miércoles, 9 de diciembre de 2015

El papel de Arabia saudí en la creación del Califato Islámico

El antiguo jefe del servicio de inteligencia exterior británico (MI6) y actual profesor en la Universidad de Cambridge, Richard Dearlove, asegura que Arabia Saudí ayudó al Califato Islámico en el norte de Irak como parte de una operación de exterminio de los chiítas en aquel país.

En una conferencia pronunciada la semana pasada en el Royal United Services Institute, Dearlove añadió que el propósito saudí es “similar a la que llevaron a cabo los nazis contra los judíos”. Su intervención ha aparecido reseñada por el periódico británico The Independent.

El antiguo jefe del servicio de Inteligencia saudí, Bandar bin Sultan, le dijo (antes de los ataques del 11-S) en Nueva York literalmente que “el día en el que 1.000 millones de sunitas pidan cuentas a los chiítas no debería estar lejos en Oriente Medio”, en referencia al exterminio de estos últimos.

Desde 2003, los salafistas han llevado a cabo atentados suicidas que se han cobrado la muerte de miles de chiítas. Además, Arabia saudí ha ayudado al Califato Islámico a controlar el norte de Irak, donde ha matado a las mujeres y los niños chiítas y yazidíes, sin contar la masacre de estudiantes de la Facultad del Aire (la base Spiker) el 10 de junio pasado, dijo Dearlove.

“En Mosul, los mausoleos y mezquitas chiítas han sido destruidos. En una ciudad turcomana próxima a Talafar, el Califato Islámico se apoderó de 4.000 viviendas como botín de guerra. La vida de los chiítas en Irak, de los alauitas en Siria y de los cristianos y otras minorías en esos países se ha convertido en mucho más peligrosa que la de los judíos en las regiones controladas por los nazis en 1940”, dijo Dearlove.

Arabia saudí y Qatar continúan financiando al Califato Islámico porque quieren que se apodere de las regiones sunitas de Irak. Este tipo de cosas no sucede de forma espontánea. La cooperación entre muchos sunitas en Irak y el Califato Islámico no hubiera podido producirse sin las directrices y fondos de esos dos países.

Contrariamente a Al-Qaeda, que se había concentrado en amenazar los intereses occidentales, el Califato Islámico se ha centrado (al menos hasta los recientes atentados de París y otras ciudades occidentales), sobre todo, en la ejecución del plan de Bandar bin Sultan para matar a todos los que no son considerados como “herejes” desde el punto de vista wahabita.

“El pensamiento estratégico saudí está basado en dos pilares profundamente enraizados. Ellos creen que todo desafío a su papel como custodios de los Lugares Santos del Islam no puede ser admitido y creen que todas las otras escuelas (distintas a la secta heterodoxa del wahabismo) son heréticas y sus miembros deben ser eliminados”, señaló Dearlove.

En lo que se refiere a las alegaciones saudíes sobre su lucha contra el terrorismo, Dearlove dijo que los saudíes reprimen a los terroristas cuando vuelven a Arabia Saudí, pero les exhortan a actuar cuando se hallan en el exterior y, en especial, a matar a chiítas en función de los preceptos del wahabismo.

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