miércoles, 5 de julio de 2017

España: antes roja que rota

Bianchi

Que decía el fascista Calvo-Sotelo en las Cortes españolas de la II República.

Muere Franco (en la mesa-camilla) y no se permite votar al pueblo español si prefiere Monarquía o República. Como tampoco se permite al pueblo catalán si quiere independizarse del Estado español o no. No se permite nada salvo votar cada cuatro años -hay que mantener las apariencias democráticas- a qué partido va a seguir mintiendo, y robando a las clases populares legitimados, eso sí, por el voto. Por esa regla de tres, si eso fuera cierto, nada más democrático que un referéndum como el que propugna la Generalitat catalana, pero no, va a ser que no, porque debe votar “el conjunto del pueblo español”, por lo tanto es “ilegal”, como si en Quebec hubiera votado el resto del pueblo canadiense, o el británico en Escocia. Impresionante la campaña para hacer creer al “pueblo español” que tiene un problema más grande que su situación económica precaria: la posible secesión de una parte de España: Cataluña. Eso es lo prioritario para un albañil de Carabanchel o un campesino de Tomelloso. Luego fingen preocuparse estos fascistas de la situación laboral de los catalanes -jamás les importó una higa- que la burguesía catalana -que sus primos hermanos de clase, por cierto- quiere ocultar con ese “disparate” del “derecho a decidir”, aparte de sus corruptelas.

Es “ilegal”, pues, ese referéndum de los cojones. Va contra el Estado de Derecho, dicen y repiten como papagayos los tertulianos venales y vendidos. Como si la “democracia” española, la cacareada Transición, hubiera venido adventiciamente tras una Ruptura democrática y no una Reforma pactada que ni reforma (el art.2 de la Ley Orgánica del Estado del 10-1-1967 dice que: “La soberanía nacional es una e indivisible”, o sea, un calco del art.2 de la Constitución española actual, que si ya algunos, en edad de votar, no la votamos, hoy la inmensa mayoría de la juventud ni había nacido, esto es, una Constitución como camisa de fuerza) apenas nada y ni ganas. “De la ley a la ley”, dijo el mentor de Adolfo Suárez el falangista Torcuato Fernández Miranda del que nadie se acuerda empezando por sus conmilitones que se apresuraron a menoscabarlo y ningunearlo. Hubo catedrático de Derecho Constitucional (me dio clases) un hombre recto, cabal y burgués, que dijera que de “la ilegalidad franquista no se puede ir a la legalidad” (constitucional) sin previa Ruptura que, ya decimos, no hubo ni por el forro, al revés, lampedusismo puro ergo: cambiar algo para que todo siga igual, más o menos.

Luego dicen que exageramos cuando declaramos el carácter fascista del Estado español, y no ya por su sintomatología de la que dan muestras un día sí y otro también, véase, procesos a raperos, detenciones, demostraciones franquistas como ayer en Córdoba con militares y el nº 2 de Interior -“reprobado” en el Congreso- o el funeral del ministro franquista Utrera Molina, suegro del camaleón Ruiz-Gallardón, etc., etc., sino por su absoluta incapacidad y nulidad para hacer eso que llaman “hacer política” que no sea en clave amenazadora y/o represiva y, si me apuran, hasta infantil: el desarme unilateral de ETA es correcto, adelante; el referéndum unilateral catalán no es correcto, que se preparen; un referéndum unilateral de la fascistada venezolana contra Maduro es válido y democrático; el vasco, no. Y así, como niños malcriados con la piruleta en propiedad.

Si el Gobierno, los gobiernos de cualquier pelaje, son así de “simples”, esto es un “desgobierno”, lo que me admira son los tejemanejes y pajeos mentales y cabriolas funambulísticas que tienen que hacer los “analistas y analistos” dizque tertulianos/tertulistos, para hacer encajes de bolillos y hacer ver lo blanco negro cuando lo simple, lo sencillo, sería decir: vale, pues que voten estos (putos catalinos) y a ver qué pasa, que igual hasta sale el “no” a la separación. Pero no, hay que complicarlo, manipularlo, oscurecerlo, como pedía Eugenio d'Ors a los jóvenes periodistas. Yo sería incapaz de darle vueltas y revueltas a la mollera como los sofistas, que eso es lo que son, sin llegar a la categoría, por supuesto, de un gran Gorgias. España son ellos, o sea, estos. El resto ya sabe: a Rusia.

Buenas noches.

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