viernes, 31 de enero de 2014

La burguesía con ropajes marxistas o CJC sobre Gamonal

"La sustitución del Estado burgués por el Estado proletario es imposible sin una revolución violenta."[1]

Esta frase la dijo Lenin en su afamada obra "El Estado y la revolución", escrita en el año 1917. En este texto, Lenin nos explica de forma magistral la necesidad de destruir el aparato burocrático-militar del Estado burgués para poder crear a partir de ahí el nuevo Estado proletario, el Estado socialista, que progresivamente irá extinguiéndose conforme los antagonismos de clase vayan desapareciendo, hasta llegar a la sociedad comunista. Pues bien, parece ser que después de casi un siglo de este libro, no se han enterado de esto ciertas organizaciones que se declaran a sí mismas como "comunistas". En esta ocasión me vengo a referir a los llamados CJC (Colectivos de Jóvenes "Comunistas"), organización de ámbito juvenil cuyo referente es el PCPE ("Partido Comunista" de los Pueblos de España), que recientemente ha publicado un artículo en su órgano de expresión "Tinta Roja" con un título que por lo menos suena bastante atractivo: "Un acercamiento al debate sobre el uso de la violencia y la no-violencia en la lucha popular"

Para empezar, decir que más que un acercamiento, el texto parece más bien un distanciamiento. En este artículo nuestros queridos "tintarojistas" a lo que se dedican es a echar balones fuera aprovechando los últimos acontecimientos de las luchas obreras y populares que se han dado en nuestro Estado, en concreto, la lucha realizada por los habitantes del burgalés barrio de Gamonal. Estos vecinos se dieron cuenta que las vías pacíficas para conseguir la paralización de las obras del bulevar que en su barrio se quería construir eran insuficientes, y tomaron la vía de la lucha violenta como método para frenar las obras y, de hecho, las consiguieron frenar. Pero, de este acto de absoluta y ejemplar resistencia, nuestros "tintarojistas" han querido sacar un artículo, explicando que, si bien esta vía es útil, no es la única vía, ni tan siquiera la vía principal, todo ello dentro de un lenguaje bastante demagogo y poco concreto. Nuestros queridos camaradas han querido venirnos a explicar que ellos no son ni "pacifistas" ni tampoco "terroristas itinerantes", que ellos han encontrado el sagrado equilibrio entre estas dos posturas del movimiento de masas.

Bien, si esto último es cierto, nuestros queridos compañeros han encontrado el camino hacia la revolución de una manera cuanto menos "novísima", ya que nunca en la historia de la humanidad se ha dado una revolución como la que ellos predican. Pero bien, pasemos a examinar cómo es la revolución que nuestros camaradas han descubierto y que ha estado oculta para todos los marxistas-leninistas durante siglos. Para ello pasemos a analizar, cómo nuestros "tintarojistas" dan una "magistral lección" de "marxismo" a los que ellos llaman "fetichistas de la violencia":

"La violencia se ejerce contra personas o bienes con la esperanza de que la clase trabajadora, desorganizada, desarmada ideológicamente y sin ningún contacto con ellos se levantará al observar sus proezas en las pantallas de televisión... la revolución no se prepara acumulando fuerzas sino actuando diariamente contra todas las "manifestaciones" del sistema imperante."

Me parece curioso que digan que la violencia se ejerce contra "personas" o "bienes" pero ¿qué personas? ¿qué bienes? ¿Es acaso poco legítimo que un vecino de Gamonal que lleva años viendo como su barrio se arruina poco a poco, quedando cientos de familias en la calle en la más absoluta de las miserias, decida ahora quemar un contenedor? ¿Tienen nuestros "tintarojistas" algún tipo de cariño especial por el mobiliario urbano de esa zona? ¿O no será acaso que no capaces tan siquiera de organizar toda esa violencia espontánea que ellos llaman y por eso deciden echar balones fuera y atacarla sin ninguna piedad? Luego estaría bien que nos explicaran qué tipo de personas fueron sobre las que se ejerció la violencia, porque tampoco lo especifican y, que yo sepa, las únicas "personas" sobre las que los vecinos del Gamonal ejercieron la "violencia" fueron unos señores llamados policías, antidisturbios, etc. Es decir, estos vecinos ejercieron su legítimo derecho a la resistenciaante los atropellos y la represión que sufrieron por parte de los perros del Estado fascista español. ¿O hay que recordar todas las detenciones arbitrarias que la policía realizó durante las protestas, llegando a haber varias decenas de presos e incluso dos personas con cargos? ¿Está mal ejercer la resistencia contra todos estos atropellos? Que venga el señor que escribió este artículo y me lo explique, porque yo no entiendo nada. ¿Los comunistas a quién defendemos? ¿A la inmensa masa de trabajadores explotados por el capitalismo o a los antidisturbios? Porque si es a los segundos, señores, yo me bajo del carro.

La segunda parte del texto nos habla de que la revolución se prepara "acumulando fuerzas". Bien, y yo les pregunto a nuestros queridos periodistas: ¿cómo se acumulan fuerzas? Que yo sepa, la acumulación de fuerzas es parte de un proceso dialético en el cual la fuerza dirigente (el partido comunista) debe ligarse estrechamente a las masas, organizarlas y brindarles todo su apoyo en todas y cada una de las luchas que hagan. Si bien es cierto que muchas de las luchas obreras son espontáneas, lo que no se puede hacer es condenar este carácter espontáneo de las luchas, por muy violento que sea, sino comprenderlo, organizarlo y darle una dirección política, algo que nuestros "tintarojistas" no han entendido ni van a entender jamás. Para ellos, todo lo que vengan de fuera, será espontaneísmo despreciable al cual hay que denigrar, condenar y escupir. Si así pretender ganar a las masas, van por el mal camino. En este sentido hay una frase que siempre me ha parecido muy justa: "El partido debe de estar allí donde estén las masas y organizarlas; si las masas están en la desorganización, el partido debe ir a la desorganización y organizarla". Este cuento deberían aplicarlo nuestros iluminados camaradas, ya que donde se acumulan fuerzas es en el día a día de la lucha de masas, en la vanguardia de esta, dirigiendo esta lucha en primera línea de batalla, no en la retaguardia escondidos detrás de vuestras banderas y pegatinas.

"No tenemos reparos en recurrir a la violencia cuando esta táctica contribuye al fortalecimiento de nuestra estrategia;por eso estamos al lado del obrero de Gamonal que decide emplear la violencia para resistir a las cargas de la Policía Nacional y criticamos al anarquista que quema un contenedor en una manifestación. No hay contradicción alguna entre una postura y otra."

Decir que no existe contradicción entre una postura y otra, no quiere decir nada, amigos míos, porque, de hecho, la contradicción existe ¿Condenáis el que un militante anarquista queme un contenedor? ¿Qué pasa si lo quema (como hemos dicho antes) un obrero del barrio de Gamonal que no está organizado en nada? ¿Es igual de condenable? Si al fin y al cabo ninguno de los dos está organizado, ¿qué diferencia hay? ¿que uno se declara anarquista y otro no? ¿no puede haber obreros anarquistas en Gamonal? ¿las acciones de estos anarquistas es espontánea pero la del obrero desorganizado no? Que alguien me explique esto también, por favor.

Decía Lenin: "No son las acciones de guerrillas las que desorganizan el movimiento, sino la debilidad del Partido, que no sabe tomar en sus manos tales acciones."[2] Y esto mismo es lo que nuestros queridos "tintarojistas" no han entendido. Las acciones de guerrilla urbana en este caso y demás no son malas, ni desorganizan al movimiento de hecho; estas respuestas son naturales por parte de la clase obrera, sobretodo ante la represión y las condiciones de miseria que el Estado capitalista español les impone. Los obreros llegan a un punto en el que no pueden más, estallan y pasan a la ofensiva de manera desorganizada y espontánea. Pero el problema no está en que el obrero pase a la ofensiva, el problema es que los que se llaman a sí mismos "partido comunista" como nuestro aclamado PCPE no sepan organizar esta ofensiva y se dediquen a decir que estos métodos violentos son obra de individualistas, blanquistas, espontaneístas, anarquistas y una larga ristra más de adjetivos... Si eres el partido, tienes que saber organizar estos momentos de ofensiva y de actividad violenta de las masas y darles una dirección política, pero al parecer a nuestros "tintarojistas" esto no les importa demasiado y pasande darle importancia a una cuestión que es fundamental.

Con todo este párrafo lo que vengo a concluir es que a los CJC les parece muy bien si tal vez un obrero de un CUO decide quemar una papelera. Sin embargo, si lo hace una persona de otra organización o simplemente un obrero que está harto de la situación y que no milita, les parece un pecado, un ataque contra el movimiento revolucionario. ¡Y encima lo condena! Todo un ejemplo revolucionario el que nos dan nuestros CJC.

Sigamos pues con el resto del artículo:

"A riesgo de despertar críticas airadas de los fetichistas de la violencia, diremos que para nosotros es preferible una manifestación pacífica con miles de obreros a un altercado violento protagonizado exclusivamente por gente politizada."

Esta es una de las partes en las cuales más se retratan. Para ellos, sacar a miles de obreros a las calles en una manifestación les parece la cosa más sencilla del mundo, y fácil de hacer además. Es tan fácil que no les es necesario ni que los obreros estén politizados: los obreros salen por su propia moral cristiana en manifestación, no salen debido a su conciencia política para conseguir un fin político, claro que no. Los CJC tienen un concepto curioso de lo que significa el movimiento revolucionario. Ellos no intentan politizar a la gente; ellos sólo quieren sacar una multitudinaria manifestación a la calle para hacerse la foto y, después, vuelta para casa. Creo que no hace falta aclarar que nosotros los marxistas preferimos siempre la calidad antes que la cantidad y que, además, nuestra finalidad es dar un sentido político a las luchas obreras (politizar a los obreros). Se ve que el PCPE prefiere sacar 3000 personas a las calles sin politizar, simplemente por el mero hecho del movimiento por el movimiento. Ellos no persiguen un fin como perseguimos los marxistas, ellos sólo persiguen el movimiento, las manifestación llenas de gente que van dando vueltas sin sentido por toda la ciudad, como si de zombies se tratara. ¡Qué curiosa es la línea política de los CJC! ¿He oído Bernstein?

"Aún seguimos preguntándonos cómo logran algunos de estos izquierdistas, aquellos que no se casan con la tradición libertaria pero sí actúan como si fuesen parte de ella, reivindicar la revolución de octubre de 1917 si ésta se logró prácticamente sin muertos."

¿Es necesario decir que esto es una absurda memez? ¿En serio alguien que haya leído esto se lo toma enserio? En fin, se habla de hasta de 5 millones de muertos en el bando del Ejército rojo durante la guerra civil rusa, sólo durante la guerra civil rusa, sin tener en cuenta todos los acontecimientos de la revolución de octubre y demás. Debe ser que, para los CJC, 5 millones de heroicos combatientes soviéticos les parecen pocos y no les importan demasiado. Tal vez hay que explicarles las diferencia entre muchos y pocos, porque no la han entendido bien, quien sabe. De igual forma no voy a profundizar más en este tema porque me parece que este argumento se cae por su propio peso. Por cierto, los primeros que empezaron a dar una visión de la revolución rusa como una revolución pacífica y sin apenas muertos, fueron los jruschevistas ¡Qué embarazoso!

Citemos de nuevo a Lenin si les parece:

"En toda guerra, cualquier operación lleva un cierto desorden a las filas de los combatientes. De esto no puede deducirse que no hay que combatir. De esto es preciso deducir que hay que aprender a combatir. Y nada más."[3]

¿Bien, algo más que decir? ¿Señores de CJC el problema es de las personas que combaten al sistema, o de ustedes que no son capaces de aprender a combatir?

Otra vez:

"Cuando veo a socialdemócratas que declaran arrogante y presuntuosamente: nosotros no somos anarquistas, ni ladrones, ni bandidos; estamos por encima de todo eso, rechazamos la guerra de guerrillas, me pregunto: ¿comprenden esas gentes lo que dicen?"[4]

¿No les recuerda extrañamente la posición que los CJC mantienen a la visión socialdemócrata que Lenin está criticando en este ocasión? Será que la nueva revolución que los señores de los CJC han encontrado y que permanecía oculta ¿Es acaso el mismo concepto de revolución que tenían estos socialdemócratas rusos condenadores de la guerra de guerrillas? En efecto, podemos concluir que sí, que esto es así y que es totalmente justa esta afirmación.

Por tanto, y para ir concluyendo, porque sé que el artículo ya se ha hecho bastante extenso, me gustaría decirles a nuestros "tintarojistas" que sacar de contexto frases y demás sin entenderlas y sin darles un fundamento político, y sin aplicarlos a la realidad concreta, no sirve de nada, pues son sólo frases al fin y al cabo. Como decía Lenin, los marxistas debemos saber adaptarnos a los métodos de lucha existentes del momento concreto en el que desarrollemos nuestra tarea política y en estos momentos ese tipo de lucha en el Estado fascista español, si quiere ser consecuente, debe de ser realizada de manera clandestina, y orientada a dirigir un movimiento político de resistencia independiente del Estado, puesto que, en la época que nos ha tocado vivir, el Estado jamás nos dejará acumular fuerzas de manera pacífica y legal, como ya tantas y tantas veces nos ha demostrado. Sólo hay que echar un vistazo a nuestro código penal encontrarte leyes como "La ley de partidos" o las distintas "Leyes antiterroristas", u ojear nuestro pasado más reciente con el terrorismo de Estado para darte cuenta de que la realidad que nos ha tocado vivir. La tarea de organizar la revolución, es muy distinta a la tarea de los bolcheviques en el 1917, ya que es una tarea mucho más ardua y complicada, que posee en nuestro caso un carácter prolongado.En nuestra realidad concreta, el método de lucha no puede ser legal como nuestra propia experiencia demuestra. Por mucho que que nuestros amigos del CJC se empeñen en decirlo. Pero, en fin, esto es lo que pasa cuando unos filisteos que se hacen pasar por comunistas, intentan entrometerse en los asuntos de los verdaderos revolucionarios profesionales, es decir, de los comunistas.

¡Ah, por cierto! ¡Casi se me olvidaba! Sobre el tema de Blanqui, solamente decir que para ser una persona totalmente desconocida por las masas, tuvo uno de los entierros mas multitudinarios que se recuerdan y consiguió llegar a ser diputado, aun estando en la cárcel, siendo elegido por las masas populares francesas. Así que, si Blanqui apenas era conocido, también creo que sería correcto concluir que el PCPE ni tan siquiera existe, pero eso es otro debate. Señores de CJC, que una cosa es criticar el blanquismo y otra cosa es falsear la historia, aunque, bueno, por otro lado, lo de falsear la historia es algo que ustedes y su partido saben hacer bastante bien.

José Guillén.

Notas:

[1] Lenin: El Estado y la revolución- Capítulo I / Apartado IV: "La extinción del estado y la revolución violenta" Edición: http://www.marxists.org/espanol/lenin/obras/1910s/estyrev/
[2] Lenin: Guerra de Guerrillas- Capítulo III / Párrafo VII Edición: http://www.marxists.org/espanol/lenin/obras/1900s/30-ix-06.htm
[3] Lenin: Guerra de Guerrillas- Capítulo III / Párrafo X Edición: http://www.marxists.org/espanol/lenin/obras/1900s/30-ix-06.htm
[4] Lenin: Guerra de Guerrillas- Capítulo III / Párrafo XI Edición: http://www.marxists.org/espanol/lenin/obras/1900s/30-ix-06.htm

'Tinta Roja' resbala hacia la infamia fascista


 Juan Manuel Olarieta

Con la invocada pretensión de abrir un debate sobre el uso de la violencia en la lucha popular, Domenec Merino publica un artículo en la revista "Tinta Roja" (*), que es verdaderamente bochornoso, porque en este país no hay ni puede haber tal cosa. Los que califican a eso como un debate o sueñan que tal debate es posible aquí y ahora, engañan a sus lectores, por una sencilla razón: porque sólo se pueden expresar los mismos de siempre, los fascistas, los pacifistas y los oportunistas. El debate se reduce a ellos; ellos se lo guisan y se lo comen.

Por el contrario, esos a los que Domenec califica como encapuchados (blanquistas, anarquistas) no pueden exponer abiertamente sus propuestas. El debate está, pues, trucado desde el principio. Domenec sabe que tiene carta blanca, que no le van a acusar de "apología del terrorismo", mientras que los otros tienen un problema mucho más serio: tienen que callarse la boca, lo que los oportunistas como Domenec aprovechan a la perfección para explayarse en exclusiva.

Bajo la ridícula pretensión de una "observación empírica de la sociedad" el artículo hace apología del fascismo y de la represión; critica un tipo de violencia, la de las masas, y oculta la violencia de los antidisturbios, que deja en un segundo plano.

Según el cabecilla de CJC, en Gamonal la lucha ha revestido un carácter violento, lo cual es sólo una parte de la realidad. Esa ocultación va luego seguida de una segunda, aún más importante: ¿por parte de quién ha sido violenta?, ¿quién es el violento?, ¿a quién llama violento Domenec?, y ¿quién hizo que lo que hasta un determinado momento era pacífico cambie de signo? ¿Acaso la lucha en Gamonal empieza con las barricadas o más bien acaba en ellas?

Para lavar la cara a los antidisturbios los apologistas del Estado burgués dicen que la policía acude a una manifestación para reprimir la violencia de los manifestantes y, por lo tanto, son los manifestantes los que tienen la culpa de ella, de la intervención de la policía y de la violencia que desencadena. Pero no explican los motivos por los cuales la policía acude a una manifestación. ¿Qué pinta la policía en una manifestación? Es más: ¿qué pinta la policía en una manifestación antes de que suceda ningún episodio de violencia?, ¿no tratan de intimidar a la gente para que no acuda?, ¿no es eso violencia y amenaza de la violencia?, ¿no es la policía la causa de la violencia en las manifestaciones? Eso es lo que merece una explicación para entender lo que Domenec y demás oportunistas llaman "la violencia".

En un ejercicio de maniqueísmo infantil, Domenec establece una dicotomía absurda según la cual hay dos tipos de personas. En primer lugar, el obrero de Gamonal que decide emplear la violencia para resistir a las cargas de los antidisturbios y, en el otro, el anarquista que quema un contenedor en una manifestación. Pero, ¿acaso los anarquistas no son obreros, ni son de Gamonal?, ¿son extraterrestres llegados de Euskadi, como dicen los fascistas, con el manual de la kale borroka en la mano?, ¿quemar un contenedor no es una forma de resistir a las cargas de los antidisturbios o tiene Domenec su propio manual de kale borroka sobre el mejor modo de resistir a las porras y los pelotazos?

Ese maniqueísmo corre paralelo con el invento de otras dos concepciones que Domenec considera "profundamente arraigadas" en la sociedad. Por una parte, los no violentos y, por la otra, los herederos de Blanqui, los de la "cara tapada". Pero ese planteamiento es falso. En realidad Domenec sólo quiere hablar en contra de estos últimos para apoyar a los anteriores, a los no violentos, de una manera camuflada, sin que se le vea el plumero demasiado.

Para despacharse a gusto contra los "herederos de Blanqui", Domenec se tiene que inventar las dos cosas, es decir, tanto a Blanqui como a sus herederos. Entre los oportunistas como Domenec el recurso al comodín de Blanqui y el blanquismo es una constante. Lenin fue acusado de blanquismo por los mencheviques y Rosa Luxemburgo ya avisó de las manipulaciones que los revisionistas hacían hace cien años de la etiqueta de Blanqui, aunque lo más corriente es que no tengan ni la más remota idea de quién fue Blanqui y qué fue el blanquismo.

El cabecilla de CJC dice que Blanqui pasó media vida detrás de los barrotes por su lucha revolucionaria, añadiendo que la misma fue "absolutamente ignorada por la clase obrera". ¿También eso lo ha observado empíricamente este manipulador? Domenec necesita tergiversar las cosas para que queden a su gusto, de manera que pueda introducir por la rendija la "vocación de masas" de su grupo, su afán por ser conocidos, de convertirse en referente y actuar a cara descubierta. Pues si CJC quieren ir por ese camino lo que deberían hacer es tomar ejemplo de Femen, que son más conocidos aún y actúan completamente al descubierto.

Los blanquistas tuvieron una relación con las masas que CJC no es capaz de imaginar siquiera. Ellos fueron, junto a los proudhonistas, el partido obrero dominante en Francia en el siglo XIX, participaron de una manera decisiva en la Revolución de 1848 y en la Comuna de París de 1870, tras la cual algunos se exiliaron a Londres, donde Marx los acogió solidariamente e incorporó a la Primera Internacional. ¿No fue eso "vocación de masas"?

Engels dijo que Blanqui había sido un "precursor". Los oportunistas deberían lavarse bien su sucia boca antes de hablar de alguien que pasó 35 años de su vida encerrado en las cárceles por participar activamente en los acontecimientos europeos más importantes del siglo XIX al lado de la clase obrera. La liberación de Blanqui de la cárcel fue una exigencia constante del movimiento obrero francés, que logró sus objetivos en varias ocasiones mediante la lucha popular, es decir, que no fue el personaje aislado y solitario que Domenec quiere dibujar, que no fue de esos que "renuncian a tener contacto con las masas" porque los blanquistas fueron los únicos que tuvieron diez delegados en el Consejo de la Comuna de París, convocaron manifestaciones de decenas de miles de obreros, obtuvieron escaños en el Parlamento con otros tantos miles de votos procedentes del proletariado y reunieron a otros 100.000 en el funeral de Blanqui.

¿Pero acaso hay alguien que renuncie tener contacto con las masas o más bien a lo que renuncian es al contacto oportunista, legalista y pacifista con ellas, que es lo que este capitoste de CJC aplaude?

El oportunismo de Domenec se torna en puro idealismo infantil cuando dice que prefiere "una manifestación pacífica con miles de obreros a un altercado violento protagonizado exclusivamente por gente politizada". El problema es que no se trata de elegir entre una cosa u otra, porque lo corriente es que ocurran ambas cosas, es decir, que una manifestación pacífica acabe en un altercado violento. Otro problema es que quien elige no es él, ni nadie diferente de la policía porque ella es la única responsable de la violencia y sólo a un infame sicario suyo se le ocurre asegurar que la violencia la protagoniza "exclusivamente" la gente politizada.

La infamia va alcanzando tonos realmente vergonzosos cuando Domenec propone dar la espalda a los encapuchados porque "bien podrían ser policías". Para cualquier antifascista con la policía no cabe otra: darle la espalda. Pero Domenec es un cínico sin escrúpulos que trata de justificarse en la infiltración policial para "dar la espalda" al manifestante, lleve capucha o no, y su cinismo le sirve para disimular que, en realidad, él a quien defiende es a los antidisturbios.

Domenec va alcanzando el éxtasis cuando dice que la revolución de 1917 "se logró prácticamente sin muertos". Como los demás reformistas, para sostener ese infundio utiliza el truco de reducir la revolución al asalto al Palacio de Invierno, y poco más. Pero la revolución nace dentro (y es inseparable) de una brutal guerra imperialista y fue seguida de una no menos brutal guerra civil, de la que también es inseparable. Para que la revolución triunfara los bolcheviques prepararon un meticuloso dispositivo militar, de manera que las fotos del momento no muestran a los obreros y campesinos con las manos vacías sino bien armados de fusiles, de los que conocían su manejo.

Lenin escribió muchas cosas, pero no recuerdo que dijera, como pretende Domenec, que "una revolución no tiene por qué ser violenta" y que "la violencia depende de la resistencia que ofrezca la burguesía". Pero lo dijera o no, eso es rigurosamente cierto y para entenderlo cabalmente Domenec debería haber añadido que la burguesía no sólo va a resistir sino que lo va a hacer de la manera feroz y brutal que acostumbra. Lo que ocurre es que, al alinearse Domenec con los fascistas, tiene su mismo punto de vista, lo que le lleva a dar la vuelta al asunto una vez más.

La violencia es responsabilidad del aparato del Estado fascista y de la contrarrevolución; ahora mismo no tiene sentido decir que la burguesía resiste; quien resiste es el proletariado.

(*) Domenec Merino: Un acercamiento al debate sobre el uso de la violencia y la no-violencia en la lucha popular, Tinta Roja, 30 de enreo de 2014, http://www.tintaroja.es/opinion/260-un-acercamiento-al-debate-sobre-el-uso-de-la-violencia-y-la-no-violencia-en-la-lucha-popular

martes, 28 de enero de 2014

En Euskadi el movimiento independentista necesita una aclaración


Juan Manuel Olarieta


La situación en Euskadi pivota sobre tres ejes fundamentales, sin los cuales es imposible entender los acontecimientos más recientes. El primero es la persistencia del fascismo, de España como Estado fascista y a eso, y no a otra cosa, es a lo que se enfrenta el movimiento de liberación en Euskadi. El segundo es la degeneración revisionista del PCE, que en Euskadi tuvo su prólogo en los tiempos de la guerra civil con Astigarrabía, es decir, ya antes de 1956, y cuyas consecuencias fundamentales fueron la confusión y el seguidismo respecto del movimiento nacionalista. El tercero es el cambio social ocurrido a partir de los años sesenta, que incorporó al proletariado urbano sectores campesinos rurales, que aportaron sus propias concepciones ideológicas, las cuales acabaron por imponerse porque el revisionismo les abonó el terreno.

Se puede decir, pues, que el movimiento nacional en Euskadi es ambiguo por partida doble y se alimenta a sí mismo con la riada de chovinismo y centralismo que llueve cada día. Por su propia naturaleza de clase todo movimiento nacionalista es ambiguo hasta cierto punto, por lo que el vasco no se diferencia de otros, sino que es una ambigüedad mucho más acusada, cuantitativa y cualitativamente. Dado que la confusión viene de lejos, la mezcolanza está profundamente arraigada, y dado que el movimiento se ha enfrentado de una manera consecuente al Estado, ha tenido una repercusión mucho mayor que otros.

Aunque un movimiento nacional es siempre socialmente amplio, quien lo define es su fuerza dirigente, que es quien impone las formas de organización, las líneas, los programas, e incluso una terminología propia y característica. No obstante su composición social, la masa que lo conforma, en el movimiento abertzale esa fuerza dirigente ha sido la pequeña burguesía, a la que el revisionismo le ha permitido arrastrar tras de sí a una parte importante del proletariado. A eso es a lo que llaman "pueblo trabajador vasco".

Si hay un lugar en el que la claridad es más necesaria que en otros, ese es Euskadi, y no caben eufemismos; todos los intentos por escurrir el bulto son contraproducentes. No será necesario decir que tal clarificación sólo puede redundar en un reforzamiento y un avance del propio movimiento de liberación nacional. Si hay alguien a quien hay que hablarle claro es a aquel con el que hay confianza, al amigo, al aliado, mientras que con el enemigo no se discute nada. Tampoco creo necesario recordar que con los amigos no valen medias tintas. Yo no puedo ser amigo de nadie que no me hable claro, que piense una cosa y me diga otra, que no sea franco conmigo. Finalmente, tampoco creo necesario puntualizar que no se puede confundir la amistad con el amiguismo. El aliado, el amigo no es el amiguete, ni el colega, es decir, ese tipo de relaciones, más personales que políticas, que tanto abundan en determinados círculos.

Aparentemente ha sido la liquidación de lo que durante estos años ha sido la izquierda abertzale lo que ha creado la confusión, pero no es así. El movimiento de liberación nacional ya ha empezado a liberarse, por fin. Esa liquidación, lo mismo que la liquidación de la URSS en 1991, es lo que va a favorecer una aclaración que era necesaria desde hace mucho tiempo. La izquierda abertzale necesita imperiosamente un ajuste de cuentas consigo misma y veremos la manera en que lo aborda porque si se escuda en el "tono" o en las "formas" de la crítica, o si se las toma como una agresión, sigue por el mal camino, lo mismo que siempre.

En lo que el proletariado respecta, una amplia experiencia histórica demuestra, una y otra vez, que no puede abandonar la dirección ni de la lucha antifascista ni del movimiento de liberación nacional, y para dirigir necesita un partido comunista, que no se parece, ni de lejos, a ninguna otra forma de organización de ninguna otra clase social, que tiene un programa propio, su línea política, su propia ideología y sus propios principios. Ese es el punto de partida, de manera que si en Euskadi no hay un partido comunista, lo primero que hay que hacer es crearlo, y si ya existe hay que unirse a él. No se puede empezar nada por ningún otro sitio, y menos por el final. El partido comunista es el eje de coordenadas; todo lo demás empieza a contar a partir de ahí.

Pero la experiencia del "frente norte" en la guerra civil demuestra que ni siquiera eso es suficiente. A pesar de la demagogia que durante décadas ha alimentado el PNV, en dicho "frente norte" no hubo realmente guerra porque bajo Astigarrabía el PCE entregó la dirección a la burguesía, una tarea que ésta no puede llevar a cabo. En la medida en que la liberación nacional de Euskadi hoy es más de lo mismo, hay que acabar con el seguidismo de los comunistas en Euskadi respecto a la burguesía y al movimiento nacional, o lo que es lo mismo, poner ese movimiento en manos del proletariado y su partido comunista.

Pero no es eso lo que han llevado a cabo en Euskadi la mayor parte de los grupos que se llaman comunistas que, como en los tiempos de Astigarrabía, siguen siendo un apéndice de la burguesía, que se mueven cómodamente dentro de la confusión, de los "frentes" y las "alianzas", como pez en el charco. Nunca han pretendido ser otra cosa que una parte residual de ese movimiento nacional y en la medida en que dicho movimiento está en trance de liquidación, forman parte integrante de su naufragio.

Las tendencias liquidacionistas siempre han estado presentes dentro del movimiento abertzale, cuya historia es un continuo tejer y destejer de escisiones, corrientes y siglas cuyo hilo conductor es casi imposible seguir a lo largo del tiempo, hasta que, finalmente, se metió en el embudo de sus propias ambigüedades, de las que incluso tanta ostentación ha hecho gala. No se trata de que no haya identificado quiénes son sus enemigos, sino que nunca ha sabido quiénes eran sus amigos, lo cual conduce siempre a tener a los enemigos por amigos y a ver enemigos ("españolistas") donde no los hay.

Lo nuevo no es que ahora haya liquidadores sino que se han impuesto precisamente en un momento en el que, dada la crisis económica, las condiciones son más favorables que nunca para el movimiento independentista. El momento que han elegido para proclamar su rendición a los cuatro vientos no es ninguna casualidad, coincide con la crisis capitalista de 2007, que ha puesto las cosas en el sitio justo en el que la izquierda abertzale nunca las quiso tener. Ahora el protagonismo corresponde a la clase obrera y eso es justamente lo que la liquidación trata de impedir, vincular las reivindicaciones nacionales a la revolución socialista, que es el núcleo de la olvidada (y nunca aclarada) consigna de "independentzia eta sozialismoa".

La crisis económica, pues, vuelve a poner al partido comunista en el eje de coordenadas, cuya línea debe ser distinta, cuyo programa debe ser distinto y cuyas formas de organización también deben ser distintas de las del movimiento nacional.

lunes, 27 de enero de 2014

Eres semilla de libertad

José Guillén

En esta vida, se pueden tomar muchos ejemplos, el ejemplo del analfabeto político que se queda en casa más preocupado en si el conjunto que lleva presenta una armonía cromática correcta que de si va a tener dinero para comer el mes que viene, del "gran concienciado revolucionario" que dice estar en contra de el poder de la oligarquía financiera y que también dice conocer muy bien cuál es el problema de todos los males de la clase obrera y del pueblo, pero que no "lucha" debido a que "nadie hace nada", de este último se pueden contar por cientos por cierto, sin embargo, hay un ejemplo que es el que a mi por lo menos me sirve para levantarme cada día, es el que me sirve para soñar con un futuro esperanzador, un futuro de libertad, un futuro donde la explotación y el yugo que el fascismo español ejerce sobre las clases populares, haya desaparecido por completo, ese ejemplo, es el ejemplo de la resistencia antifascista y en mi caso particular es el ejemplo de un incansable combatiente comunista, asesinado de manera sádica un 20 de abril de 1979 por las fuerzas represivas fascistas del estado español en Madrid, su nombre era: Juan Carlos Delgado de Codes.

Nacido en Segovia, Juan Carlos a muy temprana edad se marcha a Cádiz, ciudad que le verá crecer y que además será testigo de su desarrollo como uno de los dirigente comunistas más importantes del estado Español. Entra en contacto con las primeras obras de Marx y Lenin mientras estudia Náutica a la par que trabaja como conserje en el colegio de médicos de Cádiz, desarrolla una intensa actividad política durante la huelga vivida en el propio colegio a la par que su nivel de conciencia va cada vez más en aumento.

Cuenta Francisco Brotons [Antiguo preso político del PCE (r) y los GRAPO] en su libro "Memoria antifascista: Recuerdos en medio del camino" que el primer contacto que tiene Juan con la por entonces OMLE, lo realiza a través del grupo teatral gaditano "Quimera", este grupo, fue creado por Sanchez Casas, [histórico dirigente guerrillero de los GRAPO, muerto por negligencias médicas en la cárcel] y destacaba por las numerosas representaciones que realizaba en denuncia del fascismo, de la represión del estado, de las injusticias que día a día la clase obrera tenía que soportar, a través de obras propias y también de "autores prohibidos" como Bertolt Brecht. Pasa posteriormente a ser parte de la OMLE donde estaca rápidamente por su capacidad de análisis y de liderazgo, impulsa la OMLE en Andalucía y es elegido en la V conferencia de la OMLE como miembro del comité de dirección, trabajó arduamente desde la clandestinidad y consiguió incorporar a numerosos cuadros a la organización,  posteriormente participará en Junio del 1975 en el congreso reconstitutivo del partido en calidad de Delegado y será elegido como miembro del comité central del PCE(r).

En 1976 es detenido en Galicia, donde es sometido a terribles torturas por la polícia los cuales que le llegaron a romper varias costillas,  durante su estancia de dos años en la cárcel recibirá muchas más torturas y extorsiones por parte de los carceleros en esta ocasión. Al salir de la cárcel, recibe la noticia de que el comité central del PCE (r) en su plenitud ha caído durante un pleno en Benidorm, por lo cual, recae sobre él, la responsabilidad de reorganizar el partido tras la caída, pasando a ser secretario general en funciones en unas condiciones de absoluta clandestinidad y de persecución por parte de las fuerzas del estado, los cuales le persiguen constantemente tanto a él como a su familia, llegando inclusive hasta a detener y encarcelar a su propia mujer. Juan Carlos a pesar de todos los esfuerzos para mantenerse lejos del alcance de la policía, es localizado por esta y es perseguido hasta el metro de Lavapiés, en la puerta, es rodeado por tres policías, a Juan Carlos le disparan a bocajarro en la sien y dan posteriormente la vuelta a su cadáver para que pareciera un enfrentamiento, ningún policía fue jamás juzgado por estos crímenes aún a pesar de que los testigos presenciales declararon que la policía había disparado contra un Juan Carlos que iba absolutamente desarmado. Tiempo después se sabría que el responsable de todo el operativo fue Roberto Conesa (el mismo que fue responsable de las ejecuciones de las 13 rosas) uno de los mayores torturadores y asesinos que ha conocido este estado. Las fuerzas policiales acabaron ese día con uno de las mentes más brillantes que el movimiento obrero español haya visto jamás, dejó huérfano de padre a su hijo Juan Carlos, nacido en la clandestinidad y que con únicamente cuatro meses de edad, veía como el estado le arrebata la vida a su padre, además dejaron huérfano a todo el proletariado de este país, Juan Carlos era demasiado peligroso para el estado, pues representaba un valor que el fascismo de este país lleva más de 70 años intentando desprestigiar y erradicar, pero que nunca ha conseguido eliminar, el valor de la RESISTENCIA. 

Por si no fuera poco, los perros policiales y la prensa [Entre estos periodistas, Pío Moa, quien decía ser un gran amigo de Juan Carlos] comenzaron una campaña para empañar su figura, acusándole de ser uno de sus chivatos y colaboradores, a todas estas difamaciones contestó en una carta Martín Eizaguirre [fundador de la OMLE y dirigente del PCE(r)]: "Donde las «revelaciones» sobrepasan todos los límites de la mentira y de la calumnia, es cuando afirma que la detención del CC del PCE(r) el 9 de octubre de 1977 en Benidorm, se llevó a cabo gracias a las confidencias mal pagadas del desaparecido Delgado de Codex..."
"...Delgado de Codex fue un comunista ejemplar, un dirigente querido y respetado por todos sus camaradas así como por todas las personas honradas que le conocieron.

Hijo de Castilla, heredero y continuador de las tradiciones revolucionarias castellanas que tanto queremos y respetamos en Euzkadi, no hay ni habrá fuerza en el mundo capaz de ensuciar su querida memoria..."

La comisión política del PCE (r) tuvo una rápida respuesta ante el asesinato de Juan Carlos denunciando su asesinato, y llamando a la clase obrera a fortalecer el movimiento de resistencia, es decir, a continuar la obra por la que el camarada De Codes había dado su vida.

Al principio del artículo, hablaba del "futuro de libertad"  que todas las masas obreras y populares del estado fascista español llevan tantísimo tiempo queriendo conseguir, pues bien, en este sentido hay que recordar que en el funeral del propio de Codes, hubo un grito que se quedó en la mente de todos los asistentes, el grito era: "¡Tu sangre es semilla de libertad!" y nunca un grito fue más acertado.

Para que haya libertad, debemos cosecharla con nuestra lucha y nuestra resistencia, Juan Carlos planto su semilla para que la flor de la libertad y el socialismo acabara floreciendo algún día, la plantó con su vida y la regó con su sangre, y no podemos permitir que su sacrificio haya sido en vano, no podemos permitir que esa semilla acabe pudriéndose, debemos seguir alimentándola con nuestro esfuerzo incansable e incondicional a la causa del movimiento obrero, Juan Carlos sabía que se arriesgaba a perder todo lo que tenía incluida su propia vida, para que en un futuro todo el pueblo viviera en libertad, debemos tomar su ejemplo, es el ejemplo que debemos tomar como modelo a seguir, seguirlo ciegamente y sin claudicar JAMÁS, porque así y solamente así conseguiremos la victoria final, pero esa victoria, no será sólo nuestra victoria, será la victoria de nuestros hijos, de nuestros nietos, pero también será la de nuestros padres, la de nuestros abuelos, la de los combatientes que ya han dado la vida por ese triunfo, que ya han dado su vida por la revolución, la victoria también de los que darán su vida por la propia revolución. Por todo esto, yo por lo menos seguiré este ejemplo, ya que no podría  mirar a las caras de mis hijos sin saber que lo he dado absolutamente TODO por la revolución, sin saber que he consagrado mi vida a honrar el recuerdo, la memoria y a continuar la incansable lucha que el movimiento político de resistencia y gente como Juan Carlos Delgado de Codes han realizado durante décadas.

sábado, 25 de enero de 2014

La izquierda de la izquierda

La crisis del capitalismo no sólo despierta un movimiento revolucionario sino, al mismo tiempo, un movimiento contrarrevolucionario. Si uno lee la historia no debería sorprender tanto como sorprende. ¿Alguna vez ha existido una revolución sin contrarrevolución, es decir, sin fascismo, racismo, populismo y demagogia?

Esas lacras del capitalismo son la esencia misma del lerrouxismo que hoy, con los medios de comunicación burgueses en primer plano, especialmente la televisión, toman nuevos aires en los índices de audiencia. En épocas de crisis los medios llevan la demagogia al terreno político; sustituyen la prensa rosa por El Intermedio y a Belén Esteban por Pablo Iglesias. Necesitan cambiar los rostros, nuevas vedettes del entretenimiento político y nuevas siglas que sustituyan a las ya viejas, gastadas y desacreditadas.

El lema del capitalismo es "renovarse o morir", tanto en el supermercado como en las urnas. Pero a la hora de hacer cualquier cambio la reacción (la derecha, los conservadores) muestra un serio handicap: son siempre más de lo mismo, aburridos, grises, tediosos. Por ello, toda renovación del Estado burgués procede de la izquierda, que es capaz de hacer desfilar unas siglas tras otras, de aportar nuevos figurines críticos, programas ilusionantes y piquitos de oro.

En Francia ocurre lo mismo y ha encontrado en José Bové su Pablo Iglesias particular, pero mientras éste es el típico diletante hispánico, charlista infatigable y vendedor de humo, con 60 años el galo tiene una tarjeta de visita que presentar: es nada menos que un campesino contestatario, radical y varias veces represaliado antes de ser eurodiputado.

A diferencia de Iglesias, Bové ha demostrado que se pueden prestar importantes servicios al capitalismo europeo luchando contra el neoliberalismo. Cuando en 2005 peligró la Constitución europea por la oposición de la sopa de grupos de izquierda, verdes y alternativos, Bové se postuló a sí mismo como candidato a la presidencia de la Unión Europea para 2007. Su propósito era el de unir ese marasmo contra el neoliberalismo, es decir, para promocionar el viejo programa socialdemócrata al que calificaba como "la izquierda de la izquierda".

Desde 2009 Bové es el cabeza de lista de Europa Ecología que reagrupa a los principales grupos verdes franceses que, a diferencia de los alemanes, siempre han sido oposición; aún no se han destapado políticamente como los caniches del capitalismo que son. Por eso aún pueden ser utilizados para seguir sembrando ilusiones y que las urnas no queden vacías.

A europarlamentarios como Bové hay que llenarles los bolsillos y darles relieve para que no dejen nunca de ser figurines televisivos. Por ello en 2009 le hicieron vicepresidente de la Comisión de Agricultura, desarrollo rural y comercio internacional del Parlamento de Bruselas.

Es posible que su viejo sueño de presidir la Comisión Europa no tenga que esperar mucho. Este mismo año Durao Barroso se larga. Su sustituto tiene que salir de las elecciones europeas de mayo, en las que tambien participará Pablo Iglesias. Los diferentes partidos tienen que proponer a sus candidatos y los verdes son la segunda fuerza europea.

¿Hay algo más viejo que Europa y más acabado que su Unión Europea? De no ser por los medios de comunicación en Europa casi nadie se enteraría de las convocatorias electorales porque hace ya tiempo que las elecciones las hacen las televisiones, en las televisiones y para las televisiones. El circo electoral necesita el mismo tipo de personajes que la prensa del corazón; no hay ninguna diferencia entre una tertulia rosa y otra política.

La Unión Europea acaba este año con su Prachanda particular y necesita un nuevo timonel, alguien que le de un poco de luz y color, que cambie las cortinas, rodapiés y gotelé hasta las próximas elecciones. Eso sólo lo puede hacer "la izquierda de la izquierda", nuevas personas para viejos personajes, alguien que nos motive, camaleones como Iglesias y Bové. Sabemos que no van a hacer nada, que no quieren hacer nada, que no les dejan hacer nada, que no saben hacer nada. Pero nos caen bien y por eso les votaremos. ¿O no?

jueves, 23 de enero de 2014

El sainete del ruin Engels

 Juan Manuel Olarieta

El vínculo entre Marx y Engels es tan estrecho que sus biografías son siamesas. La hija pequeña de Marx, Eleanor, escribió: "La vida y la obra de estos dos hombres está tan estrechamente fusionada que es imposible disociarla". También Lafargue, uno de los yernos de Marx, comentó que ambos "forman, por así decirlo, una sola vida". En lo personal mantuvieron una relación tan íntima que siempre fueron la misma familia.

Lo mismo que la vida, la obra de ambos es una misma obra. Siempre ha resultado imposible editar las obras de uno separadas de las del otro. Muchos de los escritos que se atribuyen a uno, los redactó el otro. Algunos de los libros que uno escribió el otro los revisó. Al acabar de redactar "El Capital" en 1867 Marx le escribió a Engels: "Te debo solamente a tí haber podido hacerlo. Sin tu sacrificio no me hubiera sido posible llevar adelante los enormes trabajos necesarios para estos tres volúmenes".

En las luchas políticas se embarcaron en el mismo empeño, con una coordinación que no tiene parangón en la historia. No se les conoce ningún tipo de divergencias entre ellos, ni permitían que nadie hablara mal de uno en presencia del otro, como demuestra una carta de la hija de Kugelmann dirigida en 1928 al Partido Bolchevique en la que narraba los recuerdos suyos y de sus padres sobre Marx, quien había pasado largas jornadas en su casa de Hannover. Describe a Marx como un hombre al que nunca vio sobresaltarse, excepto una vez que escuchó a un militante hablar mal de Engels: "Las relaciones que existen entre Engels y yo son tan estrechas y cordiales que nadie tiene el derecho de inmiscuirse en ellas", dijo Marx.

No obstante, hay unos cuantos trileros empeñados en sostener lo insostenible: oponer el uno al otro. Creen que Engels es un segundón, un escalón inferior a Marx en el que creen haber encontrado un punto débil para atacar al marxismo. Uno de esos trileros fue Sidney Hook, profesor de la Universidad de Nueva York, que reunía dos condiciones indispensables: además de filósofo era un agente de la CIA y la finalidad de sus cursillos fue la de ofrecer a sus alumnos una interpretación realmente "revolucionaria" de Marx, según confesaba en uno de sus libros, que consistía en liberarla de las formulaciones "anticuadas" de Engels. Hook quería refundir a Marx con el pragmatismo, lo mismo que otros lo han intentado con el kantismo, con el hegelismo, con el sicoanálisis... con cualquier cosa menos con el ruin Engels. Desde entonces el marxismo tiene muchos sabores diferentes.

No es algo reciente sino que la burguesía empezó su batalla ideológica contra Engels durante la vida de ambos camaradas, como le escribió a Bernstein un mes después de la muerte de Marx: "El sainete del ruin Engels que ha falseado al bravo Marx se ha representado un número incalculable de veces desde 1844".

El propio Bernstein, que durante un tiempo tuvo la confianza de Engels, estuvo en el meollo del intento de dividir a ambos. En los últimos años de la vida de Engels, la socialdemocracia alemana manipuló la "Introducción" que escribió para una reedición de "Las luchas de clases en Francia" de Marx. Por consiguiente, el intento de desacreditar a Engels y enfrentarle con Marx es un empeño típico del revisionismo y, sin embargo, la desfachatez llega al punto de que algunos le imputan a Engels la degeneración revisionista de la socialdemocracia alemana: no fue víctima sino responsable de ella.

Pero mientras vivió Engels la socialdemocracia alemana no tuvo el coraje de atacarle de frente en el terreno político. Los primeros en hacerlo, los austriacos Victor Adler y Karl Vorländer, plantearon el ataque en términos filosóficos con la pretensión declarada de sustituir el repugnante materialismo dialéctico de Engels por el kantismo. A finales del siglo XIX en el Imperio Austro-Húngaro el revisionismo político se ligó al kantismo filosófico. El verdadero fundador de la socialdemocracia alemana había sido Kant y su verdadero fundamento no era científico sino ético, un ejercicio de la voluntad y un imperativo categórico disfrazado de "praxis". Adler, Vorländer y sus herederos introdujeron al marxismo en las polémicas filosóficas de la burguesía para convertirlo en otra corriente filosófica (burguesa) más, dentro de las varias que existen.

Los revisionistas austriacos pusieron todos y cada uno de los fundamentos filosóficos del ataque, que otros continuaron luego. Empezaron a hablar del marxismo como si fuera una teoría "crítica" de la sociedad, de la existencia de un "sujeto" revolucionario, denostaron el determinismo de Engels, su naturalismo, su metafísica, su dogmatismo, su cientificismo... Mientras Engels decía que Marx había puesto los fundamentos científicos del movimiento obrero, el socialismo científico, los revisionistas decían (y siguen diciendo) que el marxismo no es ciencia sino conciencia, una "cosmovisión" o ideología (crítica, eso sí) acerca de la sociedad en que vivimos. La ciencia, dicen ellos, es otra cosa diferente que nada tiene que ver con el marxismo.

El ataque dio un verdadero vuelco tras la Revolución de 1917, obligando a la burguesía a emplearse a fondo en la tarea de combatir al marxismo. Los que más se empeñaron en ello fueron los miembros de la Escuela de Frankfurt que llevaron la batalla a un frente distinto. Tras las marrullerías de aquellos autores (Adorno, Horckheimer, Habermas, Marcuse) Marx y Engels dejaron de ser los políticos que había creído la burguesía hasta entonces, elevando el marxismo a la categoría más digna de teoría. Desde entonces un puñado de intelectuales están enfrascados en sacar al marxismo de la práctica para convertirlo en una filosofía capaz de competir con otras. Como consecuencia de ello, a lo largo de un siglo el marxismo se ha convertido en algo tan refinado y exquisito que sólo los pensadores dominan la jerga cabalmente. Los demás son muy toscos y primitivos.

Como remate del proceso, aquel puñado de intelectuales burgueses se viste unos ropajes que en absoluto les corresponden. Se llaman a sí mismos "marxianos". En la medida en que la mayor parte de ellos son funcionarios de los aparatos ideológicos del Estado burgués, especialmente de la universidad, ostentan una imagen impecable: representan al marxismo mejor que nadie y sus obras alcanzan un eco que sólo sorprende por su mediocridad.

La experiencia de 100 años prueba que cuando alguno de esos intelectuales ha ingresado en un partido comunista, ha durado poco y se ha visto obligado a salir por la puerta falsa. El comunismo se ha llevado (y se lleva) muy mal con la intelectualidad, mucho peor de lo que imaginamos. A los académicos no se les suele ver en la reunión de una célula de barrio, haciendo pintadas por la noche o en un piquete. Pero como ellos tienen la sartén (de la producción intelectual) por el mango, han presentado las cosas de tal manera que en el choque el comunismo pierde frente a lúcidos escritores, injustamente vilipendiados por los grises burócratas del aparato.

¿Hay algo que aborrezca más un intelectual "marxiano" que el aparato? Sin embargo, aborrecen mucho menos el aparato del Estado burgués que les paga sus cátedras y sus simposios. El prototipo del "marxiano" es el de un funcionario que habla de luchar contra el Estado que le sostiene para que pueda seguir impartiendo lecciones.

La mayor parte de la intelectualidad burguesa mutila al marxismo de manera que sólo tiene en cuenta las obras de Marx y Engels, no sus biografías. Para ellos lo importante son los papeles, no el trabajo de organización, ni las barricadas, ni las huelgas, ni la Primera y la Segunda Internacionales. Pero mientras Marx y Engels trabajaron para la organización, todos esos intelectuales han trabajado siempre contra la organización, contra cualquier clase de organización y su propósito no es otro que el de desorganizar.

Por lo tanto, no sólo los escritos de los intelectuales burgueses, por más "marxianos" que se disfracen, no valen un pimiento, sino que ellos personalmente tampoco han llevado a cabo ninguna clase de tarea de organización que merezca la pena. En la medida en que su tarea ha sido la contraria, desorganizar, dichos intelectuales merecen el mismo tratamiento que Engels dispensó a Dühring.

En 1877 Dühring era profesor de la Universidad de Berlín, uno de los pocos, por no decir el único, que en aquella época se pronunció públicamente a favor del socialismo, lo cual era tanto como pronunciarse hoy a favor del "terrorismo". Era un autor de reconocido prestigio que podía servir como banderín de enganche de un partido entonces incipiente. Pero los escritos de Engels, especialmente el feroz tono que empleó, cayeron como un jarro de agua fría. No se le podía haber ocurrido nada más inoportuno para la socialdemocracia, que tuvo que incluir los artículos de Engels en Vorwärts (Adelante), su periódico. Si Engels es uno de los más odiados por los "marxianos" se debe en gran parte al Anti-Dühring, una de las obras marxistas más difundidas de todos los tiempos.

Dühring vivió casi 50 años después de que Engels publicara los artículos en su contra. Sus viejas simpatías socialistas habían sido una moda efímera de las que, como tantos otros intelectuales, acabó renegando para convertirse en un chovinista, racista y antisemita, autor de obras reaccionarias realmente repugnantes. Lo mismo le sucedió a Hook. Después de su interpretación "revolucionaria" del marxismo defendió la caza de brujas de McCarthy en Estados Unidos. Es típico de la intelectualidad desarraigada: con el mismo ardor con el que sostienen una teoría, defienden luego la contraria.

Engels hizo lo que los intelectuales "marxianos" más repudian: puso al marxismo en movimiento, lo convirtió en una fuerza organizada. Cuando Engels murió no sólo dejó papeles sino cooperativas, sindicatos, partidos y una organización internacional del proletariado con millones de militantes. Esa también es su obra. Ni él ni Marx escribieron para ninguna universidad sino para esa organización, para dotarla de un línea, de un programa y de una ciencia revolucionarias. Su filosofía (que es la misma que la de Marx) es partidista, decía Lenin. Se escribió por y para el proletariado, forma parte integrante de su vanguardia organizada y no tiene ningún sentido fuera de ella.

Los ataques contra Engels van, pues, dirigidos contra las organizaciones del proletariado. Una vez liberado el marxismo de Engels, es decir, de la organización, la burguesía devuelve la filosofía a la teoría, al punto inofensivo en el que puede neutralizarla. De ahí pasa a las universidades, a los libros y a las librerías, en cuyos escaparates compite con otras teorías, otros libros y otras librerías.

lunes, 20 de enero de 2014

Si quieres la paz, prepárate para la guerra


Juan Manuel Olarieta

El 4 de noviembre el New York Times publicó un artículo de Jochen Bittner, redactor político de la revista Die Zeit, portavoz oficioso de la sociademocracia alemana, en el que se lamentaba de la falta de entusiasmo por la guerra entre los alemanes. Es sorprendente porque fuera de Alemania casi todos piensan lo contrario: que los alemanes manifestan un gusto excesisivo por las aventuras militares.

Es lo que ya oímos en España con la llegada de Aznar a La Moncloa, con un lenguaje un poco más sofisticado: por aquí hay poca "cultura de defensa", un déficit que también había que colmar mediante las adecuadas campañas del Ministerio del ramo, como la que expusieron este verano en el polideportivo de Quijorna (Madrid), repleta de cruces gamadas, banderas fascistas y libros sobre los buenos tiempos de Hitler, Mussolini y el Pacto Anti-Komintern. En eso consistía nuestro déficit.

También en Alemania el reportero Bittner quiere "Replantear el pacifismo alemán" (título del artículo) porque desde 1945 esta superpotencia europea "sin rival" (cito textualmente) mantiene una actitud pacifista muy cómoda, que se ha puesto de manifiesto en Libia, Mali y Siria.

Como en España, también los alemanes necesitan una "reeducación en masa" (lavado de cerebro) porque -dice con frase tópica pero absurda- el pacifismo se ha colado en su ADN, aunque no dice qué mutación genética al azar se produjo en 1945. Pero el caso es que desde entonces a los alemanes les han inculcado que la guerra no es una solución, lo cual ha sido un error.

Afortunadamente ha habido buenos ministros, como el de Asuntos Exteriores de Los Verdes y ecopacifistas Joschka Fischer que convenció a Alemania para bombardear a Serbia y enviar tropas a Afganistán bajo el lema "¡Nunca jamás Auschwitz!" El imperialismo necesita a pacifistas como Fischer no sólo para hacer la guerra sino para acompañarla con la adecuada propaganda de guerra: para evitar en lo sucesivo los campos de concentración, había que masacrar a la población civil serbia con bombardeos radiactivos. La paz consiste en lo que decía el Imperio Romano ("si vis pacem para bellum"). Si quieres la paz, prepárate para la guerra.

Alemania, escribe Bittner, tiene que tener un compromiso militar a la altura de su potencial económico, algo en lo que la prensa de aquel país viene insistiendo desde hace un tiempo. Hay que volver a 1933, al rearme y al expansionismo militar. En Alemania la intoxicación mediática está preparando el terreno cuidadosamente. Hay consenso; coincide la socialdemocracia (Die Zeit), los liberales (Süddeutsche Zeitung), los Verdes (Tageszeitung) y los conservadores (Die Welt).

Pero en relación con la guerra imperialista, desde hace un siglo la socialdemocracia siempre tiene algo especial. Bajo el imperialismo, que no ha cambiado, la socialdemocracia y el reformismo, tampoco han cambiado. A través del redactor jefe Josef Joffe, su portavoz oficioso (Die Zeit) viene exigiendo una "guerra masiva" en Oriente Medio y el artículo de Bittner lo que hace es contárselo a los gringos a la oreja, un resumen para su consumo interno y aviso para navegantes.

La versión larga del artículo se publicó el 21 de marzo del año pasado en el mismo medio (Die Zeit) y se titulaba "No estamos haciendo nada". Además de Bittner lo firmaban otros cuatro periodistas, entre ellos el redactor jefe adjunto Bernd Ulrich. Por eso digo lo del consenso, y en periodismo cuando hay consenso es porque es una cuestión "de Estado". Palabras mayores.

El caso del ministro ecopacifista Joschka Fischer vuelve a las peores pesadillas de la guerra imperialista de 1914: ¡mucho cuidado con los pacifistas! Todas las guerras se preparan (y se terminan) con llamamientos a la paz. Por ejemplo, en Euskadi lo que los pacifistas quieren, lo que han querido siempre, en realidad, es una derrota (militar, por supuesto). Pero para que haya una derrota antes tiene que haber una guerra y los amantes de la paz siempre han insistido (frente a los violentos) en que allá nunca hubo ninguna guerra. Sólo era terrorismo. Lo mismo que en Oriente Medio. ¿Qué es, pues, la guerra? [Lo dejaré para otra ocasión].

[También dejo para otra ocasión lo siguiente: antes de iniciar una guerra imperialista hay que pacificar el frente interior, es decir, imponer la "ley marcial", el "estado de guerra", anular los pocos derechos que queden, etc. Cuando alguien impone el estado de guerra es porque hay o va a estallar la guerra. Pues bien: desde hace siete años, el Ministerio del Interior (insisto en lo de interior) quiere modificar la Ley Fundamental (Constitución) alemana para que el ejército pueda movilizarse en conflictos internos contra la población civil, como los que han estallado recientemente en Hamburgo. Vayan tomando nota.]

Con quien hay que tener cuidado no es con los violentos sino con los pacifistas. Los primeros ayudan a armarte; los segundos te desarman. Son como un somnífero, un canto de sirena, y en cuanto te duermes te roban la cartera.

domingo, 19 de enero de 2014

El reparto mundial de las materias primas estratégicas

"Los monopolios adquieren la máxima solidez cuando reúnen en sus manos todas las fuentes de materias primas, y ya hemos visto con qué furor los grupos internacionales de capitalistas dirigen sus esfuerzos a arrebatar al adversario toda posibilidad de competencia, a acaparar, por ejemplo, las tierras que contienen mineral de hierro, los yacimientos de petróleo, etc." (Lenin)

Al alimón, en 2012 Estados Unidos, la Unión Europea y Japón denunciaron a China ante la Organización Mundial del Comercio por las restricciones que el país asiático impuso a la exportación de tierras raras, una materia prima estratégica en la producción de muchos dispositivos de alta tecnología civil y militar.

Las tierras raras han pasado de un rincón olvidado en la tabla periódica de Mendeleiev, a convertirse en protagonistas de la tecnología punta del siglo XXI. Se trata de minerales con propiedades magnéticas y conductivas inusuales que son la materia prima con la que se fabrican las televisiones de pantalla plana, las pantallas de los ordenadores, la fibra óptica, los aparatos de rayos X o los teléfonos inteligentes.

Cada batería del modelo de vehículo híbrido Prius de Toyota lleva 15 kilos de un metal raro, el lantano, y la multinacional fabrica un millón de unidades cada año. El tungsteno se utiliza en tecnologías electrónicas, automotrices, aeroespaciales y médicas; China produce el 91 por ciento del tungsteno del mundo. El molibdeno es un elemento metálico que se usa para los filamentos de las bombillas; China produce el 36 por ciento del molibdeno del mundo.

La demanda de estos minerales está creciendo en todo el mundo, debido al aumento vertiginoso de las técnicas que los utilizan. En 1955 la producción mundial de estos metales fue de 5.000 toneladas, en 1990 se fabricaron 40.000 toneladas y en 2011 la producción se ha triplicado: 120.000 toneladas.

Son, pues, materias primas estratégicas. Cinco de las tierras raras y el indio se encuentran entre los suministros más críticos de materias primas para los próximos años según el informe “Critical Material Strategy” aprobado en 2010 por el Departamento de Energía de Estados Unidos. Al año siguiente el subcomité de Asuntos Exteriores sobre Asia y el Pacífico de la Cámara de Representantes convocó una audiencia sobre la dependencia de Estados Unidos en el suministro de metales raros. Uno de los asuntos tratados fue su importancia vital en las armas de primer nivel, incluyendo sistemas de guía de misiles, aviones no tripulados y los nuevos aviones de combate F-35 Joint Strike Fighter, cuya producción se había visto interrumpida.

De promedio China monopoliza el 95 por ciento del mercado mundial de metales raros, para alguno de las cuales no hay sustituto alguno en la actualidad. Por ejemplo, China controla el 99,9 por ciento del mercado mundial del europio, una materia prima que entra en la fabricación de las pantallas de los ordenadores, teléfonos inteligentes y lámparas fluorescentes.

Además de su posición monopolista, China va muy por delante de las demás potencias en la técnica de extracción de estas materias primas y sus competidores se lamentan de que hayan vuelto las prácticas imperalistas contra quienes las inventaron. Pero los chinos no tienen una ventaja innata; se la han ganado. Empezaron a invertir en este mercado hace 40 ó 50 años y hoy son capaces de producir de forma masiva y a precios sin competencia posible, cuando en las minas de otros países la obtención, además de difícil, resulta extraordinariamente costosa, no porque los yacimientos no sean rentables sino porque no tienen la técnica necesaria para rentabilizarlos, debido al carácter disperso y a la baja concentración de los metales.

China les hace bailar al son de su música. Siempre gana, tanto si baja como si sube los precios. Si los baja arruina los yacimientos del resto del mundo y les obliga a cerrar las explotaciones, como ocurrió en 2002 en la del desierto de Mojave, entre California y Nevada. Diez años después una empresa minera estadounidense de metales raros, Molycorp, tuvo que hacer algo insólito en Estados Unidos: pedir una subvención al gobierno para evitar la bancarrota.

En los últimos siete años China ha optado por la política contraria: ha reducido en un 40 por ciento las exportaciones para subir los precios y en 2010 elevó los impuestos y redujo aún más las cuantías máximas de exportación. Incluso suspendieron temporalmente los envíos a Japón.

Los precios se dispararon. Los del disprosio, por ejemplo, se multiplicaron por siete desde 2003 y los del terbio se cuadruplicaron entre 2003 y 2008. En otros casos se han multiplicado por diez.

Pero esa no es la única fuente del negocio. Al mantener los precios para el mercado interior mientras suben en el exterior, China crea una ventaja significativa para los capitalistas locales, que producen mucho más barato. El manejo de los precios también es un medio de presión para obligar a los imperialistas a trasladar sus inversiones y su tecnología al interior de China.

La multiplicación de los precios ha convertido a los metales raros y a las empresas que los producen en valores característicos de la especulación bursátil. También ha aumentado el valor residual del reciclado de las mercancías y medios de producción cuyos componentes se fabricaron con tierras raras y que han quedado obsoletos con el tiempo. Se han constituido empresas que trabajan en desguaces, vertederos y basureros en busca de viejos móviles, televisores, neveras, ordenadores, baterías o relojes. Lo llaman "minería urbana". Según algunas estimaciones, en Japón los aparatos electrónicos obsoletos contienen aproximadamente 300.000 toneladas de tierras raras, por lo que el gobierno ha impuesto por ley el reciclado de metales raros, revestido de justificaciones seudoecológicas. Las empresas también invierten cada vez en el reciclado de sus propias mercancías. Toyota ha estado reciclando metales raros de viejas baterías eléctricas de su modelo Prius. Hitachi adquiere una parte del neodimio y disprosio del reciclaje de mercancías como discos duros y aparatos de aires acondicionado.

Los capitalistas han tenido que ponerse a excavar minas por todo el mundo, especialmente en California, Suráfrica, Canadá, Groenlandia y Suecia. En Australia han localizado dos grandes yacimientos y Toyota ha adquirido una mina en Vietnam de la que únicamente la multinacional puede extraer los metales raros para las baterías de sus coches híbridos.

Más del 50 por ciento de las exportaciones de tierras raras chinas tiene al Japón como destino. La industria electrónica y de instrumentos de alta precisión japoneses depende de estos suministros y sitúa al Japón en una situación de dependencia en relación con su gran rival asiático, por lo que está buscando yacimientos hasta en el lecho marino del océano Pacífico, cerca de Hawai y de Tahití.

jueves, 16 de enero de 2014

Un planeta sin límites


 Juan Manuel Olarieta

En Rebelión Gustavo Duch publica un artículo titulado "Los límites del planeta" que, por sí mismo, constituye el núcleo central de las ideologías ecologistas, un cúmulo de tópicos modernos que nada tienen que ver con la ciencia de la ecología. Es otro ejemplo de la manera íntima en que la ideología está entreverada con la ciencia. ¿Cómo separar a una de otra?

Las ideologías ecologistas son una proyección religiosa y, en la medida en que las corrientes dominantes actuales son británicas y estadunidenses, su raíz está en el cristianismo y son esencialmente lineales, basadas en un relato bíblico según el cual todo tiene un principio, que está en la creación, y tendrá un final, indudablemente desastroso, el Armagedón.

Para el cristianismo en la Tierra las cosas siempre acaban mal, o al menos peor de lo que empezaron. La evolución sobre la Tierra no sólo es lineal sino que empeora o degenera continuamente, consecuencia del pecado original que convierte en malvado al ser humano, frente a la naturaleza que, como obra de dios, es perfecta: el paraíso terrenal. La relación de los seres humanos con la naturaleza es, pues, destructiva y perversa. El ser humano debería conservar intactas las maravillas que la creación divina puso a su disposición, lo que se traduce en el deseo de preservar el medio ambiente o el "equilibro" ecológico.

Las ideologías ecologistas tienen este fundamento pesimista y agónico de raigambre religiosa. Por el contrario, la ciencia de la ecología nació en la URSS articulada en torno al concepto de ciclo biogeoquímico de Vernadski, que es el opuesto al anterior. La naturaleza cambia por sí misma, sin necesidad de que nadie impulse sus transformaciones, de manera que todo intento de conservarla tal y como la vemos ahora es absurdo. Como cualquier otro proceso, esos cambios se producen siguiendo leyes regulares, las cuales a su vez son oscilantes, se suceden unas a otras inexorablemente, como la rotación de la Tierra cada 24 horas, las estaciones anuales, los vientos o las mareas.

Un movimiento cíclico es esencialmente infinito y no se agota nunca, es decir, que no tiene límites. Los ciclos naturales no tienen un origen y no se pueden detener; sólo cambia la forma del ciclo, tanto si se trata de un ciclo orgánico como si es inerte. Por ejemplo, la biodiversidad ni se ha reducido ni se puede reducir. Unas especies se extinguen y aparecen otras.

Lo mismo sucede con la materia inorgánica. El cobre, por ejemplo, se conoce desde los tiempos más antiguos de la humanidad, lo mismo que el oro y otros elementos químicos. Desde hace miles de años, la humanidad ha extraído grandes cantidades de cobre del suelo sin que se haya observado no ya su agotamiento sino ni siquiera su escasez. Por cuantiosas que sean hoy las extracciones de cobre o de cualquier otro metal, no hay ningún indicio de que se vayan a agotar, por más que su consumo se multiplique aún más.

El planeta es, pues, infinito. La historia de la humanidad no conoce ningún caso en el que algún recurso se haya agotado; ni siquiera que esté en vías de agotarse, entre otras cosas porque no sabemos la cuantía de existencias de que disponemos para ninguno de ellos. En caso de que sucediera lo contrario, no existe ningún recurso que no sea sustituible. El carbón se puede sustituir por el petróleo, el petróleo se puede sustituir por el gas, el gas por el viento, y así sucesivamente.

La sustitución conduce a otro factor que las ideologías ecologistas dominantes no pueden tener en cuenta, el desarrollo de las fuerzas productivas, porque muestra un tipo de evolución opuesto al que tratan de sostener. Las fuerzas productivas no decaen sino que, como muestra la historia, su progreso nunca se ha detenido. Por lo tanto, no es posible hablar de recursos sin tener en cuenta el grado de desarrollo de las fuerzas productivas.

La consideración de las fuerzas productivas conduce, además, a otro aspecto que juega en contra de la ideología dominante: no es posible aludir a los recursos en términos físicos sin tener en cuenta simultáneamente el modo de producción, es decir, factores que son de tipo económico, político y social. Sin embargo, desde los años sesenta se están abriendo camino una colección de teorías económicas burguesas que camuflan los fenómenos económicos como si se tratara de fenómenos físicos. Argumentan en términos de toneladas, litros o metros cudrados, dejando al margen el valor, el mercado o el beneficio.

Los verdes y ecosocialistas, como todas las demás teorías económicas burguesas, orquestan sus argumentos en torno a una supuesta "escasez" que encubre la lucha de clases y oculta que sólo hay escasez para unos, en tanto que otros disfrutan de la mayor exuberancia, por lo que no es nada diferente de la propiedad privada y del reparto derivado de la producción capitalista.

Lo mismo sucede con los desiertos, que son ecosistemas como cualesquiera otros de los cuales, sin embargo, nadie pretende su conservación, sino todo lo contrario. El desierto tiene mala imagen porque forma parte de la ideología de la decadencia. Desde los tiempos de David Ricardo, hace 200 años, la economía burguesa sostiene la existencia de una supuesta "ley de los rendimientos decrecientes" que empezaron aplicando a la agricultura y luego han llevado a toda la economía. La producción no compensa la inversión, por lo que el planeta acabará convertido en un desierto, lo cual es sinónimo de yermo, estéril.

De la economía, el irremediable desplome pasó a la física. Así, en 1848 Mayer calculó que el Sol se apagaría dentro de 5.000 años. Por su parte, Kelvin planteó que, como consecuencia de ello, el planeta será cada vez más frío e inhabitable y Clausius fue mucho más allá al pronosticar la muerte térmica del universo en su conjunto: llegará un momento en el cual el universo se habrá quedado frío, ya no tendrá vida.

Las teorías del caos, la noción de "sostenibilidad" y muchas otras participan de esa agonía que va mucho más allá del modo de producción capitalista. No es que la burguesía esté en la etapa final y decadente de su historia. Ella cree representar a la humanidad, por lo que nos habla del final de su clase como si fuera el final de la humanidad y la muerte de la civilización.

La ciencia de la ecología no tiene nada que ver con ese tipo de teorías. El planeta no conoce ninguna clase de límites.

(*) Gustavo Duch: Los límites del Planeta, Rebelión, 15 de enero de 2014, http://www.rebelion.org/noticia.php?id=179449&titular=los-l%EDmites-del-planeta-

martes, 14 de enero de 2014

Dios los cría y ellos se juntan

Quién es Pablo Iglesias. Una breve contextualización del intelectual posmoderno y reformista*

Decía Gramsci que, a la par que una clase social fundamental** nace (casi siempre, con la única excepción del proletariado, de la descomposición general del modo de producción anterior -ya se sabe: la muerte también da vida, que sostenía Engels), a la vez que esta se forja, crea, asimismo, para consigo, la intelectualidad que defienda sus intereses de clase (antagónicos con los de otra). La crisis del feudalismo empezó con la pérdida de poder económico por parte de la clase dominante, terreno en el cual sólo conservaba apenas fuerza en el campo. Los señores feudales tenían que lidiar en política con el ascenso de una burguesía envalentonada. Ante la descomposición del modo de producción feudal, la burguesía, en su fase incipiente, creó con ella los intelectuales que defendían sus intereses de clase. La Ilustración es el paradigma de la filosofía burguesa revolucionaria. Voltaire, Montesquieu, Diderot, Locke, D'Alambert, etc. fueron el cimiento filosófico e ideológico de la revolución burguesa, que precedió a la revolución política -la revolución francesa- pero que sucedió a la revolución económica -la revolución industrial. Un mismo proceso, evidentemente con sus particularidades, tiene lugar en el seno de cada clase social fundamental.

Sin embargo, no sólo la clase social dominante produce a sus defensores, sino que, además, en tanto que dominante, produce a los dominados, con la excepción única del proletariado, ya que la burguesía, a la que que oprime bajo su dictadura, ya había nacido junto a él. La condición para que exista la propiedad privada es la privación de propiedad a un grupo de seres humanos. Más de uno acusaba a la propiedad privada de «privarnos de todo». La expropiación de la burguesía a gran parte de la población provoca el surgimiento de la clase desposeída: el proletariado.

La clase obrera pronto se organiza. Primero lo hace por motivos de tipo económico (salario, asistencia laboral, condiciones de trabajo, accidentes, etc.); luego, a medida que se va cohesionando, los socialistas introducen desde fuera el comunismo y se cambia de miras. La lucha ya no es tanto una lucha económica como una lucha política, un campo de batalla donde se hallan dos clases antagónicamente enfrentadas, donde una tiene el poder y la otra no, y esta última es oprimida de múltiples maneras por la primera. Los trabajadores han de conquistar el poder mediante la violencia para suprimir su explotación y, con ella, la de toda la humanidad.

Debido a la comprensión de la necesidad de la revolución por parte de los obreros, la burguesía, dueña de todo el poder, se ve obligada a recurrir a la clase obrera (de nuevo) para perpetuar su orden. Soborna a una parte de los obreros para que estos introduzcan la ideología y la política burguesa en el seno de la clase proletaria.

Algo parecido ocurre en las capas de los intelectuales: muchos defensores de la política y de la ideología burguesa adoptan el marxismo de palabra para tergiversarlo, llaman a los obreros (la posmodernidad hace que ahora sean ciudadanos los apelados) a actos inofensivos, históricamente neutralizados y asimilados por la clase dominante. Este fenómeno se conoce como reformismo o revisionismo y tiene como base social a la pequeña burguesía y, sobre todo, el grupo mencionado anteriormente, la aristocracia obrera. Sin embargo, no hay que olvidar que, aunque la base social de esta ideología sean los pequeño-burgueses y los más privilegiados de la clase obrera, quien produce, quien hace nacer esta política, es la misma burguesía, la gran burguesía, que siembra la corrupción entre las filas obreras, y es ella quien más sale ganando con esto.

La burguesía, creadora del orden económico y social existente, también crea a sus intelectuales. Es oportuno, no obstante, hacer una distinción en función de la época histórica: los intelectuales de ahora no son de ninguna forma iguales a los intelectuales de la Ilustración. Antes de la revolución burguesa, antes de la toma del poder por parte de la burguesía, esta necesitaba el conocimiento verdadero del mundo (limitado por el desarrollo de las fuerzas productivas y su posición de clase) para transformar la realidad. En este sentido, los intelectuales burgueses del siglo XVIII y parte del XIX en los países capitalistas más avanzados eran progresistas, aportaban con su obra a la causa de la humanidad. Sin embargo, después de haber subido la burguesía al poder, necesita intelectuales, necesita de ideología que justifique el statu quo. En este sentido, los intelectuales burgueses se vuelven reaccionarios. Las distintas ideologías burguesas que tienen lugar en la fase reaccionaria del dominio de la burguesía no es más que un intento brusco y a la vez rebuscado de legitimar la explotación, el saqueo y la masacre del proletariado y de los pueblos oprimidos. Ella misma se ve obligada a crear intelectuales de distintas tendencias para controlar ideológicamente a la población, pero asimismo cerca el terreno: los disidentes de su orden deben estrictamente encorsetar toda su crítica dentro de los márgenes propios, es decir, dentro de su Constitución, sus normas y sus leyes. Las diferencias no son pues significativas, como sí lo eran en su época incipiente.

La crisis general en la que el capitalismo se halla sumergido exige a la burguesía recambiar las piezas ya degastadas. El PP y el PSOE, partidos que venían a sustituir al Movimiento Nacional (que ya estaba desgastado en los años 60 y 70, por eso se cambió por el bipartidismo), se hallan en una profunda crisis. Y sólo desde este contexto podemos enfocar el auge, promocionados por los poderosos mismos, de muchos intelectuales de izquierda (Pablo Iglesias, Juan Carlos Monedero, etc.) que tienen voz en los medios del régimen, ya sean en formato televisivo (Intereconomía, Cuatro, La Sexta) o por escrito (Público, El País). No son más que un recambio de los actuales políticos decadentes de los poderosos; la voz de la aristocracia obrera y la pequeña burguesía, que no propone, ni en la teoría ni en la práctica, la superación del modo de producción capitalista. Las tertulias en especial cobran cierto interés respecto a lo que estamos tratando, donde en un plató televisivo se reúnen todos los pregoneros de la clase dominante a discutir cómodamente las distintas maneras de gestionar un asunto, donde se aparentan incluso enfados. Pero no son más que sillones para todos, charlataneo e incluso risas. Todo para distraer al personal, con la que está cayendo por otros lares, lluvia de males que sólo puede ser combatida por otra senda. No es más que apariencia: el circo mediático, ahora con más mano izquierda, tiene dueño, tiene Sumo Creador. Dios los cría y ellos se juntan.

Notas:

* El autor no se ha encomendado la tarea de elaborar una crítica general de las concepciones de Pablo Iglesias mediante este artículo, sino intentar de ilustrar al lector con un esbozo (con las limitaciones que ello conlleva) de los factores económicos, políticos, ideológicos, sociales, etc. que propician el actual auge de intelectuales similares a Pablo Iglesias. Para una crítica algo más detallada de este tipo de sujetos, véase el siguiente artículo de Manuel Navarrete http://www.insurgente.org/index.php/template/politica/item/9156-el-egorrevisionismo-teor%C3%ADa-y-praxis

** Cuando Gramsci dice clase social “fundamental”, se está refiriendo a aquellas clases que “históricamente se encuentran en disposición de asumir el Poder y la dirección de las otras clases, como, por ejemplo, la burguesía y el proletariado(A. Gramsci, La formación de los intelectuales, Ed. Grijalbo, Barcelona, 1974)