jueves, 19 de octubre de 2017

La gran masacre que Estados Unidos mantuvo siempre en silencio

El gobierno de Estados Unidos estuvo al corriente de la gran masacre del ejército indonesio en 1965 dirigida contra los comunistas y las organizaciones obreras y campesinas, según revelan los archivos de la embajada en Yakarta que se abrieron el martes.

Aproximadamente medio millón de comunistas, sindicalistas y militantes revolucionarios fueron asesinados impunemente en medio del silencio internacional de las grandes cadenas de “información”.

Los archivos desclasificados se componen de 39 documentos relativos a una de las peores matanzas del siglo pasado, que comenzaron cuando el general Suharto dio un golpe de Estado haciendo creer que eran los comunistas quienes lo habían hecho.

Ni el más siniestro gobierno militar latinoamericano organizó al semejante a lo que ocurrió en Indonesia, que fue el inicio de una feroz dictadura que se prolongó durante 32 años, hasta que en 1998 un levantamiento popular le destituyó.

La embajada de Estados Unidos estuvo al corriente de los acontecimientos según se fueron sucediendo. En las matanzas tuvieron un papel destacado las organizaciones musulmanas.

Según un cable diplomático, miembros de una de las más grandes organizaciones musulmanas de Indonesia, Muhammadiyah, afirmaban que los comunistas eran “infieles del más bajo nivel de la escala” por lo que “derramar su sangre es como matar gallinas”.

La persecución musulmana estuvo desencadenada, entre otros motivos, porque el poderoso Partido Comunista local procedía de un movimiento budista y era muy influyente en esa corriente religiosa.

En un telegrama enviado el 26 de noviembre de 1965 desde la ciudad de Surabaya, el cónsul local utilizaba la expresión “masacre” para describir la matanza de los 15.000 comunistas que vivían en el este de la isla de Java.

Un mes más tarde el mismo cónsul indicaba que los prisioneros comunistas detenidos en campos de concentración por el ejército indonesio habían sido entregados a una muchedumbre enfurecida para ser linchados.

Ningún país ni tribunal, nacional o internacional, ha abierto nunca una investigación para depurar las responsabilidades derivadas del medio millón de asesinatos cometidos.


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