lunes, 9 de enero de 2017

Estados Unidos va perdiendo la guerra comercial con China

John Weeks

La llamada telefónica de Donald Trump al presidente de Taiwán, poco después de haber ganado la votación que le permitirá convertirse en el próximo presidente de Estados Unidos causó gran revuelo diplomático. Algunos lo atribuyeron a la ignorancia de Trump del protocolo diplomático, que ignora oficialmente la existencia de un gobierno taiwanés independiente. Otros especularon que la llamada marcó un cambio radical en la política del gobierno de Estados Unidos en Asia.

[...] La tensión entre Estados Unidos y el gobierno Chino se ha intensificado cuando el poder económico de China ha crecido. El reciente nombramiento de Trump de Pedro Navarro, un crítico de China, como su asesor de política industrial demuestra que la llamada a Taiwán fue la garra de un principiante.

[...] El significado del mensaje se encuentra en el libre comercio. El conflicto, en ciernes, entre Estados Unidos y China está demostrando que tras cuatro décadas de reducción de las regulaciones del comercio internacional su resultado es todo lo contrario de lo esperado: la liberalización del comercio esta conduciendo a guerras comerciales.

Los defensores del libre comercio mundial sostienen que el movimiento “libre” de los productos genera beneficios para todos los países, promociona la paz, la armonía y la cooperación. Este argumento lleva siendo promocionado desde hace mucho tiempo. El político británico Norman Angell sostuvo, en su libro “La gran ilusión” escrito a principios del siglo XX, que el comercio entre países fomentaba la Paz. Sólo cuatro años después de su publicación, se inició la Primera Guerra Mundial la guerra más sangrienta de la historia humana, librada entre países estrechamente integrados a través del comercio.

La historia obsecuente del libre comercio fue engañosa en el siglo 20 y es engañosa en el siglo 21. Es una absurda falacia. Todos los países no se benefician del libre comercio. Por el contrario, entre los países, y dentro de cada país, hay ganadores y perdedores, sencillamente porque la competencia de mercado es una fuerza maligna.

La inmensa mayoría del comercio internacional tiene lugar entre gigantes corporativos. Debido a su tamaño y su influencia política, la economía y la política van de la mano en esta lucha competitiva. Lejos de ser un proceso benigno, que trae productos baratos al consumidor, la competencia global genera tensiones entre las grandes corporaciones que se alistan con sus aliados políticos en la lucha por el acceso a los mercados.

Un país no puede mantener estabilidad económica y déficits comerciales continuos. El exceso de importaciones sobre las exportaciones implica un aumento de la deuda externa del sector público o privado, o de ambos. Los gobiernos pueden servir la deuda en su propia moneda con préstamos de su banco central (de hecho son préstamos a sí mismo). Pero este tipo de autofinanciación no es posible para la deuda en moneda extranjera.

A medida que aumentan las deudas externas, el costo de mantenimiento de ellas se eleva. Debido a que el deudor debe pagar al acreedor en moneda internacional, la acumulación de la deuda externa, en algún momento, requiere necesariamente que las exportaciones aumenten para equilibrar el déficit comercial.

Desde el final de la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos han disfrutado de una ventaja única debido a que el dólar ha funcionado como la moneda más aceptada para el intercambio internacional. Los gobiernos de otros países tienen dólares “en reserva” para cancelar sus obligaciones internacionales pendientes. Además, el dólar estadounidense es utilizado por empresas y gobiernos como depósito seguro para fondos ociosos.

La tenencia de dólares, en el comercio internacional, ha permitido al gobierno de Estados Unidos acumular una deuda externa mucho más grande que cualquier otro gobierno del planeta. Pero incluso para Estados Unidos, la acumulación de la deuda tiene un límite.

El comercio con China está poniendo en jaque ese límite. Desde que China abrió su economía, en la década de 1980, las exportaciones chinas a Estados Unidos han pasado de un modesto 14.000 millones de dólares en 1989 a casi 500.000 millones en 2015. Las exportaciones estadounidenses a China, por su parte, han crecido considerablemente menos, alcanzando un pico de 164.000 millones de dólares en 2014.

Como resultado, el déficit comercial de Estados Unidos con China ha aumentado a un promedio anual de más de 300 billones de dólares durante 2011-2015. Durante la última década, el saldo negativo con China representó más de la mitad del déficit comercial de Estados Unidos (si excluimos el comercio de petróleo).

Con un superávit tan grande, no es ninguna sorpresa que China posea el 15 por ciento de la deuda pública estadounidense.

Desde la década de 2000, la proporción entre el déficit comercial de Estados Unidos con el PIB ha superado la tasa de crecimiento de la economía. La deuda externa crece más rápido que la economía en su conjunto. Los bajos rendimientos de los bonos públicos –cerca de 0 por ciento– han mantenido el costo del servicio de la deuda externa todavía manejable.

Sin embargo, el jefe de la Reserva Federal de Estados Unidos, Janet Yellen, ha advertido de subidas de tipos para el 2017. Los tipos de los bonos deben volver a niveles en el rango de 2-4 por ciento y si el déficit comercial persiste al nivel de los últimos cinco años (3-4 por ciento del PIB), la combinación colocaría en peligro la estabilidad del dólar y de toda la economía de Estados Unidos.

Los desequilibrios comerciales generan guerras comerciales, que son iniciadas por los gobiernos cuando estos desequilibrios amenazan la estabilidad económica y política interna. El déficit comercial de Estados Unidos es el resultado de la combinación de muchos factores. Y el más importante es la legislación interna que ha facilitado la deslocalización de la producción en el extranjero.

La no sostenibilidad del déficit comercial de Estados Unidos permiten comprender la política exterior del presidente electo Trump. En primer lugar, un éxito considerable en la reducción del déficit comercial de Estados Unidos requiere reducir el desequilibrio con China. En el corto y medio plazo esto implica restricciones a las importaciones, con el conflicto político implícito. La llamada telefónica al presidente de Taiwán es una señal a China de la intención de intensificar el conflicto.

En segundo lugar, después de haber insultado a una gran potencia, Trump necesita un aliado de contrapeso. Rusia es el candidato obvio. La persona designada para la secretaria de Estado es un admirador confeso del presidente de Rusia, al igual que el propio Trump.

La combinación de un conflicto con China y la amistad con Rusia puede sentar las bases de un retorno a un orden mundial en que Estados Unidos espera establecer un control exclusivo sobre áreas específicas o “esferas de influencia”. Ocurra o no, hoy esta claro que el sueño neoliberal de un mundo armonioso de intercambios y de comercio libre fue una fantasía pasajera, inconsistente con la realidad de la competencia económica y política mundial.

Fuente: http://socialismo21.net/porque-la-politica-exterior-de-trump-anuncia-una-guerra-comercial-con-china/

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