domingo, 13 de diciembre de 2015

Las guerras de Cáucaso (1)

Aslan Masjadov
Cuando se vislumbra el final de la etapa soviética, los imperialistas comienzan a meter la cuchara en la región, aprovechado la debilidad de la Rusia de Yeltsin. Se producen varias guerras sucesivas, que se desarrollan en paralelo a la ampliación de la OTAN hacia el este, en un intento de cercar a Rusia.

En 1988 a través de Norilsk Eugenia Gaier, los imperialistas promueven la creación de la Asociación de los Pequeños Pueblos (AsPP), de la que forma parte Chechenia. Por su parte, los chechenos impulsan en 1991 la creación de la Confederación de los Pueblos Montañeses del Cáucaso, una organización pancaucásica originariamente de carácter estrictamente cultural que experimentó una rápida transformación y pasó a convertirse en una formación básicamente política, dotada incluso de milicias armadas. Esta Confederación desempeñó un importante papel en los conflictos del Cáucaso norte y la Transcaucasia, desplegando una intensa actividad política.

En la república checheno-ingush se constituyó, también en 1991, el Congreso Nacional del Pueblo Checheno (CNPC), organización de oposición informal al Gobierno central, que tenía la independencia como objetivo. Estaba presidido por un militar soviético de origen checheno, el general Dzhojar Dudaiev, un veterano de Afganistán que había dirigido una unidad de bombarderos estratégicos soviéticos en Estonia entre 1987 y 1990.

En aquellos momentos, Doku Zavgaiev, primer secretario del PCUS y presidente del Soviet Supremo de Chechenia-Ingushetia, era el máximo dirigente de la República y respaldó el golpe de Estado del Comité de Emergencia en agosto de 1991. Dudaiev, por el contrario, se opuso. El fracaso del golpe en Moscú actuó como un revulsivo en Chechenia. Provocó otro golpe en Grozni, esta vez triunfante. Yeltsin vió entonces la oportunidad de librarse de la vieja guardia y el 15 de septiembre, con el apoyo del Congreso Nacional del Pueblo Checheno, ordenó la disolución del Parlamento, destituyó a su presidente y creó un Consejo Supremo Provisional con la tarea de asumir el poder hasta la celebración de elecciones el 27 de octubre.

Los ingushes no participaron en ellas. Dudaiev obtuvo el 85 por ciento del respaldo popular. Sin embargo, fueron los jefes de los clanes los que eligieron a Dudaiev como Presidente. La población está dividida en 131 clanes, de los cuales 28 desempeñan un papel principal y esa estructura social arcaica se completa con los jefes religiosos y los ancianos. El 1 de noviembre se proclama la independencia de la República de Ichkeria (nombre autóctono de Chechenia) de la que Ingushetia permanece al margen.

También regresa Aslan Masjadov para participar en la creación de las Fuerzas Armadas, de las que es nombrado comandante en jefe. Masjadov tenía sobre sus espaldas una dilatada carrera militar. Antiguo oficial del ejército soviético, estudió en la Academia de Artillería de Leningrado y estuvo destinado en Hungría entre 1978 y 1981. Equipa al nuevo ejército checheno con el material que dejaron abandonado las tropas soviéticas.

Hasta entonces Yeltsin había defendido las declaraciones de independencia de todos los pueblos, ya que le resultaban útiles para debilitar el poder de su antecesor, Gorbachov. Pero tras el contragolpe de Estado, no reconoció los resultados electorales en Chechenia e impuso el estado de emergencia. Poco después, el Parlamento anuló la orden para evitar un enfrentamiento abierto con los dirigentes chechenos.

Desde el principio Chechenia vivió inmersa en una permanente crisis que afectó a todos los sectores del país y nunca hubo mecanismos institucionales para resolverla. La proclamación de independencia dio lugar al éxodo de los rusos residentes en la región, que se cifra entre 45.000 y 240.000 personas. La presidencia de Dudaiev se caracterizó por su tono personalista y autoritario. Las divisiones internas dentro de los independentistas, paralizaron a la nueva República. En junio de 1993 se produjo un choque entre el Presidente y el Parlamento; los diputados destituyeron a Dudaiev y al primer ministro Mamodaiev, y éstos ordenaron su disolución.

La nueva República articuló su política sobre dos grandes pilares. El primero, de índole religiosa, basado en el islam como elemento cohesionador, no sólo de la sociedad chechena, sino fundamentalmente de todos los pueblos musulmanes del Cáucaso norte, es decir, el panislamismo. El segundo, el reforzamiento de la CoPC para consolidar la unidad política de los pueblos del norte del Cáucaso. Sin embargo, la Confederación fue adoptando paulatinamente una actitud conciliadora en las relaciones con Moscú, en contra de las tesis antirusas propiciadas por los chechenos.

Entre 1991 y 1994 la respuesta rusa a la independencia de Chechenia fue ambigua: no se reconoció pero tampoco se adoptaron acciones en contra. De hecho, Moscú pareció aceptar la independencia. Practicó una política a la vez de conciliación (negociaciones con los dirigentes chechenos) y de desestabilización (bloqueo económico, apoyo a la oposición, ataques armados). En mayo de 1992, la misma Federación Rusa que negaba legitimidad a los dirigentes chechenos, firmaba con ellos un acuerdo por el que se aceptaba la retirada de las tropas rusas estacionadas en la zona y la distribución, a partes iguales, de los arsenales disponibles en su territorio. Para Moscú cualquier intento secesionista era inaceptable. El reconocimiento de la independencia chechena suponía un precedente para otros pueblos de la Federación, que provocaría su desestabilización.

El norte del Cáucaso constituye una región estratégica para las relaciones de Moscú con Transcaucasia (Georgia, Azerbaián, Armenia) y las potencias rivales en la zona, Irán y Turquía. Económicamente, Chechenia era la zona de paso del petróleo proveniente del Caspio y de los países de Asia central.

El bloqueo impuesto por Moscú y los problemas que derivados del petróleo afectaron drásticamente a la economía chechena, ya extraordinariamente debilitada durante la era Gorbachov, que había llevado hasta las estribaciones del Cáucaso recortes de salarios, escasez de comida y desempleo. Luego, la primera guerra con las tropas federales rusas empobreció aún más a los chechenos. La penuria económica condujo a la aparición de dos fenómenos nuevos en la región:

— la consolidación de redes criminales que se lucraron con la independencia y desestabilizaron la sociedad chechena
— el debilitamiento de las órdenes sufíes, que fueron incapaces de funcionar en estas condiciones, siendo sustituidas por el wahabismo.

Estos nuevos fenómenos, si bien tienen raíces internas en la propia evolución de la sociedad chechena, fueron alentadas por el imperialismo, singularmente por Estados Unidos. El wahabismo en Chechenia comenzó a expandirse en los años ochenta, durante el desmantelamiento de la URSS por Gorbachov y luego tras la guerra de Kosovo. En plena bancarrota económica chechena, los wahabíes llevaron mucho dinero desde algunos países del Golfo y esto incrementó notablemente su popularidad en la región. A través de Arabia saudí, los imperialistas estradounidenses expandieron un nuevo tipo de religión y con ella su influencia política.

El dinero procedente de países tales como Arabia Saudí, Pakistán y Afganistán era abonado a los que se convertían al wahabismo y a aquellos que reclutaban a otros para unirse a la secta militante. Directamente como estado o a través de religiosos prominentes y hombres de negocios, Arabia Saudí apoyó el independentismo checheno bajo la supervisión de Estado Unidos. Como dijo el antiguo Secretario de Estado norteamericano James Baker: “Solo en la medida de nuestros intereses debemos oponernos al integrismo”.

El wahabismo se originó en Arabia Saudí en la segunda mitad del siglo XVIII sosteniendo una interpretación estricta del islam que rechaza las innovaciones introducidas en la religión tras la muerte de Mahoma. Unió a las tribus de la península arábiga y a principios del siglo XX proporcionó los fundamentos sobre los que se construyó el moderno estado de Arabia Saudí. Algunas interpretaciones wahabíes están vinculadas estrechamente al régimen saudí y denuncian todas las formas de disidencia que amenazan el orden político actual en el reino. Se opone la veneración de los santos, las peregrinaciones a los mausoleos y otras manifestaciones de religiosidad popular, algo muy habitual en las órdenes sufíes. También niega el papel del maestro, que es muy importante para los sufíes. Por todo ello, los wahabíes consideran al sufismo como una desviación de las enseñanzas islámicas originales.

Entre los musulmanes del Cáucaso, y entre los chechenos en particular, están muy extendidos los ritos funerarios. Cuando alguien fallece, existe un ritual de condolencias que es seguido por los parientes del fallecido y todo el pueblo. Sin embargo, los wahabíes creen que es inútil realizar un ritual de condolencias y que basta con enterrar al fallecido. Con la crisis los chechenos ni siquiera podían sufragar las costosas tradiciones funerarias. Así pues, muchos jóvenes comenzaron a pensar que los wahabíes enseñaban principios que tenían más relevancia para la vida actual en Chechenia y que las tradiciones funerarias se hallaban en oposición a los auténticos principios islámicos.

A través de Arabia saudí, la penetración wahabita fue un instrumento de presión de Estados Unidos dirigido contra Gorbachov y corrió paralela con el rearme de los talibanes en Afganistán. Al salir los soviéticos de Afganistán  en 1989, los imperialistas enviaron a los que entonces se llamaban muyahidines pasaron diez años después a combatir en la guerra de Kosovo que, finalmente, acabaron en el Cáucaso luchando por la independencia de Rusia.

El máximo exponente del apoyo de los wahabitas al independentismo checheno fue el saudí Ibn al-Jattab, cuyo nombre real era Samir Saleh Abdalah Al-Suwailem. Tras la guerra de Kosovo, se trasladó en 1999 a Chechenia y participó con Basaiev en la invasión del Daguestán. Fue asesinado en circunstancias nada claras en 2002.

Como Osama Ben Laden, Basaiev, aunque checheno, era de religión wahabita y combatió como muyahidín en Afganistán contra los soviéticos, donde el ISI (los servicios secretos paquistaníes), lo entrenaron en secuestros y otras operaciones terroristas. El ISI servía de puente entre la CIA y los combatientes islámicos afganos. Allí se entrevistó con los ministros pakistaníes Aftab Shahban Miran y Nazerrullah Babar, más el jefe de los servicios secretos, Javed Ashar, todos ellos colaboradores de la CIA. Basaiev reaparece como peón de la CIA en 1991, cuando se unió a Yeltsin en las barricadas durante el intento de golpe del Comité de Emergencia en Moscú.

La influencia wahabí dividió a Chechenia. Los sufíes aún componen probablemente el 95 por ciento de la población. Las órdenes sufíes trataron de mantener las distancias con respecto a la guerra chechena. Muchos dirigentes religiosos optaron por abandonar Chechenia para buscar refugio en la vecina Ingushetia o en otras partes de Rusia, dejando el campo libre a los wahabitas, que aunque representan una minoría, son un grupo muy organizado con ambiciones independentistas, que está tratando de promover sus propios intereses (y los de sus patrocinadores) en toda la región del Cáucaso. Los wahabitas tuvieron que enfrentarse con las órdenes sufíes locales. La política wahabí en Chechenia ha intensificado el independentismo, atrayendo la brutal represión rusa y extendiendo así su propia influencia frente a los sufitas. Tras ellos, antes y después de la caída de Gorbachov, siempre ha estado la larga mano de los imperialistas estadounidenses.

En agosto de 1994, tres meses antes de la intervención rusa, Dudaiev contaba con menos de 5.000 hombres armados y el gran muftí prohibió a los musulmanes que tomaran las armas. Sin embargo, disponía de un formidable arsenal de armas: un elevado número de aviones (unas 200 unidades, no todas operativas debido al reducido número de pilotos cualificados) y helicópteros, carros de combate, piezas de artillería, gran cantidad de fusiles y lanzagranadas, ametralladoras y fusiles, unas 20.000 granadas de mano y hasta 15 millones de balas. La aviación fue prácticamente destruida en su totalidad en los primeros días de la intervención rusa.

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