sábado, 12 de diciembre de 2015

Se reducen las emisiones de CO2 a la atmósfera

Margaret Thatcher
En todo el mundo las emisiones de CO2 a la atmósfera se han mantenido constantes e incluso se han reducido ligeramente desde 2013 hasta hoy, según un artículo publicado en el boletín Nature Climate Change.

Por su parte, un artículo firmado por Justin Gillis y Chris Buckley en el New York Times asegura que las emisiones de CO2 a la atmósfera ya han alcanzado su punto más alto. Según los autores, para este año se espera una caída del 0,6 por ciento. Esta reducción contrasta con el crecimiento del 2,4 por ciento al año en la última década.

Las explicaciones sobre los motivos por los cuales se han reducido dichas emisiones no coinciden. En cualquier caso, no tienen nada que ver con la aplicación del Protocolo de Kyoto, ni tampoco con preocupaciones de tipo ecologista.

Se trata de factores puramente económicos. Algunos de ellos están ligados a la profunda crisis económica en la que están sumidos la mayor parte de las grandes potencias. Pero esta explicación tampoco es suficiente porque en China el crecimiento continúa y, sin embargo, este año las emisiones se han reducido un 2 por ciento.

Otros derivan de la transformación tecnológica de los aparatos productivos del capitalismo. Hoy los medios de producción son mucho más eficaces que hace 30 años, cuando se inició la renovación de los sistemas de producción industrial. Se produce lo mismo con un consumo mucho menor de combustible que antes.

En buena parte los combustibles tradicionales, especialmente el carbón, han sido sustituidos por otros, como los mal llamados “renovables”, así como por la energía nuclear. La sustitución ha permitido la diversificación de las fuentes de energía y una menor dependencia de los proveedores tradicionales de energía, como los países productores de petróleo.

No obstante, es un error creer que en el futuro el consumo de combustibles tradicionales, especialmente el carbón, se va a reducir. Desde 2000 el consumo mundial de carbón ha crecido más rápidamente que cualquier otra fuente de energía.

El germen de la Unión Europea fue el carbón o, mejor dicho, la llamada “Comunidad Europea del Carbón y del Acero” creada en 1950. Lo que empezó con el carbón también acabó con el carbón: con la interminable huelga de los mineros en la Inglaterra en 1984 contra los planes económicos Margaret Thatcher.

Lo mismo que otros países europeos (Alemania, Francia, España), en los ochenta Gran Bretaña inició la liquidación pura y simple del obsoleto sistema industrial británico, calificado como “sucio” desde el punto de vista ecologista, para sustituirlo por otro “limpio”.

Por eso un editorial publicado el 2 de noviembre de 2006 por la revista científica Nature hacía una apología descarada de la “Dama de Hierro”, a la que se ha calificado como la verdadera inspiradora de la teoría del calentamiento planetario.

Siendo primera ministra, su discurso de 1988 ante la Royal Society, la Academia británica de Ciencias, fue antológico; le dio un vuelco a la ciencia. Hasta entonces casi todos los expertos hablaban del peligro del enfriamiento del planeta. A partir de entonces casi todos hablan de lo contrario.

Pero más turbio aún que ese giro en la ciencia fue el giro en la política, cuando la izquierda reformista, los verdes y los ecosocialistas siguieron los pasos de una de las representantes más características de la reacción política mundial de los últimos tiempos.

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