martes, 14 de febrero de 2017

Contra la concepción mecanicista de la historia

Juan Manuel Olarieta

Es muy corriente que en cualquier debate sobre la república aparezca alguien que comenta: es indiferente que la forma de Estado sea monárquica o republicana porque otros países capitalistas, como Portugal o Francia, son repúblicas y la situación no cambia sustancialmente para la clase obrera.

Es una manera errónea, mecanicista, de analizar una situación. En una tesis así hay dos equivocaciones importantes. La primera es que transmite que, por el hecho de ser capitalistas, los Estados son iguales unos a otros. Pero es una tautología decir que todos los Estados capitalistas son capitalistas. Tienen en común que son capitalistas y se diferencian en todo lo demás, y precisamente eso que los diferencia es lo interesante, porque es lo concreto, el “análisis concreto de la situación concreta” que diría Lenin.

El otro error es que ese tipo de afirmaciones conduce a pensar que un Estado se compone de piezas que son intercambiables, como un vehículo en el taller de reparaciones. En un Estado también se puede quitar una rueda (la monarquía) para poner la de repuesto (la república) en su lugar, como si nada hubiera ocurrido.

También es frecuente escuchar ese mismo planteamiento mecanicista en la cuestión de la autodeterminación de las nacionalidades, de tal manera que la independencia de Galicia no consiste en otra cosa que en poner una aduana en el puerto de Padornelo y pedir visados de entrada y salida. No cambiarían ni la situación de Galicia ni la de España. Simplemente habría dos Estados donde antes sólo había uno. Uno sería el Reino de España y el otro la República de Galicia.

Se pueden poner muchos ejemplos de esa manera errónea de analizar los fenómenos sociales, como la equiparación entre el Partido Popular y el PSOE, que a veces se designa como PPSOE, para acabar concluyendo que ambos son iguales, lo cual siempre es cierto: son iguales luego también son distintos y es necesario entender ambas cosas a la vez, en qué son iguales y en qué son distintos.

Ahora se está poniendo de moda aludir a las contradicciones interimperialistas para poner en el mismo plano a Estados Unidos y a Rusia porque ambos son iguales; Trump y Putin quieren lo mismo, la hegemonía mundial. Según este tipo de planteamientos, la situación interna e internacional no cambiaría en absoluto si en lugar de uno tuviéramos al otro. Son los mismos perros con distintos collares...

Pero la peor versión mecanicista de la historia es la de su reversibilidad, que es cuando se da por supuesto que los acontecimientos pueden ir hacia atrás. Por ejemplo, con mucha ligereza hay quien escribe que Rusia ha retornado hacia el capitalismo, dando a entender que ahora está como estaba antes de 1917, lo cual es erróneo.

Tiene razón Putin cuando dice que Rusia no puede dar marcha atrás, una expresión a la que le da un doble sentido, que también es correcto. Por un lado, Rusia no puede borrar ni pasar por encima de su etapa soviética, por lo que es un país que conserva numerosas y muy importantes huellas de su pasado más reciente. Por el otro, tampoco puede volver a 1917 para rehacer la URSS como quien hace una fotocopia.

Cuando en todo el mundo se está celebrando el centenario de la Revolución de Octubre es necesario tener en cuenta que, tanto en Rusia como en cualquier otro país capitalista, la historia no se repite nunca. Del mismo modo y con la misma contundencia hay que tener en cuenta que la historia tampoco se puede borrar, que es lo que intenta el actual gobierno polaco con la de su país.

El empirismo anglosajón, que en todo el mundo forma parte de la ideología dominante, ha inculcado la doctrina de la tabla rasa, del papel en blanco y de que los acontecimientos surgen de la nada, mientras que Marx sostuvo todo lo contrario: “La tradición de todas las generaciones muertas oprime como una pesadilla el cerebro de los vivos”, escribió en su obra El 18 Brumario de Luis Bonaparte.

Cada país tiene sus tradiciones y sus pesadillas, sobre las cuales la historia vuelve una y otra vez, dando la impresión de que los acontecimientos se repiten, “una vez como tragedia y otra como farsa”, escribió también Marx en la misma obra. En España una clase social trata de acabar con sus propias pesadillas para encubrir el origen de su dominación, la guerra civil, el franquismo, mientras que otros se esfuerzan por recuperarlas porque es la única manera de superarlas.

La burguesía de algunos países no puede digerir determinados capítulos de su historia, por lo que intentan borrarla o tergiversarla. Así ocurre en España con la Segunda República, la guerra, la posguerra y la transición. Por el contrario, el proletariado trata de recuperar la memoria histórica por lo que, una y otra vez, invoca para sí aquella época, de tal manera que la república y su bandera tricolor se convierten en una de sus señas de identidad más importantes.

No tiene nada que ver con la nostalgia. En España la república es el pasado al mismo tiempo que es el futuro. Naturalmente, nunca será la repetición de la Segunda República sino algo nuevo construido sobre aquella que los fascistas destruyeron a sangre y fuego. Sin duda alguna será una República Popular, expresión política de una revolución de tipo socialista.

Lo mismo cabe decir de la Revolución de Octubre. Los intentos de los imperialistas por suprimirla, borrarla de la historia o manipularla están condenados al fracaso, inexorablemente, porque es el acontecimiento más importante de la historia, de toda la historia de la humanidad. Es inevitable que en cualquier lugar del mundo el proletariado considere aquella Revolución como cosa propia, como una parte de sí mismo, de su propia historia y como la fuente inspiradora para construir una nueva sociedad.

Con mucha más razón se puede decir eso mismo del proletariado ruso, para quien la etapa soviética está aún mucho más marcada en su conciencia que aquí lo está la Segunda República. El futuro de un país pasa inevitablemente por su historia. En España por la república y en Rusia por los soviets. España volverá a ser republicana igual que Rusia volverá a ser soviética. No hay nadie capaz de impedirlo.

Hoy, cuando además del centenario de la Revolución de Octubre, celebramos también el aniversario de las elecciones que ganó el Frente Popular en febrero de 1936, es un buen momento para recordar la trascendencia histórica de estos acontecimientos.

3 comentarios:

  1. 1) Una república burguesa, al servicio del capitalismo, es una alternativa que la burguesía española tiene en la recámara. Estamos por una república, pero no cualquiera. Hemos tenido ejemplos muy recientes de desmovilización de la lucha en la calle, con maniobras políticas. La mas reciente Podemos, que ha desactivado la lucha en la calle, convirtiéndola en institucional. Han hecho ingeniería social en base a la ilusión parlamentaria, el partido vinculante de las luchas populares en las instituciones, etc. Así como el uso de los medios, desde los que han sido patrocinados. 2) Esto ha sido posible entre otros muchos factores, por que las movilizaciones del 15 M, las Mareas, etc, no tenían contenido de clase obrera. Eran una manifestación de ciudadanismo, democratismo, consignas facilonas (contra la corrupción), mitos como el asamblearismo, "ni derechas ni de izquierdas" (es decir de derechas), etc, etc, etc. La indignación popular esta mas que justificada, pero ha sido encauzada por un movimiento político que de transformador no tiene nada. (léase Podemos). Esto en parte se explica por las debilidades de la movilización popular de los años anteriores. ¿Eso a que viene? Que la burguesía española puede diseñar como alternativa otra trampa similar, trayendo una república burguesa como pieza de recambio al régimen, ante una ascenso de las luchas populares (jugando con las debilidades políticas de estas). Estamos por una república, pero popular, socialista, y soviética, y esta solo puede venir por un movimiento real popular, socialista y soviético. 3) Una cuestión es como desde octubre de 1917, pese a los ejemplos de revoluciones triunfantes, ha pesado mas las derrotas que las victorias, y la burguesía ha podido derrotar a la revolución proletaria. Había que sacar lecciones de la contra-revolución: Alemania, Hungría, España, la incapacidad de los PC, s de la resistencia para tomar el poder en la Europa occidental en la II post-guerra mundial, Grecia, Indonesia, etc, etc, etc.

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  2. Pues yo creo que el imperialismo es inherente al capitalismo, por lo que, Rusia hoy es tan imperialista como China o EE.UU.. Aunque sean diferentes en lo superficial, su esencia es la misma, y las relaciones de producción son las mismas: las burguesas. Hay que ser radical e ir a la raíz de las cosas, no importa si España llega a ser monárquica mientras persista el mismo sistema capitalista, sólo vale una república socialista.

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  3. Chorradas, claro que son iguales, si llegase una república burguesa quitaría al rey, pero pondría a otro "rey" que sería menos malo, o no, mientras hiciera falta y después volvería el rey, como pasó con la primera república.
    PP y P$oE son iguales, por supuesto, socialdemocracia, lo único que cambia es el que se lleva la pasta a Suiza, pero el general, inspector de policía, el juez, el alto funcionario, no cambian, ni sus mentalidades, ni las leyes esenciales que los dirigen, que no son ni mucho menos la constitución o el papel mojado al que los borregos veneren y hasta hayan votado.

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