miércoles, 4 de enero de 2017

La nueva ‘ruta de la seda’ que une China, Irán y Rusia tiene una carácter estratégico

F. William Engdahl

Los lazos económicos, políticos y militares que se desarrollan entre Irán, China y Rusia, forman lo que yo considero un emergente triángulo de oro en Eurasia, que busca penetrar en regiones aisladas. Esto sucede mientras que parece que la estrategia geopolítica de Estados Unidos bajo la perspectiva de una administración Trump es el alejamiento de Washington de Irán y China, haciendo así resaltar un posible relajamiento del enfrentamiento entre Washington y Moscú.

La geopolítica clásica, al estilo de Halford Mackinder o de Kissinger, buscaba evitar una guerra en dos frentes que estaba a punto de volverse contra un Washington aferrado a su intento de modificar el equilibrio entre las potencias. Por el momento, la dinámica de una cooperación mas estrecha, iniciada en estos últimos años, entre los tres Estados pivotes del corazón euroasiático, entra en una fase de profundización estratégica. La última señal de ello es la visita del ministro chino de Defensa y de altos responsables rusos a Teherán.

El 15 y 16 de noviembre en Teherán, durante el encuentro de alto nivel entre el ministro chino de Defensa, general Chang Wanquan y el presidente iraní Hassan Ruhani, acompañado del ministro iraní de Defensa Hossein Dehghan, los dos principales países euroasiáticos han firmado un acuerdo de refuerzo de su cooperación militar. El acuerdo prevé la intensificación de la formación militar bilateral y una cooperación mas estrecha respecto a lo que Irán considera cuestiones de seguridad regional, con el terrorismo y Siria a la cabeza de la lista. El jefe del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas iraníes, general en jefe Mohammad Baqeri, ha declarado que Irán está dispuesto a compartir con China sus experiencias en la lucha contra los grupos terroristas en Irak y en Siria. Dehghan ha añadido que ese acuerdo representa un “refuerzo de la cooperación militar y de defensa a largo plazo con China”.

En estas últimas semanas China se ha comprometido directamente, uniéndose a Rusia, con Irán y a la demanda del gobierno del presidente sirio Bashar Al-Assad, en la guerra contra el Califato Islámico y otros grupos terroristas, incluyendo el Frente Al-Qaeda/Al Nosra y sus numerosos asociados. El acuerdo formal con Teherán, que goza de mucha experiencia práctica en la lucha en Siria, representa una clara profundización en las relaciones bilaterales sirio-iraníes.

Mientras China e Irán se reunían en Teherán, Viktor Ozerov, jefe del comité de Defensa y Seguridad del Consejo de la Federación Rusa, la cámara alta del Parlamento, también estaba en Teherán. Allí declaró a RIA-Novosti que Rusia e Irán estaban en tratos para una venta de armas por un importe de alrededor de 10.000 millones de dólares. Rusia entregaría carros T-90, sistemas de artillería, aviones y helicópteros a Irán.

En resumen, tenemos una intensificación de los lazos de defensa militar entre los tres puntos del triángulo euroasiático emergente. Esto tendrá enormes consecuencias no solamente para la estabilización de la situación en Siria, Irak y Medio Oriente. También dará igualmente un impulso a las relaciones económicas emergentes entre las tres grandes potencias del “Heartland” euroasiático.

El padre de la geopolítica británica Halford J. Makinder ha calificado a menudo a Rusia de potencia del “Heartland” y hacia el fin de su vida, en un artículo de 1943 en Foreign Affairs (publicación del New York Council on Foreign Relations), sugirió que China podría también jugar el mismo papel geográfico y político que Rusia, en tanto que potencia en el corazón de Eurasia.

Hoy, dado el enorme crecimiento desde 1943 de la importancia de los países petrolíferos y gasísticos del Golfo Pérsico para la economía mundial, el acercamiento de Irán a China y Rusia está dando forma a una nueva potencia del “Heartland Power”, empleando el vocabulario de Mackinder.

El elemento nuevo desde 2013 es la iniciativa del presidente chino Xi Jinping de atravesar el conjunto de Eurasia e incluso del sur de Asia por lo que denomina “Un cinturón, una carretera”. Rusia ha aceptado oficialmente colaborar con China en este vasto proyecto de infraestructuras por valor de muchos miles de millones de dólares, para enlazar los mercados emergentes de Asia central a Irán, y potencialmente  a Turquía, gracias a una red ferroviaria de trenes de alta velocidad e infraestructuras portuarias conectadas que, de aquí a finales del decenio, comenzarán a transformar el valor económico del conjunto de Eurasia.

El comercio entre Irán y China

A pesar de las duras sanciones europeas y norteamericanas contra Irán el comercio chino-iraní había comenzado a aumentar, antes incluso de que el acuerdo nuclear de 2015 levantara ciertas sanciones. El comercio bilateral ha pasado de 400 millones de dólares en 1989 a cerca de 52.000 millones en 2014. La Cámara de Comercio e Industria China-Irán  ha pasado de 65 miembros en 2001 a 6.000 hoy, lo que es prueba de la intensidad de la cooperación económica.

Desde el levantamiento de las sanciones en enero de 2016, el presidente chino Xi Jinping ha estado presente en Teherán, en donde los dos países han firmado importantes acuerdos económicos. Tras las conversaciones del 23 de enero, el presidente iraní Ruhani ha anunciado que “Irán y China han acordado aumentar sus intercambios comerciales hasta los 600.000 millones de dólares durante los diez próximo años”, añadiendo que los dos países “han convenido establecer relaciones estratégicas como, refleja un completo documento de prospectiva de los próximos 25 años”. Además Irán ha aceptado la cooperación en el campo de la energía nuclear y ha participado oficialmente en la conferencia auspiciada por China “Un cinturón, una carretera”, proyecto al que Rusia y los países de la Unión Económica Euroasiática han aceptado ya formalmente unirse en 2015.

Irán, un nexo clave

El proyecto chino “Un cinturón, una carretera”, a veces también denominado la “Nueva Ruta de la Seda”, es un brillante proyecto geopolítico, económico, militar y cultural. Permitirá a los países miembros estar mucho más protegidos contra el poder naval de los Estados Unidos, que puede bloquear el comercio marítimo de mercancías vitales procedentes de Europa o de Medio Oriente, y que deben atravesar el estrecho de Malaca, patrullado por Estados Unidos. En tanto que Washington y Bruselas imponen sanciones económicas al comercio ruso con Europa, la crisis ucraniana ha obligado a Rusia a un serio “giro hacia el este”, sobre todo hacia China.

Lo que ha surgido después del golpe de Estado ucraniano de 2014 impulsado por Estados Unidos para enfrentarse a Rusia es una cooperación estratégica entre las tres grandes potencias, Irán, China y Rusia; exactamente lo que Zbigniew Brezezinski describía en su libro de 1997 “El gran tablero”, como representación del mayor desafío geopolítico al que deberá enfrentarse la supremacía “excepcionalista” estadounidense, tras la destrucción de la Unión Soviética por parte de Washington entre 1989 y 1991.

Brezezinski declaraba en aquel entonces que “la manera en que Estados Unidos gestione Eurasia es crítica. Una potencia que domine Eurasia controlaría dos de las tres regiones más avanzadas y económicamente productivas del mundo. Una simple ojeada al mapa sugiere también que el control sobre Eurasia supondría casi automáticamente la subordinación de África, haciendo el hemisferio occidental y Oceanía geopolíticamente periféricos al continente central del mundo. Cerca del 75% de la población mundial vive en Eurasia, y la mayor parte de la riqueza física mundial está también allí, tanto en sus empresas como bajo su suelo. Eurasia representa alrededor de las tres cuartas partes de los recursos energéticos mundiales conocidos”.

Irán es estratégico para la cohesión euroasiática, en el marco de los avances de la infraestructura “Un cinturón, una carretera” china. No solamente es China un importante comprador de petróleo iraní, su mayor cliente. Irán es igualmente vital para el proyecto chino de crear centros manufactureros y logísticos totalmente nuevos o nudos estratégicos en Asia central y en Europa. Y, como subraya el consultor estratégico indio Debalina Ghoshal, China “tiene un vivo interés por el emplazamiento geoestratégico de Irán, bordeando a la vez el Mar Caspio y el Golfo Pérsico. El emplazamiento permite China realizar su programa ‘Un cinturón, una carretera’”.

Irán está ligado ya en parte a una sección completada recientemente de este proyecto, en China. Desde 2015, el transporte ferroviario ha comenzado a circular por las nuevas vías entre Zhanaozen-Gyzylgaya-Bereket-Kyzyl Atrek a Gorgan, terminado en diciembre de 2014, en un período de apenas cinco años.

La central ferroviaria de Turkmenbashi

Esta línea ferroviaria une Irán con China, mediante la línea férrea que atraviesa el Turkmenistán y Kazajstán, miembro fundador del proyecto desde que Xi Jinping la inauguró, durante una visita en 2013. La nueva unión ferroviaria, conocida bajo el nombre de Transnational Rail Corridor, une Irán al Kazajstán a través del Turkmenistán y a la frontera con China. La nueva línea ferroviaria se extiende sobre 908 kilómetros, arrancando de Uzen en el Kazajstán (120 Km.) pasando por Gyzylgaya-Bereket-Etrek, en el Turkmenistán (700 kilómetros) y finalizando en Goran (Irán), (88 Km.). Gracias a este nuevo enlace ferroviario, el tráfico de mercancías pasa del camión al rail, porque la línea une todos los puertos y terminales claves de toda la región del Mar Caspio.

El ferrocarril entre Uzen y Gorgan, recientemente terminado dentro del marco del proyecto “Un cinturón, una carretera” transforma la importancia económica de una parte entera de Asia central. Transformará toda la importancia económica de esa vasta región. Bereket, en el Turkmenistán, en el centro de la existente línea transcaspiana, que une Turkmenbashi en el Mar Caspio con Uzbekistán, Kazajstán oriental y China, se convertirá en sede un gran centro de mantenimiento de locomotoras, con una terminal ultramoderna que hará de ello un importante centro de tránsito.

Por otro lado, el gobierno turkmeno está construyendo un gran puerto en Turkmenbashi, que permitiría nuevos enlaces comerciales potentes con la Federación Rusa, por vía marítima. La unión ferroviaria con Gorgan en Irán está ya conectada con la red ferroviaria nacional iraní y permitirá así el transporte ferroviario entre China, Asia central y el Golfo Pérsico. Se reduce así el itinerario de 400 kilómetros, y reduce el tiempo de transporte más o menos a la mitad, pasando de los actuales 45-60 días a unos 25-30. Es un enorme avance económico.

Del Mar Caspio al Golfo Pérsico

Desde abril de este año, Moscú y Teherán se han comprometido en discusiones sobre la construcción de un canal marítimo que una el Mar Caspio con el Golfo Pérsico a través de Irán. Rusia Azerbaiyán e Irán también han aceptado acelerar las conversaciones sobre un corredor de transporte Norte-Sur, que en parte iría a lo largo de la costa occidental del Mar Caspio desde Rusia hacia Irán, por Azerbaiyán. Ese corredor Norte-Sur, una vez terminado, reducirá el tiempo de transporte desde India a Asia Central y Rusia, unos 40 días para unir Mumbai, en la India hasta Moscú, en 14 días, bordeando el congestionado y costoso Canal de Suez.

Por todos los puntos que recorramos en Eurasia, desde el Golfo Pérsico y el Mar Caspio a Rusia, a Kazajstán, a Turkmenistán y a China, se desarrolla un proceso en curso, por primera vez desde la época de la original Ruta de la Seda, hace mas de dos mil años. Se construye un nuevo espacio económico, el “Heartland” euroasiático. Si el gobierno turco se une sin reservas a este proyecto, el potencial de una transformación euroasiática se haría enorme. Queda por ver lo que los Estados Unidos, bajo la presidencia de Trump, hagan o no hagan para intentar destruir este bello edificio euroasiático.

Si es tan sabio como sus promesas, tendrá que reconocer que este tipo de desarrollo es el único porvenir para los Estados Unidos que no supone quiebra, depresión económica o guerras de destrucción. De cualquier forma, y cada vez, el resto del mundo parece decidido a avanzar sin la “única superpotencia”.

Fuente: http://journal-neo.org/2016/11/21/the-iran-russia-china-strategic-triangle/

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