viernes, 3 de febrero de 2017

Trump no cambia la política de Estados Unidos en la Guerra del Donbas

En su primera intervención, el embajador de Estados Unidos en la ONU, Nikki Randhawa Haley, ha seguido el mismo discurso de siempre: Rusia es responsable de la escalada militar en el Donbas, añadiendo que el levantamiento de las sanciones no se hará hasta que Crimea vuelta a formar parte de Ucrania.

Olvidándose del referéndum y de la voluntad de la población, Haley sostuvo que Crimea es una parte de Ucrania que padece la agresión de Rusia. Respecto al Donbas, el embajador también ha olvidado los acuerdos de Minsk, dándole una vuelta de 180 grados a la realidad.

El gobierno de Kiev ha concentrado a su artillería junto a la línea de separación entre ambas partes y ha bombardeado las posiciones de las milicias populares, apoderándose de varias localidades en la “zona tampón” entre las tropas de uno y otro bando.

Ahora el fuego de artillería sobre los barrios residenciales de Donetsk son diarios y en Kiev siguen practicando el victimismo, mientras el senador McCain exige en voz alta el levantamiento del embargo de armas a los fascistas, sin preocuparse demasiado de que no tienen ni un céntimo para pagarlas.

La violación de los acuerdos de Mink es una parte integrante del formidable despliegue militar de la OTAN en la fronteras orientales y las operaciones navales en el Mar Negro. El gobierno de Kiev, que busca integrarse en la alianza imperialista, desempeña a la perfección su papel de marioneta.

Según cifras de la ONU, la Guerra del Donbas ya ha dejado más de 9.600 muertos y más de 22.400 heridos. Se inició en abril de 2014 tras el sangriento golpe de Estado que llevó a los fascistas al gobierno de Kiev. El 11 de febrero de 2015 Ucrania, Rusia, Francia, y Alemania llegaron a un acuerdo de alto el fuego en Minsk para detener la guerra, aunque el gobierno ucraniano no ha cumplido ninguno de sus compromisos.

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