lunes, 24 de julio de 2017

China considera que Palestina es el centro de la crisis de Oriente Medio

La gran sorpresa se produjo el miércoles de la semana pasada, cuando los ministros de Asuntos Exteriores de Qatar y Emiratos Árabes Unidos viajaron a Pekín, donde negociaron la crisis interna de los países del Golfo.

Las preguntas son todas obvias: ¿qué papel juega China en Oriente Medio?, ¿por qué a Pekín y no a Washigton?

La respuesta es que mientras Estados Unidos es parte del problema de Oriente Medio, China se ofrece como una solución, al menos posible, ya que trata de ejercer una mediación.

La conclusión también es una constatación muy obvia: los problemas de Oriente Medio ya no pasan por las manos de Washington.

En Pekín los cancilleres árabes se encontraron con una propuesta de su colega chino Wang Yi que contenía tres puntos, según el comunicado oficial del Ministerio. El primero es resolver las diferencias entre las partes por vías políticas. La segunda es defender una “solución árabe” en el marco del Consejo de Cooperación del Golfo, mientras los demás países deben respetar los principios de no injerencia. El tercero es la iniciación de negociaciones entre todas las partes implicadas, empezando por un rechazo del terrorismo.

China ha ofrecido su mediación, tanto a Emiratos como a Qatar, lo cual ha sido muy bien recibido porque sus propuestas se basan en la seguridad, la estabilidad y el mantenimiento del “statu quo” regional.

Otro aspecto importante es que China se preocupa por destacar que no tienen las manos atadas por nada ni por nadie, en el sentido de que sus propuestas son absolutamente independientes de las rusas, las iraníes y las turcas, aunque en ningún caso contradictorias con ellas.

Lo mismo cabe decir de las iniciativas adoptadas por Estados Unidos: China se preocupa por destacar que no tiene ninguna intención de sabotearlas.

El gobierno de Pekín toma, pues, parte activa en la crisis del Golfo, lo mismo que en toda la situación en Oriente Medio, cuya inestabilidad puede repercutir seriamente en otras regiones del mundo.

“La cuestión palestina está en el origen de los problemas de Oriente Medio”, dice un rotundo comunicado oficial del Ministerio chino de Asuntos Exteriores. “La paz y el desarrollo de toda la región dependen del arreglo justo y apropiado de la cuestión palestina”.

Así se explica la visita de Mahmud Abbas a Pekín la semana anterior y la propuesta de cuatro puntos del Presidente Xi Jinping en persona para avanzar en la solución del contencioso palestino, la principal de las cuales es que la solución política en Palestina pasa por la creación de dos Estados.

China pretende que la Resolución 2334 del Consejo de Seguridad de la ONU se ponga en funcionamiento de manera efectiva y que se paralice inmediatamente la construcción de nuevos asentamientos sionistas en los territorios ocupados por Israel.

Además, Xi Jinping propuso un mecanismo trilateral de negociaciones con Palestina e Israel, a los que incluye dentro del proyecto de la Nueva Ruta de la Seda.

Lo interesante no es sólo que China ha dejado de “mirar y ver” para mostrarse activa, con iniciativa, sino que además sus propuestas son estratégicas.

Para acabar: estamos ante otra muestra de que las potencias occidentales empiezan a ser marginales en Oriente Medio.

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