lunes, 20 de marzo de 2017

Sobre la cifra de combatientes iraníes muertos en la Guerra de Siria

Hossein Salami, general del CGRI iraní
La semana pasada Mohammad Ali Shahidi Mahallati, director de la Fundación de los Mártires, anunció que 2.100 combatientes han caído en Siria luchando bajo el mando de la Brigada Al-Quds, las fuerzas voluntarias del CGRI (Cuerpo de Guardias de la Revolución Islámica) que luchan en defensa del gobierno de Damasco.

El anuncio no detallaba la nacionalidad de los fallecidos, porque no todos los que combaten en dicha brigada son iraniés; se sabe que otros son refugiados afganos porque recientemente uno de ellos, caído en la batalla de Alepo, fue homenajeado en las publicaciones del CGRI. Las estimaciones calculan que al menos la mitad de los 2.100 caídos con iranés.

En Irán la presencia de una fuerza expedicionaria en Siria se presenta como la defensa de los lugares sagrados del chiísmo, profanados y destruidos por los salafistas. La propaganda se refiere, en particular, a la mezquita Sayidda Zaynab, situada en un barrio al sur de Damasco que custodia las reliquias de la hija pequeña de Mahoma y es un lugar de peregrinaje chiíta.

Más allá de las invocaciones religiosas, la intervención de Irán en la Guerra de Siria es como todas las demás, especialmente la de Rusia. No se trata sólo de un “aliado” como se dice usualmente, sino de una planteamiento estratégico por parte de Irán, que en la Guerra de Siria defiende su propia seguridad.

Irán conoce a la perfección lo que son los yihadistas, la avanzadilla de los imperialistas, y lo que le espera si no les hace frente en Siria: dentro de muy poco tiempo los tendría en su interior.

Este objetivo estratégico cuadra con la consolidación del eje de la resistencia de Oriente Medio, junto con Siria y Hezbollah.

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