jueves, 11 de diciembre de 2014

Los bancos europeos siguen en la UVI

La versión oficial, o sea, la teoría, es que todo va bien en las finanzas europeas. No obstante, reaparecen los brotes negros: tres agencias de calificación han puesto de manifiesto cuatro factores de riesgo en la banca del Viejo Continente para la primavera del año que viene, lo que alienta la probabilidad de una crisis dentro de la crisis.

Según las agencias de calificación, la solvencia y credibilidad de los bancios europeos está por encima de cualquier tipo de sospechas. Todos han pasado con éxito las "pruebas de estrés". Han reestructurado sus fondos propios. Los porcentajes de liquidez y solvencia son sólidos.

¿Cuál es, pues, el problema?

El problema no son las respuestas sino las preguntas. Las "pruebas de estrés" están diseñadas para unas condiciones económicas ligeramente críticas y, desde luego, temporales. Las crisis no existen en las recetas económicas burguesas, y cuando la realidad muestra algo diferente, no tienen nada previsto van más allá de lo que consideran como un mal ciclo, algo pasajero.

Por ejemplo, las "pruebas de estrés" de la banca europea no tienen en cuenta una caída del precio de los inmuebles más allá del 30 por ciento actual. Tampoco han previsto una caída fuerte de los índices bursátiles.

Tres de las principales agencias de calificación, Standard and Poor’s, Fitch y Moody’s, han empezado a valorar el entorno económico europeo para el año que viene según cuatro factores de riesgo nuevos que el Banco Central Europeo no tiene en cuenta.

El primer factor son las condiciones económicas generales en Europa, que el año que viene va a continuar muy deprimida. No habrá crecimiento, no habrá actividad ni tampoco márgenes de beneficio y, por consiguiente, aumentarán las quiebras por insolvencia.

El segundo factor de riesgo concierne a una reglamentación y supervisión muy estrictas que, si bien incrementan la confianza, restringen la actividad bancaria, lo que somete a uno de los motores a un principio de precaución que frena el flujo de crédito.

El tercero procede de los Estados, que cada vez tienen menos mecanismos para intervenir en la economía y apagar los incendios.

El cuarto es la dificultad de gestionar una economía con una tasa de interés cero, o incluso negativa. Si los precios y los márgenes de beneficio son casi nulos, no hay aliciente para prestar dinero y, además, se corren demasiados riesgos. Los bancos no quieren arriesgar tanto por tan poco.

Esa es la paradoja actual: el Banco Central Europeo baja los tipos de interés para estimular una inversión muy mal remunerada.

La agencias de calificación no prevén un bancarrota para el año siguiente. Lo que dicen es que la economía europea sigue con respiración asistida. La más leve complicación llevará a más de uno a la tumba.

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