscó transmitir a sus lectores las terribles vidas de los negros, los indios, los trabajadores... En una época de confusión, ambigüedad y medias tintas, First sacude la conciencia con la peor de las ternuras, la que lleva nombre y apellidos, gentes de los barrios más pobres. "Les golpean, les encierran con llave por la noche, confiscan sus ropas y les ponen bajo la custodia de feroces perros para que se les quiten las ganas de huir. Se levantan a las 3 de la madrugada y se van a la cama por la noche", escribió en un artículo sobre las condiciones laborales de los trabajadores agrícolas de Bethal. Era la esclavitud en pleno siglo XX.

Ruth First informa de las primeras acciones de boicot a los transportes públicos, de las protestas de la comunidad indígena, de las luchas de los trabajadores sin techo que arrastran sus pies por los poblados barrios de Johannesburgo o El Cabo.

Tras la Segunda Guerra Mundial denuncia implacablemente el asilo que Sudáfrica presta a los nazis huídos de Europa. En 1947 protesta por la censura de una representación de Otelo en la Universidad de Witwatersrand, porque el personaje principal era interpretado por un negro.

El internacionalismo está muy presente en sus artículos. Defiende el derecho a la independencia de los pueblos coloniales: "El derecho a la libertad de los pueblos coloniales debe ser plenamente reconocido por las Naciones Unidas", escribe el 19 de junio de 1947, en The Passive Resister. Uno tras otro, el régimen racista cierra los periódicos en los que trabaja.

En 1949 se casó con Joe Slovo. El año anterior el Partido Nacional había ganado las elecciones y el país se sumió en la peor pesadilla del apartheid. El Partido Comunista tiene que pasar a la clandestinidad y la casa de los Slovo alberga reuniones políticas con negros, blancos, mestizos o hindúes.

El acoso de la policía llega hasta sus hijas Shawn, Gillian y Robyn: persecución, detenciones, registros... El testimonio de Shawn en la película "A World Apart" (Un mundo aparte), dirigida en 1988 por Chris Menges, es desgarrador. La clandestinidad no le impide a First dejar de escribir ni de organizar campañas. En 1956 la detuvieron junto a su marido Slovo, a quienes acusaron, junto a otros ​​156 militantes comunistas, de traición a la patria. Tras un juicio que se prolongó durante cuatro largos años, fue finalmente absuelta. Cuando en 1960, tras la masacre de Sharpeville, la losa del estado de excepción cayó sobre el país, First tuvo que huir a Suazilandia con sus hijas.

Pero seis meses más tarde regresó a Johannesburgo para incorporarse a la redacción del Johannesburg New Age, heredero del The Guardian. Además, puso en marcha Radio Liberty con una emisora móvil. Fue el momento en el que bajo la dirección del Partido Comunista el Congreso Nacional Africano desencadenó la lucha armada.

En 1963 la detienen de nuevo junto a otros dirigentes del Partido Comunista y el Congreso Nacional Africano. En el juicio condenaron a cadena perpetua a Nelson Mandela, Walter Sisulu y Govan Mbeki. First permaneció detenida en aislamiento durante 117 días, una experiencia estremecedora que relató en su libro "Hundred Seventeen Days".

Huyó al exilio, primero a Inglaterra, donde se unió a su familia. En 1972 escribió una obra fundamental sobre sobre el poder militar en África, "The barrel of a Gun". Nostálgica por África, se trasladó después a Libia, Tanzania y Maputo (Mozambique), donde murió en 1982, asesinada tras la explosión de una carta bomba que le enviaron los servicios secretos de Pretoria. Desde 1977 First dirigía una investigación sobre los niños emigrantes en Sudáfrica.

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