martes, 4 de julio de 2017

El gobierno de Bagdad amenaza a Kurdistán con una guerra contra la independencia

El vicepresidente del gobierno irakí, Al-Maliki
En una entrevista con el diario Al-Ajbar de Beirut, el vicepresidente del gobierno irakí Nuri Al-Maliki ha propuesto impedir la creación de Kurdistán recurriendo a la guerra. Al-Maliki quiere  abortar el referéndum previsto para declarar la independencia en setiembre.

En un comunicado de respuesta, Umed Sabah, el portavoz del gobierno regional de Kurdistán, se ha despachado a gusto contra el vicepresidente del gobierno. Ha rechazado lo que califica como una “amenaza” por su parte y le acusa de proferir declaraciones por puros fines electorales.

El portavoz kurdo añade que Al-Maliki no debería tener la vergüenza de abrir la boca. Le califica como una “plaga” para Irak, la fuente de sus derrotas y su catástrofes, de blanquear dinero negro y del aumento del confesionalismo y del terrorismo. En el transcurso de sus dos mandatos como Primer Ministro arruinó Irak. Finalmente, le desafió: “Vete” allá, le dice, en referencia a Kurdistán. “Nuestros anteriores enemigos, más fuertes y superiores [a Al-Maliki] lo han intentado, han tenido que arrodillarse ante la determinación del pueblo kurdo y han conocido un destino abominable”.

Hay un aspecto llamativo dentro de esta polémica que es la referencia al Gran Kurdistán, una expresión que normalmente se utiliza para referirse a las poblaciones kurdas, cualquiera que sea el Estado bajo el que se encuentren: Turquía, Irak, Irán o Siria. A causa de la guerra y de los desplazamientos poblacionales, la referencia adquiere otro matiz: saber dónde están las fronteras del Kurdistán irakí (o de Kurdistán, en general).

Con la excusa de la lucha contra el Califato Islámico, los peshmergas han ejecutado represalias contra la población civil árabe, han derribado viviendas y forzado a desplazamientos, lo que se interpreta como una expansión oportunista por parte del gobierno de Barzani, e incluso como una anexión de ciertas poblaciones árabes, lo que es especialmente significativo en el caso de Kirkuk, porque supone que los kurdos pretenden apoderarse de los pozos de petróleo.

En un momento de la entrevista Al-Maliki parece resignarse al referéndum, pero apunta que si Kurdistán quiere independizarse lo tendrá que hacer dentro de los límites geográficos trazados en los tiempos de Saddam Hussein. En torno al asunto, tanto Al-Maliki como Sabah se enredan con dardos jurídicos sobre la Constitución, sobre su texto, que ambos han leído muy bien, y sobre quién la ha vulnerado más y mejor.

El tronco de la merluza aparece cuando el vicepresidente irakí afirma: “Kurdistán se ha convertido en el amante de las empresas israelíes y las centrales de inteligencia, particularmente de la israelí”, añadiendo que “existe un complot de las potencias extranjeras repudiadas por el poder irakí que rechazan las elecciones que se van a celebrar el próximo año a fin de crear un gobierno interino que no sea islamista”.

En muy pocas palabras, ésa es la cuestión. Lo ha sido desde el principio de la agresión imperialista en 2003.

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