domingo, 20 de diciembre de 2015

El cuento de la lechera en versión monopolista

La multinacional suiza de la alimentación Nestlé es suficientemente conocida. Es una de las mayores del mundo. Tiene casi 200 filiales repartidas por la geografía de los cinco continentes, 240.000 trabajadores y cerca de 100.000 millones de francos suizos de cifra de negocio, de la que un 29 por ciento procede de Asia y África, más que de Europa, donde la cifra de negocio es del 28 por ciento.

Lo que quizá no conozca el lector es a Codilait, una empresa camerunesa del mismo sector que Netslé. A comienzos de los años noventa a un empresario africano, Pius Bissek, se le ocurrió hacer la competencia al gigante suizo con una moneda, el franco CFA a razón de 656 por cada euro.

En Codilait el empresario Bissek trabajaba con su cuñado y otros 200 trabajadores más. La cifra de negocio era de 5.000 millones de francos CFA al año, o sea, unos 7 millones de euros.

Si tenemos en cuenta que en África con el salario de un trabajador viven otras cinco personas más, normalmente familiares, entenderemos la importancia de este tipo de empresas, aunque sean casi artesanales.

La competitividad de las empresas africanas como Codilait es ínfima, por muchas razones. En Camerún una vaca suministra un litro y medio de leche diaria aproximadamente, frente a los 40 ó 50 de una vaca suiza.

A pesar del importante coste que supone llevar la leche desde Europa, a 1.000 kilómetros de distancia, sigue siendo más rentable que la leche que son capaces de producir países africanos, como Camerún.

Codilait comercializaba leche a razón de 300 francos CFA, frente a Nestlé que la ponía a 225 francos, o sea, a 34 céntimos de euro.

Sin embargo, una de las marcas de leche que comercializaban los africanos era SuperMilk, un concentrado de leche azucarada (leche condensada) que vendían a 600 francos, contra 700 que costaba el equivalente producido por Nestlé.

Excepto la leche en polvo, importada de Europa, toda la producción de Codilait era de origen africano, incluida la materia prima, como el agua, las grasas o los botes en los que se almacenaban.

Así estaba la competencia hasta que en 1994 se devaluó el franco CFA y los productos de Codilait se hicieron mucho más baratos que los de la multinacional suiza, cuyas importaciones multiplicaron su precio por dos.

La reacción de Nestlé fue brutal. Para arruinar a la empresa africana empezaron a hacer “dumping”, es decir, a vender sus productos por debajo del precio de coste. No les importaba perder dinero con tal de hundir a la competencia.

A los gerentes de Codilait no les quedó otro remedio que contra-atacar. Abrieron una investigación para conocer exactamente la composición de los productos que vendía la multinacional suiza. Tomaron muestras y las enviaron a un laboratorio de lucha contra el fraude y los resultados no pudieron ser más alarmantes: los lácteos de Nestlé no contenían leche sino materias grasas vegetales, aceite de palma refinado y aceite de coco.

Sin embargo, el producto estrella de Nestlé en África, la marca Gloria, decía en su etiqueta que el contenido estaba fabricado “a base de leche”. La multinacional estaba engañando a los africanos. Les vendía gato por liebre.

Además, para Codilait era un caso de competencia desleal que le condujo a la quiebra en 2004. La mayor parte de los obreros tuvieron que ser despedidos.

Se levantó una oleada de protestas en contra del engaño suizo. De la etiqueta del bote de leche condensada Nestlé quitó la imagen de la vaca y cambió el título. En lugar de un producto elaborado “a base de leche” lo pusieron como un “alimento lácteo concentrado de azúcar”. Pero por dentro no había ni una gota de leche.

La ofensiva de Codilait llegó al punto de denunciar el fraude a la aduana de Camerún porque los derivados lácteos se benefician de exenciones fiscales por tratarse de un alimento. Al fraude alimentario Nestlé le añadía un fraude aduanero y fiscal.

Un tribunal camerunés ordenó llevar una muestra de las importaciones de Nestlé a un laboratorio, que confirmó el fraude. Allí no había ni una gota de leche. El fraude a la hacienda africana era espectacular: ascendía a 1.750 millones de francos CFA.

De manera flagrante, la multinacional suiza había cometido varios delitos y en 2002 tuvo que retirar la marca Gloria de “leche condensada” de los mercados de Camerún.

Al año siguiente los gerentes de Codilait exigieron una indemnización ante los tribunales, ya que la competencia desleal de Nestlé había llevado a su empresa a la quiebra.

En 2010 los tribunales dictaminaron que Nestlé había cometido un delito de importación fraudulenta y otro de competencia desleal, imponiendo una modesta indemnización a la empresa africana de 740 millones de francos.

Los ejecutivos de Codilait consideraron que esa cifra no era suficiente y apelaron a un tribunal superior.

A partir de entonces empezó el verdadero juego juego subterráneo, del que sólo se conoce una parte. El embajador de suiza y el jefazo de Nestlé logran que el presidente de Camerún les reciba personalmente. Le anuncian que tienen intención de edificar una fábrica en Camerún que va a crear numerosos puestos de trabajos... el consabido cuento de la lechera que casi nunca falla.

Algunos meses después de la entrevista se produce un “reajuste ministerial” en el gobierno fabricado a medida de las necesidades de la multinacional y el ministro de Finanzas se compromete a negociar personalmente con Nestlé para que restablezca el daño que ha causado al país... y bla, bla, bla, bla. Lo típico.

Los efectos de la negociación no se hacen  esperar. En setiembre de 2012 el tribunal de apelación emite su veredicto eximiendo a Nestlé de cualquier clase de responsabilidad, saltándose por encima los informes de los laboratorios.

Codilait pierde hasta el último céntimo de los 740 millones que tenía ganados y vuelve a recurrir de nuevo ante instancias superiores que a comienzos del año pasado deberían haber emitido un veredicto y a fecha de hoy aún no se han pronunciado.

Las multinacionales como Nestlé tienen muy mala leche. No sólo se llaman así porque están por encima de los países sino porque están por encima de las leyes. Tienen carta blanca para cometer todos sus fraudes, sobre todo si los hacen en África.

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