miércoles, 16 de diciembre de 2015

Las milicias chiítas en la guerra de Siria

Campeón de judo muerto en Siria
Oficialmente Irán no tiene combatientes regulares en Siria sino solamente consejeros militares que forman parte de los “Guardianes de la Revolución” (pasdaran) y de la Unidad Al-Qods en especial.

Pero en noviembre se volvió a publicar que el general iraní Qassem Suleimani, comandante de Al-Qods, había sido herido durante ua ofensiva al sudoeste de Alepo.

Las informaciones sobre la gravedad de las heridas eran contradictorias. Unos hablaban de que se trataba de heridas superficiales y otros de que estaba a punto de morir.

El caso es que el general iraní está en Siria, posiblemente al mando de los consejeros militares y las milicias chiítas.

Algunas fuentes estiman que desde finales de noviembre han muerto unos 30 milicianos chiítas llegados no sólo de Irán sino también de Afganistán e incluso Pakistán. En el listado no se cuentan los que proceden de Irak o de Líbano.

Si nos remontamos a octubre, el número de muertos asciende a 80, entre ellos un antiguo campeón de judo, Mostapha Sheikholislami.

Los voluntarios afganos y pakistaníes forman las brigadas “Zeynabiyun” y “Fatemiyun” en homenaje a Fátima, la hija de Mahoma enterrada en Qom, y a su hija Zeynab, que lo fue cerca de Damasco, dos mujeres muy veneradas por los chiítas.

Hace un par de meses el número de combatientes chiítas en la batalla de Alepo era de unos 2.000, aunque es muy posible que su número haya crecido porque el número de bajas también está creciendo por momentos.

“Hoy combatimos a miles de kilómetros para nuestra defensa”, dijo el 9 de diciembre el general Mohammad Ali Jafari, comandante de los Pasdaran, a SepahNews. “El futuro del islam y del mundo se determina por la guerra en esta parte de Asia occidental”, añadió en un discurso pronunciado ante las familias de los voluntarios muertos en Siria.

También en Irak las milicias chiítas desempeñan tareas importantes, aunque ahora están apartadas del teatro de operaciones en Ramadi.

Hace una semana que el gobierno de Bagdad ha pedido a Turquía que retire a las tropas desplegadas cerca de Mosul, en el campo de Bachiqa, para sostener al tambaleante gobierno autónomo kurdo de Barzani.

La máxima autoridad chiíta irakí, el ayatola Ali Sistani, ha criticado duramente la entrada de los turcos en el Kurdistán irakí. Dos días después las milicias chiítas lanzaban un ultimátum de 48 horas a Turquía para que retirara sus tropas.

“¿Acaso sueñan con restablecer la grandeza otomana? Es una ilusión que van a pagar muy cara”, dijo Karim al-Nuri, portavoz de la Brigada Badr.

La oposición chiíta ridiculizó, por si no resultara suficientemente ridículo, al gobierno autónomo kurdo de Barzani, cuyas pretensiones “autonomistas” miran hacia Bagdad, mientras consienten la presencia turca sobre su suelo.

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