martes, 30 de junio de 2015

Israel admite su apoyo a las milicias sirias

El lunes el ministro israelí de Defensa, Moshe Yalon, reconoció que su gobierno ayuda a las milicias sirias que combaten contra el gobierno de Damasco, a condición de que aseguren la frontera común entre ambos países.

El ministro realizó estas declaraciones en un encuentro con diplomáticos extranjeros celebrado en Tel-Aviv.

Otra de las condiciones del apoyo es la protección de la minoría drusa ante un potencial enemigo, según relata la prensa israelí.

“Cuando alguien es herido en las cercanías de nuestra frontera, se le deben ofrecer cuidados”, declaró el ministro, según relato del periódico palestino Al-Quds News. Yalon declaró también que a través de los sirios heridos Israel trata de que los rebeldes comprendan que si quieren que el apoyo israelí continúe, deben atenerse estrictamente a esas condiciones.

Según Yalon más de 1.000 sirios han recibido atención médica en hospitales isralíes desde el comienzo de la guerra en 2011. “Israel continuará actuando con sensibilidad y compasión hacia los drusos”, añadió, según indica el Times of Israel. “Los rebeldes del otro lado de la frontera también aprecian nuestra sensibilidad por su suerte”.

La semana pasada una muchedumbre de drusos en los altos del Golán atacaron a una ambulancia israelí que transportaba a dos milicianos sirios de la oposición. Uno de ellos falleció a causa de las heridas.

El ministro israelí afirmó que los drusos actuaron de manera irresponsable. “El individuo de la ambulancia no estaba afiliado al Frente Al-Nosra y su muerte provocará llamamientos a la venganza”.

Según los dirigentes israelíes, más de 100.000 drusos viven en el norte de Israel, de los cuales 20.000 en los altos del Golán que Israel ocupa.

Las consecuencias geopolíticas de la crisis griega en el Mediterráneo

Kostas Isychos
Ayer el Viceministro de Defensa griego, Kostas Isychos, fue entrevistado en La Cafetera de radiocable.com

Con España “tenemos un problema político, no personal”, dice Kostas Isychos, el viceministro de Defensa griego. Isychos fue entrevistado ayer en el programa La Cafetera de radiocable.com donde incluyó al pueblo español en el futuro "diferente" que, en su opinión, ambos pueblos tienen “que crear”.

Preguntado por el temor de los EEUU a que la crisis griega altere los equilibrios en el mediterráneo, Kostas Isychos señaló: “cambios geopolíticos y consecuencias geopolíticas habrá”.

La preocupación manifestada por EEUU es que Grecia termine alineándose con Rusia, creando un frente mediterráneo hasta ahora inexistente, escenario que Kostas Isychos no descarta: “Está abierto como una alternativa”, dice en La Cafetera. Isychos atribuye esa responsabilidad a la propia unión europea: “un país que se encuentra completamente chantajeado por los centros europeos no puede seguir compartiendo obligaciones que ya no son comunes”.

El programa conectó de nuevo también con Hibai Arbide, periodista que reside en Atenas. Arbide muestra un retrato muy diferente al que hace la prensa española sobre "el caos" griego: "La mayoría de los cajeros simplemente no tenían dinero. Había una importante cola pero en un lugar del centro junto al que pasan los corresponsales internacionales, y que estaba formada por turistas. El resto de los cajeros simplemente estaban vacíos. No había estas colas".

También participó en La Cafetera Sonia Camallonga de la Marea Granate -españoles que residen en el exterior-. Camallonga denunció en el programa los numerosos problemas con los que se están encontrando los expatriados que intentan utilizar la tarjeta sanitaria española.

La Cafetera sometió a debate en la red el tratamiento que dan a la actualidad las portadas de los periódicos del día.

Fuente: http://www.radiocable.com/viceministro-de-defensa-griego-dice-en-la-cafetera-que-habra-cambios-y-consecuencias-geopoliticas-en-el-mediterraneo.html

El corralito griego ha llegado para quedarse

Imaginemos que el domingo en el referéndum de Grecia gana el sí. El Gobierno griego (este u otro distinto) tiene un mandato claro del pueblo a aceptar las condiciones que le pone Europa y firman un acuerdo, un cuarto plan de rescate. ¿Ya no hace falta corralito, verdad? ¿O sí?

Realmente una vez que se establecen controles de capitales es muy complicado levantarlos. El siguiente plan de rescate puede ser por los próximos dos o tres años pero el pueblo griego ya sabe que se puede quedar sin su dinero. Y por tanto en cuanto se levantan los controles todo el mundo acude a sacarlos. La próxima no me pillan, piensa la gente. De hecho muchos llevan pensándolo bastantes años.

Ahora bien, ¿cuál es la solución? Básicamente esperar a que la economía griega esté suficientemente estabilizada, con crecimiento, sin problemas bancarios, generando empleo... como para no temer que la gente quiera sacar el dinero del país. Esto son muchos años o un trabajo muy bien hecho (cosa que no han hecho los sucesivos Gobiernos griegos).

Por tanto el corralito está para quedarse. Si votan sí porque no hay forma de levantarlo sin que se fugue el dinero. Y si votan no porque Grecia se tiene que salir del Euro de alguna forma y forzar a los depositantes a convertir sus ahorros a la nueva moneda. Quizá el fin del corralito lo veamos antes si Grecia se sale del Euro que si se queda en él.

http://www.elblogsalmon.com/entorno/grecia-el-corralito-ha-llegado-para-quedarse

lunes, 29 de junio de 2015

La trama Púnica de corrupción salpica a la monarquía

Como los demás políticos de pega, los miembros de la Casa Real viven de la imagen. Como no son nada tienen que aparentar algo y para eso contratan a empresas especializadas en inflar globos vacíos de aire, como Eico Online Reputation Management y Madiva Editorial y Publicidad, propiedad de Alejandro de Pedro Llorca.

Dichas empresas están especializadas en reputación en línea y su dueño aparece implicado en la Operación Púnica. El antiguo consejero de Presidencia de la Comunidad de Madrid Salvador Victoria y la antigua consejera autonómica de Educación, Lucía Figar, se encuentran entre los políticos imputados por la presunta contratación irregular de las empresas de relaciones públicas Pedro Llorca.

Los contratos de Pedro Llorca con instituciones públicas motivaron su ingreso en prisión provisional el pasado mes de octubre. No salió de la cárcel de Estremera hasta enero tras abonar una fianza de 50.000 euros. Su tarea consistía en lavar la reputación personal de los miembros de la Casa Real y los políticos. El juez le acusa de haber trabajado de forma irregular para la Comunidad de Madrid, una consejería de la Región de Murcia, la Diputación de León y varios ayuntamientos de diferentes puntos de España.

Luego le pagaban con fondos del erario público mediante facturas falsas. El acusado sostiene que entre los organismos que contrataron sus servicios de imagen y reputación en internet y redes sociales, se encontraba la Casa Real, una institución que, sin embargo, han tratado de que no sea salpicada por el procedimiento.

Sus servicios de imagen y reputación incluían la censura de las opiniones negativas que se publicaban en foros y redes sociales sobre sus máximos dirigentes y también la fabricación de noticias positivas para relegar a posiciones secundarias en los principales buscadores las informaciones críticas sobre ellos.

Así falsificaron las cuentas de la deuda griega

En los años noventa el Tratado de Maastricht, del que ya nadie habla, impuso a los países europeos lo que entonces se calificó como “criterios de convergencia” para poder entrar en el euro, una serie de indicadores económicos uniformes, entre ellos el porcentaje de deuda, que se fijó en un máximo del 60 por ciento del PIB y el déficit público, que no podía superar el 3 por ciento.

En 1999 a Grecia le falsearon la contabilidad para poder entrar en el euro. En Bruselas todos lo saben y todos lo admiten porque creyeron que se trataba de un truco pasajero. Por su milenaria historia, Grecia era un país simbólico de la misma Europa, e incluso de eso que llaman “Occidente”, y no podía quedar fuera de la moneda única.

El engaño se conocía desde mucho tiempo atrás. En un informe de 2004 Eurostat ya denunció la “falsificación generalizada de los datos sobre el déficit y la deuda por parte de las autoridades griegas”(1). Con el desplome económico generalizado de 2007, el asunto dejó de ser un truco y se convirtió en una crisis interna e internacional. Actualmente el porcentaje de deuda de Grecia sobre el PIB es del 13 por ciento.

En un ejercicio de hipocresía, la Comisión Europea se rasgó las vestiduras y reconoció que había “descubierto” un fraude. Pero para entonces no sólo había un fraude sino dos. A la deuda griega se le sumó la deuda municipal de Italia cuando el Tribunal de Cuentas de aquel país advirtió de que durante décadas los contratos financieros de los ayuntamientos habían ocultado una parte de la deuda y, por lo tanto, los desequilibrios fiscales de las cuentas públicas.

Ambos fraudes situaron en el centro del huracán al italiano Mario Draghi, actual presidente del Banco Central Europeo. En el caso de Grecia, Draghi había sido vicepresidente para Europa del banco de negocios estadounidense Goldman Sachs. En el caso de los ayuntamientos italianos Dragi fue presidente del Banco central italiano entre 2006 y 2011. Pero en la década de los noventa ocupó el cargo de director general del Tesoro italiano, período durante el que se fraguó la ocultación del agujero municipal.

Dragi no sólo fue un gestor de Goldman Sachs sino también socio y, por lo tanto, beneficiario de los chanchullos financieros de la multinacional. Por falsear los números el banco estadounidense se llevó un botín de 600 millones de euros. No es de extrañar que cuando en 2011 Draghi presentó sus credenciales ante el Parlamento europeo tuviera que dar explicaciones de su gestión al frente de Goldman Sachs. Naturalmente que dijo que nunca supo nada del ocultamiento de la deuda griega.

Además de rasgar las vestiduras farisaicas de Bruselas, el fraude rasgó las de la propia Grecia. En 2009 el nuevo gobierno griego del “socialista” Yorgos Papandreu dijo “escandalizarse” por los trucos contables utilizados por Goldman Sachs para ocultar la deuda. Ese tipo de “escándalos” siempre funcionan de la misma manera manera: eran trucos propios del gobierno anterior, en los que los “socialistas” no tenían ninguna responsabilidad. Sin embargo, los gobiernos “socialistas” de Costas Simitis también utilizaron exactamente los mismos trucos (2).

Para tapar un fraude, Papandreu cometió otro: puso al frente de la Agencia de Deuda Pública griega a Petros Christodoulou que también había sido un lacayo de Goldman Sachs y, por lo tanto, conocía sus trucos contables a la perfección.

Pero el banco estadounidense no era sólo un asesor ajeno al gobierno griego sino el intermediario oficial de las emisiones de deuda del país heleno. La mayor parte de ella se emitía en moneda extranjera, sobre todo yenes y dólares, con lo que la fluctuación de divisas alteraba el coste real de las emisiones.

La deuda griega no es más que una estafa preparada por Goldman Sachs con la complicidad de la Unión Europea y la oligarquía financiera griega. Ahora pregúntense Ustedes cómo es posible que toda esta gentuza no esté en la cárcel. La respuesta es que no se pueden condenar ellos mismos, porque en Bruselas no hay nadie limpio. Los manejos de Draghi hubieran sido imposibles sin una tupida red de complicidades en el seno de las instituciones europeas, del poder político y del capital financiero. Donde hay un fraude hay un ocultamiento, un silencio y en 2010 Jean Claude Trichet, entonces presidente del Banco Central Europeo, se negó a entregar los documentos requeridos para conocer la verdadera dimensión de la deuda griega.

Durante dos años, el Banco Central Europeo y los grupos de presión pusieron en marcha a sus contactos para proteger a Draghi y no permitir que se llevaran a cabo auditorías en torno de las irregularidades cometidas en Grecia. Las comisiones del Parlamento europeo designadas para investigar la estafa chocaron sistemáticamente contra las redes de intereses que protegían un euro edificado sobre una cadena de mentiras. Merkel en persona respaldó a Draghi. La canciller alemana destacó que los planes del especulador sobre solvencia y estabilidad económica “coincidían con las de Alemania”.

Pues si es así, ahora que no se lamente -ni ella ni nadie- ni eche las culpas a Grecia.

(1) Eurostat confirma que Grecia redujo su déficit con derivados de Goldman Sachs, http://cincodias.com/cincodias/2011/05/13/mercados/1305380839_850215.html
(2) How Goldman Sachs Helped Greece to Mask its True Debt, http://www.spiegel.de/international/europe/greek-debt-crisis-how-goldman-sachs-helped-greece-to-mask-its-true-debt-a-676634.html

domingo, 28 de junio de 2015

Las leyes de la historia

Juan Manuel Olarieta

Gilles Questiaux aúna la doble condición de profesor de historia y militante del PCF que quiere resucitar la vieja momia eurocomunista “desde dentro”. El año pasado escribió un breve artículo titulado “El movimiento revolucionario y las leyes del movimiento histórico” (*) que sintetiza algunos de los lastres del revisionismo en un recorrido vertiginoso, desde los tiempos del neolítico hasta hoy.

Más que marxismo, el artículo es una colección de tópicos sobre la historia cuya refutación exigiría un relato disperso en la dirección contraria, empezando por absurdos, como que los genetistas han demostrado que “todos los miembros de la especie [humana] descienden de cuatro individuos (de sexo femenino)” o que la consigna de “socialismo o barbarie” hay que sustituirla por esa ridiculez de “socialismo o aniquilación” de la especie.

A pesar de ello, la pretensión de Questiaux es muy acertada porque los marxistas ponen la argumentación política dentro de la historia y eso los diferencia de la burguesía y, por lo tanto, de la manera corriente de argumentar en las polémicas políticas, en las que la historia está ausente. Para la burguesía la historia es el pasado y lo que interesa es el presente. Ambas cosas no tienen nada que ver. De ahí que los argumentos políticos burgueses sean la misma vulgaridad mil veces repetida.

Pero eso no es algo propio solamente de la burguesía sino de la manada que sigue sus pasos con apariencias “progresistas” y consignas tales como “sí se puede” o la de “otro mundo es posible” en las que el ansiado cambio con el que sueña la burguesía insatisfecha de sí misma es un ejercicio de la voluntad. Con otras palabras repiten aquello de “querer es poder” que resume toda la ideología burguesa acerca de lo que es el poder y de que quien dispone del poder puede hacer “lo que le viene en gana”, puede “hacer y deshacer”, hacer una cosa o su contraria, etc. Para cambiar las cosas hay que hacerse con ese “poder”, llegar a presidir un gobierno o una alcaldía y empezar a aprobar decretos.

Es el criterio rácano de la pequeña burguesía que personaliza el poder (poder político, poder del Estado) y cree que alguien como Rajoy, Obama o el alcalde del pueblo se mueven por su propia voluntad y, naturalmente, que esa voluntad es individual. Quienes pensamos que la lucha de clases es el motor de la historia somos absolutamente ajenos a ese tipo de concepciones burguesas, por más que se vistan con ropajes reivindicativos.

Al poner la política dentro de la historia (y, por lo tanto, dentro de la lucha de clases) se empieza dejando claro que dicha política -cualquiera que sea- no es una foto fija sino algo que está cambiando y que va a seguir cambiando siempre, por lo que quien se esfuerce por mantener las cosas tal y como están ahora está condenado al fracaso.

Pero también están condenados al fracaso -igualmente- quienes no sepan en qué dirección marchan los cambios o crean que basta con cualquier cambio, en cambiar por cambiar.

La lucha de clases, como cualquier otra lucha, se rige por leyes y, por lo tanto, la historia también tiene leyes, de donde se desprende que también tiene razón Questiaux cuando sostiene que, a pesar de una impresión contraria, superficial, según la cual lo que los marxistas quieren -el socialismo- contradice el desarrollo histórico, en realidad los acontecimientos marchan hacia ahí. Los marxistas no van en contra sino a favor del viento de la historia.

Es un error creer que “otro mundo es posible” significa que “cualquier otro mundo es posible” sobre todo si ese “mundo” no es más que un capitalismo “de rostro humano”, con desempleo, jubilación, viviendas, hospitales y escuelas, es decir, un mundo que se ha ido para no volver.

Sólo hay un “mundo” posible realmente alternativo al que conocemos, que es el socialista, por algo que Marx y Engels explicaron hace tiempo: porque el propio capitalismo está preñado de socialismo, porque en su fatal agonía el capitalismo lleva en sus entrañas el socialismo. En este sentido -y no hay otro sentido posible que ese- el socialismo no es que sea posible: es inevitable.

Ahora bien, la manera en que lo plantea Questiaux es pésima, lo cual es preocupante procediendo de un profesor de historia. A la manera revisionista, Questiaux habla del “progreso” de la historia, de su “sentido”, de que marcha hacia un “objetivo” y, lo que es aún peor, ese enigmático “devenir” lo contrapone a los ciclos históricos, incurriendo en una interpretación lineal y mecanicista de la historia típica de los tiempos de la antigua socialdemocracia alemana.

Si la historia la mueven las clases y la lucha de clases es porque ellas son personas y personajes de carácter histórico, es decir, que representan a las clases sociales y, por consiguiente, a grandes colectivos de personas, homogéneos por su papel en la producción, mejor o peor organizados. Eso es lo que le falta decir a Questiaux y a los revisionistas que conoce el movimiento obrero desde hace un siglo: que el capitalismo no va a caer por su propio “élan”, como dicen los franceses. Los formidables muros de la Bastilla no cayeron sino que fueron derribados. Si alguien se da una vuelta por la Plaza de la Bastilla de París no verá ningún resto de que alguna vez ahí hubo una cárcel que fue asaltada y destruida por las masas para liberar a los presos encerrados en ella.

Para derribar un edificio hay que saber qué es lo que lo sostiene en pie y muchas otras cosas más: hay que saber fabricar explosivos, hay que saber dónde colocarlos, hay que saber detonarlos... Eso es lo que la historia enseña. El poder no deriva sólo del querer -de la voluntad individual o colectiva- sino del saber. No se puede cambiar -y mucho menos derribar- lo que no se conoce.

Al mismo tiempo, para conocer algo, hay que cambiarlo. Por ejemplo, quienes mejor conocen las cárceles son aquellos que luchan contra ellas, que defienden a los presos, que quieren acabar con su condición. ¿Cómo pretenden acabar con las cárceles quienes no saben lo que es una cárcel?, ¿creen que las cárceles son eternas, que siempre ha habido y siempre habrá cárceles?, ¿quieren mejorar las cárceles?, ¿poner aire acondicionado en las celdas?, ¿que los presos se sientan a gusto con su encierro?

Cuando algo se acaba decimos que es “historia”. Existió pero ya no existe. Eso significa también que tuvo un origen, un motivo, una causa y que luego evolucionó hasta desaparecer. Pues bien, todo es historia. Todas las instituciones humanas, incluidas las cárceles y el capitalismo, desaparecerán alguna vez porque serán derribadas por los mismos hombres que las pusieron en pie. Nacieron porque una ley histórica las creó y esa misma ley histórica es la que las derribará. Los hombres, las clases sociales, son el brazo con el que la historia se abre camino.

Ese es el aspecto que, a pesar de su importancia, los revisionistas nunca tienen en cuenta.

(*) Le mouvement révolutionnaire et les lois du mouvement historique
http://www.reveilcommuniste.fr/article-le-mouvement-revolutionnaire-et-les-lois-du-mouvement-historique-123706314.html?utm_source=flux&utm_medium=flux-rss&utm_campaign=politics

Rehenes políticos

Nicolás Bianchi

La lucha armada de ETA -antes de su final- y, por extensión, la del segmento más concienciado políticamente del pueblo vasco, no ha sido tanto -a mi juicio- la pelea por la liberación nacional, que también, puesto que Euskal Herria nunca ha sido una colonia de la "metrópolis" española, como la permanente denuncia, empleando vías armadas o pacíficas, de una nación sin Estado que grita su derecho a la autodeterminación y, en su caso, la independencia y, por ende, a formar un Estado. El carácter que adopte este futuro Estado ya es otro cantar que sólo la lucha de clases, en primer término, aparte otros factores, decantará (más que una "sociedad" indiscernible o un "pueblo" vagaroso y vagoroso).

En Euskadi no se han enfrentado, militarmente hablando, dos ejércitos. Si así fuera, los militantes de ETA habrían ido uniformados (como las FARC, por ejemplo, o el IRA) para enfrentarse a un enemigo que sí va uniformado, como las FSE. He aquí una diferencia. Otra es que un voluntario de una organización armada que aspira a la independencia de su pueblo -ahora sí cabe hablar de liberación nacional o MLNV, expresión que hasta Aznar empleó trastabillándose, eso sí, la falta de costumbre- o la revolución política (que implica la social), está dispuesto a matar y morir por su causa, que no es cualquier causa, sino la más democrática de todas, a saber, el derecho a decidir de la población de un territorio geográfico y un marco político concreto y no otro, mientras el ocupante, el invasor, el que oprime nacionalmente a un pueblo determinado, quien va uniformado, quien representa una autoridad "políticamente" ilegítima por antidemocrática y fascista, está dispuesto a matar, pero no a morir, ah, esto no, que no va en el guión, y me habían contado otra película. Y ello porque no tiene ninguna causa que defender, salvo la de una soldada, esto es, un interés particular frente a una causa desinteresada exceptuando unos objetivos políticos por los que se juega la vida. Otra diferencia, como ya dijimos.

En conclusión: el carácter político del enfrentamiento armado lo da el enemigo que disimula tal carácter llamando "terrorista" a quienes se resisten a la opresión. Esto ha pasado toda la puta vida y no decimos nada nuevo. Para ello, como es sabido, cuentan con la maquinaria propagandística (ya no hay medios de comunicación, sino de propaganda) para cloroformar y lobotomizar, somatizar y sodomizar, a eso que llaman la "opinión pública".

Conviene recordar estas cosas pinten bastos o la ocasión la pinten calva, salvo que estemos hablando de otra cosa. Como también conviene no olvidar -otra diferencia- que ETA (o los GRAPO en su momento) no es un ejército uniformado, no hace prisioneros uniformados del enemigo ergo: no tortura, ni tiene cárceles ni territorios "liberados", no es, no era, una guerra convencional (hoy ninguna lo es).

Pues bien, si es verdad, como se viene diciendo, que vivimos nuevos tiempos dylanianos de cambio de ciclo, es preciso poner en primer lugar y no posponer la lucha por la excarcelación de todos los presos políticos vascos y no vascos. Especialmente los más chantajeados, o sea, los que están gravemente enfermos o han cumplido sobradamente su condena. Ellos son la verdadera memoria histórica de los pueblos. Y las auténticas víctimas directas de la opresión terrorista del Estado fascista.

Supongo que este "discurso" le aburre a un posmoderno como "El Coletas" -dicho "sin acritud", como decía su alter ego Felipe González- escrito por un "cenizo" con "cultura de derrota" (esta es nueva, siempre se aprende algo de estos chicos). Hala, a triunfar, que son dos días: carpe diem. Y, cuando vengan mal dadas, a dar conferencias y escribir una "Memorias" para Planeta.

sábado, 27 de junio de 2015

El terrorismo racista en EEUU es tan antiguo como el país

Brit Bennett

Mi abuela contaba de los hombres del Klan que andaban a caballo por la noche en Luisiana. Ella los había visto con sus ropas blancas que brillaban en la oscuridad como también había visto a personas negras que se escondían en los pantanos para escapar de ellos. Antes de que ella llegara a este mundo, durante la Reconstrucción, los miembros del Ku Klux Klan creían que podían asustar a una población negra supersticiosa y con una libertad recién conquistada. Llevaban trajes terroríficos pero no se escondían exactamente –muchos antiguos dueños de esclavos y algunos vecinos podían ser reconocidos debajo de las sábanas blancas. Ellos eran los exorcistas enmascarados, una manera de mantener el control usando el terror. Además de matar y golpear a los negros, a menudo afirmaban ser los fantasmas de los soldados confederados muertos.

Se podría argumentar, por supuesto, que no hay fantasmas de la Confederación, porque la Confederación aún no ha muerto. Las estrellas y las barras viven, orgullosamente estampadas, en las camisetas y las placas de los carros; el símbolo por excelencia de la esclavitud, la bandera, aún vuela sobre el Capitolio de Carolina del Sur. El asesinato no ha parado tampoco, y como botón de muestra ahí está la muerte de nueve personas de raza negra en una iglesia en Charleston esta semana. El sospechoso, que es de raza blanca y que el viernes fue acusado de nueve cargos de asesinato, le dijo al grupo de estudio bíblico al que después masacró: “Tengo que hacerlo... Ustedes violan a nuestras mujeres y están tomando nuestro país y se tienen que ir”.

Los medios de comunicación han sido reacios a clasificar el tiroteo de Charleston como terrorismo, a pesar de lo inquietante que es el eco de la historia del terrorismo en nuestro país. El terrorismo estadounidense se originó con el fin de restringir el movimiento y la libertad de los recién liberados estadounidenses negros quienes, por primera vez, comenzaron a ganar un poco de poder político. El Acta del Ku Klux Klan fue una de las primeras piezas que tuvo en cuenta la legislación antiterrorista de Estados Unidos. Cuando se promulgó la ley federal en 1871, nueve condados de Carolina del Sur se colocaron bajo la ley marcial, y decenas de personas fueron arrestadas. Los temores del pistolero Charleston –hombres negros que violan a mujeres blancas, negros que toman el país– son los mismos temores que sentían los miembros del Klan, que utilizaron la violencia y la intimidación para controlar a las comunidades de negros libertos.

Incluso con estos paralelismos, todavía escuchamos interminables especulaciones sobre los motivos del atacante de Charleston. La gobernadora Nikki Haley de Carolina del Sur difundió un mensaje de Facebook en el que decía que “aunque todavía no conocemos todos los detalles, sí sabemos que nunca vamos a entender lo que motiva a alguien a entrar en uno de nuestros lugares de culto y quitarle la vida a otra persona”.

A pesar de los informes de que el asesino declaró su odio racial antes de disparar a los miembros del grupo de oración, sus motivos son inescrutables. Incluso después de que se difundieran fotos en las que el sospechoso llevaba una chaqueta adornada con las banderas de Rhodesia y de Sudáfrica durante la era del apartheid o que estuviera junto a un automóvil con las placas de la bandera confederada -una prueba tangible de su alineación con la ideología violenta, segregacionista- sus acciones se mantuvieron supuestamente indescifrables. Un tweet del Seattle Times (ahora suprimido) preguntaba si en el pistolero se “concentra el mal o es un dulce niño”, The Wall Street Journal lo calificó “solitario” y el alcalde de Charleston lo llamó “sinvergüenza”, sin embargo, las designaciones aparentemente obvias –asesino, terrorista, criminal, racista– no aparecen en ninguna parte.

Este es el privilegio de la tez blanca en EE.UU.: si un terrorista es blanco, sus actos de violencia nunca serán relacionados con su color de piel. Un terrorista blanco tiene motivos únicos y complejos; está más allá de toda comprensión. Puede ser un solitario perturbado o un monstruo. Es un enfermo mental o el mal personificado. El terrorista blanco existe únicamente como una díada de extremos: o es humanizado hasta el punto de despertar simpatía o es casi tan monstruoso como un ser mitológico. De cualquier manera, nunca es indicativo de un problema global que tiene que ver con el color de piel, ni está relacionado con una sociedad racista. Él solo se representa a sí mismo. Un terrorista blanco será definido de cualquier modo que permita calificarlo como una anomalía, sin conexión con la larga historia del terrorismo racista de EE.UU.

Siempre me llamó la atención esta reticencia no sólo para nombrar al terrorismo cometido por los blancos estadounidenses, sino al propio adjetivo “blanco” en los actos de violencia racial. En un artículo reciente del New York Times sobre la historia de los linchamientos, las víctimas son descritas repetidamente como negros. Ni una sola vez, sin embargo, los protagonistas de los actos violentos han sido descritos como lo que son: blancos. En cambio, las turbas blancas dedicadas al linchamiento son simplemente descritas como “un grupo de hombres” o “una turba”. En un artículo sobre la violencia racial, esta supresión es absurda. El color de las víctimas es relevante, sin embargo, la raza de los asesinos no lo es.

Si estamos dispuestos a admitir el color de la piel de los negros que fueron linchados, ¿por qué no estamos dispuestos a admitir que la raza es la razón de por qué fueron linchados? En el discurso tras la matanza de Charleston, el presidente Obama mencionó el color blanco sólo una vez –en una cita del reverendo Martin Luther King Jr. que intenta fomentar la armonía interracial. Obama reconoció ambiguamente que “esta no es la primera vez que las iglesias negras han sido atacadas”, pero omitió especificar las causas de los ataques a dichas iglesias. Usa un tiempo verbal pasivo que es el eco de la misma extraña vaguedad, la renuencia a nombrar incluso al terrorismo de los blancos, como si las iglesias negras hubieran sido atacadas por una fuerza sin cuerpo; y no por gente real motivada por una ideología racista cuyas raíces se extienden más allá de la fundación del país.

Entiendo que resulte cómodo guardar silencio. Si no se habla de la violencia blanca, si no se la reconoce, si se considera que los terroristas blancos son santos o demonios, no tenemos que lidiar con la realidad mucho más complicada de la violencia racial. En la actualidad, el terror por razones raciales ya no se presenta con capuchas y batas blancas. Usted puede ser alguien de 21 años de edad, que tiene muchos amigos negros en Facebook y cuenta chistes racistas inofensivos y cometer un acto atroz de violencia racial. No podemos separarnos de los monstruos porque los monstruos no existen. Los monstruos han sido siempre seres humanos.

En la imaginación contemporánea de Estados Unidos, el terrorismo es extranjero y tiene la piel oscura. Los terroristas no tienen motivaciones complejas. No nos exhortamos, unos a otros, a no emitir ningún juicio hasta conocer su historia en Facebook o escuchar las entrevistas a sus amigos. No se invita a psicólogos para analizar el estado mental de esas personas. Sabemos de inmediato por qué matan. En cambio, un terrorista blanco es un enigma. Un terrorista blanco no tiene historia, ni contexto, ni origen. Sigue siendo por siempre una incógnita. De su existencia no se habla. Lo vemos pero fingimos no verlo. Es un fantasma que flota en la noche.

Fuente: http://www.telesurtv.net/opinion/El-terrorismo-racista-en-EE.UU.-es-tan-antiguo-como-el-pais-20150625-0056.html

El compromiso de Francia con el Frente Al-Nosra

Francia siempre se ha esforzado por impedir que el Frente Al-Nosra, la filial de Al-Qaeda en Siria, fuera incluido en la lista de organizaciones terroristas internacionales de la ONU. El Presidente francés Sarkozy había puesto todos los medios a su alcance para expulsar a Bashar Al-Ashad de Damasco y la llegada de los socialistas en mayo de 2012 empeoró las cosas aún más, si cabe. Francia necesitaba utilizar a los fundamentalistas como fuerza de choque.

Lo que no hizo la ONU lo hizo Estados Unidos, que incluyó a Al-Nosra en su propio listado, lo cual fue duramente criticado por Laurent Fabius, ministro francés de Asuntos Exteriores.

Una carta confidencial fechada el 29 de abril de 2013, dirigida por la delegación marroquí en la ONU a su Ministerio en Rabat, ha puesto al descubierto la política de los socialimperialistas franceses en Siria. El gobierno de Damasco, dice la carta, quiere que la ONU incluya al Frente Al-Nosra en el listado de organizaciones terroristas internacionales, pero Francia se opone, temerosos por la posibilidad de que se descubra que la llamada “oposición siria” no es otra cosa que terrorismo.

Para impedirlo el ministro francés de Asuntos Exteriores llevó a cabo una serie de negociaciones bajo cuerda, dice la delegación marroquí. El plan, que ha sido aprobado por Gran Bretaña, consiste en añadir discretamente al Frente Al-Nosra en el listado de sanciones impuestas contra Al-Qaeda en Irak. De esa manera el gobierno francés contaba con contrarrestar el plan del gobierno sirio y la “oposición” no quedaría estigmatizada.

La carta alude también a la posición de Arabia saudí sobre el mismo asunto. Tampoco desea que Al-Nosra sea incluida en el listado de la ONU, entre otros motivos porque la autocracia de Riad podía quedar al descubierto como patrocinadora de grupos terroristas. El delegado saudí en la ONU le confesó a su homólogo marroquí: “Es imposible estigmatizar a Al-Nosra mientras nosotros los sostengamos, armemos y financiemos. Es imposible que se diga y escriba que nosotros somos aliados del terrorismo”.

El 31 de mayo de 2013 Francia perdió la batalla y Al-Nosra fue incluida en el listado de la ONU, poniendo en peligro la campaña mediática orquestada por la prensa mundial acerca de la “oposición siria”. Cuando el setiembre del año siguiente Al-Nosra liberó a 45 cascos azules que mantenía secuestrados, el gobierno francés apoyó el rescate que pedían los secuestradores: que los borraran de la lista negra de la ONU. El chantaje no salió adelante. Pero, ¿por cuánto tiempo? Ahora Kerry, lo mismo que Qatar, apoya a los franceses y también quiere sacar a Al-Nosra del listado.

La memoria es frágil. En muy poco tiempo el Califato Islámico ha dejado a Al-Qaeda casi como si fuera una ONG. ¿Es que ya nadie se acuerda del 11-S?

Un 89 por ciento de los rusos avala la política de Putin

Mientras la credibilidad de los políticos occidentales está bajo mínimos, los sondeos le ponen a Putin en la cumbre de su popularidad, en porcentajes desconocidos en Estados Unidos, Francia, Alemania o Inglaterra.

El jueves el sitio Ruskaia Narodnaia Linia publicaba los resultados de una encuesta del Centro Levada sobre la puntuación de Putin entre los rusos, que alcanzó una cota del 89 por ciento de los encuestados. El 64 por ciento se reconocen convencidos que Rusia avanza en la buena dirección.

El sondeo se realizó entre el 19 y el 22 de junio entre 1.600 personas habitantes de 134 lugares distintos, repartidos en 46 regiones del país. El margen de error de la encuesta se ha establecido en un 3,4 por ciento.

Un 89 por ciento aprueba la gestión de Putin como Presidente, frente a un 85 por ciento en enero. Un 10 por ciento la desaprueba y un 1 por ciento no se manifiesta.

Entre los políticos rusos, Putin es el mejor valorado con un 65 por ciento. La segunda plaza la ocupa Serguei Shoigu, ministro de Defensa, con un 28 por ciento. La tercera es para el ministro de Asuntos Exteriores, Serguei Lvrov, con un 21 por ciento, en las mismas condiciones que el Primer Ministro Dimitri Medvedev.

Un 64 por ciento de los rusos cree que su país marcha en la buena dirección, mientras que un 22 por ciento opina lo contrario y el 14 por ciento no se pronuncia.

El responsable de prensa de la Presidencia, Dimitri Peskov, ha dicho que un porcentaje tan elevado de confianza constituye “una enorme responsabilidad”, pero que Putin no teme “en absoluto” a las responsabilidades. También dijo que los elevados índices de apoyo le abren “formidables posibilidades de acción”.

Fuente: Июньские рейтинги одобрения и доверия, http://www.levada.ru/24-06-2015/iyunskie-reitingi-odobreniya-i-doveriya

300 soldados saudíes cambian de bando en la guerra de Yemen

“El último golpe propinado a la familia real saudí procede de Hachem al-Ahmar, comandante de artillería del ejército saudí de Al-Wadia, quien ha cruzado la frontera con 300 soldados que se han unido al ejército yemenita y las fuerzas revolucionarias”, según el sitio Panorama de Oriente Medio.

El régimen saudí se encuentra en una situación difícil y los dirigentes saudíes son plenamente conscientes de ello.

El miércoles las fuerzas tribales y militantes de la región de Najran, en Arabia saudí, formaron un movimiento de oposición política y militar a Riad, llamado “Ahrar Al-Najran”. Previamente la región había declarado su independencia y se ha unido a Yemen en la guerra contra el régimen de Riad.

La ineptitud que viene mostrando la monarquía saudí en la guerra de Yemen es preocupante. Lleva décadas armándose hasta los dientes, ha necesitado formar una especie de coalición bendecida por la Liga Árabe, ha tenido que esperar a recibir el apoyo expreso de los imperialistas... y, sin embargo, sus ataques no han hecho más que reforzar al movimiento insurgente.

Para justificar sus reveses, la autocracia saudí apela al apoyo que presta Irán a los huties, mucho menos importante de lo que dicen y, en cualquier caso,  irrelevante frente a la fuerza de choque saudí. La autocracia no puede disimular por más tiempo su absoluta ineptitud.

Por el contrario, los huties no necesitan demostrar nada. Entre 2004 y 2009 libraron seis guerras contra el gobierno central y los que siguen en pie son ellos.

Lo que el viento se llevó

En un artículo publicado por el New York Post, el crítico de cine Lou Lamerick sostiene que la película “Lo que el viento se llevó” es racista y defiende la esclavitud. La referida película, a la que le dieron diez Óscar de Hollywood en 1940, se basa una novela de la escritora Margaret Mitchell y está considerada como uno de los pilares más importantes de la cultura cinematográfica.

La película se va a volver a proyectar el 4 de julio, la fiesta nacional estadounidense, en el Museo de Arte Moderno de Nueva York para celebrar el 75 aniversario de la invención del tecnicolor en el cine.

Fue la película más cara y más larga de la historia. También fue la más rentable. La novela, publicada en 1936, también fue laureada con el Premio Pulitzer, por lo que en todo el mundo el mensaje racista se ha transmitido a un público muy amplio.

La trama de la película arranca con la guerra civil que se desencadenó en Estado Unidos en 1860 y que se suele resumir muy esquemáticamente como un enfrentamiento entre los Estados del norte (antiesclavistas) con los del sur (proesclavistas).

La película presenta la guerra civil como la presentan en España las plañideras de nuestra guerra civil de 1936-1939; un lamentable enfrentamiento fratricida, que causó muchos sufrimiento (a todos en general, a todos por igual), que se hubiera podido evitar...

Lo cierto es que el sufrimiento depende de las clases sociales, sobre todo si hablamos de la esclavitud y es difícil que los esclavos consideren como un “sufrimiento” la pérdida de su condición.

Por lo tanto, bajo la apariencia de una crítica a la guerra civil subayace una crítica a la abolición de la esclavitud. Pero, además, la “culpa” de la guerra fue de los nordistas. De ahí que la bandera confederada, símbolo de la supremacía blanca, aparezca continuamente en muchos planos de la película.

Las referencias racistas son sutiles. El Ku Klux Klan no aparece, ni tampoco las alusiones abiertamente despectivas hacia los negros (“niggers”) a los que se les llama “morenos” (“darkies”). Sin embargo, los personajes Rhett y Ashley acuden a una serie de mítines políticos, cuyo contenido se deja en el aire porque dichas reuniones no eran otras que las del Ku Klux Klan.

Según Lamerick la película falsea la historia cuando afirma que los sudistas acudieron en masa a la guerra para defender un modelo de Estado confederal y no el mantenimiento de la esclavitud.

El color es tan importante en la calle (color de la piel) como en el cine (tecnicolor). El racismo de la sociedad se expresa a la perfección en el racismo de la polícula. La actriz negra Hattie McDaniel obtuvo uno de los Óscar con los que fue galardonada. Era la primera vez que un negro recibía un premio de la Academia de Hollywood. Los negros demostraron entonces que podían representar papeles secundarios a la perfección. No necesitaban ser actores porque es el mismo papel que representan en la sociedad estadounidense.

viernes, 26 de junio de 2015

Estados Unidos está más cerca de Grecia que de Alemania

Si las comparaciones no son odiosas, sí son curiosas por lo menos. El New York Times ha comparado la actual crisis griega con la de 1947, con el país envuelto en una guerra revolucionaria y a punto de caer en las garras de la URSS de los tiempos de Stalin. Entonces apareció la “doctrina Truman”, con un sobre por valor de cientos de millones de dólares encima de la mesa para mantener a Grecia en la órbita occidental y en la OTAN.

Grecia no sólo tiene un problema de dinero. En la reciente visita de Merkel a la Casa Blanca, Obama le dijo que Alemania tenía que solucionar la bancarrota “para bien de occidente”. Han leído Ustedes correctamente: no para bien de Grecia sino de Occidente. El país heleno plantea un problema estratégico, pero quien tiene el problema no es Grecia sino el imperialismo. Es a ellos a quienes conviene solucionarlo.

A través de su portavoz, el New York Times, Obama presiona a Merkel y le dice lo que tiene que hacer: no debe orientarse por la política interior de su país; lo que debe hacer es tomar las riendas de la Unión Europea. Allá como acá todos aseguran que la salida de Grecia del euro sería catastrófica, pero no para Grecia sino para Europa, que tendría cientos de miles de millones de pérdidas que harían las finanzas inmanejables.

Grecia entró en la zona euro por consideraciones geopolíticas y sólo se mantendrá en ella por las mismas razones. Si hay que volver a falsificar los libros de contabilidad, como hizo Mario Draghi en 1999, se volverá a hacer ahora como se hizo entonces y todos cerrarán los ojos igual. ¿No se lo han contado a Ustedes?, ¿se lo han contado al revés? Pues sepan que cuando Draghi era uno de los máximos responsables en Europa de Goldman Sachs, asesoró al Primer Ministro griego Kostas Karamanlis para ocultar la verdadera magnitud del déficit griego. Esa ocultación condujo a la actual crisis de la deuda. Por eso en junio de 2011 el Parlamento Europeo preguntó a Draghi por sus actividades al frente de Goldman Sachs en relación al falseamiento de la contabilidad griega.

Pero la falsificación de las cuentas de Grecia ya no tiene remedio. Ahora el problema es que caiga en las garras de Rusia o China como estuvo a punto de caer en 1947. Según el New York Times ambos países “están a la espera de dividir y debilitar a la Unión Europea”. Si a Merkel le regalan un mapa, verá que Grecia es la última frontera europea antes de ese caos que se llama Oriente Medio y si le regalan un libro de historia se apercibirá de que la Guerra Fría empezó en Grecia y que a Grecia lo metieron en la OTAN lo mismo que en el euro: a pesar de que no es un país atlántico ni tampoco del norte. Si a Merkel le regalan los balances contables de Grecia verá que se gasta el dinero en comprar armamento (a Alemania). Si le regalan los Diálogos de Platón se enterará de que la civilización occidental, esa de la que tanto alardean, nació en Grecia.

La vicepresidenta del Banco Central de Alemania, el Bundesbank, Claudia Buch, declaró hace poco al diario “Rheinische Post” que si bien es posible valorar los efectos directos, “nadie sabe cuáles serán los efectos indirectos” de la crisis griega. Pues nosotros tenemos una bola de cristal que nos da el siguiente augurio: si a Grecia la expulsan del euro, lo más probable es que Gran Bretaña abandone la Unión Europea en 2017.

La no-invasión es inminente

Cuando se ha hecho evidente que Rusia no tenía ninguna intención de invadir Polonia o los Estados bálticos, la histeria se ha disparado. Durante años los caciques que gobiernan esos países no se han cansado de denunciar planes inminentes de ataque con los que han tratado de convencer al mundo de un peligro que sólo ellos eran capaces de adivinar.

Pero los tanques rusos no asoman por la frontera y el Kremlin parece que tiene otros asuntos de los que ocuparse. La semana pasada Putin concedía una entrevista al periódico italiano Il Corriere della Sera en la que decía que la idea de atacar a un país de la OTAN no estaba más que “en las pesadillas de un descarriado”.

Este rechazo a invadir a sus vecinos les ha dejado frustrados, en especial a la Presidenta lituana Dalia Grybauskaité que había sembrado el pánico en el país con alertas periódicas de las amenazas que acechaban desde el otro lado de la frontera. En previsión de una inminente invasión, a comienzos de año el gobierno publicó un manual de superviviencia y resistencia antirrusa.

Un portavoz del Ministerio de Defensa, Juozas Olekkas, que presentó el manual ante la prensa, confesó su frustración por la inactividad rusa: “Nos hemos preocupado tanto por publicar un folleto diciendo lo que había que hacer cuando nos invadieran y ni siquiera tienen la amabilidad de venir a invadirnos”, ha declarado. “Es típico de los rusos. No hay que tener confianza en ellos para nada”.

Ante el fallo del primero, ahora el Ministerio de Defensa lituano prepara un segundo manual de autoayuda: cómo actuar en caso de que no nos invadan, qué hacer cuando no pasa nada, cuando hay paz.

El caso es que la amenaza rusa de no invadir a ningún país se ha convertido en un problema en el Báltico. El gobierno está tumbado en el diván del siquiatra. ¿Acaso Rusia no quiere invadir Lituania porque lo consideran como un país muy poco importante? Es un menosprecio por su parte.

En Varsovia el gobierno también lleva a cabo campañas de “concienciación activa” del peligro ruso y un portavoz anónimo ha dicho: “Rusia ha invadido Ucrania al menos 47 veces en los últimos 12 meses, o casi. No sabemos por qué siguen invadiendo después de retirarse para luego volver a invadir de nuevo, pero sabemos que lo hacen porque nosotros vigilamos Twitter y Facebook y porque Arseni Yatseniuk lo dice. De ello deducimos que tarde o temprano nos tocará a nosotros; al menos eso es lo contamos a nuestros conciudadanos desde hace un año. Por eso no es una buena noticia saber que [los rusos] podrían quedarse en su casa. Si insisten en no venir, la gente podría comenzar a decir que [nuestras alarmas] no eran más que una novatada destinada a distraer su atención de los problemas internos de Polonia y eso podría resultar desastroso para nosotros como nación”.

El temor de que Rusia no invada a nadie también repercute en Washington, donde una portavoz del Departamento de Estado ha manifestado su perplejidad: “Estamos seguros de que los rusos quieren recrear la Unión Soviética. Es lo que nuestro Presidente dijo el otro día y no tenemos ninguna razón para no creerle. Ciertamente la primera escala antes de alcanzar Johanesburgo deben ser los Estados bálticos y luego Polonia. Entonces, ¿por qué no invaden? Para nosotros es un misterio, pero vamos a continuar con nuestros vasallos... Lo siento, quería decir, nuestros aliados, asustando a la gente para que se den cuenta de la amenaza y creo que es importante apuntar que incluso una no-invasión puede ser considerada como parte integrante de su agresión”.

La semana pasada la esperanza del comienzo de la invasión surgió cuando dos submarinos británicos Typhoon estacionados en Estonia zaparon urgentemente para interceptar y vigilar a dos aparatos militares rusos bajo el Mar Báltico. No obstante, sus esperanzas quedaron frustradas cuando consultaron los mapas de navegación y se dieron cuenta de que los rusos estaban mucho más cerca de Rusia que ellos de Gran Bretaña.

Fuente: http://www.theblogmire.com/russian-non-invasion-causing-concern-in-european-capitals/

Hollywood: la fábrica de las pesadillas

¡Qué grande es el cine! Es el Séptimo Arte, sinónimo de “glamur”. En un país como Estados Unidos donde el dinero es el rey, el arte nunca ha tenido sitio... salvo que se pueda convertir en dinero. El cine es el cine norteamericano y Hollywood es La Meca del cine, la Fábrica de los Sueños, un lugar donde los adolescentes creen que quieren ser “artistas”, cuando lo que quieren es sólo ser famosos. Quieren ser alguien distinto de ellos mismos. Adoran y les gustaría ser adorados. Son jóvenes, guapos y para “triunfar” en la gran pantalla no hace falta otra cosa.

Hollywood es un gran decorado donde todo es falso, todo es de cartón. Los focos apuntan hacia una esquina pero lo demás queda a oscuras. Nadie mira hacia ese lado... excepto un documental estrenado recientemente en Cannes que se titula “Un secreto abierto”. Hasta ahora cuando pensábamos en el lado oscuro de Hollywood, nos venía a la cabeza el alcohol, las drogas, las violaciones, la prostitución y el comercio de carne humana. Ahora este documental le añade la pedofilia.

La realizadora Amy Berg narra los abusos sexuales de cinco niños y adolescentes que llegaron a Hollywood seducidos por el dinero y la fama y acabaron atrapados en las redes de los representantes, productores y directores. Uno de ellos es Michael Egan que con 16 años soñaba con ser el nuevo Tom Cruise y alguien le ofrece la oportunidad de su vida, una de esas que no puedes dejar pasar, conocer a gente famosa, influyente, que te puede introducir... ¿Introducir qué?

Hace ahora casi 20 años se celebró una reunión en una de esas lujosas mansiones con piscina en lo alto de la colina, al aire libre. Allí estarán conocidos productores, como Marc Collins-Rector y Chad Shackley, que buscan caras nuevas. Ambos son socios y amantes embarcados en el nuevo negocio del vídeo en línea. No son los únicos que acuden a la reunión. También está Garth Ancier, el productor que lanzó Los Simpson, 21 Jump Street y Casados, dos hijos. También aparece por la mansión Bryan Singer, director de “Sospechosos habituales” y “El regreso de Supermán” que estaba a punto de rodar un taquillazo: X-Men.

La coartada es hablar sobre una empresa de vídeo digital, pero el relato de Michael Egan es muy confuso. Dice que le emborracharon, le drogaron y le violaron nada menos que durante dos años, en una especie orgía prolongada. Los acusados se defienden diciendo que era un chantaje, que Egan sólo quiere dinero. A pesar del tiempo transcurrido, no se ha cerrado el caso. La fiscalía se ha disculpado con Ancier porque la acusación es infundada. Por su parte, Singer niega la violación pero ha pagado 100.000 dólares para que le retiren la acusación.

Otro de los niños que aparece en el documental es Evan Henzi, quien relata las violaciones de que fue objeto de los 11 a los 17 años por parte de su representante. En 2011 publicó una grabación de audio en la que el responsable confiesa los abusos.

Aquel mismo año murió Corey Haim, una verdadera estrella de Hollywood desde su infancia. La autopsia determinó que lo que acabó con su vida fue una pulmonía, pero en su organismo había antidepresivos, ibuprofeno, relajantes, marihuana, remedios contra la tos... Compartió un programa de televisión con Corey Feldman, conocido por su participación en los Goonies y en Stand by me. Según su amigo, Haim se drogaba para olvidar las violaciones de que ambos fueron objeto por “la industria del espectáculo”.

El representante de ambos era el mismo. Mientras le violaba, cuenta Feldman al diario Sun, simulaba estar dormido... Por eso a Hollywood le llaman “la fábrica de los sueños”. Adormece.

Estamos convencidos de que a este documental nunca le darán un Óscar de la Academia.

Lumpenburguesía

Nicolás Bianchi

Anda la Caverna -lo que en tiempos de la Transición, y poco antes, se llamaba el búnker- husmeando en los sueldos de los podemitas y antes de bildurris, fingiendo estar escandalizada por el uso que harán de los dineros que manejarán donde ostenten la vara de mando. Cree el ladrón que todos son de su condición. Ya están buscando las cosquillas y echando la almadraba algo se pescará.

Antes de seguir -y enseguida acabo-, diré que los sueldos que cobran estos mangarranes, eso que llaman la "clase política", es una obscenidad y un robo al pueblo sin ni siquiera ponerse el pañuelo de caco -de esos que llevaban los asaltantes de diligencias- de bancos en la cara (o en la jeta). Y todavía hay quien dice que "los políticos" españoles cobran poco. Será por eso que trincan y se dejan corromper: para poder alimentar a sus famélicas familias, como hacían en el tardofranquismo lo que se conocía como "pluriempleados", en castizo pluriempleaos, obreros a los que no les alcanzaba con un sueldo de miseria.

Me mandan una "emilia" donde se lee que con lo que gana Rajoy en un mes -no en un año: en un mes- una pensionista con cuatro hijos vive durante dos años y medio. O que un diputado con tan solo dos años de ejercicio ya opta a la jubilación con todos sus derechos, por supuesto, mientras que un trabajador necesita 35 años.

Son funcionarios -los que informan- que han visto congelados o rebajados sus emolumentos los que bastante "quemaos" y sabedores de lo que ganan y trapichean realmente los "políticos", sacan a relucir sus corruptelas. Concluyen que -ahora que les tocan las bolas- ser "político" es un chollo (ya les ha costado, dicho sea de paso). Y no, como entendemos algunos, la política sin comillas: un honor y un servicio (o sea, como Zaplana, jajajaaaaa), no una profesión con pingüe nómina. De aquí que se hable, impropiamente, de "clase política" -como si fuera una clase social igual que, por ejemplo, la burocracia- cuando en realidad no son otra cosa que parásitos del pueblo trabajador y laburante, de las clases productivas, de los trabajadores, de los que la hincan. No existen "los políticos": existe eso que da en llamarse "la política" (que incluyen a "los políticos") en la que medran y "hacen carrera" sinvergüenzas y holgazanes que, si al menos no hicieran daño, todavía... Pero no, va a ser que no. La "política" la hacen personas que lo mismo se entregan en cuerpo y alma al pueblo que se sirven de él como demagogos para enriquecerse y lucrarse ("indebidamente", como dice el Derecho burgués). Es decir, DELINCUENTES, como decía San Agustín (o Agustín de Hipona si le bajamos de la peana).

A un diputado o senador sólo se le retiene el 4,5% de su nómina. Zapatero, cuando era presidente, cargaba sus gastos vacacionales a los presupuestos estatales. Bono, Pepe Bono, el hombre que se equivocó de partido, o no, según se mire, como el socialfascista Joaquín Leguina, que se pasea en "tea partys" fascistas televisivos, cobra, digo, 13.800 euros al mes (en pesetas una burrada mareante): entre sueldo y complementos  3.126 por diputado, 3.600 como complemento (no sabemos si directo, indirecto o circunstancial), 3.900 para gastos de representación y 3.200 de libre disposición. ¿Qué tal, cómo se les quedó el cuerpo? Manuel Chaves cobraba al año 81.000 eurazos por ser ministro más una... (aquí se interrumpe el manuscrito, lamentamos las interferencias, permanezcan atentos a la pantalla).

Al descubierto el apoyo del MI6 al Califato Islámico

En el juicio contra el sueco Bherlin Gildo que se celebra en Londres todo marchaba según lo previsto. Tenían una cabeza de turco, un “sparring” con quien la prensa podía practicar con guantes de boxeo, una acusación de terrorismo, la guerra de Siria, el maldito islamismo... El escenario ideal para un estudiante de periodismo en prácticas.

Hasta que la mierda empezó a salir por los cuatro costados, como es previsible tratándose del Califato Islámico: el acusado había apoyado a la organización terrorista tanto como el servicio de información británico.

Cuando la mierda empezó a asfixiar el juicio, quedó claro que no había más que mierda y entonces el fiscal tiró la toalla. En toda esa clase de juicios, como en el caso GAL en España, el Estado no se pone la soga al cuello.

El abogado defensor lo tuvo claro desde el principio, y acertó. Si su defendido era un terrorista, el Estado británico que pretendía juzgarle era otro igual de terrorista. Seguir el juicio, dijo, suponía una “afrenta a la justicia”. El Estado británico había prestado un apoyo al Califato Islámico (“la oposición siria”) que calificó como “masivo”.

A pesar de la guerra, el gobierno de Cameron, que es como el de Rajoy, salió al paso diciendo -nada menos- que tal apoyo al terrorismo había sido “no letal”. Se trataba sólo de chalecos antibalas y vehículos militares.

Tras el primer paso atrás llegó el segundo. El gobierno británico había participado en la creación, el apoyo logístico y el suministro secreto de “armas a gran escala” a la llamada “oposición siria”, que es la excusa bajo la que esconden a los fundamentalistas. Tras derrocar a Gadafi, en 2012 el MI6 cooperó con la CIA para aprovisionar a la “oposición” siria con armas procedentes de almacenes libios. Después de destrozar Libia se disponían a hacer lo mismo en Siria: no dejar títere con cabeza.

Hace dos semanas a un taxista londinense, Anis Sardar, le condenaron a cadena perpetua por participar en 2007 en la resistencia contra la invasión de Irak por las tropas imperialistas. Los jueces son los únicos que le pueden dar la vuelta a la realidad: el terrorismo no es invadir un país soberano de manera ilegal sino oponerse a ello. Es lo mismo que hicieron los franquistas a partir de 1939: quienes se habían sublevado eran los republicanos.

Con la nueva excusa de “combatir” al Califato Islámico los imperialistas anglosajones han vuelto a Irak, aunque el referido “combate” no aparece por ninguna parte y el mes pasado los fundamentalistas se apoderaron de Ramadi delante de sus narices. Dos formidables ejércitos expedicionarios, que fueron capaces de derrocar a Saddam Hussein, ¿no son capaces de hacer lo mismo con las hordas takfiristas? Visto su estrepitoso fracaso, ¿no será mejor que se larguen de una vez?

En cualquier parte del mundo los jueces pueden darle la vuelta a las cosas, como acostumbran, pero los hechos no pueden ser más claros y evidentes: los imperialistas invadieron Irak -entre otras- por unos vínculos inexistentes de Saddam Hussein con Al-Qaeda. Entonces esta organización no existía en Irak. Apareció con ellos presentes en Irak. Se deshicieron de Saddam Hussein para hacer Al-Qaeda en Irak, lo que hoy son el Frente Al-Nusra y el Califato Islámico.

Exactamente lo mismo que ocurrió en Afganistán a partir de 1980.

jueves, 25 de junio de 2015

Manuela Carmena reconoce el engaño electoral de la coalición 'Ahora Madrid'

Aday Quesada

Las circunstancias por las que está atravesando el Estado español no están permitiendo siquiera que la gente se pueda tomar el lujo de soñar. Apenas un par de semanas después de los comicios autonómicos y locales la dura realidad se vuelve a apoderar de todos nosotros. Y no es sólo la derecha tradicional la que se encarga de recordarnos dónde están ubicados los poderes reales en este país. También los flamantes nuevos alcaldes zurcidos con las filigranas mediáticas nos advierten, tras la llamada "fiesta electoral de la democracia", que hay que volver a la realidad y que las "imprudencias" se pagan caras.

Como ya mucha gente ha podido constatar, la veterana alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena, no nació anteayer. Sobre sus espaldas pesa una larga trayectoria política al servicio de las instituciones de la Monarquía. Sus primeros pasos los dio, sin embargo, en las filas del PCE hacia finales de la década de los sesenta, asesorando a los colectivos laborales que en una dura brega resistían los fuertes embates de una dictadura agonizante.

En la segunda mitad de los setenta, Carmena, como los Tamames, las Almeidas, los Solé Tura y un sinfín de profesionales de la economia y del derecho, tuvo una participación entusiasta en aquel violento proceso político que paradójicamente dieron en llamar "la Transición pacífica" a la democracia.

Sin embargo, como ella misma contó en una reciente entrevista concedida al periódico derechista francés Le Fígaro, su pertenencia al PCE fue "utilitarista". Es decir, que su adscripción a esa organización estuvo condicionada exclusivamente por consideraciones "prácticas". No es esta una justificación que Carmena se saque novedosamente de la manga. No pocos ex comunistas vergonzantes intentan desde hace años borrar lo único digno que hubo en sus biografías argumentando que solo militaron en esa organización porque era la única que luchaba contra el franquismo. Y es que hoy no viste muy bien en la Europa neoliberal y del reformismo rampante eso de tener un pasado comunista. "El PCE era lo más eficaz contra el franquismo"- se esmeró Carmena en aclararle a su entrevistador en este sentido. Ésa fue la razón -y no ninguna otra veleidad ideológica- la que arrastró a la joven letrada a militar en la década de los sesenta a las filas de la única organización que se enfrentaba "con eficacia" contra la dictadura de Franco.

Una vez coronada felizmente la "Transición", la biografía de Carmena dio un giro copernicano. Asentó con "realismo" sus posaderas y abandonó su militancia en un PCE que en 1982 apenas había logrado obtener una escuálida representación en las Cortes de la Monarquía de los Borbones. A comienzos de los ochenta, Manuela Carmena inició una larga y ambiciosa carrera judicial que la llevaría a ocupar una distinguida poltrona en el Consejo General del Poder Judicial, garante legal del ordenamiento jurídico del régimen heredero de la dictadura.

Pese a la exquisita precisión con la que Carmena se molestó en explicarle a Le Figaro las inocentes razones de su paso por las filas rojas, al reportero francés no le interesaron, en cambio, los motivos por los que en el año 2011 fue nombrada asesora del Gobierno vasco encabezado por el psocialista Patxi López, nombrado lehendakari gracias a los apoyos prestados por el Partido Popular vasco y UPyD.

Cargada de estas alforjas a nadie debería extrañarle, pues, que la fulgurante alcaldesa de Madrid declarara en sus respuestas al rotativo francés que en su programa electoral "hay ideas que no sabe si serán realizables". Cuando su entrevistador le preguntó, atónito, que si eso no era engañar a los electores, Carmena no tuvo empacho en reconocer que sí, que en efecto, eso era engañar a los electores... (sic). "Y que por eso insistió desde el principio en el hecho de que el programa electoral no es una Biblia para mí, es una lista de sugerencias".

Olvidar las promesas electorales no es algo que resulte una novedad entre los partidos-pilares del régimen de los Borbones. El PP, el PSOE e, incluso, IU cuando se le ha brindado la oportunidad, convirtieron esa práctica en un marchamo previsible para sus votantes. Solo que en esta ocasión muchos miles de madrileños habían alimentado la vana ilusión de que ahora las cosas iban a ser diferentes.

Con el recorrido descrito cualquiera podrá comprender que Manuela Carmena es una mujer del sistema, del sistema nacido de la Constitución de 1978. La verdad es que ella nunca se ha negado a reconocerlo, ni siquiera en momentos como estos en los que la llamada "Carta Magna" está tan desprestigiada entre una buena porción de los españoles. También es cierto que si se atreviera a hacer lo contrario le resultaría muy difícil explicar el porqué de su actual pertenencia al Patronato de la "Fundación Alternativas", el think tank o laboratorio de ideas donde el PSOE diseña las estrategias que luego ejecuta en su práctica política cotidiana.

Como ya hizo antes Rodríguez Zapatero, y mucho antes que él Enrique Tierno Galván, la señora Carmena parece dispuesta a conseguir que la política en el Ayuntamiento de Madrid consista tan sólo en cambiar los muebles de sitio. Rodríguez Zapatero intentó cubrir sus políticas neoliberales con gestos tales como la legalización del matrimonio entre personas del mismo sexo, o sacando las tropas de Irak para meterlas luego en Afganistán. Había aprendido la técnica del "viejo profesor", que inventó aquello de la "movida madrileña" para ocultar así el tsunami arrasador de las privatizaciones de Felipe González.

Quizá sea esa la razón por la que, a través de sus declaraciones a Le Fígaro, Manuela Carmena ha advertido a sus variopintos concejales que ha descubierto en algunos de ellos "una actitud muy clásica, muy rígida; muy propia de los partidos tradicionales". Y adelanta que el programa electoral para ella es tan sólo una simple "lista de sugerencias". Carmena puso igualmente en claro cuál es su posición en relación con el "asamblearismo". "Las asambleas interminables -sermoneó la venerable señora- para discutir la tesis, la antítesis y la síntesis... crean mal ambiente y divisiones".

Imitando a sus antecesores socialdemócratas, Manuela Carmena confesó también a Le Fígaro su voluntad de proceder como ellos a cambiar los muebles de sitio: "las fiestas del Orgullo Gay, como las de San Isidro, serán convertidas en parte de la historia de Madrid". Como se ve, toda una impactante “revolución” en tiempos de una crisis capitalista sin precedentes.

La cuestión es que hoy esta suerte de señuelos destinados a encubrir la incapacidad propia para resolver los auténticos problemas de la gente, puede terminar convirtiéndose en un peligroso boomerang . El Madrid del 2015 no es el de la "movida de los 80", ni tan siquiera el de hace sólo 10 años. Los reformistas del sistema tendrían que cuidarse de que el famoso aserto marxiano no termine invirtiendo su orden cronológico y en lugar de mutar de tragedia a comedia, la suya termine convirtiéndose en una simple y dramática catástrofe.

Fuente: http://canarias-semanal.org/not/16366/la-alcaldesa-de-madrid-reconoce-al-periodico-le-figaro-que-las-promesas-electorales-de-su-grupo-eran-enganosas/
 

Periko Solabarria

El recientemente fallecido, Periko Solabarria, con 85 años, histórico militante de la izquierda abertzale y también del movimiento obrero en los años sesenta del siglo pasado, sobre todo en la margen izquierda del Nervión, fue de los primeros, por no decir el primero, cura-obrero que cambió la sotana por el buzo.

Un hombre entregado a una causa y a una "famélica legión", como pocos, como muy pocos. Ya en Triano, un barrio minero de La Arboleda, donde "La Pasionaria", antes de que la llamaran así, era cantinera de los mineros, le llamaban "santo" a Solabarria donde entonces fungía de párroco antes de "des-sotanarse" viendo en qué miserables condiciones se trabajaba.

En 1982, año del triunfo electoral del venal y felón Felipe González, elecciones en las que Periko salió parlamentario por Herri Batasuna a las Cortes españolas, dijo en un mitin en San Sebastián: "Que me oigan bien: quienes secuestran a los Lipperheide, Ybarra (*), etc., están limpiando de maleantes e indeseables, no sólo las tierras de Euskadi, sino también las de Andalucía. Gora ETA militarra!"

Le metieron a juicio, uno más.
Un imprescindible, que diría Brecht.

(*) Oligarcas vascos.

Los financieros que auparon a Hitler al poder

Allen Dulles
Durante el proceso de Nuremberg, el ministro de Economía del III Reich, Hjalmar Schacht, pidió reciprocidad: si a él le sentaban en el banquillo por financiar el hitlerismo, también deberían sentarse a su lado Ford, la General Motors y el banquero británico Norman Montagu por los mismos motivos. Pronto el servicio secreto estadounidense le visitó para ofrecerle inmunidad a cambio de silencio. A pesar de las protestas soviéticas, el Tribunal le absolvió.

El apoyo de los imperialistas anglosajones a la Alemania nazi siempre se ha tratado de mantener en secreto. Al mayor crucero fabricado por los alemanes durante la Segunda Guerra Mundial Hitler le puso su nombre de un financiero suizo, Wilhelm Gustloff, asesinado “en extrañas circunstancias” en Davos en 1936. Como buen suizo, Gustloff era un intermediario entre Schacht y los financieros anglosajones.

Otro fallecido en 1947 en circunstancias no menos extrañas, “problemas estomacales”, fue el general de las SS y tesorero del partido nazi Franz Schwartz poco antes de abandonar el campo de Ratisbona. Dos años antes Schwartz había quemado en la sede del Estado Mayor del partido nazi en Munich los comprobantes de las transferencias bancarias efectuadas por los capitalistas anglosajones a favor de los nazis alemanes.

A pesar de los asesinatos y las hogueras, las pruebas de la complicidad de los monopolistas estadounidenses y británicos con el III Reich han ido apareciendo. Durante 20 años el historiador italiano Guido Giacomo Preparata se ha especializado en la investigación de estos lazos. Los nazis no se financiaron a sí mismos, tampoco fueron financiados sólo por los monopolistas alemanes. Según Preparata la mayor parte de los medios procedieron del exterior y tienen nombres y apellidos sonoros. Morgan y Rockefeller promocionaron en Wall Street las acciones del monopolio químico IG Farben a través del banco Chase National. El gigante siderúrgico Krupp que impulsó el rearme alemán estuvo bajo el control de la Standard Oil de Rockefeller a través de la banca Dillon y Reid (Vereinigte Stahlwerke Alfred Thiessen).

En 1933, cuando era evidente que AEG había financiado a Hitler, el 30 por ciento de las acciones pertenecían a su socio americano, General Electric. Durante 14 años (1919-1933), asegura Panata, el capital financiero anglosajón se involucró de manera activa en la política interna de Alemania para fomentar a una organización ultrarreaccionaria a la que esperaban utilizar como peón. “Inglaterra y Estados Unidos no crearon el hitlerismo, pero sí las condiciones en las cuales ese fenómeno apareció”, concluye el historiador italiano.

El historiador alemán Joachim Fest defiende la misma tesis. En el otoño de 1923 Hitler viajó a Zurich y volvió “con un cofre lleno de francos suizos y dólares fraccionarios”. Era la víspera del llamado “golpe de la cerveza” con el que Hitler lanzó una primera tentativa de hacerse con el poder por la fuerza. El donante era sir Henry Deterding, el patrón de la petrolera anglo-holandesa Shell. No fue la única entrega. Otro de los pagos lo hizo a través del suizo Wilhelm Gustloff.

El tribunal que juzgó el golpe de Estado hitleriano reconoció que para prepararlo el partido nazi había recibido 20.000 dólares de los industriales de Nuremberg pero la estimación de los gastos era 20 vences superior a esa cifra. A pesar de que a Hitler le condenaron a cinco años de cárcel por alta traición, sólo cumplió unos pocos meses. Al salir compró la mansión Berghof y relanzó de nuevo el periódico “Völkischer Beobachter”. Desde entonces los monopolistas que sostenían a Hitler (Thyssen, Vogler, Schröder y Kirdorf) volcaron el dinero a espuertas en el proyecto nazi. Los funcionarios y provocadores nazis empezaron a cobrar en moneda extranjera. De los patrocinadores más importantes, Vogler y Schröder no eran exactamente alemanes sino más bien capitalistas estadounidenses. Su capital procedía del otro lado del Atlántico. Otro de los financieros de Hitler era Max Warburg, director de IG Farben y hermano de Paul Warburg, director del Banco de la Reserva Federal de Nueva York. Lo mismo cabe decir de Carl Bosch, jefe de la división alemana de la Ford. Todos estos grandes monopolistas siempre supieron que el “anticapitalismo” nazi era pura demagogia.

En 1931 un periodista del Detroit News viajó a Alemania para entrevistar a Hitler, un político prometedor, y quedó sorprendido por el retrato que Hitler tenía encima de su mesa de trabajo: era Henri Ford. “Lo considero como mi inspirador”, dijo Hitler al periodista americano. Pero más que un inspirador Ford era un mecenas generoso de los nazis. Ambos, Ford y Hitler, hablaban el mismo lenguaje antisemita. En los años veinte Ford pagó una edición de medio millón de ejemplares del “Protocolo de los Sabios de Sión”, el libro de cabecera de la reacción oscurantista europea. Los envió a Alemania, así como dos de sus libros “El judaísmo mundial” y “Las actividades de los judíos en América”. En 1938 el III Reich le condecoró con los más altos honores: la Gran Cruz del Águila imperial. Durante el acto Ford lloró de emoción. Desde aquel momento Ford asumió la financiación del proyecto nazi Volkswagen como fuera el suyo propio.

Cuando estalló la guerra, una ley aprobada por Estado Unidos prohibió toda clase de colaboración con “el enemigo”, pero Ford no se dió por enterado. En 1940 se negó a ensamblar los motores de los aviones de combate ingleses y su nueva fábrica en Possy, Francia, comenzó a fabricar motores para los aviones de la Luftwaffe. Las filiales europeas de Ford siguieron fabricando camiones para la Wehrmacht y su filial en Argel suministrada camiones y blindados a Rommel.

Cuando al final de la guerra la aviación aliada bombardeó Colonia sólo los edificios de Ford quedaron en pie. No obstante, Ford y General Motors obtuvieron compensación del gobierno de Estado Unidos por los daños “causados a sus propiedades en territorio enemigo”. La General Motors tenía uno de los holdings automovilísticos más importantes de Alemania, Opel, que fabricaba los camiones militares Blitz, un modelo que sirvió de base a los nazis para crear los “gazenwagen” o cámaras de gas rodantes. A comienzos de la Segunda Guerra Mundial las inversiones de las empresas estadounidenses en sus filiales alemanas alcanzaban a un todo de 800 millones de dólares, de los que 17,5 eran de Ford.

Algunos historiadores se preguntan por qué el Presidente Roosvelt envió a Suiza a Allen Dulles, uno de los jefes del servicio de inteligencia OSS, el antecedente de la CIA. ¿Trató de negociar por separado con los nazis? En enero de 1932 Hitler, entonces un político prometedor, se entrevistó con el financiero británico Norman Montagu en presencia de varios políticos estadoundenses, entre ellos los hermanos Dulles. Es posible, pero no se puede afirmar con rotundidad, que el británico se comprometiera a financiar al partido nazi de manera encubierta. La presencia de Allen Dulles así lo indica. Al fin y al cabo los Dulles estuvieron en las operaciones más oscuras del imperialismo, desde el apoyo a los nazis hasta el asesinato de Kennedy. Las fuentes historiográficas apuntan a que desde la campaña electoral alemana de 1930, el papel de Dulles en Suiza era el de hacer llegar el dinero de los imperialistas occidentales a Hitler. También el monopolio químico IG Farben puso mucho dinero en los bolsillos de Hitler, pero IG Farben no era otra cosa que una filial de la Standard Oil de Rockefeller y fue precisamente Rockefeller quien envió a Dulles a Suiza a negociar con los nazis. Al final de la guerrra fue Dulles personalmente quien interrogó al general Wolf sobre el destino de las reservas de oro nazis. Le ordenaron recuperar al menos una parte de los gastos ocasionados.

Un caso flagrante de lavado del cerebro de los estudiantes

En Holanda han actualizado los manuales de ciencias sociales para alumnos de instituto, cuyos infames textos van acompañados de no menos infames dibujitos y mapas para lavar el cerebro a los estudiantes desde muy jóvenes.

En la imagen, Rusia es un monstruo que está devorando el territorio de sus países vecinos, especialmente a Ucrania, mientras que Europa tiende la mano para tratar de salvar a un país que agoniza.

Como ven, todo muy objetivo, ecuánime y absolutamente fidedigno, lo mismo que el mapa del estado de las libertades en el mundo, en donde Estados Unidos, Australia y Europa (occidental) tienen las mejores referencias y en Rusia la población vive sometida a una tiranía oprobiosa. Naturalmente que los holandeses se salvan a sí mismos, a pesar de la imposición de libros escolares que parecen propaganda del III Reich.

Las ilustraciones van acompañadas de un texto en el que dicen que los manuales se actualizan regularmente teniendo en cuenta fuentes de información modernas y fiables. Esos libros son innecesarios: es suficiente con que a los adolescentes holandeses les obliguen a ver los telediarios cada día.

También hay una serie de preguntas a fin de que los alumnos reflexionen acerca de las imágenes que les meten por los ojos: “¿Qué hace Rusia en esta imagen?”, preguntan cínicamente en los libros. Es una pregunta cuya respuesta viene dada de antemano.

Hace poco trascendieron las discusiones del primer ministro holandés Mark Rutte con Putin en abril de 2013, donde el primero criticaba las leyes rusas contra los homosexuales, un problema especialmente candente en Amsterdam, donde los homosexuales son un poderoso grupo de presión. Hoy la vara de medir el índice de los derechos y las libertades mundiales son los homosexuales.

Putin le respondió que la ley rusa lo que prohibía era la promoción de la homosexualidad entre los menores de edad, ligándola a la prohibición de la pedofilia, un punto a partir del cual pasó al ataque, recordando la tolerancia del gobierno holandés hacia organizaciones que apoyan la pedofilia y las restricciones a la participación de las mujeres en la política.

Rutte reconoció que no podía asegurar que los países que permiten ese tipo de actividades con menores puedan figurar entre los más libres del mundo. “¿Libres de hacer qué?”, preguntó. “¿De violar a los niños?”

Poroshenko es mucho más demócrata que Putin, un campeón de los derechos humanos porque defiende a los homosexuales... mientras bombardea las posiciones de las milicias del Donbas y mata a decenas de personas para salvarlas de las fauces del ogro siberiano.

Por su parte, ese ogro no es tan fiero como lo pintan. En medio del lanzamiento de obuses, el Kremlin es el único que insiste en el alto del fuego “lo más rápidamente posible” y ha enviado al Donbas casi 25.000 toneladas de ayuda humanitaria, alimentos, medicamentos y materiales de construcción.

Mientras tanto, los campeones de los derechos humanos lo que envían son tanques.

miércoles, 24 de junio de 2015

Los primeros años de la política exterior soviética

Rathenau y Chicherin en Rapallo (1922)
Juan Manuel Olarieta

La Revolución de Octubre bien pudo ahorrarse la molestia de crear un Ministerio de Asuntos Exteriores porque tales asuntos no existían. Durante cinco años las potencias imperialistas no reconocieron al nuevo Estado soviético como tal, hasta que Alemania firmó el Tratado de Rapallo, el acontecimiento más relevante de la política exterior bolchevique, que marcará definitivamente los años posteriores.

El estallido de la Revolución de 1917, la subsistencia del Estado soviético y la firma del Tratado de Rapallo estuvieron marcadas de manera indeleble por las contradicciones interimperialistas. No era, pues, algo buscado por el gobierno soviético sino impuesto por las circunstancias de la nueva etapa superior del capitalismo que entonces se comenzaba a abrir.

Eso era algo obvio para las organizaciones de la Internacional Comunista, pero no todas supieron sacar de ello las consecuencias necesarias, por varias razones, pero especialmente por dos. La primera es que entonces pocos sabían lo que era el imperialismo porque Lenin y el leninismo eran una novedad. Se trataba de organizaciones que arrastraban las concepciones propias de la socialdemocracia, especialmente de la socialdemocracia alemana, a la que Lenin calificó de “socialimperialista” porque no era algo contrario al imperialismo sino que formaba parte de él.

La segunda es que no es lo mismo predicar que dar trigo. Entonces -como ahora- había organizaciones que tenían una concepción libresca del imperialismo, sacada de un manual de lamentaciones continuas. Para el partido bolchevique, por el contrario, no se trataba de la teoría sino también de la práctica. Las contradicciones interimperialistas eran una realidad, un factor acuciante que condicionaba cada uno de sus pasos. El papel lo aguanta todo. Un artículo en una revista permite muchos errores; la práctica no.

Pero sobre todo hay un aspecto que contradice a la práctica, en el sentido que cualquier marxista la entiende: la pasividad, la neutralidad y la charlatanería. El Tratado de Rapallo es muy breve y de su lectura se desprende que el gobierno bolchevique no sólo otorgaba a Alemania un trato distinto al de otras potencias imperialistas, sino un trato privilegiado.

Los hechos posteriores demostraron hasta qué punto ese trato resultó privilegiado, desde cualquiera de los muchos puntos que se puede analizar, pero sobre todo desde uno: el de que tras su derrota en la Primera Guerra Mundial, las demás potencias imperialistas pretendían avasallar a Alemania, reducirla a lo que el húngaro Eugen Varga calificó como una “colonia industrial”. En el gobierno bolchevique Alemania no encontró nada de eso. Por el Tratado de Rapallo el poder soviético renunció a las indemnizaciones con las que otros países, especialmente Francia, querían hipotecar el futuro de Alemania, y la misma renuncia llevó a cabo Alemania respecto al nuevo gobierno soviético.

Se estaba abriendo una nueva etapa de la diplomacia mundial caracterizada porque, a pesar de una guerra, dos países establecían relaciones mutuas basadas en la igualdad y en el trato preferente respecto a las demás, por lo que en Londres y París reaccionaron de la manera agresiva que cabía esperar. La prensa y los portavoces del imperialismo utilizaron términos apocalípticos. Dijeron que acababa de explotar una bomba, que el Tratado era una amenaza horrible para el mundo y presionaron para que Alemania lo anulara.

Eran una expresión histérica de las contradicciones interimperialistas que, como es normal, tenían su contrapartida dentro de la propia clase dominante alemana, donde no todos estaban de acuerdo con ese paso, hasta el punto de que pocas semanas después de la firma, Walter Rathenau, el firmante del Tratado junto a Chicherin, el ministro bolchevique de Asuntos Exteriores, fue asesinado en Berlín. Precisamente uno de los motivos que impulsó a Hitler al poder en 1933 fue el cambio en la política exterior de Alemania respecto al poder soviético.

Pero la perplejidad no fue menor entre los comunistas alemanes, a pesar de que el programa de su partido exigía de Alemania el reconocimiento del Estado soviético. El gobierno reaccionario alemán no sólo reconoció a los soviets sino que le concedió un trato de favor. ¿Dónde estaba, pues, el problema?

El problema es que a partir de Tratado de 1922 no había ningún problema donde debía haberlo, salvo en la cabeza de los dirigentes comunistas alemanes, que no sabían lo que era el imperialismo, a pesar de que lo tenían delante de sus narices. El discurso de Frölich, su portavoz parlamentario en el Reichstag, fue patético. Aunque apoyó la firma del Tratado, lo calificó como “bellas frases”. Otra dirigente alemana, Ruth Fisher, dijo algo que luego todos los oportunistas han repetido en ocasiones parecidas: el Tratado sacrificó la revolución alemana en beneficio de la rusa, o aún peor, del “Estado soviético”. Ese sacrifico, según Fisher, se consolidó con la política de frente único de la Internacional Comunista.

Era completamente falso. La línea de frente único se aprobó antes de la firma del Tratado y la revolución en Alemania también había fracasado con anterioridad, por lo que hubo ningún sacrificio. En Alemania la dirección del KPD, como todos los oportunistas, nunca entendió lo que era el imperialismo y estaba lejos del leninismo, por lo que fue expulsada de la Internacional Comunista poco tiempo después, aunque sus postulados han seguido vigentes en una maraña de pequeños círculos de eruditos especializados en redactar comunicados.

Por más que cada uno de ellos cambie las fórmulas mágicas con las que disimula su complicidad con el imperialismo, las conclusiones son las mismas. Por ejemplo, a la socialdemocracia el Tratado de Rapallo le sirvió para sacar pecho y decir que quienes colaboraban con los capitalistas y los imperialistas eran los bolcheviques. Ponían el ejemplo de un monopolio tan conspicuo como Krupp, que desde 1920 fabricaba locomotoras en suelo soviético.

La situación era tan sorprendente que todos acusaron a los bolcheviques de revisionismo, y los izquierdistas con más razón aún. Para Fisher el Tratado de Rapallo suponía una “alianza” del poder soviético con una potencia imperialista. Eso, unido a las tesis de Varga, economista de la III Internacional, sobre la situación de Alemania como “colonia industrial” situaba a la burguesía alemana, según Fisher, como “víctima” casi al mismo nivel que la clase obrera. Finalmente, la política de “frente único” conducía a la clase obrera alemana a hacer causa común con su burguesía, es decir, a una especie de “frente nacional”.

La dirección del KPD estaba totalmente equivocada. Cuando todo el mundo está ya repartido, escribió Lenin, son los propios países imperialistas los que se convierten en el objeto del reparto. Quieren comer pero van a ser comidos. Entonces las contradicciones interimperialistas aparecen en todo su esplendor. Un año después de la firma del Tratado de Rapallo, Francia se anexionó la cuenca del Ruhr, que pertenecía a Alemania. Es realmente inaudito que, precisamente los comunistas alemanes, no fueran capaces de ver lo que estaba ocurriendo y que fuera Lenin quien lo anticipara en su discurso al VIII Congreso de los soviets. Los imperialistas no sólo querían acabar con el poder soviético sino que también imponer “condiciones de existencia imposibles para la inmensa mayoría de la nación alemana”.

Durante la posguerrra las contradicciones interimperialistas habían engendrado en Alemania una situación favorable, como ya había ocurrido en Rusia pocos años antes porque las “condiciones de existencia” no sólo eran imposibles para la clase obrera sino, como decía Lenin, “para la inmensa mayoría de la nación alemana”. Pero los oportunistas preferían seguir con los ojos cerrados.